Artículos en Artistas Invitados

El siguiente es un aporte de Miguel, un asiduo lector de FAQWomen que nos entrega una visión que nosotros (hasta ahora) no tenemos: la de un hombre casado y rodeado de mujeres de todos los tamaños. Porque FAQWomen te cuida y te mima, todos sus aportes son bienvenidos (mientras escriban bien y sean menos estúpidos que los FAQers residentes).

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Bendito? seas entre todas las mujeres…

Si hay algo que uno como hombre espera al momento de formar familia, es el hecho de que, como hombre de la casa eres el de las decisiones finales, el que dice la última palabra.

Todo eso cambió desde el momento en que me encontré solo entre mujeres. Se me ha tildado de “Macabeo” incontables veces, pero ninguno de ustedes, queridos amigos lectores, se imagina lo que es vivir en medio de mujeres.

El entorno: Esposa + hija adolescente + suegra + hija menor = shuuu…

Me da risa el recordar la frase que mi mujer siempre dice al respecto del tema: “Como es el único hombre de la casa, es el más querido”. No me puedo quejar respecto al regaloneo culinario, ni a las expresiones de amor de la pequeña, pero hay tres puntos en esta familia que son dignos de película de terror:

I.- Períodos Menstruales

Bien sabido es por todos los lectores de este pasquín que estas etapas del mes son quizás las más complejas con las que debemos lidiar. La mayoría de ustedes solo lo deben soportar por, más o menos, 7 días. Multipliquen eso por 3 y ¡bienvenidos a mi mundo!. Creo que en mi vida pasada debí ser un conchesumadre, porque Dios no me premió con la gracia de la coincidencia de fechas: sale una, entra la otra…

II.- Confabulaciones en contra del gordo…

No puedo negar que disfruto a concho todas aquellas películas que incluyan naves espaciales, bikinis, extraterrestres, bikinis, zombies, bikinis, apocalipsis variados y tambien bikinis.

Gracias a mi condición de “minoría sexual familiar” si sometemos a votación las películas del fin de semana, Jedis y Siths caen de manera avergonzante frente a vampiros huequitos que brillan con el sol. Y no sólo en películas, también se aplica a todo ámbito hogareño que se someta a votación (decoración, salidas a pasear, postres, etc).

III.- Peleas

Oh, por Dios… si se imaginaran lo que es pelear como hombre contra tres mujeres (eso es porque la más chica aún no tiene conciencia de las disputas verbales, ella solo me dice “Papi, te amo”)

Espero que aquellos lectores que aún gozan de su soltería no se espanten, porque si bien debo enfrentar estos tres puntos todos los días, no hay nada más reconfortante que la cara de mi pequeña cuando llego a la casa después de la pega.


[Momento de regaloneo]
Hombre: Amor, no entiendo por qué eres tan perfecta como eres (Hombre con cara de “te tengo loca”).
Mujer: A nosotras no hay que entendernos, hay que querernos (Besito de mina halagada a macho de porno filipina).

[Momento de mocha]
Hombre: ¿Sabís qué? ¡Hací puras weas y ni sabí lo que cresta querí! (Cara de “pa qué conchesumare me metí con ésta“)
Mujer: ¡Ayyyyy! ¡Es que tú no me entendí! (Cara de quinceañera que no la dejan ir a la fiesta)

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La notable performance que acaban de leer (y que resume muy bien el espíritu de FAQWomen) es un aporte de Hugo E’Latino. ¡Saludos para él! Y para todos: pronto se viene el resultado del Concurso The Next Top FAQer! Atentos!


No es que hayamos fallado con un guest post XD, sino que ése es el nombre de la contribución de Kvzón, asiduo comentarista de FAQ Women, y que nos aporta con este metáforico cuento, basado en hechos reales, y probablemente influenciada por su afición por el metal épico y el Señor de Los Anillos. Disfruten.

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EPIC FAIL

Si no estás segura de querer una fogata grande, no sigas echándole leña al fuego…

CAPITULO I: LA SUERTE DEL HERRERO

Hace no mucho tiempo, en un reino cercano, habitaba un herrero que haciendo su pega se ganaba, modestamente, los monlacos. Un día estaba martillando piolita un pedazo de metal, más aburrido que cajero de peaje, cuando de pronto (!!!), apareció ella, la Princesa del reino Muy Muy Cercano, luciendo su precioso pelo negro, cuidadosamente descuidado, sus ojos oscuros, tentadores y profundos; tanto que cuando la mirada del herrero y la de la Princesa se encontraron, el herrero sintió que caía dentro de ellos, tan profundamente que sintió que caería para siempre.

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Sabemos que tenemos lectoras. Siendo éste un blog de hombres, era inevitable. Desde nuestros tiempos infantiles, cuando nuestras amiguitas, primas, etc., se colaban a escondidas para sapear lo que hablábamos en nuestros Clubes de Toby, que entendemos el poder de la gatuna curiosidad femenina.

Y un par de atrevidas se han atrevido a mandar aportes. En FAQWomen casi todos amamos a las mujeres, así que les daremos tribuna como corresponde. Pero no se suban al chorro, ¿eh?

Carola La Pudiente (con un consejo que muchas podrían seguir) y María Gabriela (con su declaración de calentura intelectual a Richi), después del salto.

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No soy muy bueno para las introducciones, así que sólo diré que el columnista invitado de hoy es Shesho, y tiene una aproximación medio zen al tema que llena las páginas de este blog. En la variedad está el gusto, dicen.

Hace un tiempo tomé la sabia decisión de dejar de perseguir mujeres y empezar a escaparme de ellas. Al principio no fue una decisión guiada por la sabiduría, sino por el hastío, porque en verdad estaba empezando a estresarme tratando de descifrar los códigos y contraseñas de demasiadas féminas a la vez. Y cualquier que lo haya intentado sabe que es como intentar resolver de a 10 sudokus simultáneamente.

Las minas esperan que uno sea una suerte de hacker, que se sepa los algoritmos precisos para acceder a su zona “members only”, en la cual, según el modo en que hayas accedido, ella te abrirá el corazón o las piernas. Ojo, según el modo en que hayas accedido, no según tus intereses particulares para con ella. Pero creo que eso da para otro post.

Bueno, yo terminé decidiendo que ser esa suerte de multi-hacker de mujeres era una tarea intelectual demasiado ardua. Sí, intelectual sobre todo. Los hombres (para las amigas que nos leen en casa) somos seres increíblemente analizadores, salvo cuando nos volvemos cavernícolas y perdemos todo rastro de civilización. Esos son los dos polos, blanco y negro. Los grises son de niñitas.

Y del mismo modo yo, sin transición, salté del polo perseguidor al polo escapista. Dejé de acercarme, dejé de tomar la inciativa de abrir conversas por msn, teléfono, facebook (en persona siempre hay que ser cortés y saludar), y dejé sobre todo de preguntarme por qué chucha el interés del viernes se transformaba en la nebulosa indiferente del lunes.

Como que todas me empezaron a importar un bledo.

Y la reacción es incomprensible para un hombre, porque resulta que las mujeres aman perseguir. Tienen un instinto de paco o detective que las hace delirar por los fugitivos, por las sombras que se ven pasar en fracción de segundo, por los cambios de status misteriosos en facebook, por la sensación de que “le estoy perdiendo la pista”.

La persecución puede ser activa o pasiva. Muchas (en Chile, me temo que la mayoría) no moverán un dedo por el macho escapista en cuestión, pero le sapearán toda su vida online y estarán atentas a sus cambios de vestimenta, de look o de compañía.

A nosotros los hombres nos cuesta comprenderlo. Nosotros vamos directo al grano, al choque. Es nuestra naturaleza cazadora. Nos gusta, vamos. No nos gusta, no vamos. Todas las demás sutilezas que aprendemos entremedio, son sólo porque nos resultan más efectivas para lograr lo mismo.

Aquello de jugar al pillarse lo toleramos sólo porque funciona, pero en nuestro fuero interno, seguimos considerándolo una pérdida de tiempo. Y claro, apenas nos enteramos de que estamos siendo perseguidos, despierta el cavernícola cazador y ¡pam! nos damos media vuelta, volvemos a ser los perseguidores, y por supuesto, las féminas, que manejan esto de cambiar papeles como nadie, con gusto vuelven a ser la presa perseguida y se pierden lejos.

La solución que funciona, por lo visto, es precisamente una sutileza, una media tinta de las que odiamos los hombres: déjese perseguir, déjese alcanzar, haga amago de darse vuelta a perseguir, y vuélvase a escapar. Sí, es una tontera. Pero le traerá paz mental y al menos tendrá más posibilidades de satisfacer ese instinto cazador.

Ese mismo que nos hace pagar dos lucas más que ellas para entrar a una disco.