(Carta Abierta a) La Recién Liberada
por Shesho en Catálogo de Mujeres v/s Hombres| 44 comentarios »
A quien corresponda:
Quiero dejarte esta carta como testimonio de lo que en un tiempo más te avergonzará, así como yo me avergüenzo de haberme cortado el pelo estilo Backstreet Boys en los 90. Son cosas que uno hace con exceso de entusiasmo y falta de visión a largo plazo. Porque tú, Recién Liberada de alguna relación tirana, eres en este momento simplemente una instantánea de ti misma; una fotografía sacada con mala luz e impresa en modo economizador de tinta, a la que pronto se le irán los colores. Y tal vez no tenga sentido para ti ahora, porque ahora, por primera vez en muuucho tiempo, te sientes bien. Eres como la vuelta a la democracia.
Te lo digo porque a veces cuesta perdonarse los excesos de la farra y uno prefiere omitirlos. No me refiero a los tequilazos gratis en el karaoke que terminaron contigo enchufada a un suero en la clínica; ésas son honorables marcas de batalla. Es la farra moral, la resaca de haber usado y desechado a la gente; el haber visto pasar demasiadas caras como para que pudieses haber fijado tu vista en una de ellas. Y ésa es otra de las fotografías borrosas que guardarás de estos momentos. Borrosas también por conveniencia, porque la nitidez te recordaría demasiados detalles incómodos.
Entiendo de dónde viene toda la vorágine. Entiendo que lo pasaste como el hoyo anteriormente. Que te postergaste, cediste más de la cuenta, trapearon el piso contigo y etc. Y te mereces pasarlo bien un rato. Pero finalmente, esto es la ley del péndulo, compensas sufrimiento con euforia, y la suma da cero. Me recuerda a lo que pasa cuando abres en exceso la llave para llenar un vaso: la fuerza del agua la hace rebotar, y el vaso se mantiene vacío. Y prometo no seguir con metáforas domésticas de mierda, ya me entiendes el punto.
Recordarás este período como una larga y embriagada vuelta sobre ti misma, mientras alrededor todo gira. Y la fuerza centrífuga hace que salgan disparados de ti el copete de tu vaso, los chicles de la cartera, desprecios, besuqueos anónimos, corridas de mano, risotadas y un par de páginas del Manual de las Cabronas que alguna amiga te dio para envalentonarte en tu mala época. Las amigas te sostendrán cuando ya hayas dado demasiadas vueltas y te precipites, mareada, al piso; las amigas te llevarán a la rastra al auto cuando balbucees que estás borrrrrrrasha y que dónde se fue el weón que te regalaba tragos; las amigas se reirán contigo al día siguiente del idiota ése, que insiste en buscar algo serio contigo, cuando tú no quieres nada, nada, con nadie. Con n-a-d-i-e.
Y está bien. Hay un momento donde todos tenemos que aprender a estar —aunque sea un rato— solos, en el frío, sin el calientacamas y la estufita que significan una relación estable. Sentir el viento filudo y la piel de gallina te forja el carácter. Y eso, claro, implica mandar a volar a muchos que en otras circunstancias habrías recibido con los brazos abiertos. Y ellos no tenían la culpa, y de hecho, más de uno habría sido una buena pareja para ti. No excelente, pero sí buena.
No te voy a decir que te arrepentirás… eso te lo dirán ellos, los que habrás rechazado. En realidad, cuando se te pase el calor y el aire fresco se convierta en helado, sentirás la versión endulzada con stevia del arrepentimiento, que es el remordimiento. Esa sensación de “la verdad, si me volviera a pasar, lo haría distinto“. Y es que en algún momento te darás cuenta que no se puede andar todo el tiempo con la guadaña en una mano y la botella de vodka en la otra —cual granjero ruso—, y ése es el principio del fin de ti como Recién Liberada. Que a esas alturas ya serás una Demasiado Liberada, a punto de convertirte en una Ok, Suficiente de Juerga Ahora Quiero Conocer a Alguien Liberada.
Y claro, sucederá. Y esas fotos serán reemplazadas por otras nítidas y sonrientes, que son las que finalmente se enmarcan y se atesoran y se ponen como foto de portada en Facebook. Las oficiales. Las de las vacaciones soñadas, las del matrimonio y la luna de miel, donde estás genuina—y sobria—mente feliz. Pero ahí está la trampa: te olvidarás demasiado rápido que fuiste una Recién Liberada. Convenientemente te acordarás de cuánto te reíste y cuánto te emborrachaste y cuántos porros te fumaste y a cuántos NN te agarraste y cuánta caña acumulaste y cuántas veces cantaste Lady Gaga a grito pelado, pero omitirás que extendiste la euforia Kill Bill más de lo recomendado y que eso te transforma en una tarada.
Pero no. No lo tapes con tierra. Te servirá, cuando todo esto pase, para entender tus límites. Para darte cuenta que hay cosas que definitivamente no son tu estilo, y que lo sabes porque lo probaste, no porque lo leíste por ahí. Porque con quien realmente importa, las pendejadas ya no dan lo mismo y las amigas no se reirán contigo. Y el problema es que esas fotos trasnochadas y movidas son un registro engañoso: todo queda retratado con un airecito como de gira de estudios, de locura linda. No te compres ese cuento. Registra esto. Recuerda el potencial que tienes de ser una pelotuda. Por eso también te escribo esta carta: para que no se me olvide a mí que alguna vez lo fui.
Shao.


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