Autor » Dr. Ninfómano

A veces pienso que esto de ser tan perverso es una maldición. He llegado a un punto en el cual quiero que el sexo sea una mega experiencia, y si no es así me invade una total y absoluta desidia, que incluso me ha hecho responder a peticiones de meter la poronga con frases como “Mastúrbate, no me molesta y yo estoy cansado”.

No soy de esos hombres que le dan a lo que se mueva, aunque alguna vez lo fui. Quiero que la fémina esté hot, no tenga miedos ni trancas y me dé todo el morbo del mundo. No pretendo que todas sean guapísimas, pero sí que sean tan perversas como yo y estén dispuestas a coger y hacer cosas sin límites ni remordimientos.

Con esto me di cuenta hace un tiempo que el amor no es suficiente para tener un sexo de mi agrado ni tampoco el sexo brutal implica enamorarse. Ninguna de las dos trae necesariamente a la otra.

Y aquí pasamos a la historia.

Creí sentirme enamorado de ella, que dejó todo, hasta su marido por mi. La química era gigantesca, pudiendo pasar horas hablando, cantando, dibujando, o agarrándonos para el webeo mutuamente. Pero tirar era otra cosa, como veremos a continuación.

En la segunda cita la esperaba en mi departamento con un risotto de camarones que había cocinado, vino blanco y obvio, un cañito y chocolate para después. Comimos y fumamos, para luego dar paso al cachondeo con el chocolate. Besos pasando la semi derretida barra por todas partes. Las prendas iban volando de a poco en mi sofá.

Ella me gustaba, no sólo había onda, sino que era bonita y tenía un cuerpo de infarto. Sin embargo, se notaba novata y forzada a la hora de cachondear. Me molestaba su descuidado vello púbico y su facha, tan despreocupada de la sensualidad. Era una mujer que jamás me hubiese molestado que conociera mi vieja, pero en la cama son otras las prioridades.

Subía la temperatura y nos masturbábamos mutuamente, cosa que me inspiró a empezar mi acostumbrada rutina de regalarle un orgasmo primero a ella. Los hombres (en general) necesitan menos cuidados para lograr uno, pero a ellas hay que dedicarles tiempo, por lo que prefiero que partan gozando. Además, la mayoría de mis congéneres se va cortado y se olvida del mundo, no les da ni para un puchito de vaquero.

En esta etapa me empecé a sentir incómodo, pues ella no podía relajarse y enfocarse en gozar. No entendía que ya llegaría mi momento y también los momentos mutuos. Le importaba demasiado que se la metiera y para mí eso, cuando tienes todo el tiempo y espacio del mundo, es reducir el sexo a lo más básico, mandando mis pasiones derechito al patio de los callados.

A duras penas tuvo un contenido orgasmo, aunque de todos modos no la forcé a nada. En ese momento, cuándo más encendida estaba, se montó sobre mí y la empecé a penetrar. Me generaba una ternura tremenda, cariño, quería abrazarla, quererla y tratarla bien, pero sexualmente no me estaba sintiendo conectado con ella y me vino un leve sentimiento de frustración.

Después de acabar me quedé dentro de ella y la abracé con fuerza. La miré a los ojos tomando su cabeza con ambas manos y le di un beso en la frente. Gesto mamón, lo sé, pero es menos mal entendido que muchas palabras. Ella sonriente me dijo: “No soy una mina weona. Estas cosas se sienten mucho antes de acostarse, lo que no implica que no haya querido pasarlo bien ahora”.

Me dejó para adentro. Ella sentía lo mismo que yo y, contra lo que pensaba, tenía todo muy claro y muchas más ganas de gozar.

Cuánto aprendí ese día.

Nos quedamos en esa posición bastante tiempo, definitivamente seríamos los grandes amigos que aún somos. Todo esto confirma mi asco al ver gente que busca crear relaciones cuando no hay suficiente química sexual. Creo firmemente que el enamoramiento no genera siempre deseo, cosa que marca la diferencia con una amistad. Tampoco creo que el inverso se dé en esta sociedad, donde más de alguno o alguna se ha empotado sin ser capaz de concretar algo estable, pero este tema lo abordaré en mi próxima historia.

Hasta entonces.

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Existen dos maneras de meterte en una partuza: pagando (A) o por mérito propio (B). Yo he tenido la posibilidad de estar en ambos lados varias veces y les quiero contar específicamente el cara y sello de dos tríos MHM en los que me he revolcado… al mismo tiempo.

Como buen trío.

A: Me invitaron a una despedida de soltero común y corriente en la que bien poco tenía que ver con el novio, pero obvio, terminé yendo yo a buscar a las minas en mi auto. Todos los demás eran un grupo de cagones, de los que tiran piropos en masa o tocan la bocina cuando ven un culo. Las minas eran una rubia y una morena, con ligas y tacos de plataforma plateada. Tetas operadas y piercing en la lengua. Todo mi gusto morboso. Sí o sí hoy veremos sexo en vivo, pensé.

B: Una amiga con raspe lleva a su amiwi a mi piscina para pasar el calor. Entre fumarnos algunos cañitos y tomarnos unos copetitos escuchando música relajada, ya no nos importa tirar, manoséandonos, frente a la amiga, que lejos de mostrarse incómoda, se notaba curiosa y extrovertida.

Esta improvisada voyerista me calentó desde el principio, desde que sacó a relucir su micro bikini y ese tatuaje en la colita que parece decirte “Inserte Aquí”. La situación llamaba a exhibirnos frente a ella. Camila, mi amiga, parecía entenderlo demasiado bien. Sospecho que ya tenían un prontuario de “Calienta Pollas” en equipo.

A: Consciente de que se las saben por libro, busqué ignorarlas un poco a la vez que me mantenía sintonizando con ellas, compartiendo el mismo estado de ánimo. Si no era ahí, sería otro día, pero yo quería follar con una de ellas, con  las dos, juntas o por separado, era mi desafío.

B: Guiado por la calentura y por un poco de intuición, empecé a tirarles tallas a las chicas usando el clásico “entre broma y broma, la verdad asoma”, técnica que suele ser bastante efectiva para armar tríos y cochinadas varias.

A: Las putitas salen del improvisado camarín preguntando: “¿Quién es el novio?” y obviamente el enamorado fiel se hizo el de las chacras. Ni hablar de los piroperos a distancia que, en dos tiempos, ya estaban meándose encima. Como buen Doctor. tenía que dar el ejemplo y me ofrecí, fingiendo ser el futuro macabeo.

B: Se me ocurrió que jugáramos al “Verdad o consecuencia”… lo sé, está ultra trillado, pero con unos tragos de más la creatividad no da para mucho… y tampoco se necesita tanta originalidad. Penitencias con prenda de ropa era la consigna.

De lado quedaron todos esos cuestionamientos fruto de la timidez, o esa planificación absoluta de los que se creen shuper liberales y capos para el sexo. ¿No han escuchado a su pareja hablando de dejar las reglas bien claras antes de un trío para que todo ande bien y se puedan seguir mirando a la cara después? Jajaja, no saben lo rápido que eso se va al carajo!!! Yo mismo he vivido el hecho de que no importa cuánto planees, somos humanos, imperfectos, impulsivos, torpes y egoístas. El más mínimo desliz puede transformarse en drama y los límites son demasiado delgados cuando apagas la cabeza para dedicarte a disfrutar.

Así que ojo amiguitos… no tanto con lo que prueban, sino con quién lo prueban.

A: Antes de llegar al coro de Bon Jovi, cuando ni siquiera había empezado a sonar Careless Whisper, ya tenía a las dos bombas arrodilladas frente a mi besándose con mi pene entre sus labios. Sus piercings brillaban en medio de ese excesivo uso de saliva que formaba lianas entre sus bocas y mi glande.

B: En esta circunstancia el copete y los cañitos nos habían liberado ya de esas pajas mentales, y estas chicas claramente sólo querían pasar un buen rato, vivir una fantasía igual que yo e hinchar sus egos exhibiendo ese lesbianismo tan de moda hoy en día.

Obviamente quedé desnudo yo primero y sin pensarlo me tiré a besar a Camila, apenas en calzones. Romina había dilatado su desnudez sacándose pulseras y aros en cada prenda perdida, pero mientras nos miraba, sus movimientos y el color de su rostro delataban lo caliente que estaba. Tenía la mirada fija en nosotros, tras lo que no puede evitar mencionar las palabras mágicas: “Ya que no pagaste con prendas te vamos a tener que castigar con la Camila”. Por dentro sólo rogaba que no llegara la cachetada. Si era así, estábamos al otro lado.

A: Me pusieron un preservativo y cogimos duro, muy duro. Mezclamos siempre la penetración con una y el sexo oral con la otra. Los que inicialmente eran estupefactos espectadores ahora gritaban y arengaban perdiendo la timidez y acercándose a manosearlas un poco, pero esa cruzada era mía y luego de acabar en la boca de una y verla besarse con la otra, ya todo estaba cocinado. Había tenido un trío sin mucho esfuerzo, sencillamente por ser un caradura. Hell yeah.

B: Romina se acercó a besar a Camila primero (muy entendible). Luego la desnudamos entre los dos y la recorrimos por todo el cuerpo con nuestras lenguas. La masajeamos y le hicimos sexo oral. Le vendamos los ojos y la acariciamos por cada rincón de su cuerpo, especialmente esos como las partes contrarias a los codos y rodillas que tanto placer dan. Era nuestro “castigo” para ella. Camila me invitó a penetrarla mientras ella la besaba y acariciaba.

Nos quedamos jugueteando todo el día y parte de la noche hasta que decidieron irse a sus casas. Después de ese día, nunca nos volvimos a ver.

Pronto vienen más historias. Y también algunas de mis compinches, que no se quedan nada de atrás en esto de la cachondería. Porque claro, no estoy solo en esto.

Y ustedes lo saben.

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Vuelve el Dr. Ninfómano (conocido por El Arte de Putear), y esta vez nos traerá una serie de relatos sórdidos, cachondos, coshinones. Todos reales. ¿Protagonizados por él? Puede que sí… puede que no. Nadie sabe realmente quién es el Dr. Ninfómano.

Disfruten. Y aprendan, alfeñiques.

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Un día cualquiera, decidimos juntarnos con mis compañeros de universidad a unos copetitos en un bar de Santiago centro.

A dos mesas de distancia llegó un tipo con dos señoritas, eran muy cariñosos entre los tres, lo que me permitió notar que las chicas eran bastante desinhibidas. Luego de varias bromas entre una mesa y la otra (había mucho ambiente de jolgorio) me decidí con un partner a invitarlos a sentarnos todos en un mismo lugar. Una de las chicas quedó a mi lado y pude notar que era una mujer alegre que sólo quería pasarlo bien, su vestimenta y su flirteo constante con la muchachada la dejaban en clara evidencia.

Como es usual en mí, empecé a sacar, entre bromas, temas cachondos, y a rozar sus piernas con las mías como si fuera casualidad. Cuando me hablaba la ignoraba, y luego le tomaba la mano suavemente para hablarle mientras la miraba a los ojos. Todo esto para propiciar que a ella le naciera tocarme.

Cuando las tomadas de pierna y mano empezaron a venir de ella, pude leer que estaba adentro del juego, así que me hice el tontito un rato para incrementar su interés por mí. No dejé pasar mucho rato para que no se aburriera y ahí me puse descarado, saqué el tema del sexo con cada vez menos pudor, tanteando hasta donde era capaz de llegar esta chica… a pesar de que nunca me fío 100%. Las chicas son buenas para hacerse las lesas.

De pronto me llevé la gran sorpresa: ella dejó de prestarme atención y ya ni siquiera me miraba. Yo no tenía idea qué había hecho mal, y cuando estaba a punto de decepcionarme, me contraatacó colocando su mano sobre mi sexo por debajo de la mesa y en frente de todos. Era la señal.

La llevé fuera del local y nos besamos. En el cuello, cerca de la espalda. Mordimos nuestros lóbulos de las orejas, labios y lenguas. Esto no terminaría en pololeo, terminaría en sexo descarnado y brutal, de ese sexo bueno y casual que te hace pensar que te conoces con esa persona desde hace muchos años.

Compramos unos tragos y nos fuimos al departamento de un amigo. Era el único lugar desocupado que conocía, y mi buen compadre no tenía inconvenientes en tocar el violín mientras tuviese un poco de wisky entre sus manos.

No alcanzamos a tomarnos un trago y ya estábamos atinando en el living, mientras mi amigo miraba con cara de Forever Alone. ¿Para qué seguir ahí? Nos fuimos a un dormitorio y empezamos a tener sexo, utilizando manos, bocas, lenguas y genitales para descubrirse mutuamente y hacer sentir al otro todo el placer que fuera posible. La misma piel se convirtió en una extremidad que acariciaba al otro para trazar ese camino de excitación que culmina en el orgasmo.

Luego de un buen rato y ya cansado, tomé mi trago y me dirigí al living (obviamente desnudo) a ver a mi compadre. El pobre era como una versión alcohólica de Candy, y mirando para afuera parecía cantar: “en mi ventana veo brillar, las estrellas muy cerca de ti…” No pude evitar sentir compasión y decidí tener un gesto de cortesía.

¿Quieres tirar con nosotros?

Con la humildad de un dálmata, bajó su vaso y me miró a los ojos.

Sí compadre, y sólo porque estoy curao.

Obviamente no le creí y me dio risa.

Volví a la pieza y le dije a mi amiga: “Invitamos a Isaac? Me da lata que esté solo en el living…”. Ella hizo “sí” con la cabeza, poniendo la mejor cara de perversa, lo cual fue señal suficiente para que me dirigiera al living y entregara la posta.

Me tomé un descanso, mientras los veía envolverse. Esa mujer era una fiera.

Tras algunos minutos de descanso recibí la invitación de vuelta, y aquí podríamos decir que empezó oficialmente mi primer trío HHM. Pese al entusiasmo de mi compañero de equipo, me negué a realizar la doble penetración que nuestra acompañante pedía a gemidos. No estaba preparado aún para algo así, pero eso no quitó que ella tuviera un final feliz, luego de llevarnos a ambos a la gloria.

Lo disfruté mucho. La verdad, te da tiempo para descansar, y el sólo hecho de estar haciendo algo tan extremo puede llegar a excitarte mucho más de lo normal. Sin embargo creo que es algo no muy recomendable para cualquiera. De partida, tienes mucha cercanía con el sexo de otro hombre, y eso puede ser incómodo si no eres: a) un maldito degenerado; b) alguien muy abierto de mente con su sexualidad muy definida; o c) derechamente bisexual.También puede ser muy impactante para las chicas y es importante que estén seguras de querer hacerlo.

Como le dicen a los guardalineas: “ante la duda, abstenga”.

Con el tiempo se va mejorando la mano. Pronto les contaré de otras experiencias sórdidas. Hasta entonces.

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Éste es el capítulo 2 de la serie que comenzó en este post.

Hoy sí le voy a hablar a los hombres. No todos han puteado y muchos ni siquiera han visto la foto de una prostituta en internet. ¿Quieren saber con qué se pueden encontrar?

En primer lugar, lo obvio: estas chicas son mujeres, y como tales podemos encontrar una inmensa diversidad de personalidades. No obstante, creo que lo único que podría unirlas a todas es la capacidad de disociar cuerpo y emociones.

No digo que no se exciten. Ciertamente pueden llegar a tener conexión con algunos clientes (y existe también un pequeño grupo de ninfómanas), pero la mayor parte del tiempo esto es trabajo duro y para ellas esto no es plata fácil, es plata rápida.

Muchachos, si quieren putear (aunque mi consejo es: evítenlo y conquisten como verdaderos hombres), no se empoten ni se enrollen, ellas están trabajando. Gocen la fantasía que en ese momento se vive.

Pero vamos a lo que nos convoca: ¿cómo viven el servicio e interactúan con sus clientes estas chicas? Acá les entrego mi humilde y generalizada división:

Intentando Sobrevivir

Es la puta del esfuerzo, la que cobra poco y suele ser no muy agraciada. Esta mujer atiende entre 3 y 5 tipos diarios. El 90% de ellas tienen hijos, marido y se sacan la cresta para generar plata y darle lo mejor a su familia. En su mayoría tienen más de 30 años, son simpáticonas, amorosas y varias han experimentado el trabajo callejero. Acostumbradas a los clientes sin-opción, primerizos y viejos rancios, debo decir que les aplaudo el estomago y paciencia que tienen.

Diva Narcisista

¿Pagarías 120 lucas (N. de la R.: 250 dólares aprox) por una hora de sexo?

Clásico que te toca una argentina. Son pedantes, no dan besos, cobran escandalosamente caro y no atienden a más de un empresario al día. Estas chicas no son necesariamente unas despampanantes afroditas, pero se comportan y se sienten como si lo fueran.

Un ejemplo de esto para mi es la famosa María Carolina, la cual (afortunadamente, dicen) no he tenido ocasión de pagarle, aunque sí de verla en persona. He escuchado más quejas que elogios a su servicio. Ella no es una puta, es una empresa-altar de autoadoración a su personaje de puta. Por eso también, como muchas, calza un poco en nuestra próxima categoría…

Todo x $

Estas son SUMAMENTE PELIGROSAS pues son el terror de pollitos, sin-opción, babosos y empotados.

He conocido a tantos de estos Agujeros Negros. Te ofrecen de todo y eventualmente te lo dan, pero siempre buscando sacar un partido económico más allá de lo pactado en el servicio. Es la mina que arrienda un lujoso departamento, tiene el medio auto y ha gastado millones en cirugías. Siempre auspiciada, por supuesto, por los babosos que juran de guata que pagando los van a querer más.

En una ocasión una chica me prometió sexo una tarde entera, gratis si le sacaba un crédito de consumo para agrandarse las tetas. Afortunadamente, como hippie que vive del reciclaje de latas, eso estaba fuera de mi alcance y tuve tiempo para huir.

Es importante aclarar que estas mujeres no son las que tienen un precio para cada aberración sexual. Esas otras son guarritas que le hacen a todo y descubrieron que pueden lucrar muy bien con esto. A la larga, un poto bien administrado da más que un fundo.

Pero para hablar más de estas últimas lolitas, ¿por qué no pasar a la próxima categoría?

Ninfómana

Era mi cumpleaños y visité a una amiga putita, masajista, argentina. Me ofrece un masaje por el onomástico y terminamos cogiendo sin restricción de tiempo, sin pagar y sin protección (sí, lo sé, soy un irresponsable, y ella una caliente). En el post anterior les mencioné que soy feo y no tengo nada del otro mundo al coger. Esta chica, por otro lado, es una diosa.

¿Por qué lo hizo? Porque es una ninfómana. Su servicio es reconocido como uno de los mejores en el país. No voy a dar sus datos por razones obvias, pero si puedo decir que haberla conocido me abrió los ojos de que hay chicas que trabajan con un total y absoluto amor por su trabajo, al punto de estar dispuestas a darse un gustito haciéndolo gratis.
Hace poco me encontré con otra de estas chicas y he podido confirmar la regla que han instaurado estas excepciones.

Ciertamente mi análisis es una breve pincelada, pero creo que sirve un poco para humanizar esta fantasía, y ver cómo detrás de esta se esconden mujeres esforzadas, vivarachas, calentonas, pedantes, simpáticas y amorosas.

El problema radica cuando el Sr. Cliente (porque nunca deja de ser aquello) empieza a perderse con los límites de qué es “Seres Humanos en la Realidad” y qué es “Personajes de una Fantasía”. Ahí es donde comienzan los empotamientos.

¿Quiere que le cuente más de eso? Pues no se pierda mi próximo post…

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N. de la E.: Este es el primer post del Dr. Ninfómano en FAQ Women.

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He tenido el placer (o desgracia, aunque no lo crean) de compartir muchísimo con las putas y sus clientes en Chile.

He sido masajeado, follado, he conversado, he escuchado dramas y he llorado con ellas. Las he visto sufrir, drogarse, cagarse de la risa, pelear y ser folladas por varios hombres al mismo tiempo. He estado en partuzas, he cumplido el sueño del pibe con dos minas y lo mejor, puedo decir que la he hecho incluso sin pagar a pesar de ser del montón en cuanto a pinta y físico. Estas experiencias son las que compartiré con ustedes ahora.

Para empezar, aclararemos la terminología:

  • Cliente: Pastelito que paga por sexo con una puta.
  • Puta: Trabajadora sexual. No se molesten en eufemismos, incluso ellas se refieren así de sí mismas, y si se lo dices con respeto, hasta tú puedes.
  • Servicio: El acto mismo, es decir: mentir en la casa, llamar, ir al cajero, tocar el timbre, pagar, ducharse, follar, irse y sentir alegría o culpa. O desde el otro lado: Contestar, correr al departamento, bañarse, vestirse, abrir la puerta, cobrar, follar, echar al pegote del depa y sentir alegría o culpa.

Partiré hablando de los clientes, en especial para las señoritas lectoras que pueden mirar con incertidumbre, curiosidad, asco y arrogancia el acto de tantos hombres que pagan por algunos minutos de sexo falso… Qué superficial, ¿no?

Básicamente existen tres grandes tipos de clientes: El Sin-opción, El Infiel y El Voraz. Aquí va mi impresión al respecto:

Sin-opción

Este espécimen ha sido golpeado por el duro látigo de la evolución. A él, la descarnada competencia por el apareamiento y la trascendencia genética le pasó la cuenta.

Estoy hablando del tipo de hombres que puede pasar años sin siquiera besar a una mujer porque su timidez, su fealdad o su carácter similar al de un Chis Pop (por algo ya no los venden) lo enviaron al fondo de la pirámide evolutiva.

Sin-opción es un espécimen que se masturba viendo las páginas de putas durante meses, juntando coraje para llamar a la que más lo calienta. Luego llama con la voz de un jilguero, se baña, perfuma, afeita (no las bolas, obvio) y se da medio millón de vueltas juntando fuerza para golpearle la puerta a la puta. Obviamente, la técnica de las minas de dar la dirección sólo cuando estás abajo del departamento lo estresa y deja al borde de abortar la operación.

En el acto mismo no deja de tiritar y preguntarse “Qué rico esto, ¿le gustaré de verdad?”

La chiquilla comandará todo lo que ahí pase y manejará la situación a su antojo. Si es perversa, manipulará sus nervios y jugará con él, si es buena gente lo tratará con cariño y respeto tratando de darle un buen momento. Si es ninfómana, lo despedazará sin piedad y con más morbo que el normal. Todas pueden llegar a empotarlo por igual.

La frase “a nadie le falta Dios” para ellos es “a nadie le falta Dios… si tienes algo de platita”.

El Infiel

El más común y simple de todos, aunque también el más diverso. En palabras sencillas, es el que no tiene en la casa lo que quiere, y lo busca por fuera. Para él la puta encarna las fantasías que la pareja no le da, por ser demasiado conservadora o por falta de comunicación entre ambos.

¡Mucha atención señoritas con sus parejas! La gente miente, todos mienten, y su príncipe azul puede estar puteando para saciar sus fantasías si existen problemas de comunicación sexual entre ustedes. Porque incluso si no quieres ponerte el conjunto de enfermera en látex y darle un oral con garganta profunda, es algo sumamente normal que él podrá entender, pero debe ser conversado, antes que él busque como obtenerlo afuera.

Tan diverso es este tipo de cliente que no los aburriré describiendo los sub-grupos que he llegado a conocer. Sí les puedo decir que tiene un trato súper natural con las putas, y que con el pasar de los años las convierte en parte de su vida, en algo obvio.

Ellos no creen estar siendo infieles, esto es sólo sexo. Ser infiel es enamorarse de otra persona, no acostarse: así lo ve él.

El Voraz

El Voraz es un primitivo tipo de hombre al cual sus hormonas lo sobrepasan (a todo esto, hay muchos Infieles que también son voraces).

Para este tipo es sencillo. Quiere sexo, sexo y más sexo, y entre la pega y la cada vez más apretada vida social no da abasto con sus conquistas o pareja, entonces hay que buscar con la forma rápida.

Muchas veces se mete de caliente a las páginas de putas y ve alguna con una característica física o de servicio que le hace reventar las hormonas y sentir que tiene que pagar cualquier precio por vivir esa experiencia.

Estos tipos son hedonistas por excelencia, y difícilmente se enamoran. Tampoco se empotan, sólo quieren coger, coger y coger, con todo el morbo posible, ojalá transformando la vida en una película porno. Colgándome de un post anterior, diría que ellos viven su realidad en la fantasía, a un punto que traspasa los límites sanos. Le excitan las fiestas folleteras (partuzas), el sexo en público y los bares swinger.

Se codean con las putas incluso haciéndose amiguis y en ocasiones hasta terminan emparejados con ellas, permitiéndoles que sigan trabajando mientras ellos puedan continuar puteando.

Este tipo de especímenes están condenados a morir de un viagrazo 🙂

No se pierdan los siguientes posts de esta serie candente!

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