Autor » Shesho

A más de una mina se le está olvidando lo que es ser sexy, atrapada entre sus sucedáneos: fotos con poses clichés, actitudes forzadas y repetidas, frases deslenguadas e intentos de demostrar pericia sexual, repitiendo torpemente la ya burda ficción erótica que ven en los medios. Y no ayuda mucho tampoco la babosería instantánea de aquellos que no saben de lo sexy más que por la TV, la Internet y las malas actuaciones de los cafés con piernas.

Y bueno, ¿por qué tendría que ser esto un problema? ¿No es cada cual libre de hacer lo que se le pare la raja?

Sucede que estas cosas no vienen gratis. La gente, en lugar de soltarse con el destape mediático, se acartona entremedio de tanto cliché: las despedidas de solteras, el disfraz de conejita, las clases apresuradas de danza árabe, las fiestas eufóricas y las minas que simulan tener orgasmos bailando, todo es una mala copia del Playboy TV (el cual, por cierto, hace rato que ni siquiera es un digno material de paja). El sexo está vuelto una caricatura, entre las luces de estudio de las pornos, la sensualidad de utilería de los puticlubs, los balones de básquetbol que tiene la Adriana Barrientos en reemplazo de tetas y las picardías envasadas del Rumpy y del Sexólogo Vulgar.

Dicha caricatura no se parece en nada a cómo experimentamos el sexo en la vida real, calientes, imperfectos y ansiosos. Pareciera que nadie se ha dado cuenta que necesitamos bastante menos que todo este aparataje de estímulos para calentarnos. Y por eso nos estresamos si follamos dos veces seguidas en la misma posición, nos angustiamos si a los dos meses de sexo en pareja todavía no hay apuro con el sexo anal, nos da ataque surtido si no estamos probando un juguete sexual nuevo cada semana. O por el contrario, terminamos tirando la esponja, perdemos la libido y terminamos usando la cama sólo para recostarnos con ojos zombies a ver tele hasta que nos dé sueño.

La gente folla como vive, al final.

Las marcas de desodorante, los sex shops y las tuitercachondas (sólo por citar ejemplos al azar) aumentan la presión y la competencia. Todos se pelean por ser el más sofisticado, el más conocedor, el más experimentado. Y todas quieren ser Suicide Girls. Es una carrera armamentista, lo cual de por sí ya no suena para nada sexy. El pato lo pagamos en la cama, que de pronto se transforma en una especie de examen de grado: al momento de los quiubos, la diversión se nos va a la chucha y sólo podemos pensar en si lo estaremos haciendo bien o no.

A algunos se les olvida que sexy tiene que ver con el sexo. Es lo que transmitimos cuando tenemos ganas de follar. Todo lo demás es paja molida.

Pero nos resistimos. Esa idea suena demasiado básica como para ser cierta. Y eso se debe a varias cosas que se nos olvidan en el camino:

  • Lo sexy es divertido. Andar angustiado de caliente no es sexy; divertirse con la proximidad de follar sí lo es. Es como los humoristas: tú sabes cuándo disfrutan el chiste que están contando.
  • Lo sexy es honesto. Honestidad significa no fingir el cuerpo que no tenemos (a ustedes les digo, corsé y sostenes con relleno), no fingir la calentura que en realidad no tenemos, no presumir de un rendimiento que con cueva logramos, ni alardear de una sabiduría erótica que leímos en el blog de la esquina. También implica no manipular el deseo para fines no sexuales, ni ocultarlo ni tratar de usarlo como moneda de cambio.
  • Lo sexy es personal. No es para conquistar masas ni para ser el centro de atención. Lo sexy tiene que ver con irradiar un agrado interior. Y cuando ocurre eso, los demás pasan a importar un poco menos. Las que digan lo contrario, sencillamente están demasiado acostumbradas a fingir la pose.
  • Lo sexy es cómodo. Es natural, no es forzado y no tiene por qué ser deliberado. Implica sentirse a gusto con estar caliente.
  • Lo sexy es un estado. No es que la gente sea o no sea sexy, a secas. Es más bien como una emoción; uno se puede sentir más o menos sexy dependiendo del momento. Va y viene, y no hay nada de malo con eso. Tratar de estarlo todo el tiempo es imposible y lleva, nuevamente, a fingir la pose.

Es curioso como funciona a veces la autoestima de la gente cuando está baja. En su afán por validarse, a muchos les interesa dictar la agenda de que lo sexy es un logro, que requiere esfuerzo y dedicación. A otros, igualmente inseguros, les encantaría que ser sexy fuera privilegio de pocos, o que dependiera de los objetos con los que te rodeas. De vestir fino, comer rico y sacarse fotos en Instagram. Otros quieren reducir el tema a lo explícito, a lo caricaturesco, al teatro de revista, sencillamente porque lo convirtieron en su profesión, o porque no encontraron mejor pasatiempo.

A todos ellos: chúpenlo. La sexología no es sexy.

Shao.

Ésta es una entrada en la Enciclopedia Ilustrada Coleccionable de las Técnicas Zorras.
Remítase a la Bienvenida para una explicación general de las Zorras y sus características.

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Así se ve el Mensaje Vacío en uno de los últimos smartphones que salieron al mercado.

Descripción de la Técnica

El Mensaje Vacío es una técnica en la que la Zorra le envía un ídem a su víctima, con el objeto de despertar su curiosidad y atraerlo nuevamente a sus redes.

Esta técnica sorprende por su simpleza y creatividad: una vez que la Zorra ha intentado llamar y contactar por todos los medios a su presa sin resultados (probablemente porque el tipo ya cachó que la mina es bien Zorra y que no le conviene contestar), ella le envía un SMS vacío, usualmente a su celular (en casos menos frecuentes, se han visto e-mails, mensajes de Facebook o tweets). Las llamadas perdidas también son consideradas por varios autores (ver Stinson et al, 2007) como una variante válida de esta técnica.

La idea es que el mensaje vacío despierte la curiosidad del baboso y piense una de estas dos interpretaciones:

  • La Zorra se encuentra en una emergencia, necesita ayuda y no alcanzó a escribir nada (le están robando, se le está quemando la casa o se le cayó el lápiz labial por el alcantarillado)
  • La Zorra tenía, esta vez, algo realmente importante que decir y él necesita comprobar si fue realmente así

La efectividad del Mensaje Vacío depende de que la Zorra no haga ningún tipo de contacto con posterioridad. De esta forma, la curiosidad del susodicho aumentará, logrando eventualmente que éste la contacte para saber qué pasó.

Y de ahí, es pan comido para la Zorra.

Usos y efectos

Esta técnica es el último recurso de una Zorra que intenta buscar a un tipo por todos los medios y éste no responde. Es el último recurso, porque tras él debe interrumpir contacto. Tampoco es una técnica repetible con el mismo tipo: se hace una vez y se quema.

Su aparente inocencia la vuelve una técnica barata, fácil y con bajos efectos secundarios. Está pensada como una técnica que abra la puerta para técnicas más avanzadas y efectivas. Por ejemplo, en caso de que el tipo enganche con el Mensaje Vacío y le conteste, la Zorra puede continuar con la Carnada Olvidada (“puchi, sí, es que te quería contactar porque encontré un polerón tuyo y quería devolvértelo“) o el Falso Guaguazo (“estoy embarazada y estoy segura que eres tú el papá, con los nervios te mandé el SMS antes de escribir algo“).

Nunca hay que subestimar la capacidad de curiosidad del ser humano; dado que la técnica en sí misma no es dañina, la víctima puede pensar que no hay nada malo en averiguar el porqué del mensaje y si está todo bien. Sin embargo, si es que el susodicho aún no ha bajado del todo la guardia, puede también descubrir fácilmente los propósitos de la Zorra y reanudar el bloqueo. Asimismo, el mensaje es fácilmente ignorable.

Índice de peligrosidad: BAJO (2/5)

Antídoto y profilaxis

Ignore los mensajes de este tipo. ¿No ve que la curiosidad mató al gato?

Si tiene sospechas reales y fundadas de que la Zorra puede estar en peligro, puede probar contactándola a través de un tercero. Pedirle a una amiga mujer que le pregunte a la Zorra si está todo bien puede ser bastante efectivo para filtrar otras técnicas.

Próximo fascículo: La Falsa Marcación de Territorio.

Shao.

Las Tuitercachondas son una especie nueva y llegaron para quedarse. Es el tipo de minas que se hacen una cuenta en Twitter (usualmente bajo un personaje incógnito) metiéndole harta charla sexy y una que otro foto provocativa, y congregan en poco tiempo a un séquito de babosos que sueñan con agarrárselas y de otros jotes con más cancha que quieren demostrarles que están a su altura (también para agarrárselas).

Dado que Twitter aún es un medio con relativamente pocas mujeres, el rumor del éxito asegurado corrió como reguero de pólvora entre las minas, y hoy proliferan tuitercachondas de los más variados estilos. Y ya sea que usté es hombre y quiere aprender a reconocer a una, o es mina y quiere convertirse en una de ellas, aquí va una guía práctica que le facilitará la pega.

1) Búsquese un Nombre de Usuario que Aluda a su Entusiasmo Sexual o a Alguna Curva de su Cuerpo

Por ejemplo, @miss_hot_pants (nombre ficticio, si quiere úselo). Desde luego, si la única parte curvilínea de su cuerpo son las rodillas, es mejor que eche mano de su actitud petera.

Más adelante veremos por qué es tan importante escoger un buen username.

2) Escoja su Personaje y Confecciónese una Bio Sugerente

Las opciones son:

  • La Amazona Salvaje. Malvada y políticamente incorrecta, parece sólo follar con cinturones negros del Tantra e intimida a sus jotes con frases explícitas, garabatos y fotos de sus piercings.
    Joteada: la Humilladora.
  • La Sexóloga Deslenguada. Picarona y divertida, retuitea a su sex shop preferido añadiéndole “1313″ de por medio. Siempre tiene la tallita sepsy o la frase ocurrente de corte erótico bajo la manga.
    Joteada: la Simpática.
  • La Gatita Inocente. Ella sólo quiere que le enseñen a gozar. Pone cara de “no sabo” y espolea a sus babosos diciéndoles todas las cosas que le encantaría hacer y que nunca le han hecho. También aquí cae la que reclama agarrarse a puros pasteles y sólo quiere alguien que la ame y se la folle.
    Joteada: la Vergonzosa.
  • La Sofisticada-Calentona. Vende la pará de Suicide Girl. Se produce, es culta, tiene buen gusto, es shúer loca, tiene tatuajes onderos en lugares estratégicos, pone fotos en hot pants en Instagram y es como una hipster, pero con deseos sexuales.
    Joteada: la Calientasopas.

Sea cual sea el personaje (o una mezcla de ellos), lo importante es que desde su biografía ya estimule la imaginación de los cabecita de smartphone, cosa que digan “hey, esta minita está hecha para mí!“, apreten follow y se sumen a la ronda de pretendientes.

Exacerbe sus gustos, hobbies y preferencias más cotizados por el sexo masculino (minas futboleras, artistas, músicas, deportistas, bailarinas o nerds tienen muy buena aceptación), y aliñe con alguna invitación velada que le haga “tilín” al visitante en cuestión.

Siguiendo con el ejemplo de @miss_hot_pants, la cosa quedaría así:

3) Escoja Un Avatar Aún Más Sugerente

En el avatar se juega la vida… bueno, tampoco tanto; si hizo bien la pega en los dos pasos anteriores, basta con que ponga una foto sersy, que no necesariamente tiene que ver con usté (como bien sabe nuestro amigo Uri con su experimento sobre Paula Morel). La foto estimulará la imaginación de sus seguidores, que se crearán una diosa a la medida con todo lo que usté no muestra en ella.

Entonces ya tenemos algo así (¿le dieron ganas de seguirla? Sorry. No existe):

4) Comience a Seguir Gente y Tuitee

De preferencia hombres, de preferencia hombres que la podrían retuitear, de preferencia hombres que la podrían retuitear y no perderse ninguna de sus twitcams (spoiler). Muéstrese interactiva y acorde con el personaje. Saludar y despedirse masivamente de besos ayuda:

Y es entonces donde empiezan a aparecer los primeros babosos, señal inequívoca de que todo anda bien:

Desde luego, devuelva los follows. Los más que pueda. No sea Diva.

5) Hágase Una Twitcam

Por supuesto. ¿Quién puede resistirse a no hacer una tuitcam alguna vez? Para una tuitercachonda, es una herramienta de marketing imprescindible. Porque los babosos, mientras intentan chatear con usté, están alumbrándolo a la vez en su TL, lo cual hace que sus amigos (curiosos como gatos) se acerquen también a stalkear y a jotear. Es aquí donde el username que haya escogido es fundamental: ayudará a hacer correr la voz.

En la Twitcam usté puede mostrar o no su cara (la mayoría, para proteger el personaje y armar más misterio, usan algún tipo de incógnito). Puede demostrar alguna dote como bailar o cantar, invitar a alguna amiga, etc. En realidad, responder los comentarios de los jotes la mantendrá ocupada, así que no necesita tener un tema preparado ni llevarle fluidez en el parlar.

Desde luego, si usté no quiere ser reconocida bajo ninguna circunstancia (por ejemplo, porque se hizo el perfil tuitercachondo a espaldas del pololo o marido), absténgase de hacer Twitcams.

6) Disfrute los Resultados

Verá subir sus followers como la espuma, a razón de 30 o 40 por semana (y muchos más si hace una tuitcam); verá su lista de DMs colapsar con jotes ingeniosos, jotes explícitos, jotes románticos, jotes caballerosos, jotes que le proponen acertijos para que usté se interese, jotes que le dedican canciones, jotes que intentan hacer piropos graciosos para que usté interactúe de vuelta.

Obtendrá rápidas respuestas y recomendaciones para limpiar de virus su computador, encontrar esa página que a usté le da paja googlear, tener datos de restoranes cercanos a su ubicación, ubicar perritos perdidos, saber dónde está más barata la bencina y elegir su próximo celular.

Y por supuesto, tendrá entretención y atención garantizada esos viernes por la noche donde no sale ningún carrete.

Shao.

Nota: Ningún baboso fue dañado en la elaboración de este artículo.

Los ex son el fantasma que ronda en casi cualquier relación que uno empieza. De partida, uno tiende a ver a los ex como el weón que llegó primero, el que clavó la bandera, el que se abrió paso entre la selv… usté entiende. Todas esas patrañas de que “el primer amor jamás se olvida” taladran la cabeza de cualquiera que no se sienta en su mejor momento. Se siente la odiosa comparación con forma de espada pendiendo sobre la cabeza de uno. Y es por eso que muchos prefieren buscarse minas vírgenes o sin experiencia.

(En lugar de darle tanta importancia al que llegó primero, es mucho mejor pensar que luego de experimentar y equivocarse y aprender lo que es bueno, la mina se quedó con nosotros… al menos por ahora. Pero buéh)

El fantasma de un ex rondando suele despertar paranoias en el que recién se viene sumando a las transmisiones; porque la suegra le dice equivocadamente como el anterior, porque buscando un DVD en el closet se encuentra con una carta del ex que la mina tiene cuidadosamente atesorada, porque hurgando un poco en las fotos de Facebook es posible ver a su mina tirando y de la manito con el otro wea (siempre es un wea), y el cerebro no tiene por qué entender que eso es pasado y ya no existe.

(Tal vez por eso algunas tribus piensan que las fotos roban el alma.)

Toda esta charla viene para decirle algo, camarada: no sirve de nada que ande buscando señales de maraqueos o similares si es usté el que anda con la paranoia. Primero hay que asumir que:

  1. La mina ha estado con otros weones, se ha enamorado de otros weones, ha follado con otros weones, otros weones le han corrido mano, ha chupado otros picos, y ha tenido orgasmos con otros weones. Sí, vaya a llorar a la ducha en cuclillas. Es mejor que acepte esta idea, aún cuando su mina le diga lo contrario (las minas suelen mentir en este aspecto cuando ven que el pobre weón es inseguro, así lo hacen sentir mejor). Hágase hombre y asuma desde un principio. No se complique. No trate de imaginárselo tampoco, no sea masoquista. Simplemente acepte la idea. Usté también ya pasó por sus respectivas frotaciones, ¿no?.
  2. La mina se va a acordar de esos otros tipos en varios momentos mientras está con usté, y eso no implica que lo extrañe o lo eche de menos o quiera volver con él o que cante junto a la ventana Is this love, oh that I’m feeling mientras se acuerda de él. Son recuerdos. Especialmente en las relaciones largas. Es normal.
  3. En general, las minas tienen mejor capacidad que los hombres para mantener relaciones cordiales con su ex. Eso incluye: saludarlo para el cumpleaños, preguntarle cómo está si se lo topa en la calle, no evitar deliberadamente un lugar a sabiendas de que se puede encontrar con él, etc. Todo aquello, por supuesto, depende del estado en el que quedó el susodicho después de la terminada.

Por dignidad, por favor mejeto, no cometa la idiotez de ponerse a interrogar a la mina sobre con quién lo ha hecho más rico, o quién le ha dado los mejores besos, o de quién ha estado más enamorada, o si es la primera vez que hace el dragón, etc. No hay ninguna razón para querer saber eso más que la inseguridad de querer validarse ante la mina. ¿No se siente usté como lo mejorcito que ha tenido su mina? Parece que no. Así que si pregunta idioteces, prepárese para escuchar mentiras o respuestas realmente desagradables… las cuales le dolerán el doble, dado que usté es demasiado inseguro.

Dicho esto, veamos señales de que la cosa no va tan bien:

  • Cuando dice “mi ex”, usté ya sabe que se refiere a alguien en específico. Esto no corre, lógico, para las minas que han tenido un solo pololo, o las que terminaron hace menos de un mes (tampoco es buena idea meterse en algo serio con una mina que terminó hace menos de un mes). Si ha tenido varios ex, pero cuando dice “mi ex” se refiere siempre al mismo, es porque ése tiene un exceso de protagonismo. Lo cual no necesariamente es malo, pero ponga ojo igual.
  • Insistencia de ella en que la relación con su ex ya está superada. Especialmente si nadie le pregunta. ¡ESPECIALMENTE si nadie le pregunta! ¿Para qué tanta necesidad de reafirmar lo que supuestamente es obvio? Protip: Si usté, por inseguro, le pasa preguntando acerca de esto, adivine qué sucede: ella empieza a dudar si realmente no estará aún enganchada del ex. No la cague.
  • Hablar mal del ex. Una de las mejores señales de que ella sigue enganchada. ¿Su ex fue una mierda, la trató mal, no la quiso, no le dio lo que quería, en cambio usté, lindo pechocho, es todo lo que ella siempre esperó? Cagaste. La situación está tan vulnerable como para que vuelva el ex una sola vez con flores y la intención de jugársela, y usté pasará directo a las duchas. Acá también incluye hablar bien de usté en comparación con el ex (“mi amor, tiras tan rico, no como el otro pelotudo que ni siquiera sabía hacerme previa“). El otro pelotudo, no le quepa duda, tiene todas las de ganar. Así son ellas.
  • Habla demasiado de sus ex, o de uno en particular. Esto incluye la insistencia en contarle sus historias de los ex y preguntarle a usté las suyas, con el pretexto de “conocerse mejor”. En algún momento, claro, estos temas tienen que salir; pero si ella parece tener demasiado interés en ponerlo en la agenda, puede significar tres cosas: a) se siente insegura y quiere sacarle celos a usté, b) se siente insegura y quiere saber si ella es la más bacán en su vida, c) Está pegada con uno o varios de sus ex y necesita desahogar el tema.
  • Excesiva presencia o joteos del ex. Los casos donde el ex se transforma en un auténtico amigo son como uno en mil, y aún en esos casos transcurrió una cantidad de tiempo al menos equivalente al tiempo en que estuvieron juntos. Y un auténtico amigo sabe respetar los espacios de su mina con el pololo y evita crearle problemas. Ella rasgará vestiduras y jurará que ya son full amigos y que no ocurre nada, o justificará sus joteos como una cosa de él. En cualquiera de los dos casos, es ella la que no está rayando la cancha y trazando límites. Y hay una sola razón para que no lo haga.
  • El ex quedó eternamente enganchado y ella no hace nada por evitarlo. Esta es una situación similar a la anterior. También es similar a la mina que mantiene a sus babosos bien cerquita, pero con una agravante: con este baboso hay historia.
  • Estuvo confundida entre su ex y usté. Es una situación siempre desventajosa para el nuevo, y hay que asumir el riesgo de que la mina vuelva con el ex o se lo cague a usté con el ex (quedando aún más confundida). Esta situación sólo se puede manejar con una buena cantidad de tiempo, con una autoconfianza insuperable, o con un cambio de vida (como irse a otro país o entrar a estudiar a otra parte) que la desconecte definitivamente de su situación anterior y la integre más con usté.
  • Ella “necesita hacer algo” para “cerrar el capítulo con el ex” o para “dejar de estar confundida”. Si ella necesita escribirle al ex, juntarse con él, pegarse una última cacha (TRUE story) o quemar sus fotos en un ritual de macumba, lo que sea con el pretexto de cerrar el ciclo y por fin ser feliz, es porque la situación anda color de hormiga. Desde luego, no sea pánfilo y no vaya a creer que con ese “algo” la situación va a quedar superada, porque not. Tal vez tengan que pasar meses, pero la situación volverá a reflotar, y esta vez de mucha peor forma (“hice lo correcto para olvidarlo y no puedo… esto significa que él debe ser el indicado“). Probablemente ella tiene las mejores intenciones del mundo en olvidar al ex, pero las buenas intenciones acá son tan efectivas como tratar de detener una diarrea con una cadena de oración.

En definitiva, usté lo va a pasar mejor en una relación limpia, sin adjuntos indeseables. No se apresure en emparejarse. Lea las señales desde el principio. Si usté se agarró por primera vez a la mina porque ella andaba volando bajo luego de que la patearan, puta la weá, después no venga como los weones a quejarse que lo dejaron botao porque el ex quiso volver.

Aunque a ella no le parezca muy así, es un asunto meramente de lógica.

Shao.

UNRELATED PIC

Esto no es una oda a las perras, ni mucho menos. Tampoco es un manifiesto en primera persona. Esto es, de alguna manera, el eco del género masculino, que no sabe por qué a veces no puede evitar meterse dulcemente en las redes de una. Y eso me intriga.

¿Dije “dulcemente”?

Ir a la siga de una perra no es dulce. Es como el aspartamo: parece dulce, la gente lo usa para endulzar, pero tiene un sabor bien de mierda. Ir tras una perra nunca conduce a nada, sabes que va a terminar mal; pero ésa es la parte de la historia con la que —aún sabiéndola desde el principio— prefieres hacerte el huevón hasta el final.

La perra es mal genio, parece estar eternamente molesta con el mundo que la acosa. Su simpatía es selectiva, y usualmente se la reserva para seres comprobadamente inofensivos, como sus hermanos, algunos bebés y la señora del aseo. Para otras perras, se reserva una sonrisita entre dientes, que corona rematando las frases con “linda” (“sí, linda“; “me encanta, linda“; “ay, linda!!!!!“), el estandarte de la hostilidad disfrazada de camaradería.

Y para sus babosos, la perra se reserva dos caras. La sonrisa encantadora al principio, y el mohín de desprecio al final.*

¿Exagerado? ¿Reduccionista? ¿Muchas telenovelas? Las bolas. Este mundo es un circo.

Y el circo se completa porque, como dice arriba, a veces las perras nos gustan. Porque su aire despreciativo significa un desafío. Y sabe darle el toque justo de pimienta para hacerlo parecer alcanzable. Y ahí es donde el marketing de guerrilla de la perra se completa, porque uno queda pensando: “Estoy seguro que, tarde o temprano, con ésta la hago“.

A propósito, ¿por qué le tuvieron que llamar perra? Un perro es dócil, fiel, amoroso, predecible, constante. Es más como una gata: buena para rozar sin dejarse tocar, ser esquiva, tincada con el cariño, e incluso ser odiosa y tirar el zarpazo sin dejar de ser parecer adorable. Pero, lamentablemente, el término gatita está demasiado trillado por las mercachifles del topless.

La perra negocia con su atractivo. Es como el comerciante a la antigua, que ahorra en colaciones, sueldos de personal y sillas con tal de marginar más, y no le importa que todos lo odien, porque él no está en el negocio para ser querido, sino para ganar plata. A la perra no le importa el respeto de otras mujeres, no tiene muchas amigas, y definitivamente no tiene amigos. No como usté o yo entenderíamos a los amigos (a lo más algún amigo gay, el único que para ella no es ni competencia ni víctima).

El problema con una perra es que, finalmente, se cumple muy poco de lo prometido en un principio. Es un sucedáneo de lo que uno espera gozar en una mujer. Es como bajar una aplicación increíble para tu celular que juras que es gratis, sólo para enterarte, después que la bajaste y te entusiasmaste, que dura 7 días a prueba y si no la compras se desactiva.

La perra gusta porque encandila. Sabe estimular los sentidos, sabe dejar su olor en lugares estratégicos por horas o días después de que desapareció tras la puerta. Por eso le dedican canción tras canción de reggaetón y pachanga… sí, fíjese en lo que hay detrás de la tontera de esas letras: todas describen a la perra indiferente de discotheque, la que llega creyéndose lo más, baila sola en medio de la pista y se entretiene en contar a cuántos ha rechazado.

Y esas canciones funcionan porque todas las que están ahí quieren sentirse un poquito perras, un poquito top. Un poquito dueñas de la situación. Con la opción de cobrar una pequeña y sutil venganza. Por eso la perra lee estas líneas, y se sonríe, como se sonríe el delincuente cuando le hacen el reportaje en la tele. Se siente orgullosa. El orgullo le sube aún más cuando salen todos en los comentarios a justificar que no son perras (ellas), o que no le gustan las perras (ellos).

Lo sé, y no pretendo bajarle los humos. Este post no es educativo ni tiene moraleja. Además, todos necesitamos una cierta dosis de conchazos para elegir como la gente. Y quizá usté, amigo, tiene claro todo esto, y aún así es incapaz de resistirse a ese espejismo con olor a feromonas que le acaba de mandar ese mensajito insinuante: “En q andai…?”. Y en una de esas ni siquiera quiere resistirse. Quiere caer, porque a veces caer es adrenalínico.

Yo simplemente me doy por pagado si a usté, amigo, le baja la duda: ¿No habré estado puro hueveando todo este tiempo?

Shao.