Autor » Dr. Ninfómano

¿A usted le calienta ver una pareja follando en vivo y en directo? Pues a mí sí, y mucho. No me interesa interrumpirlos ni incomodarlos; el sólo hecho de ver a dos seres humanos tocándose y sintiendo placer me hace experimentar una fuerte agitación en el pecho.

¿Qué hay de que a ustedes los vean cogiendo con su pareja? También me la pone dura. A tal extremo, que siento un regocijo cada vez que estoy manejando y mi acompañante me la mama a vista y paciencia de los demás conductores.

Puede que me esté basando mucho en mis gustos, pero creo que la gran mayoría de las personas, al menos, tienen la fantasía de mostrarse y fisgonear un poco.

Hasta ahí todo normal, pero por esas vueltas del destino descubrí un nicho donde puedes matizar esto con un copetito, buena conversación y sabrosas cambiaditas. Por internet descubrí, junto a una polola, los bares swinger. El lugar perfecto para saciar nuestras ansias de ser vistos y mirar sin los típicos riesgos de la calle, donde te pueden asaltar, violar o donde te pueden sapear niños inocentes y viejas chotas.

Nos animamos un día sin saber qué veríamos o haríamos. La primera regla fue: “Nada de cambiaditas, al menos por ahora”.

Cuando llegamos nos sorprendió el ambiente de organización secreta estilo Illuminati o Fight Club. Al golpear la puerta debías hacer el santo y seña por un ojetillo, y recién ahí te abrían.

Nos recibió el dueño, quien nos dice: “Primera vez acá, lástima que los jueves son un poco fuertes para empezar, pero les explico de inmediato las reglas que los dejarán más tranquilos:

Principalmente, acá nadie hace algo que no quiera o que le haga sentir incómodo. Nadie te puede tocar o ver sin que uds lo autoricen. Si alguien se sobrepasa y tiene una conducta irrespetuosa con ustedes, o ustedes con otros, serán sacados del local. Están prohibidas las drogas y las cámaras fotográficas. No se puede entrar a baños cambiados o en pareja”.

Ese inolvidable jueves era día de tríos. ¿Qué significa esto? Que ese día invitan a diez hombres solteros además de las habituales parejas y mujeres solas. ¿Cuál es la idea? Entrar en una orgía, saciando a todas las mujeres gozadoras.

En todo caso el formato es siempre el mismo: Entre 23:00 y 1:00 llegan las parejas. Generalmente las mujeres descubren bajo largos abrigos vestimentas putazas que dejan bien poquito a la imaginación. Si bien un 60% de las parejas que llegan son viejos y viejas feúchas y mal cuidadas, hay donde entretenerse si tienes menos de 30 años o te conservas bien. Con la entrada tienes derecho a un copete y lo disfrutas en el sector del bar donde a veces te pones a conversar con las demás personas que andan por ahí.

Cerca de la 1:30 nos reunimos todos y presenciamos un show en el que siempre hay un stripper para cada sexo y ocasionalmente un show de sexo en vivo.

Después de eso empieza el hueveo en serio. Esa primera vez fue muy entretenida para nosotros, pues nos animamos a follar en frente de todo el bar dando sendo espectáculo. En un sillón rojo, no tuvimos tapujos en ponernos a tirar junto a otra pareja que estaba en las mismas.

Encuentro delicioso rozar a otra mujer y sentir la presencia de dos personas gozando tan cerca.

Mientras mi polola me la mamaba, tenía junto a mi rostro el de la chica de al lado que estaba siendo penetrada. Ella me ponía cara cachonda y ocasionalmente me lamía la piel. Estaba en mi salsa.

Con mi fémina no nos quisimos quedar atrás y la empecé a penetrar mientras ella se besaba con la otra chica. En ese momento me di cuenta que prácticamente todo el bar se había agolpado a nuestro alrededor para observar el espectáculo.

La otra chica me calentaba mucho. Andaba con tacos, una mini de jeans sin calzones y tenía unas tetas falsas de ensueño. Rica y suave piel que me daban ganas de corrérmela sobre ella.

Cuándo su tipo terminó, ella pidió recibirlo en su boca y juguetió un poco con eso en la polla del muchacho, mientras instaba a mi novia para que se “tomara toda mi leche” mientras se acercaba a tocarla a ella y a mi. Me fui en la boca de mi chica. Ellas se miraron con cara de caliente, y se aplaudieron mutuamente. Con eso estalló un aplauso de la degenerada audiencia.

Es interesante pensar un poco acerca de estos lugares, en los que la gente se organiza y se junta, ni más ni menos, para ser sórdidos. Como ya lo he planteado en historias anteriores, pareciera que algunos de nosotros no nos saciamos nunca, y necesitamos hurguetear en esa caja de Pandora, buscando algo que nos alivie la ansiedad, o que nos espante el pánico al aburrimiento.

Es por eso que me llamo Ninfómano: hay veces donde la pasión se tensa y se vuelve manía.

Pronto, más historias de swingers.

A veces has probado el placer de tantas maneras, con tanta intensidad y durante tanto tiempo, que se despierta un deseo de llegar más allá para sentir satisfacción.

Sentir placer es vivir un estado de comfort totalmente superior al que puedas tener durante tu vida cotidiana, y cuando abusas de él lo vicias, pues empiezas a necesitar algo más extremo.

De adolescente me masturbé bastante y vi mucho porno. Para mí no bastaba con eyacular lo más rápido posible, quería sentir la fricción en mi pene y la actividad nerviosa de cada parte de mi cuerpo. Una inocente pajita podía ser rápida para disfrutar la adrenalina de que no me pillaran mis viejos, o por el contrario, con todo el relajo del mundo, aguantando hasta una hora y media antes de buscar la eyaculación.

Este “entrenamiento” me preparó para vivir un primer pololeo sin saciedad. Como la mayoría de las parejas, durante el primer año cogíamos todo el día. Yo sabía bastante bien qué me gustaba y que cosas podían ser placenteras para mi compañera.

Con el pasar de los años me invadían ocasionales ganas de hacer algo un poco fuera de lo normal para sentir ese placer extremo que cada día creía necesitar más.

Se me metió en la cabeza que quería llegar a un máximo humano de rendimiento sexual, y que obviamente no lo iba a vivir con una señorita de parroquia.

Primero me ocupé de mí, física y mentalmente. Entrené mi resistencia física y en el gimnasio le dediqué un poco más de tiempo a los ejercicios de la pelvis. Practiqué la masturbación tántrica para tener más y mejor control sobre la eyaculación y empecé a sentir la curiosidad por probar el Viagra, Ripol, Seler Up, Lifter, Erosfil, o como usted quiera llamarlo; todos tienen el mismo principio activo, llamado Sildenafil (de hecho, si a usted le avergüenza pedirlo en la farmacia, diga “Sildenafil de 50, por favor”, y pasará piola para todos, salvo para el farmacéutico… y para los que saben).

Todo bien hasta ahí, pero no lograba encontrar alguien que me acompañara en esta campaña. Era difícil encontrar la mujer que me dejara con la sensación de haber llegado al tope.

Así supe de una prostituta chilena que ha hecho películas porno en la Argentina y que tiene su fama por ser absolutamente ninfómana. Colega :)

Ya me había metido con una puta argentina que padecía esta simpática condición, pero eran otros tiempos y ella no estaba en Chile. Con ella había sido gratis, en circunstancias que en otra oportunidad relataré. Me sentía reticente a pagar por sexo.

Tengo el ego demasiado grande como para pagarle a una mujer que no es ni más bonita ni más inteligente que las con que salgo sin pagar, pero ahora había un motivo que era más fuerte para mi.

Sólo se vive una vez y hay que aprovechar la juventud. La llamé y quedamos en juntarnos ese día a las 18hrs.

Entré a la farmacia y luego de pedir un millón de cosas que no necesitaba, me decidí por comprar un Ripol (siempre hay una marca distinta en oferta) que me tomé apenas salí del local.

Toco el timbre y se abre la puerta que me confirmaba que todo iba a salir como lo había planeado. Una mujer de 1.72 con tacos, vestida con un peto y ajustados jeans elasticados. Siempre me la han puesto dura las morenas de ojos claros con tatuajes.

Nos tomamos un trago conversando. Me sorprendió que desde que entré se tocara a cada momento su coño, yo estaba durísimo.

Se sacó la ropa y nos tendimos en la cama para seguir conversando. No dejaba de masturbarse mientras me contaba su aburrida vida de los millones de pesos que necesitaba para conseguir algo de la dignidad que su estupidez y la prostitución le habían quitado.

No quería escucharla más, no quería saber de que había sido mamá recientemente ni de sus fracasos financieros. Quería metérselo por horas y acabar tanto en su boca como en sus inmensas tetas siliconadas.

Mientras todo esto ocurría, el Ripol me tenía con la presión en niveles escandalosos. Me sentía abochornado y por un momento pensé que mi verga iba a explotar.

Me dirigí a la ducha y me sorprendió que la erección superaba cualquier experiencia anterior. Además sentía mi cuerpo exaltado, lo que me tenía brutalmente cachondo.

Llegué desnudo a la cama y ella, sin dejar de masturbarse, empezó a darme una impresionante mamada. Su profundidad era tremenda, tragándosela hasta la garganta.

Pocas veces había sentido la sensación de tocar la garganta con la punta del pene y poder dar movimientos violentos y repetidos sin que ella diera ninguna expresión que no fuera de placer.

Se montó en mi pene y me pidió que me moviera corto y rápido mientras ella estimulaba su clítoris para llegar al orgasmo “antes de empezar a coger de verdad”.

Apenas acabó empezó la fiesta, alternando penetraciones duras y fuertes, de esas en que sientes que topas fondo, con movimientos más cortos y a toda velocidad.

Lo hicimos en varias posiciones hasta que finalmente me paré junto a la cama con ella acostada de espalda. Puse sus piernas en mis hombros y le di toda mi potencia para metérsela estimulando la parte delantera del interior de su vagina.

Creo que ya llevábamos unos 45 minutos cogiendo, y no aguanté. La dureza de mi polla no cesaba y acabé dentro de ella. Sin embargo fue como si nada hubiese pasado, mis niveles de calentura no disminuían ni un poco y seguí penetrándola como si nada hubiese ocurrido.

Saqué la verga para poder retirarme el preservativo usado y le estimulé el clítoris rozándolo con la yema de mis dedos mientras ella me masturbaba. Aún no nos deteníamos ni un segundo.

Ella estaba ligeramente sobre mí cuando salió el salvaje que llevo dentro. Le tomé el pelo como si fuera una cola de caballo y la acosté de espalda sobre la cama. Junté sus muñecas con mi mano izquierda mientras la estimulaba con la derecha a la vez que ponía la punta de mi glande tocando las puertas de su sexo.

No aguanté y se lo metí sin protección. Ella, lejos de desaprobar, gemía fuertemente y me pedía que siguiera con fuerza, que no dejara de hacerlo. Reclamó que le avisara cuando acabara para “darle mi lechita”.

Cuando le dije que estaba por terminar se la sacó de adentro y puso su boca para recibir la esperma, la que devolvía y comía varias veces, para finalmente tragarla y acercarse a besarme.

Nos tocamos en un falso romanticismo, pasando nuestros dedos por el pelo del otro y mirándonos a los ojos, exhaustos.

Me sorprendió y calentó que ella no dejara de tocarse ni aún después de haber sido penetrada por casi una hora. A mi todavía no se me ponía blanda. Dios ampare al Sildenafil. :)

Volvió a chupármela y nos masturbamos mutuamente un buen rato. Nos dimos sexo oral y terminamos teniendo sexo anal mientras ella jugaba con su vibrador. Esta vez acabé sobre los labios de su vagina.

Ella me dio un baile y nos masturbamos cada uno en un rincón de la cama mirando al otro. Era como un desquite en un momento en el que ambos sabíamos que yo ya tendría que irme.

Escuchamos algo de música acariciándonos desnudos, nos duchamos y me largué. Estaba feliz por haber sentido el placer que quería y me había quitado un gusto. Sin embargo me di cuenta que endiosé las parafilias en vez de gozar lo esencial del sexo.  Anyway, lo follado y gozado no me lo quitaba nadie.

Por otro lado sentía que me iba a dar un infarto en cualquier momento, no podía ni manejar el auto porque creí que mi cara iba a explotar. La sensación de desmayo inminente me duró horas, hasta que me comí un chocolate bitter con un té de jazmín y a duras penas pude conciliar el sueño. Ese porotito azul puede tener efectos secundarios bastante desagradables.

¿Moraleja? No le veo lo malo a ser un cerdo hedonista que hace lo que sea por placer, pero el sexo es mucho más que eso y mucho más sencillo. Tuve el polvo más intenso y extremo de mi vida, pero aún y así no fue el mejor.

De ese, otro día les cuento.

Tenía yo cerca de veinte años, y estaba saliendo con una chica bastante guapa. A ella, como a otras tantas, le excitaba mucho que nos viesen tocándonos y tirando en lugares públicos. Cada vez que salíamos a caminar o en auto ella me sorprendía luciendo sus piernas sin ropa interior, estilosos tacos o vestidos que dejaban toda su espalda al descubierto.  Por supuesto, cuando yo me calentaba de verla y sentir los roces cotidianos, me lanzaba encima y ella no hacía nada para detenerlo.

Siempre me he preguntado si sienten el pene tieso cuando uno les da el primer abrazo. Al menos yo con ella trataba de que lo sintiera y elegía pantalones delgados, incluso a veces andaba a lo gringo. Me calentaba su producción al momento de mirarla, lo que también era una invitación a preocuparme también de mi apariencia y actitud. La abrazaba fuerte, sin ser bruto, presionando su cadera contra la mía. La miraba fijamente a los ojos para fingir que la besaría y luego seguía hablando como si nada. Obvio, dejándola con las ganas.

Nuestra relación era 100% sexo salvaje. Ella siempre gemía delicada, pero sin pudor en el volumen. No nos importaba dónde estuviéramos, cualquier parte era un buen lugar y siempre andábamos preparados.

Así llegó su cumpleaños con asadito incluido en el entonces llamado Parque Intercomunal. Por suerte conocía gente, porque con ella nunca pudimos hablar. Era más joven y me recordaba un poco a la Diva. No cruzamos ni media palabra, cuando chocábamos transitando como hormigas por el carrete nos dábamos un topón y seguíamos nuestro camino.

A mi me la tuvo dura desde el principio. Andaba con una cortísima falda tableada, zapatillas y una polera amarrada en el cuello un poco ajustada. Pero a mi no me pescó en toda la tarde, y tuve que apañármelas coquetiando con algunas de sus amiwis.

Alguien tuvo la brillante idea de llevar un jarro de proporciones bíblicas con vino y frutilla. Obviamente todos caímos con el engañador brebaje que, sumándole los porritos, nos sumía en una orgía de paz y amor en torno a la barbacoa.

Empezó ese horario cercano a la oscuridad en que todavía se ve, pero no tanto y me acerqué a ella que hablaba con una amiga. La tomé desde atrás por la cintura y puse mi boca en su oreja. Le mordí suave el lóbulo y le dije “Vamos a caminar unos minutos que yo ya pronto me voy”. Ella presionó su cadera contra mi pubis: la erección era inminente. La mantuve uno o dos segundos para que sintiera lo que había provocado, luego nos tomamos de la mano y emprendimos la caminata.

Creo que por primera vez hablábamos y era respondiéndonos preguntas embotelladas que en realidad poco nos importaban. Tan evidente fue lo desagradable que era hablar y tan grande era la calentura acumulada de los dos, que empezamos a tirar sin ninguna vergüenza.

Fuimos al sector sur oriente del parque y cerca de unas plantas, llegando al río, nos detuvimos para echar a correr el manoseo. Perdí absolutamente el control cuando me di cuenta que no llevaba calzones. Su depilado era perfecto y la suavidad de su sexo se multiplicaba por mil con su humedad.

Sacó mi pene del pantalón y me lo empezó a chupar energéticamente. Con ella aprendí como me gustaba que me la hicieran: con muchísima saliva, profundidad, sin rozar con los dientes y sin hacer pausas muy largas. Era una máquina de complacer y siempre quise tratar de estar a su altura. No sé si lo estuve.

A ratos pasaba gente y trataban de disimular que no nos veían, pero todo ese espectáculo, lejos de espantarnos, más nos calentaba.

Ella se apoyó contra un árbol y yo empecé a penetrarla. En eso estábamos cuando echó su torso hacia mi y me dijo con voz calentona y ojos semi cerrados: “Métemelo por atrás ahora, que esa mina nos está mirando”.

Efectivamente una chica como de mi edad miraba, con tremendos ojos, tratando a la vez de continuar su camino como si nada hubiese pasado. Pero eso ni me importó. Lo terrible para mi era que nunca había hecho sexo anal antes y esa no era precisamente una situación de confianza, ni la mujer con la que tuviera la mejor comunicación.

Ante mi helada reacción, se llevó los dedos a su boca y los llenó con saliva, la que esparció por mi glande para luego llevarlo a su cola rezongando la frase: “Apúrate, no seas pavo”.

Fue como la práctica profesional, porque tuve que basar mi accionar en puras lecturas, historias de amigos y películas porno, que no son la mejor ayuda para entender estos detalles.

Partí lento y apuré el tramite conforme ella me lo demandaba, acentuando velocidad y profundidad. No dejaba de lamerle el cuello y su espalda, como si me estuviese escondiendo de quienes nos miraban. Creo que lo hacía para exhibir más al acto que a los protagonistas.

Acabé sobre sus nalgas y ella se limpió con la mano. Chupó uno de sus dedos y me miró coqueta: “Gracias, el mejor regalo de cumpleaños. Quería mi primera vez contigo

No lo podía creer. Ella tampoco lo había hecho… y ninguno de los dos sabíamos.

Jamás hablamos largo, de hecho me caía un poco mal. Se irritaba con facilidad y no aguantaba discutir un tema cuando teníamos opiniones diferentes. Siempre confundía eso con una pelea y se taimaba. Además, nunca toleré que escuchara música de mierda y pasara toda la tarde en la porquería de Facebook.

Me costó dejarla, estaba empotado. Creí que podríamos durar más y que tendría en mi rutina semanal esos maravillosos polvos con ella, pero estaba equivocado.

Hoy, después de haberlo escrito, confirmo que aunque tenga el mejor sexo del mundo, eso tampoco te va a llevar a amar si no tienes alguna otra cosa con la cual establecer una conexión.

No es suficiente comunicarse bien tirando. La vida no es sólo follar; también hay un caño previo y un chocolate posterior para disfrutar y conversar escuchando Seal o The Doors… Ah, bueno, y toda la mierda que hacemos el resto del tiempo.

A veces pienso que esto de ser tan perverso es una maldición. He llegado a un punto en el cual quiero que el sexo sea una mega experiencia, y si no es así me invade una total y absoluta desidia, que incluso me ha hecho responder a peticiones de meter la poronga con frases como “Mastúrbate, no me molesta y yo estoy cansado”.

No soy de esos hombres que le dan a lo que se mueva, aunque alguna vez lo fui. Quiero que la fémina esté hot, no tenga miedos ni trancas y me dé todo el morbo del mundo. No pretendo que todas sean guapísimas, pero sí que sean tan perversas como yo y estén dispuestas a coger y hacer cosas sin límites ni remordimientos.

Con esto me di cuenta hace un tiempo que el amor no es suficiente para tener un sexo de mi agrado ni tampoco el sexo brutal implica enamorarse. Ninguna de las dos trae necesariamente a la otra.

Y aquí pasamos a la historia.

Creí sentirme enamorado de ella, que dejó todo, hasta su marido por mi. La química era gigantesca, pudiendo pasar horas hablando, cantando, dibujando, o agarrándonos para el webeo mutuamente. Pero tirar era otra cosa, como veremos a continuación.

En la segunda cita la esperaba en mi departamento con un risotto de camarones que había cocinado, vino blanco y obvio, un cañito y chocolate para después. Comimos y fumamos, para luego dar paso al cachondeo con el chocolate. Besos pasando la semi derretida barra por todas partes. Las prendas iban volando de a poco en mi sofá.

Ella me gustaba, no sólo había onda, sino que era bonita y tenía un cuerpo de infarto. Sin embargo, se notaba novata y forzada a la hora de cachondear. Me molestaba su descuidado vello púbico y su facha, tan despreocupada de la sensualidad. Era una mujer que jamás me hubiese molestado que conociera mi vieja, pero en la cama son otras las prioridades.

Subía la temperatura y nos masturbábamos mutuamente, cosa que me inspiró a empezar mi acostumbrada rutina de regalarle un orgasmo primero a ella. Los hombres (en general) necesitan menos cuidados para lograr uno, pero a ellas hay que dedicarles tiempo, por lo que prefiero que partan gozando. Además, la mayoría de mis congéneres se va cortado y se olvida del mundo, no les da ni para un puchito de vaquero.

En esta etapa me empecé a sentir incómodo, pues ella no podía relajarse y enfocarse en gozar. No entendía que ya llegaría mi momento y también los momentos mutuos. Le importaba demasiado que se la metiera y para mí eso, cuando tienes todo el tiempo y espacio del mundo, es reducir el sexo a lo más básico, mandando mis pasiones derechito al patio de los callados.

A duras penas tuvo un contenido orgasmo, aunque de todos modos no la forcé a nada. En ese momento, cuándo más encendida estaba, se montó sobre mí y la empecé a penetrar. Me generaba una ternura tremenda, cariño, quería abrazarla, quererla y tratarla bien, pero sexualmente no me estaba sintiendo conectado con ella y me vino un leve sentimiento de frustración.

Después de acabar me quedé dentro de ella y la abracé con fuerza. La miré a los ojos tomando su cabeza con ambas manos y le di un beso en la frente. Gesto mamón, lo sé, pero es menos mal entendido que muchas palabras. Ella sonriente me dijo: “No soy una mina weona. Estas cosas se sienten mucho antes de acostarse, lo que no implica que no haya querido pasarlo bien ahora”.

Me dejó para adentro. Ella sentía lo mismo que yo y, contra lo que pensaba, tenía todo muy claro y muchas más ganas de gozar.

Cuánto aprendí ese día.

Nos quedamos en esa posición bastante tiempo, definitivamente seríamos los grandes amigos que aún somos. Todo esto confirma mi asco al ver gente que busca crear relaciones cuando no hay suficiente química sexual. Creo firmemente que el enamoramiento no genera siempre deseo, cosa que marca la diferencia con una amistad. Tampoco creo que el inverso se dé en esta sociedad, donde más de alguno o alguna se ha empotado sin ser capaz de concretar algo estable, pero este tema lo abordaré en mi próxima historia.

Hasta entonces.

Existen dos maneras de meterte en una partuza: pagando (A) o por mérito propio (B). Yo he tenido la posibilidad de estar en ambos lados varias veces y les quiero contar específicamente el cara y sello de dos tríos MHM en los que me he revolcado… al mismo tiempo.

Como buen trío.

A: Me invitaron a una despedida de soltero común y corriente en la que bien poco tenía que ver con el novio, pero obvio, terminé yendo yo a buscar a las minas en mi auto. Todos los demás eran un grupo de cagones, de los que tiran piropos en masa o tocan la bocina cuando ven un culo. Las minas eran una rubia y una morena, con ligas y tacos de plataforma plateada. Tetas operadas y piercing en la lengua. Todo mi gusto morboso. Sí o sí hoy veremos sexo en vivo, pensé.

B: Una amiga con raspe lleva a su amiwi a mi piscina para pasar el calor. Entre fumarnos algunos cañitos y tomarnos unos copetitos escuchando música relajada, ya no nos importa tirar, manoséandonos, frente a la amiga, que lejos de mostrarse incómoda, se notaba curiosa y extrovertida.

Esta improvisada voyerista me calentó desde el principio, desde que sacó a relucir su micro bikini y ese tatuaje en la colita que parece decirte “Inserte Aquí”. La situación llamaba a exhibirnos frente a ella. Camila, mi amiga, parecía entenderlo demasiado bien. Sospecho que ya tenían un prontuario de “Calienta Pollas” en equipo.

A: Consciente de que se las saben por libro, busqué ignorarlas un poco a la vez que me mantenía sintonizando con ellas, compartiendo el mismo estado de ánimo. Si no era ahí, sería otro día, pero yo quería follar con una de ellas, con  las dos, juntas o por separado, era mi desafío.

B: Guiado por la calentura y por un poco de intuición, empecé a tirarles tallas a las chicas usando el clásico “entre broma y broma, la verdad asoma”, técnica que suele ser bastante efectiva para armar tríos y cochinadas varias.

A: Las putitas salen del improvisado camarín preguntando: “¿Quién es el novio?” y obviamente el enamorado fiel se hizo el de las chacras. Ni hablar de los piroperos a distancia que, en dos tiempos, ya estaban meándose encima. Como buen Doctor. tenía que dar el ejemplo y me ofrecí, fingiendo ser el futuro macabeo.

B: Se me ocurrió que jugáramos al “Verdad o consecuencia”… lo sé, está ultra trillado, pero con unos tragos de más la creatividad no da para mucho… y tampoco se necesita tanta originalidad. Penitencias con prenda de ropa era la consigna.

De lado quedaron todos esos cuestionamientos fruto de la timidez, o esa planificación absoluta de los que se creen shuper liberales y capos para el sexo. ¿No han escuchado a su pareja hablando de dejar las reglas bien claras antes de un trío para que todo ande bien y se puedan seguir mirando a la cara después? Jajaja, no saben lo rápido que eso se va al carajo!!! Yo mismo he vivido el hecho de que no importa cuánto planees, somos humanos, imperfectos, impulsivos, torpes y egoístas. El más mínimo desliz puede transformarse en drama y los límites son demasiado delgados cuando apagas la cabeza para dedicarte a disfrutar.

Así que ojo amiguitos… no tanto con lo que prueban, sino con quién lo prueban.

A: Antes de llegar al coro de Bon Jovi, cuando ni siquiera había empezado a sonar Careless Whisper, ya tenía a las dos bombas arrodilladas frente a mi besándose con mi pene entre sus labios. Sus piercings brillaban en medio de ese excesivo uso de saliva que formaba lianas entre sus bocas y mi glande.

B: En esta circunstancia el copete y los cañitos nos habían liberado ya de esas pajas mentales, y estas chicas claramente sólo querían pasar un buen rato, vivir una fantasía igual que yo e hinchar sus egos exhibiendo ese lesbianismo tan de moda hoy en día.

Obviamente quedé desnudo yo primero y sin pensarlo me tiré a besar a Camila, apenas en calzones. Romina había dilatado su desnudez sacándose pulseras y aros en cada prenda perdida, pero mientras nos miraba, sus movimientos y el color de su rostro delataban lo caliente que estaba. Tenía la mirada fija en nosotros, tras lo que no puede evitar mencionar las palabras mágicas: “Ya que no pagaste con prendas te vamos a tener que castigar con la Camila”. Por dentro sólo rogaba que no llegara la cachetada. Si era así, estábamos al otro lado.

A: Me pusieron un preservativo y cogimos duro, muy duro. Mezclamos siempre la penetración con una y el sexo oral con la otra. Los que inicialmente eran estupefactos espectadores ahora gritaban y arengaban perdiendo la timidez y acercándose a manosearlas un poco, pero esa cruzada era mía y luego de acabar en la boca de una y verla besarse con la otra, ya todo estaba cocinado. Había tenido un trío sin mucho esfuerzo, sencillamente por ser un caradura. Hell yeah.

B: Romina se acercó a besar a Camila primero (muy entendible). Luego la desnudamos entre los dos y la recorrimos por todo el cuerpo con nuestras lenguas. La masajeamos y le hicimos sexo oral. Le vendamos los ojos y la acariciamos por cada rincón de su cuerpo, especialmente esos como las partes contrarias a los codos y rodillas que tanto placer dan. Era nuestro “castigo” para ella. Camila me invitó a penetrarla mientras ella la besaba y acariciaba.

Nos quedamos jugueteando todo el día y parte de la noche hasta que decidieron irse a sus casas. Después de ese día, nunca nos volvimos a ver.

Pronto vienen más historias. Y también algunas de mis compinches, que no se quedan nada de atrás en esto de la cachondería. Porque claro, no estoy solo en esto.

Y ustedes lo saben.