Autor » Dr. Ninfómano

Si me pongo a escribir es para hacerme preguntas y compartirlas con ustedes. Estoy absolutamente convencido que pocos pensamientos míos se ajustan a una posible verdad.

¿El tema central? Qué diablos priorizamos los seres humanos al momento de buscarnos una pareja.

En lo personal sé muy bien que sólo quiero cariño y sexo, pero ambas cosas traen consigo un montón de sub requisitos. El cariño requiere empatía, similitud de niveles socioculturales, gustos en común y maneras parecidas de manifestar los sentimientos, entre otras cosas. Por otro lado, el sexo requiere atracción física, expectativas y gustos similares, mismo tipo de abusos sufridos durante la infancia, jajaja. Entre broma y broma, eso último es cierto.

La atracción sexual representa el amor que unirá a una pareja para entregarle lo más básico a una posible descendencia. Está asociado a asegurar las necesidades primarias de los hijos, la existencia. El cariño, por otra parte, está ligado al amor romántico, el que le garantizará una familia estable a la criatura para protegerlo en la infancia, cuando es más débil. Esta última característica es importantísima para la evolución de volvernos más inteligentes, pues para nacer con cerebros más grandes debemos hacerlo de manera prematura. Nacemos tan vulnerables que es fundamental una buena familia para protegernos, fortalecernos y educarnos.

Espero no se dé esa torpe discusión de que el amor es una cosa y el sexo otra, pues no va a lugar y creo que Helen Fisher ya lo dejó todo bien claro en sus estudios.

Mas, somos una especie bruta. Hemos evolucionado a medias y seguimos debatiéndonos entre conductas animalescas y conductas de humanos civilizados, lo que nos lleva a actuar como completos idiotas que: No saben lo que quieren, no saben qué es lo mejor para ellos y se niegan a actuar únicamente por instinto como los animales. Súmele que somos una especie pro vida que eliminó la selección natural para convertirse en una plaga mundial llena de tarados.

Actuamos a medias y eso, sumado a nuestra percepción de lo abstracto y la subjetividad, hace que la gran mayoría de la gente divague constantemente de una frustración amorosa en otra, dejando la realización para los más inteligentes y los más brutos (con excepciones, por supuesto).

Por mi parte, he podido distinguir cuatro estereotipos bien marcados al momento de establecer las prioridades que son importantes en una pareja. Parto con los que están relacionados con los polos: los que siguen los impulsos sexuales o de atracción física y luego los que siguen los impulsos de satisfacción amorosa, romántica y de empatía. Los últimos dos grupos serán, para mí, los que representan al humano promedio:

“Me importa sólo el físico y la química sexual”

Actúan con los impulsos más primarios  y con frecuencia son los más bellos y bellas. Han tenido éxito con su apariencia por miles de años y, especialmente los especímenes femeninos, no necesitan más que eso. La belleza les da todo para vivir con simpleza y sin preocupaciones. Para ellos la vida es sencilla y aunque puede que no establezcan relaciones muy duraderas,  la simpleza del cortejo los hace liberar ansiedad quitándoles el estrés para  apañarse esta comedia llamada vida.

He tenido poco contacto con gente de la farándula, pero me imagino a muchos de ellos en este grupo junto a otros tantos que lamentablemente imitan este modelo.

“Me importa muchísimo más su personalidad, inteligencia y empatía, aunque no sea tan [email protected]

No confundir con los pasados a caca que la venden con este discurso, a ellos los voy a dejar para el siguiente grupo.

Conozco algunas parejas de este tipo. Son adorables y maduros, discuten todas sus diferencias y las solucionan sin taimaduras tontas. Se acompañan y parecen tener sus vidas personales y de pareja muy clara. Suelen ser muy inteligentes y exitosos en sus trabajos, aunque no lo demuestren gastando el sueldo en basuras inútiles. Crían hijos felices y con alta autoestima, los acompañan y les enseñan a aprender y sentir sed por conocer, descubrir y crear.

No sé si su realización sexual sea placentera y satisfactoria, pero me da la impresión que se las saben arreglar y si no, lo esconden bastante bien.

Me encantaría ser como ellos, son mis favoritos, pero desgraciadamente soy muy superficial y degenerado.

“Me importa su personalidad e inteligencia (pero en verdad no me doy cuenta que sólo me importa lo químico-sexual)”

A estos los he conocido bastante bien en su versión femenina, pues caigo con frecuencia en esa mentira que ellas mismas incluso se creen: intentar querer a alguien por su manera de ser, pero dejarlo por la falta de impulsos de amor sexual provocados. Parecen ser homo sapiens en el periodo de transición de simios a civilizados humanos. Quieren ser más, tienen sed, pero no les da para mucho y el mundo de la belleza es demasiado tentador.

Están a las puertas de dar el salto a la civilización y si lo hacen se los aplaudiré energéticamente, pero es muy probable que tengan que esperar algunas generaciones más para este conmovedor evento.

“Me importa sólo follar rico (porque no me doy cuenta que me importa la personalidad y no logro establecer relaciones estables)”

Creo que estoy dentro de este grupo. Somos el otro bando de los que estamos a punto de dar el salto, los resentidos que no tenemos problemas para encamarnos, pero nos regodeamos con que nuestra pareja tiene que ser un ícono de belleza y sensualidad. Detrás nuestro tal vez haya gente hermosa que nos desea, pero decimos: “No está a mi altura”.

Somos tan brutos como los anteriores, huraños y solitarios. Tenemos mucho que entregar, pero nuestro egoísmo nos hace esconderlo eternamente. A la larga la chusca con la que te encamaste el sábado no merece que le muestres tu mundo.

Le tenemos pánico a aburrirnos sexualmente de nuestra pareja, a desear a otras personas. Puras patrañas, en especial si le has puesto atención al link de más arriba de Helen Fisher, donde te explican de manera verosímil y coherente que puedes desear e incluso amar románticamente a varios seres humanos al mismo tiempo. Nosotros también queremos una persona especial para envejecer jugando canasta y tomando té, pero somos frívolos y generalmente adictos a los placeres de los sentidos.

No podemos querer por lo que una persona es, asique nos desquitamos cogiendo como malditos roedores y nos acostumbramos a llegar solos a la casa a disfrutar de nuestros vicios mientras planificamos nuestra próxima cacería.

¿Hijos? El día del pico.

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Las dos últimas categorías son parecidas y representan a quienes dicen querer algo — pero parece que quieren otra cosa — aunque no están seguros de eso — pero tampoco saben si lo otro es lo real… jajaja. Son un enredo monumental.

Alguna vez discutimos con @shesho que la gente no sabe lo que quiere, menos en el plano romántico. Nuestra imaginación y ego nos nubla, dejando lista a la modernidad para que nos noquee con su superficialidad y velocidad.

Al final actuamos sin mirarnos honestamente al espejo y sin saber que es lo que nuestro ser nos pide para la vida. Puede que mis categorizaciones al estilo FAQ Women sean una mierda, pero para mí sí es una verdad que actuamos torpemente porque no nos damos el tiempo para escucharnos en silencio y con paciencia.

Hoy no conquistamos ni nos dejamos amar; es preferible mostrar el culo y las calugas en Twitter para tener 3.000 seguidores que me alimenten el ego antes que darle a la persona que amas la posibilidad de conocer tu esencia para intentar formar la familia que criará un hijo feliz y preservará nuestra permanencia en el mundo por algún tiempo más.

Si cree que estas categorizaciones son una bazofia o tiene las suyas propias, expóngalas y comentémoslas, pues a mí me interesa mucho el tema.

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Este post es producto de un extraño experimento: pusimos a follar a Hetaira (representando a FAQ Men) con el Dr. Ninfómano (representando a FAQ Women), para probar la variedad de condones de LifeStyles. Para conocer la versión de Hetaira de este experimento, entre aquí.

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Esta es una historia que no tenía muchos deseos de contar por el momento en el que me encuentro. Es de esas situaciones tan degeneradamente calientes que te remueven todo de sólo recordarlas.

Me habían advertido de la chica que escribe en el blog de al lado, Hetaira. Nunca la había leído pero ya me habían propuesto que tenía que conocerla para un experimento que acordaron los jefes con los tipos de LifeStyles. Así es como un día de esos en que me regocijaba fumando hierba y escuchando Bach en mi casa me llega un mensaje a eso de las 3am. Era de Hetaira pidiéndome que la invitara a mi casa. Obviamente era por el tema de los condones (cosa que odio) y no le di mucha importancia.

No me rompí mucho la nuez ideando la comida. Si terminábamos follando era conveniente una alimentación liviana, si todo era chanta no valía la pena esforzarse tanto.  El menú terminaba con un rico fondue de chocolate, que esperaba diera para improvisar algún cachondeo.

Casi me fui de espalda cuando llegó. Andaba con un vestido cortísimo, muy ajustado y escotado.  Piel mate y cremosa como el dulce de leche. Más que “linda”, era demasiado sexy como para ir a sólo hablar. No me iba a medir ni un poquito, y eso significaba ignorarla la mayor parte del tiempo.

Le serví una copa de vino blanco y empezamos a conversar mientras picoteábamos  y yo cocinaba.

Todo el tiempo intenté evitar los contactos visuales con ella y me limitaba a pasar por su lado cada vez que necesitaba algo rozando su existencia y dejándome impregnar por el envolvente aroma de su perfume. Creo que era 212, curiosamente, el mismo que yo usaba ese atardecer.

No podía controlar la erección y estoy seguro que ella lo notaba. Su respiración era agitada y opacaba la gran seguridad que parecía mostrar en su sensualidad y belleza. ¿Opacaba? En realidad me ponía cada vez más caliente.

No aguanté y la tomé con ambas manos de las piernas y se las abrí para acercarme a ella, apretar fuertemente su cintura y pasar lo suficientemente cerca como para besarla. Estando ambas bocas cerca, seguí de largo y continué cocinando. No aguantaba más, pero un bocadillo tan petero merecía ser devorado en su punto justo de cocción.

Nos sentamos en mi sofá a comer, todo muy liviano y distendido. Su vestido era tan corto que podía ver un poco más allá. Me daba morbo fantasear si llevaba o no calzones. Después supe que no. Cuando llegamos al postre, al momento del chocolate derretido, actué con toda mi velocidad y seguridad, impregnando mis dedos con este para luego esparcirlo por sus carnosos labios y besarla.

Se sentó sobre mi, presionando su sexo contra mis delgados pantalones. Se notaba su deseo por sentir mi verga, cosa que me emocionaba cada segundo más. Tiramos salvajemente, como bestias en el sofá y el suelo, dejando mi casa y las ropas impregnadas en chocolate y frutas.

Sucios y calientes presionábamos nuestros resbalosos cuerpos con fuerza mientras la penetraba a ese punto en que sientes que tocas fondo y sus labios se estrellan con tu pubis.

Tomaba su pelo fuertemente y retiraba su cabeza de mi cuello para ver sus hermosos ojos de pupilas dilatadas y maquillaje corrido. Su aliento eran rítmicos gemidos que explotaban al compás de cada colisión pélvica.

La tomé en brazos y la llevé a mi ducha donde recorrí toda su sexualidad con mi boca. Creo que nunca había estado tantos minutos haciendo eso, sus piernas temblaban mientras me atragantaba con su humedad y el agua de la ducha. Creo que acabó en ese juego, la verdad no me importaba. Este juego no se trataba de orgasmos, era vivir la excitación infinita, sin deseos de terminar jamás.

El sexo se trasladó a mi pieza creo, no recuerdo muy bien. Perdura más en mi memoria el hecho de que me reí mucho cuando sacó un preservativo con sabor a frutilla para hacerme su gracia. Largo y profundo, con envolventes movimientos de labios y succiones. Parecía realmente disfrutar el sabor. Pensé que podría escribir un manual de cómo dar mamadas. Al día siguiente supe que ya lo había hecho y que mi verga había sido un helado que fundió en su boca.

Con una expertise única intuyó mi eyaculación y quitó el látex para dejar escurrir mi esperma en su lengua terminando todo con un beso húmedo y sensual. Mi departamento era un desastre y ambos llevábamos horas jugueteando, asique le pedí que se fuera. Su vestido era un desastre y tuve que prestarle algo de ropa mía.

La llevé en mi auto a su casa y no dejaba de tocármela mientras conducía al mismo tiempo que se masturbaba suavemente. Cuando llegamos a su edificio, parecía no importarle nada y se subió sobre mi, como para marcar territorio. Amarró mis manos a la cabecera del asiento con la camisa y cogimos una vez más, como si ambos supiéramos que podría ser la última vez que nos viéramos.

Varias personas nos vieron y nos importó un carajo.

Cuando acabé dentro de ella se salió, se limpió y caminó a su casa así, sin vestirse y dejándome amarrado.

Fue de esos polvos épicos y jamás la volví a ver. De hecho, fue la última vez que cogí y me parece que fue una gran despedida.

¿Moraleja? No me importa, lo pasé increíble. Adoro que las mujeres sean desinhibidas y vividoras. Me veo reflejado en ellas y la empatía no tarda en aparecer. Me gusta vivir al máximo y sentir que si me muero en cualquier momento, moriré satisfecho y feliz.

Esa madrugada era un momento para reír con una sonrisa de oreja a oreja, pero la vida continúa y esa anécdota se guardó como eso para hoy compartirla con uds.

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¿A usted le calienta ver una pareja follando en vivo y en directo? Pues a mí sí, y mucho. No me interesa interrumpirlos ni incomodarlos; el sólo hecho de ver a dos seres humanos tocándose y sintiendo placer me hace experimentar una fuerte agitación en el pecho.

¿Qué hay de que a ustedes los vean cogiendo con su pareja? También me la pone dura. A tal extremo, que siento un regocijo cada vez que estoy manejando y mi acompañante me la mama a vista y paciencia de los demás conductores.

Puede que me esté basando mucho en mis gustos, pero creo que la gran mayoría de las personas, al menos, tienen la fantasía de mostrarse y fisgonear un poco.

Hasta ahí todo normal, pero por esas vueltas del destino descubrí un nicho donde puedes matizar esto con un copetito, buena conversación y sabrosas cambiaditas. Por internet descubrí, junto a una polola, los bares swinger. El lugar perfecto para saciar nuestras ansias de ser vistos y mirar sin los típicos riesgos de la calle, donde te pueden asaltar, violar o donde te pueden sapear niños inocentes y viejas chotas.

Nos animamos un día sin saber qué veríamos o haríamos. La primera regla fue: “Nada de cambiaditas, al menos por ahora”.

Cuando llegamos nos sorprendió el ambiente de organización secreta estilo Illuminati o Fight Club. Al golpear la puerta debías hacer el santo y seña por un ojetillo, y recién ahí te abrían.

Nos recibió el dueño, quien nos dice: “Primera vez acá, lástima que los jueves son un poco fuertes para empezar, pero les explico de inmediato las reglas que los dejarán más tranquilos:

Principalmente, acá nadie hace algo que no quiera o que le haga sentir incómodo. Nadie te puede tocar o ver sin que uds lo autoricen. Si alguien se sobrepasa y tiene una conducta irrespetuosa con ustedes, o ustedes con otros, serán sacados del local. Están prohibidas las drogas y las cámaras fotográficas. No se puede entrar a baños cambiados o en pareja”.

Ese inolvidable jueves era día de tríos. ¿Qué significa esto? Que ese día invitan a diez hombres solteros además de las habituales parejas y mujeres solas. ¿Cuál es la idea? Entrar en una orgía, saciando a todas las mujeres gozadoras.

En todo caso el formato es siempre el mismo: Entre 23:00 y 1:00 llegan las parejas. Generalmente las mujeres descubren bajo largos abrigos vestimentas putazas que dejan bien poquito a la imaginación. Si bien un 60% de las parejas que llegan son viejos y viejas feúchas y mal cuidadas, hay donde entretenerse si tienes menos de 30 años o te conservas bien. Con la entrada tienes derecho a un copete y lo disfrutas en el sector del bar donde a veces te pones a conversar con las demás personas que andan por ahí.

Cerca de la 1:30 nos reunimos todos y presenciamos un show en el que siempre hay un stripper para cada sexo y ocasionalmente un show de sexo en vivo.

Después de eso empieza el hueveo en serio. Esa primera vez fue muy entretenida para nosotros, pues nos animamos a follar en frente de todo el bar dando sendo espectáculo. En un sillón rojo, no tuvimos tapujos en ponernos a tirar junto a otra pareja que estaba en las mismas.

Encuentro delicioso rozar a otra mujer y sentir la presencia de dos personas gozando tan cerca.

Mientras mi polola me la mamaba, tenía junto a mi rostro el de la chica de al lado que estaba siendo penetrada. Ella me ponía cara cachonda y ocasionalmente me lamía la piel. Estaba en mi salsa.

Con mi fémina no nos quisimos quedar atrás y la empecé a penetrar mientras ella se besaba con la otra chica. En ese momento me di cuenta que prácticamente todo el bar se había agolpado a nuestro alrededor para observar el espectáculo.

La otra chica me calentaba mucho. Andaba con tacos, una mini de jeans sin calzones y tenía unas tetas falsas de ensueño. Rica y suave piel que me daban ganas de corrérmela sobre ella.

Cuándo su tipo terminó, ella pidió recibirlo en su boca y juguetió un poco con eso en la polla del muchacho, mientras instaba a mi novia para que se “tomara toda mi leche” mientras se acercaba a tocarla a ella y a mi. Me fui en la boca de mi chica. Ellas se miraron con cara de caliente, y se aplaudieron mutuamente. Con eso estalló un aplauso de la degenerada audiencia.

Es interesante pensar un poco acerca de estos lugares, en los que la gente se organiza y se junta, ni más ni menos, para ser sórdidos. Como ya lo he planteado en historias anteriores, pareciera que algunos de nosotros no nos saciamos nunca, y necesitamos hurguetear en esa caja de Pandora, buscando algo que nos alivie la ansiedad, o que nos espante el pánico al aburrimiento.

Es por eso que me llamo Ninfómano: hay veces donde la pasión se tensa y se vuelve manía.

Pronto, más historias de swingers.

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A veces has probado el placer de tantas maneras, con tanta intensidad y durante tanto tiempo, que se despierta un deseo de llegar más allá para sentir satisfacción.

Sentir placer es vivir un estado de comfort totalmente superior al que puedas tener durante tu vida cotidiana, y cuando abusas de él lo vicias, pues empiezas a necesitar algo más extremo.

De adolescente me masturbé bastante y vi mucho porno. Para mí no bastaba con eyacular lo más rápido posible, quería sentir la fricción en mi pene y la actividad nerviosa de cada parte de mi cuerpo. Una inocente pajita podía ser rápida para disfrutar la adrenalina de que no me pillaran mis viejos, o por el contrario, con todo el relajo del mundo, aguantando hasta una hora y media antes de buscar la eyaculación.

Este “entrenamiento” me preparó para vivir un primer pololeo sin saciedad. Como la mayoría de las parejas, durante el primer año cogíamos todo el día. Yo sabía bastante bien qué me gustaba y que cosas podían ser placenteras para mi compañera.

Con el pasar de los años me invadían ocasionales ganas de hacer algo un poco fuera de lo normal para sentir ese placer extremo que cada día creía necesitar más.

Se me metió en la cabeza que quería llegar a un máximo humano de rendimiento sexual, y que obviamente no lo iba a vivir con una señorita de parroquia.

Primero me ocupé de mí, física y mentalmente. Entrené mi resistencia física y en el gimnasio le dediqué un poco más de tiempo a los ejercicios de la pelvis. Practiqué la masturbación tántrica para tener más y mejor control sobre la eyaculación y empecé a sentir la curiosidad por probar el Viagra, Ripol, Seler Up, Lifter, Erosfil, o como usted quiera llamarlo; todos tienen el mismo principio activo, llamado Sildenafil (de hecho, si a usted le avergüenza pedirlo en la farmacia, diga “Sildenafil de 50, por favor”, y pasará piola para todos, salvo para el farmacéutico… y para los que saben).

Todo bien hasta ahí, pero no lograba encontrar alguien que me acompañara en esta campaña. Era difícil encontrar la mujer que me dejara con la sensación de haber llegado al tope.

Así supe de una prostituta chilena que ha hecho películas porno en la Argentina y que tiene su fama por ser absolutamente ninfómana. Colega 🙂

Ya me había metido con una puta argentina que padecía esta simpática condición, pero eran otros tiempos y ella no estaba en Chile. Con ella había sido gratis, en circunstancias que en otra oportunidad relataré. Me sentía reticente a pagar por sexo.

Tengo el ego demasiado grande como para pagarle a una mujer que no es ni más bonita ni más inteligente que las con que salgo sin pagar, pero ahora había un motivo que era más fuerte para mi.

Sólo se vive una vez y hay que aprovechar la juventud. La llamé y quedamos en juntarnos ese día a las 18hrs.

Entré a la farmacia y luego de pedir un millón de cosas que no necesitaba, me decidí por comprar un Ripol (siempre hay una marca distinta en oferta) que me tomé apenas salí del local.

Toco el timbre y se abre la puerta que me confirmaba que todo iba a salir como lo había planeado. Una mujer de 1.72 con tacos, vestida con un peto y ajustados jeans elasticados. Siempre me la han puesto dura las morenas de ojos claros con tatuajes.

Nos tomamos un trago conversando. Me sorprendió que desde que entré se tocara a cada momento su coño, yo estaba durísimo.

Se sacó la ropa y nos tendimos en la cama para seguir conversando. No dejaba de masturbarse mientras me contaba su aburrida vida de los millones de pesos que necesitaba para conseguir algo de la dignidad que su estupidez y la prostitución le habían quitado.

No quería escucharla más, no quería saber de que había sido mamá recientemente ni de sus fracasos financieros. Quería metérselo por horas y acabar tanto en su boca como en sus inmensas tetas siliconadas.

Mientras todo esto ocurría, el Ripol me tenía con la presión en niveles escandalosos. Me sentía abochornado y por un momento pensé que mi verga iba a explotar.

Me dirigí a la ducha y me sorprendió que la erección superaba cualquier experiencia anterior. Además sentía mi cuerpo exaltado, lo que me tenía brutalmente cachondo.

Llegué desnudo a la cama y ella, sin dejar de masturbarse, empezó a darme una impresionante mamada. Su profundidad era tremenda, tragándosela hasta la garganta.

Pocas veces había sentido la sensación de tocar la garganta con la punta del pene y poder dar movimientos violentos y repetidos sin que ella diera ninguna expresión que no fuera de placer.

Se montó en mi pene y me pidió que me moviera corto y rápido mientras ella estimulaba su clítoris para llegar al orgasmo “antes de empezar a coger de verdad”.

Apenas acabó empezó la fiesta, alternando penetraciones duras y fuertes, de esas en que sientes que topas fondo, con movimientos más cortos y a toda velocidad.

Lo hicimos en varias posiciones hasta que finalmente me paré junto a la cama con ella acostada de espalda. Puse sus piernas en mis hombros y le di toda mi potencia para metérsela estimulando la parte delantera del interior de su vagina.

Creo que ya llevábamos unos 45 minutos cogiendo, y no aguanté. La dureza de mi polla no cesaba y acabé dentro de ella. Sin embargo fue como si nada hubiese pasado, mis niveles de calentura no disminuían ni un poco y seguí penetrándola como si nada hubiese ocurrido.

Saqué la verga para poder retirarme el preservativo usado y le estimulé el clítoris rozándolo con la yema de mis dedos mientras ella me masturbaba. Aún no nos deteníamos ni un segundo.

Ella estaba ligeramente sobre mí cuando salió el salvaje que llevo dentro. Le tomé el pelo como si fuera una cola de caballo y la acosté de espalda sobre la cama. Junté sus muñecas con mi mano izquierda mientras la estimulaba con la derecha a la vez que ponía la punta de mi glande tocando las puertas de su sexo.

No aguanté y se lo metí sin protección. Ella, lejos de desaprobar, gemía fuertemente y me pedía que siguiera con fuerza, que no dejara de hacerlo. Reclamó que le avisara cuando acabara para “darle mi lechita”.

Cuando le dije que estaba por terminar se la sacó de adentro y puso su boca para recibir la esperma, la que devolvía y comía varias veces, para finalmente tragarla y acercarse a besarme.

Nos tocamos en un falso romanticismo, pasando nuestros dedos por el pelo del otro y mirándonos a los ojos, exhaustos.

Me sorprendió y calentó que ella no dejara de tocarse ni aún después de haber sido penetrada por casi una hora. A mi todavía no se me ponía blanda. Dios ampare al Sildenafil. 🙂

Volvió a chupármela y nos masturbamos mutuamente un buen rato. Nos dimos sexo oral y terminamos teniendo sexo anal mientras ella jugaba con su vibrador. Esta vez acabé sobre los labios de su vagina.

Ella me dio un baile y nos masturbamos cada uno en un rincón de la cama mirando al otro. Era como un desquite en un momento en el que ambos sabíamos que yo ya tendría que irme.

Escuchamos algo de música acariciándonos desnudos, nos duchamos y me largué. Estaba feliz por haber sentido el placer que quería y me había quitado un gusto. Sin embargo me di cuenta que endiosé las parafilias en vez de gozar lo esencial del sexo.  Anyway, lo follado y gozado no me lo quitaba nadie.

Por otro lado sentía que me iba a dar un infarto en cualquier momento, no podía ni manejar el auto porque creí que mi cara iba a explotar. La sensación de desmayo inminente me duró horas, hasta que me comí un chocolate bitter con un té de jazmín y a duras penas pude conciliar el sueño. Ese porotito azul puede tener efectos secundarios bastante desagradables.

¿Moraleja? No le veo lo malo a ser un cerdo hedonista que hace lo que sea por placer, pero el sexo es mucho más que eso y mucho más sencillo. Tuve el polvo más intenso y extremo de mi vida, pero aún y así no fue el mejor.

De ese, otro día les cuento.

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Tenía yo cerca de veinte años, y estaba saliendo con una chica bastante guapa. A ella, como a otras tantas, le excitaba mucho que nos viesen tocándonos y tirando en lugares públicos. Cada vez que salíamos a caminar o en auto ella me sorprendía luciendo sus piernas sin ropa interior, estilosos tacos o vestidos que dejaban toda su espalda al descubierto.  Por supuesto, cuando yo me calentaba de verla y sentir los roces cotidianos, me lanzaba encima y ella no hacía nada para detenerlo.

Siempre me he preguntado si sienten el pene tieso cuando uno les da el primer abrazo. Al menos yo con ella trataba de que lo sintiera y elegía pantalones delgados, incluso a veces andaba a lo gringo. Me calentaba su producción al momento de mirarla, lo que también era una invitación a preocuparme también de mi apariencia y actitud. La abrazaba fuerte, sin ser bruto, presionando su cadera contra la mía. La miraba fijamente a los ojos para fingir que la besaría y luego seguía hablando como si nada. Obvio, dejándola con las ganas.

Nuestra relación era 100% sexo salvaje. Ella siempre gemía delicada, pero sin pudor en el volumen. No nos importaba dónde estuviéramos, cualquier parte era un buen lugar y siempre andábamos preparados.

Así llegó su cumpleaños con asadito incluido en el entonces llamado Parque Intercomunal. Por suerte conocía gente, porque con ella nunca pudimos hablar. Era más joven y me recordaba un poco a la Diva. No cruzamos ni media palabra, cuando chocábamos transitando como hormigas por el carrete nos dábamos un topón y seguíamos nuestro camino.

A mi me la tuvo dura desde el principio. Andaba con una cortísima falda tableada, zapatillas y una polera amarrada en el cuello un poco ajustada. Pero a mi no me pescó en toda la tarde, y tuve que apañármelas coquetiando con algunas de sus amiwis.

Alguien tuvo la brillante idea de llevar un jarro de proporciones bíblicas con vino y frutilla. Obviamente todos caímos con el engañador brebaje que, sumándole los porritos, nos sumía en una orgía de paz y amor en torno a la barbacoa.

Empezó ese horario cercano a la oscuridad en que todavía se ve, pero no tanto y me acerqué a ella que hablaba con una amiga. La tomé desde atrás por la cintura y puse mi boca en su oreja. Le mordí suave el lóbulo y le dije “Vamos a caminar unos minutos que yo ya pronto me voy”. Ella presionó su cadera contra mi pubis: la erección era inminente. La mantuve uno o dos segundos para que sintiera lo que había provocado, luego nos tomamos de la mano y emprendimos la caminata.

Creo que por primera vez hablábamos y era respondiéndonos preguntas embotelladas que en realidad poco nos importaban. Tan evidente fue lo desagradable que era hablar y tan grande era la calentura acumulada de los dos, que empezamos a tirar sin ninguna vergüenza.

Fuimos al sector sur oriente del parque y cerca de unas plantas, llegando al río, nos detuvimos para echar a correr el manoseo. Perdí absolutamente el control cuando me di cuenta que no llevaba calzones. Su depilado era perfecto y la suavidad de su sexo se multiplicaba por mil con su humedad.

Sacó mi pene del pantalón y me lo empezó a chupar energéticamente. Con ella aprendí como me gustaba que me la hicieran: con muchísima saliva, profundidad, sin rozar con los dientes y sin hacer pausas muy largas. Era una máquina de complacer y siempre quise tratar de estar a su altura. No sé si lo estuve.

A ratos pasaba gente y trataban de disimular que no nos veían, pero todo ese espectáculo, lejos de espantarnos, más nos calentaba.

Ella se apoyó contra un árbol y yo empecé a penetrarla. En eso estábamos cuando echó su torso hacia mi y me dijo con voz calentona y ojos semi cerrados: “Métemelo por atrás ahora, que esa mina nos está mirando”.

Efectivamente una chica como de mi edad miraba, con tremendos ojos, tratando a la vez de continuar su camino como si nada hubiese pasado. Pero eso ni me importó. Lo terrible para mi era que nunca había hecho sexo anal antes y esa no era precisamente una situación de confianza, ni la mujer con la que tuviera la mejor comunicación.

Ante mi helada reacción, se llevó los dedos a su boca y los llenó con saliva, la que esparció por mi glande para luego llevarlo a su cola rezongando la frase: “Apúrate, no seas pavo”.

Fue como la práctica profesional, porque tuve que basar mi accionar en puras lecturas, historias de amigos y películas porno, que no son la mejor ayuda para entender estos detalles.

Partí lento y apuré el tramite conforme ella me lo demandaba, acentuando velocidad y profundidad. No dejaba de lamerle el cuello y su espalda, como si me estuviese escondiendo de quienes nos miraban. Creo que lo hacía para exhibir más al acto que a los protagonistas.

Acabé sobre sus nalgas y ella se limpió con la mano. Chupó uno de sus dedos y me miró coqueta: “Gracias, el mejor regalo de cumpleaños. Quería mi primera vez contigo

No lo podía creer. Ella tampoco lo había hecho… y ninguno de los dos sabíamos.

Jamás hablamos largo, de hecho me caía un poco mal. Se irritaba con facilidad y no aguantaba discutir un tema cuando teníamos opiniones diferentes. Siempre confundía eso con una pelea y se taimaba. Además, nunca toleré que escuchara música de mierda y pasara toda la tarde en la porquería de Facebook.

Me costó dejarla, estaba empotado. Creí que podríamos durar más y que tendría en mi rutina semanal esos maravillosos polvos con ella, pero estaba equivocado.

Hoy, después de haberlo escrito, confirmo que aunque tenga el mejor sexo del mundo, eso tampoco te va a llevar a amar si no tienes alguna otra cosa con la cual establecer una conexión.

No es suficiente comunicarse bien tirando. La vida no es sólo follar; también hay un caño previo y un chocolate posterior para disfrutar y conversar escuchando Seal o The Doors… Ah, bueno, y toda la mierda que hacemos el resto del tiempo.

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