"We're a generation of men raised by women. I'm wondering if another woman is really the answer we need" – Tyler Durden

¿Moderna o Pos-moderna? Bueno, qué importa. Como quiera usté llamarla estamos en una sociedad remezclada, donde el comunismo renovado, el neo futurismo, la economía social de mercado y el revival grunge vienen en el lookbook de avance de temporada primavera-verano. La gente se pone y se saca actitudes y creencias cual ropajes. Tal vez eso caracteriza a la Moderna: al final todas son un poco Modernas, todas y todos combinamos un poquito de acá y un poquito de allá, según necesidad, según conveniencia, o simplemente porque es lo natural en un entorno que más que entorno es una gran juguera.

Much@s no le verán sentido a este post y no entenderán que no respete el formato del Catálogo que yo mismo creé. Pero es que yo mismo siento también el peso del caos, y los formatos, las estructuras y lo preestablecido pierden sentido a su vez. No sean mañosos. Están demasiado malacostumbrados: saltan de título en título y buscan las weás que están destacadas en negrita por si encuentran alguna frase clever que compartir en Facebook. O leen las primeras tres líneas y se imaginan lo demás, porque les da paja leer/pensar/interpretar y sólo querían confirmar rápidamente lo que oyeron por ahí (que somos un grupete de pelotudos machistas reduccionistas) antes de que Las Vega’s vuelva de comerciales. O escriben sus propios posts tratando de imitar vacíamente el formato, pensando que nuestro estilo es bacán, como atestigua nuestra bandeja de entrada de colaboraciones y un par de blogs copiones por ahí. A la mierda.

La Moderna se lleva bien con el caos y con que las cosas se vayan a la mierda continuamente, y por eso se maneja con tanta habilidad en este mundo: porque remezclarse siempre gana. Tal vez eso viene con la madurez, porque esta mina ya fue despechada, ya fue single lady con insignia y medalla, ya fue sumisa y devota, ya fue libre, linda y loca y todas esas pavadas, y ya fue belieber del Ken sadomasoquista™ de 50 Shades of Grey y ya lloró su desamor por los rincones y ya le metieron todos los dedos en la boca (pun not intended). Ya no se enoja por la mención de una palabra, no se complica con cocinarle al pololo, no anda buscando machismo encubierto por ahí para denunciarlo en una fanpage.

Las reivindicaciones son de los años 50, el idealismo de los 60, las consignas de los 70, el aburrimiento de los 80, los slógans de los 90. ¿Qué estilo es tu favorito? Tenlos todos: colección primavera-verano, en grandes tiendas. 

La (Pos)Moderna es relajada porque, entre tanto caos, tomar partido por machismos, feminismos u otras creencias es superfluo, cerebralmente flojo, absurdo. La Moderna no se complica, porque el mundo ya es lo suficientemente complicado. La Moderna entiende que los hombres estamos tan perplejos como las mujeres en este jueguito de nacer, crecer, ensayar la reproducción, seguir ensayando la reproducción, reproducirse finalmente y morir.

Nos cuesta aceptar que el mundo es inherentemente random. Que la gente buena a veces muere antes, que una criatura inocente puede ser violentada, que un pelotudo puede ganar la lotería. Nos cuesta aceptar que las cosas que ocurren no son ni premios ni castigos. Como no podemos escapar de la evidente falta de criterio moral del universo, nos inventamos patrañas de tentaciones, demonios, karmas y juicios finales en otros “planos de existencia”, como para creer que en alguna parte nos darán la razón.

La Moderna entiende que todo esto es bullshit. Que si un tipo se la cagó, es culpa de ella que no supo darse cuenta antes, no del género masculino y su egoísta falo arquetípico, o de la alineación del regente con Sagitario. Entiende que no por mucho llorar que nadie la pesca (y que morirá sola y rodeada de gatos) va a encontrarse más rápido a alguien que la quiera. La Moderna se equivoca y se autoperdona los cagazos, porque al final nadie es perfecto, todos somos débiles, todos tenemos miedo, todos somos celosos. Incluida ella. Incluidos todos. Especialmente yo y especialmente usté, lector(a), que eligió seguir leyendo hasta acá en medio del caos y las notificaciones del WhatsApp.

Y es que nos remezclamos entre gente imperfecta. Es así. Entender eso te ahorra un montón de sufrimiento innecesario. Sencillamente hay estilos de ser imperfect@ que son más compatibles con nuestra propia imperfección. Y en definitiva, incluso el famoso checklist de requisitos que supuestamente uno necesita para tener relaciones sanas pasa a segundo plano al lado del inexplicable acuerdo entre dos personas de quererse de manera especial. Y no, carajo, no hay manual para eso. Ni siquiera hay un tiempo propicio. No viene destacado en negrita. Es random como el mundo. Pero ése es tema para cuando este blog se acabe.

Shao.

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Aunque mi teoría es que nadie puede cambiar [N. de la E: spoiler], incluyendo a las mujeres, no puedo negar la existencia de ciertos especímenes que prácticamente desaparecen del mapa cuando están en pareja, que su comportamiento difiere de cómo eran antes, “que cambiaron”, para estupefacción de muchos.

¿Qué hace que las personas cambien a pesar de que la experiencia nos dice que no se puede? Después de mucho darle vueltas al asunto, descubrí que en realidad la gente no cambia, lo que sucede con esas personas es simplemente que el miedo les coarta su accionar. Estas personas actúan dirigidas por el miedo y la inseguridad, el miedo a perder; y ese miedo es incluso mas poderoso que nuestras propias costumbres y forma de ser. ¿Por qué digo esto? Porque después de ver terminadas estos tipos de relaciones, los cautivos, del genero que sean, vuelven a ser los mismos de antes.

Este preámbulo era sólo para dejar en claro que no se puede cambiar. Si pudiésemos hacerlo, créanme que esta discusión se habría acabado cuando bajamos del árbol y caminamos erguidos por primera vez.

Sin embargo, existen algunas mujeres (99.999%) que a pesar de la evidencia de que nadie cambia, siguen intentándolo; y tanto lo intentan, que se convirtió en un flanco de batalla en la guerra de los sexos y ellas son conocidas como las Moldeadoras.

Podríamos ser perfectos, ser los príncipes azules que ellas quieren, pero aun así nos pedirían que cambiemos algo, porque no depende de nuestros defectos, sino de un atavismo de moldear cosas; y como no existen personas perfectas, lo primero que hay que moldear son los defectos, mañas y esas cosas que no son defectos pero les molestan a ellas y que nos corregirán como una madre corrige a su retoño. Y de hecho, este afán incansable es un efecto colateral del poderoso instinto materno.

El problema es que nosotros ya fuimos moldeados desde niños por otra mujer, y en un tiempo en que nuestra forma de ser era tierra fértil; en cambio, ahora es un yermo tan árido que nada que se siembre cambiará algo. Es esto lo que le frustra a la mujer y alega una y otra vez que no cambiamos, sin darse cuenta que son sus esfuerzos y expectativas los que están fuera de tiempo y momento.

Pero esto es solo la punta del iceberg: por favor tome asiento por que lo que viene, que ni siquiera Nostradamus lo vio venir.

La madre de todas las batallas

En la guerra de los sexos esta batalla es la mas épica de todas; no se habla abiertamente de ella, porque es como una guerra civil dentro del género femenino, Es la lucha de la madre Moldeadora contra la novia Moldeadora por el dominio de la mente del hombre.

Por un lado, la Madre configuró a su hijo con un 4-3-3 clásico, pero a la polola le gusta que juegue con un 3-5-2 con volantes de proyección. Dos estilos de juego distintos intentando implementarse en la misma persona (el weón). Y lamentablemente, somos nosotros los que recibimos los embates de la artillería:

Madre: Esa niña no te conviene.
Novia: Eres un mamón.

Madre: Ponte una camisa.
Novia: Ponte una polera.

Madre: Estás muy flaco.
Novia: Estás muy gordo.

Madre: Baja la tapa del baño.
Novia: Baja la tapa del baño.

Si usted fue entrenado para jugar como un 4-3-3, morirá como tal. No se complique; jamas podrá darle en el gusto a todas las mujeres de su entorno, así que dése el gusto usted nomas, porque esta batalla viene desde antes, y posiblemente tu madre batalló con tu abuela paterna por lo mismo, y  para qué andamos con cosas: los nietos también son otra arista de esta historia.

¿Por qué no podemos cambiar?

La razón tiene una lógica despiadada: porque en esta lucha es la madre la que gana casi siempre. ¿Cómo sería la vida de una madre si supiese que su hijo al abandonar el nido olvidará todas las enseñanzas? ¡Sería terrorífico! Y es este mismo mecanismo el que protegerá a las que ahora son novias cuando ellas sean madres. Entonces estamos condicionados a ser como nos criaron, por eso no cambiamos. ¡No cambiamos para protegerlas a ustedes! (deberían darme el nobel por esta frase)

Autocrítica

Es verdad, hay defectos que son salidas de madre. No hablo de actos delictuales ni violencia; ésos no son defectos, son problemas serios. Hablo de algunos defectos que no podemos evitar odiar y ellas no podrán evitar querer cambiar, porque siendo realistas, la tolerancia y el auto-control no resolverán todo. Hay casos perdidos donde las partes están destinadas a odiar algo del otro. Si es el caso, corte por lo sano y búsquese otra pareja. No creo que tenga que repetirle porqué.

Así que cuando le moleste algo cotidiano de su pareja, piense en esto:

En un principio nos enamoramos de los defectos, después los odiamos y con los años son esos defectos los que convierten verdaderamente a nuestras parejas en nuestras.

Atte.

David

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Yo sé que había colgado los botines (o la versión digital de los botines), pero qué tanta weá.

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Angelina Jolie se sacó un artículo, en el que dijo que se había sometido a una doble mastectomía preventiva por que tenía 85% de probabilidades de sufrir de cáncer de mama. Y uno de los focos más importantes de la discusión era a base de argumentos como “Angelina Jolie se sacó las tetas? Oh no! Ahora nunca podré tocárselas!”. Y como que estuve a punto de tener un ataque de apoplejía. Era como el ejemplo perfecto de eso de que “los hombres piensan con el pico“.

Pero no debería sorprenderme, si aquí en el blog pasamos llenos de comentarios y propuestas de columnas que básicamente son versiones algo más elaboradas de “LAS MINAS SON TODAS UNAS MARACAS QUE LES GUSTA EL PICO Y LAS ODIO”. Ojo, que no son todos. Pero son varios.

Y claro, así es obvio que a los weones que firmamos con el nombre, nos metan en el mismo saco que la gente que sólo piensan en las mujeres como “vaginas malvadas que hablan”. Y no tenemos la ventaja del pseudónimo para evitar la furia de esas ciberactivistas que andan por ahí (un minuto, ya voy a hablar de ellas).

En fin, estimado cerdomachistamisóginoypijacorta™ que viene al sitio buscando descargar su frustración con la compañerita de pega o de universidad que no le pasa el chico, deje de hacerlo. Este no es el Centro Chris Brown para Hombres que Odian a las Mujeres. Nos hace al género un flaco favor y muchas veces, sus comentarios no son tan sagaces como usted cree. Se lo digo de una manera que entienda:  Me tomo una sopa de letras y cago mejores comentarios que algunos que he visto por ahí.

Y bueno, por el otro lado, están las haters que pululan los comentarios. Lo que de verdad me molesta de varias de ustedes, más que los insultos, es que TIENEN LA COMPRENSIÓN LECTORA DE UNA PAPA CRUDA. Así que en un esfuerzo de producción, les voy a dar un sistema de tres pasos para antes de comentar:

El blog se llama FAQWomen: De verdad no sé qué chucha pretenden encontrar. ¿Argumentos sobre la necesidad de la paridad salarial? (Antes de que salten con sus antorchas y sus trinches, yo estoy a favor de la paridad salarial, sólo que no voy a discutir al respecto aquí).

Sí, generalmente escribimos reduccionismos: Porque es un post, en un maldito blog, en la puta internet. Hay un concepto que se llama ceteris paribus, que significa que no me voy a dar la paja de explicar toda la cantidad de variables que pueden afectar el tema del que estoy hablando.

Hay una gran diferencia entre la irreverencia y la misoginia: Para que quede claro: No, no odiamos a las mujeres. Personalmente, habré odiado una o dos a o largo de mi vida, pero créanme que el sentimiento era mutuo. Aquí hago un mea culpa y acepto que probablemente el problema es que escribo peor de lo que creo y no logro transmitir el tono adecuado. Por eso aprovecho de aclararlo.

Además, para que vean lo asqueroso del doble estándar de algunas: ¿Cuál es su opinión de 50 sombras de Grey?, ¿Se lo arrancan de las manos a las minas que lo van leyendo en el metro?, ¿Le mandan correos de odio a la autora? Porque si hay una fuente de machismo que está haciendo cagar los logros de años de feminismo, no es esta mierda de blog. Es un best-seller que hace que pendejas de 15 años piensen que sería lo máximo tener un weón con plata y mino que les pague por sexo y que se case con ellas al final. Es como Disney + Barbie + Pretty Woman, con bolas chinas.

O sea, ¿me estai weando?

Ojo, no digo que sean todos los comentarios. Y yo no soy precisamente Simone de Beauvoir, así que probablemente tengan razón en muchas de sus apreciaciones. Pero estamos trabajando para usted. De hecho, es buenísimo cuando alguien logra cambiarme el switch con argumentos. Porque este blog partió con la esperanza de no ser el único al que le pasaban estas weas de las que escribimos. Pero en el camino algo pasó. Y desde mis cuarteles de invierno, sentí que tenía que decir algo al respecto.

Ahora sí que sí, si tienen tele, ahí se ven.

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Éste es el cuarto espécimen del Catálogo de Mujeres v/s Hombres. Para una explicación del Catálogo y para ver otros ejemplares, consulte el primer post de esta serie.

La Despechada (“Todos, TODOS son IGUALES”)

Es un karaoke cualquiera. No nos molestaremos en distinguir, todos son más o menos parecidos: un desfile de amigas cantando Aserejé sin poder coordinarse, galanes tratando de conseguir aprobación femenina a punta de cantar Sin Bandera, el viejo que se sabe todas las de Elvis o Sinatra, el rockero incomprendido que canta Light My Fire y no se le escucha, etc. Y siempre una de las mesas está particularmente prendida: es un grupo de puras minas que cantan, gritan, beben y abuchean un par de decibeles más alto que el resto.

Cuando les llega el turno de cantar, se suben al escenario tres de ellas, medio borrachitas. Una de ellas, claramente la protagonista, presenta la canción diciendo “ésta va para… alguien que no vale la pena, ustedes saben quién es chiquillas” (las chiquillas vitorean en algún dialecto ininteligible) y entona con tanto sentimiento como falta de afinación una canción. Y siempre la canción es de Paulina Rubio, del estilo Yo no soy esa mujer, o Aunque vengas de rodillas y me llores y me pidas.

Por eso le hemos puesto el apodo de Paulina Rubio a la Despechada.

Hay dos opciones: o Paulina Rubio, la cantante, es muy inteligente y le vio la oportunidad de mercado a cantarle al despecho (recordemos, es mexicana, tierra de tres amantes por cada machista), o le han puesto el gorro con esmero y prolijidad (recordemos, es mexicana…) y necesitaba unos cuantos discos de desahogo. La cosa es que sus canciones se convierten en el himno de la Despechada y su arrebato de dignidad, que incluye una buena porción de rechazo contra la raza masculina.

Usualmente una chica se transforma en la Despechada luego de haber pasado unas buenas semanas (o meses, o años) arrastrándose por un tipo que la tenía ahí, a miguitas de pan. De pronto, algo le hace clic en su interior y se da cuenta que se ha estado comportando como una pelotuda, y entonces se pasa al extremo opuesto: “nunca más sufrir por amor” [Estado de Facebook, 2011], “soy una chica libre, libreee libreeee on fire quiero puro carretear” [Whatsapp, 2011], “¿para qué tienen los hombres dos cabezas si piensan con la más chica? JAJAJAJA XDDD” [Frases divertidas de FraseBook, 2011].

Duerme con el Manual de las Cabronas bajo la almohada y decide que sentirse una de ellas es la mejor manera de recuperar su dignidad perdida. Entonces se arregla, se pone escote y tacos, va a la discotén con el grupo de amigas que la blindan y se dedica a bailar sola y mostrarse sin pescar a nadie; o echa mano de un par de babosos que andaban dando vueltas por ahí y les calienta la sopa un ratito para luego irse y dejarlos pagando. Ésta es la fase 1 de la Despechada: la Euforia. Se dedica, básicamente, a coleccionar miradas hambrientas e invitaciones a salir como compensación por todo el tiempo que estuvo cegada como caballo corralero.

Pero luego de unas semanas de vorágine, le viene la resaca moral. Se siente sola. Se ha dedicado a carretear frenéticamente como si no hubiera un mañana, y no ha sacado nada en limpio. Los jotes la aburren. A veces todavía le dan ganas de llamar al otro pelotudo y darle una última oportunidad. Está vulnerable. Sigue carreteando por inercia, pero ya claramente entró en la fase 2: el Vacío. Su frustración se vuelca hacia el príncipe que aún no ha aparecido a rescatarla. Y las señales se empiezan a ver en mensajes como “quien realmente merezca tus lágrimas nunca te hará llorar” [Powerpoint rescatado de una cadena de mails, 2012], o “Es que ya no hay hombres de verdad, caballerosos, atentos y buenos?” [Estado de Facebook, 2012], o “Qué ganas de hacer cucharita en esta noche fría” [Tuiteo, 2012].

Como está vulnerable, se convierte en presa fácil de los engrupidores, de los que tienen la canción romántica a flor de piel, los que prometen tratarla como panda bebé en zoológico. Y la Despechada cae, porque necesita volver a oír piropos, porque extraña que le digan cosas lindas, porque hace tanto que nadie tiene detalles con ella. Desde luego, este quick fix no le durará mucho: tras un par de folladas, el príncipe azul de cuneta saldrá a carroñear por otro lado y la Despechada volverá a fojas cero.

Huelga decir que en algún momento la Despechada sale de su estado transitorio. Las razones pueden ser dos: a) se acostumbró a estar sola y se reconcilió consigo misma, o b) apareció alguien que realmente la quería, y que además le tuvo la paciencia necesaria para superar, una tras otra, las barreras de desconfianza que ella le puso para asegurarse que no se la volverían a cagar.

Variante: la Falsa Recuperada

Hay Despechadas que entienden que sus actitudes y dichos gritan a los cuatro vientos “me cagaron, y aún no puedo superarlo“. No quieren ser una Despechada, porque son demasiado dignas para comportarse como tales. ¿Entonces qué hacen? Aparentan que han vuelto a la normalidad, que todo está en paz, que el tema está superado. Y cuentan tan bien el cuento que terminan creyéndoselo ellas mismas, e incluso se llegan a considerar listas para una nueva relación.

Pero será como revolcarse en una cama de clavos: por todos lados le aparecerán espinitas y dolores aún no superados. Es incapaz de confiar en su nueva pareja, por muy bienintencionado y paciente que él pueda ser. Sí, fíjate que el otro saco de huevas también era bienintencionado y paciente al principio, y mira cómo me dejó, parece querer decirle. Quien se meta con una Falsa Recuperada y la quiera en serio se las verá complicadas, porque a) no tuvo cómo detectarla al principio, b) tendrá que pagar platos rotos ajenos por un tiempo y c) esa etapa de la relación se verá marcada, de una u otra forma, por la sombra del tipo anterior.

No hay receta para estos casos, pero si se ve en uno de ellos y la cosa se pone color de hormiga, lo mejor es que usté tome una gentil distancia, sin arrancarse del todo, y permita que la lolita sola termine de ordenar su caldo de cabeza. Si todo sale bien, ella volverá por su cuenta. Si no vuelve, usté puede pasar de la distancia “gentil” a “chaíto no más”, por su propia salud mental.

Indicada para…

¿Hay realmente alguien para quien la Despechada sea recomendable? Por ser un estado transitorio, sólo podría interesarle a un engrupidor, que ande buscando un blanco fácil. Usualmente este tipo estará más que habituado al modus operandi de prometer pelotudeces, regalar la luna y dedicar un par de baladas. Pero si usté no es de andar comprando ramos de flores y globos de corazones sólo para tener un poquito de sexo, no desespere: algunas Despechadas más mayorcitas (recién divorciadas et al) pueden resultar buenas compañeras para aventurillas pasajeras, dado que su fase eufórica suele incluir en el menú el “volverse loca y darse gustitos” en lugar de evadir todo lo que tenga pene.

Próximo episodio: La Moderna.

Shao.

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Éste es el tercer espécimen del Catálogo de Mujeres v/s Hombres. Para una explicación del Catálogo y para ver otros ejemplares, consulte el primer post de esta serie.

La Conservadora (“mmm, no, prefiero que no”)

Si usté pololea con una Conservadora probablemente ya se dio cuenta hace ratito, porque de tanto que le han tramitado el sexo, usté anda por la vida punteándose a los jabones y a las patas de las mesas. Ella, por su parte, demuestra una capacidad de autocontrol impresionante; incluso pareciera disfrutar más el acto de controlarse que el de calentarse.

Y claro, cabe la pregunta: ¿realmente será esta chica una gozadora del sexo que sólo se controla por motivos morales/personales? ¿Se la imagina usté súbitamente desatada y libidinosa la noche de bodas, como nunca la vio antes en los años previos? ¿No será más bien que después de casarse ella seguirá siendo la misma pasiva de siempre, por la sencilla razón de que no-le-gus-ta-el-se-xo?

La Conservadora se refugia en las tradiciones para esconder el miedo que en el fondo le tiene a los hombres. Eso de “virgen hasta el matrimonio” y de “sexo sólo para procrear” le sienta de maravillas, porque son las justificaciones sociales perfectas para reducir la cuota de sexo al mínimo y de paso para hacer sentir sutilmente mal a su macho si es que éste se muestra demasiado caliente.

Los conservadores, sean políticos o morales, siempre tienen algo que los hace sentir amenazados y que se sienten llamados a proteger. Su vector es el miedo, el cual disfrazan intentando centrarse en lo positivo. Por eso lo de “conservar”: se sienten amenazados por los gays, entonces “conservemos la familia”; se sienten amenazados por los extranjeros, entonces “conservemos la patria y la identidad nacional”; los amenaza el aborto, entonces “conservemos la vida”. Y la Conservadora se siente amenazada por el hombre y su inquisitivo falo, así que “conservemos la honra y la dignidad femenina”. Pero lo dice callada, para sus adentros; lo dicen sus actos. Difícilmente enarbolará una bandera que cada vez se ve más añeja.

Y bueno, si la amenazan tanto los hombres, ¿por qué mejor no se queda solterona cuidando gatos?, se preguntará usté. Porque la soltería eterna también es una amenaza; es el símbolo de su fracaso como mujer, tal como sucede con la Machista. La Conservadora sabe que debe cumplir con la tradición, casarse y tener hijos; pero se venga usando la misma tradición para tender una cortina entre ella y el tipo que le tocó de marido. El incauto piensa que todas esas promesas de sexo feliz y placentero (porque con frecuencia la Conservadora es guapa) que le fueron negadas o mezquinamente dadas en la etapa de noviazgo le serán cumplidas con anillo en dedo, pero no: tras una (literalmente) corta luna de miel, las cosas volverán a su escasez habitual.

La Conservadora se distrae y distrae a su acosador marido preocupándose de la casa, de la pega o de sus proyectos, dependiendo de su aspiración profesional. La Conservadora, a diferencia de la Machista, no cree que necesariamente su rol esté en la casa; es más, muchas veces son emprendedoras, independientes y jugadas por sus ideales. Muchas son muy exitosas y son respetadas y admiradas por lo que hacen. Usté encontrará conservadoras en la política, en las ciencias, en la docencia, en los negocios. Toda esta abocación casi misionera a su labor le sirve también para mantener su vida aún más lejos, por supuesto, del sexo.

Variante: La Conservadora-Liberal

¿Ya se fijó que no hay ninguna Liberal en el Catálogo? Pues échele la culpa a la Conservadora-Liberal. Porque una cosa es decir y otra es hacer. La Conservadora-Liberal, en apariencia, parece muy comprometida con los derechos sexuales y reproductivos: a favor del matrimonio y la adopción gay, a favor del aborto, divorcio, píldora, a favor de que no se juzgue a las mujeres que se toman el sexo más a la ligera, etc.

Su posición puede manifestarse desde una tímida aprobación hasta una militancia ferviente, pero anda a tratar de bajarle los pantalones: hasta ahí le llega la liberalidad. Es el caso de muchas minas jóvenes, en especial las hipsters, porque apoyar a lo liberal es cool, hasta que le toca serlo a ella misma.

Nunca oirás a la Conservadora-Liberal haciendo algún tipo de comentario retrógrado; ella tiene una forma de pensar moderna, y en la mayoría de los casos ella de verdad piensa así y no es pose. Pero ningún aperturismo y relajo moral va a venir a cambiarle su terror a estas cosas, así que se busca parejas más pensantes que calientes, intelectuales desconectados de sus órganos sexuales, cerebritos que hace años que no se miran el cuerpo en el espejo. Mientras menos la busquen y la molesten, mejor. Incluso se puede llegar a enamorar de ese amigo gay que la entiende y la comprende tanto a la vez que no le toca un pelo: la mezcla le suena perfecta.

Indicada para…

Indicada para hombres con poca afición al sexo, ya sea por miedos, no querer sentirse presionados o porque no le gusta no más: la Conservadora será un oasis de paz y compañía. La Conservadora es leal —tal vez porque sabe que mantener a una pareja feliz con dosis escasas de sexo es complicado—, así que en esos raros casos en los que dos seres semi-asexuados se juntan, les irá increíble. Si para usté eso de follar no es la gran cosa y prefiere una compañera con la cual compartir sueños, ambiciones y etcéteras, adelante (porque si le digo que no son excluyentes y que puede compartir todo eso y al mismo tiempo tener un sexo galáctico, probablemente no le importará tampoco).

Incluso, con el pasar de los años, la Conservadora se llega a sentir lo suficientemente cómoda con su pareja como para destrabar un poco más su vida sexual, en especial llegados los treinta y tantos, edad donde las minas dejan de preocuparse de weás y se les sueltan las trenzas. Aún así, Señor Pareja de Conservadora que Aguanta y Aguanta Esperando el Destape, no se engañe: la lolita no se transformará en esa loba sexual que usté secretamente sueña, jamás. La criaron parca y morirá parca. Lo notará hasta en los besos. Dése con una piedra en el pecho si con el tiempo ella llega a descubrir que los orgasmos nunca le estuvieron vedados.

Próximo episodio: La Paulina Rubio (AKA La Despechada).

Shao.

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