Catálogo de Mujeres v/s Hombres

A quien corresponda:

Quiero dejarte esta carta como testimonio de lo que en un tiempo más te avergonzará, así como yo me avergüenzo de haberme cortado el pelo estilo Backstreet Boys en los 90. Son cosas que uno hace con exceso de entusiasmo y falta de visión a largo plazo. Porque tú, Recién Liberada de alguna relación tirana, eres en este momento simplemente una instantánea de ti misma; una fotografía sacada con mala luz e impresa en modo economizador de tinta, a la que pronto se le irán los colores. Y tal vez no tenga sentido para ti ahora, porque ahora, por primera vez en muuucho tiempo, te sientes bien. Eres como la vuelta a la democracia.

Te lo digo porque a veces cuesta perdonarse los excesos de la farra y uno prefiere omitirlos. No me refiero a los tequilazos gratis en el karaoke que terminaron contigo enchufada a un suero en la clínica; ésas son honorables marcas de batalla. Es la farra moral, la resaca de haber usado y desechado a la gente; el haber visto pasar demasiadas caras como para que pudieses haber fijado tu vista en una de ellas. Y ésa es otra de las fotografías borrosas que guardarás de estos momentos. Borrosas también por conveniencia, porque la nitidez te recordaría demasiados detalles incómodos.

Entiendo de dónde viene toda la vorágine. Entiendo que lo pasaste como el hoyo anteriormente. Que te postergaste, cediste más de la cuenta, trapearon el piso contigo y etc. Y te mereces pasarlo bien un rato. Pero finalmente, esto es la ley del péndulo, compensas sufrimiento con euforia, y la suma da cero. Me recuerda a lo que pasa cuando abres en exceso la llave para llenar un vaso: la fuerza del agua la hace rebotar, y el vaso se mantiene vacío. Y prometo no seguir con metáforas domésticas de mierda, ya me entiendes el punto.

Recordarás este período como una larga y embriagada vuelta sobre ti misma, mientras alrededor todo gira. Y la fuerza centrífuga hace que salgan disparados de ti el copete de tu vaso, los chicles de la cartera, desprecios, besuqueos anónimos, corridas de mano, risotadas y un par de páginas del Manual de las Cabronas que alguna amiga te dio para envalentonarte en tu mala época. Las amigas te sostendrán cuando ya hayas dado demasiadas vueltas y te precipites, mareada, al piso; las amigas te llevarán a la rastra al auto cuando balbucees que estás borrrrrrrasha y que dónde se fue el weón que te regalaba tragos; las amigas se reirán contigo al día siguiente del idiota ése, que insiste en buscar algo serio contigo, cuando tú no quieres nada, nada, con nadie. Con n-a-d-i-e.

Y está bien. Hay un momento donde todos tenemos que aprender a estar —aunque sea un rato— solos, en el frío, sin el calientacamas y la estufita que significan una relación estable. Sentir el viento filudo y la piel de gallina te forja el carácter. Y eso, claro, implica mandar a volar a muchos que en otras circunstancias habrías recibido con los brazos abiertos. Y ellos no tenían la culpa, y de hecho, más de uno habría sido una buena pareja para ti. No excelente, pero sí buena.

No te voy a decir que te arrepentirás… eso te lo dirán ellos, los que habrás rechazado. En realidad, cuando se te pase el calor y el aire fresco se convierta en helado, sentirás la versión endulzada con stevia del arrepentimiento, que es el remordimiento. Esa sensación de “la verdad, si me volviera a pasar, lo haría distinto“. Y es que en algún momento te darás cuenta que no se puede andar todo el tiempo con la guadaña en una mano y la botella de vodka en la otra —cual granjero ruso—, y ése es el principio del fin de ti como Recién Liberada. Que a esas alturas ya serás una Demasiado Liberada, a punto de convertirte en una Ok, Suficiente de Juerga Ahora Quiero Conocer a Alguien Liberada.

Y claro, sucederá. Y esas fotos serán reemplazadas por otras nítidas y sonrientes, que son las que finalmente se enmarcan y se atesoran y se ponen como foto de portada en Facebook. Las oficiales. Las de las vacaciones soñadas, las del matrimonio y la luna de miel, donde estás genuina—y sobria—mente feliz. Pero ahí está la trampa: te olvidarás demasiado rápido que fuiste una Recién Liberada. Convenientemente te acordarás de cuánto te reíste y cuánto te emborrachaste y cuántos porros te fumaste y a cuántos NN te agarraste y cuánta caña acumulaste y cuántas veces cantaste Lady Gaga a grito pelado, pero omitirás que extendiste la euforia Kill Bill más de lo recomendado y que eso te transforma en una tarada.

Pero no. No lo tapes con tierra. Te servirá, cuando todo esto pase, para entender tus límites. Para darte cuenta que hay cosas que definitivamente no son tu estilo, y que lo sabes porque lo probaste, no porque lo leíste por ahí. Porque con quien realmente importa, las pendejadas ya no dan lo mismo y las amigas no se reirán contigo. Y el problema es que esas fotos trasnochadas y movidas son un registro engañoso: todo queda retratado con un airecito como de gira de estudios, de locura linda. No te compres ese cuento. Registra esto. Recuerda el potencial que tienes de ser una pelotuda. Por eso también te escribo esta carta: para que no se me olvide a mí que alguna vez lo fui.

Shao.

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¿Moderna o Pos-moderna? Bueno, qué importa. Como quiera usté llamarla estamos en una sociedad remezclada, donde el comunismo renovado, el neo futurismo, la economía social de mercado y el revival grunge vienen en el lookbook de avance de temporada primavera-verano. La gente se pone y se saca actitudes y creencias cual ropajes. Tal vez eso caracteriza a la Moderna: al final todas son un poco Modernas, todas y todos combinamos un poquito de acá y un poquito de allá, según necesidad, según conveniencia, o simplemente porque es lo natural en un entorno que más que entorno es una gran juguera.

[email protected] no le verán sentido a este post y no entenderán que no respete el formato del Catálogo que yo mismo creé. Pero es que yo mismo siento también el peso del caos, y los formatos, las estructuras y lo preestablecido pierden sentido a su vez. No sean mañosos. Están demasiado malacostumbrados: saltan de título en título y buscan las weás que están destacadas en negrita por si encuentran alguna frase clever que compartir en Facebook. O leen las primeras tres líneas y se imaginan lo demás, porque les da flojera leer/pensar/interpretar y sólo querían confirmar rápidamente lo que oyeron por ahí (que somos un grupete de pelotudos machistas reduccionistas) antes de que la teleserie vuelva de comerciales. O escriben sus propios posts tratando de imitar vacíamente el formato, pensando que nuestro estilo es bacán, como atestigua nuestra bandeja de entrada de colaboraciones y un par de blogs copiones por ahí. A la mierda.

La Moderna se lleva bien con el caos y con que las cosas se vayan a la mierda continuamente, y por eso se maneja con tanta habilidad en este mundo: porque remezclarse siempre gana. Tal vez eso viene con la madurez, porque esta mina ya fue despechada, ya fue single lady con insignia y medalla, ya fue sumisa y devota, ya fue libre, linda y loca y todas esas pavadas, y ya fue belieber del Ken sadomasoquista™ de 50 Shades of Grey y ya lloró su desamor por los rincones y ya le metieron todos los dedos en la boca (pun not intended). Ya no se enoja por la mención de una palabra, no se complica con cocinarle al pololo, no anda buscando machismo encubierto por ahí para denunciarlo en una fanpage.

Las reivindicaciones son de los años 50, el idealismo de los 60, las consignas de los 70, el aburrimiento de los 80, los slógans de los 90. ¿Qué estilo es tu favorito? Tenlos todos: colección primavera-verano, en grandes tiendas. 

La (Pos)Moderna es relajada porque, entre tanto caos, tomar partido por machismos, feminismos u otras creencias es superfluo, cerebralmente flojo, absurdo. La Moderna no se complica, porque el mundo ya es lo suficientemente complicado. La Moderna entiende que los hombres estamos tan perplejos como las mujeres en este jueguito de nacer, crecer, ensayar la reproducción, seguir ensayando la reproducción, reproducirse finalmente y morir.

Nos cuesta aceptar que el mundo es inherentemente random. Que la gente buena a veces muere antes, que una criatura inocente puede ser violentada, que un pelotudo puede ganar la lotería. Nos cuesta aceptar que las cosas que ocurren no son ni premios ni castigos. Como no podemos escapar de la evidente falta de criterio moral del universo, nos inventamos patrañas de tentaciones, demonios, karmas y juicios finales en otros “planos de existencia”, como para creer que en alguna parte nos darán la razón.

La Moderna entiende que todo esto es bullshit. Que si un tipo se la cagó, es culpa de ella que no supo darse cuenta antes, no del género masculino y su egoísta falo arquetípico, o de la alineación del regente con Sagitario. Entiende que no por mucho llorar que nadie la pesca (y que morirá sola y rodeada de gatos) va a encontrarse más rápido a alguien que la quiera. La Moderna se equivoca y se autoperdona los cagazos, porque al final nadie es perfecto, todos somos débiles, todos tenemos miedo, todos somos celosos. Incluida ella. Incluidos todos. Especialmente yo y especialmente usté, lector(a), que eligió seguir leyendo hasta acá en medio del caos y las notificaciones del WhatsApp.

Y es que nos remezclamos entre gente imperfecta. Es así. Entender eso te ahorra un montón de sufrimiento innecesario. Sencillamente hay estilos de ser [email protected] que son más compatibles con nuestra propia imperfección. Y en definitiva, incluso el famoso checklist de requisitos que supuestamente uno necesita para tener relaciones sanas pasa a segundo plano al lado del inexplicable acuerdo entre dos personas de quererse de manera especial. Y no, carajo, no hay manual para eso. Ni siquiera hay un tiempo propicio. No viene destacado en negrita. Es random como el mundo. Pero ése es tema para cuando este blog se acabe.

Shao.

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Éste es el cuarto espécimen del Catálogo de Mujeres v/s Hombres. Para una explicación del Catálogo y para ver otros ejemplares, consulte el primer post de esta serie.

La Despechada (“Todos, TODOS son IGUALES”)

Es un karaoke cualquiera. No nos molestaremos en distinguir, todos son más o menos parecidos: un desfile de amigas cantando Aserejé sin poder coordinarse, galanes tratando de conseguir aprobación femenina a punta de cantar Sin Bandera, el viejo que se sabe todas las de Elvis o Sinatra, el rockero incomprendido que canta Light My Fire y no se le escucha, etc. Y siempre una de las mesas está particularmente prendida: es un grupo de puras minas que cantan, gritan, beben y abuchean un par de decibeles más alto que el resto.

Cuando les llega el turno de cantar, se suben al escenario tres de ellas, medio borrachitas. Una de ellas, claramente la protagonista, presenta la canción diciendo “ésta va para… alguien que no vale la pena, ustedes saben quién es chiquillas” (las chiquillas vitorean en algún dialecto ininteligible) y entona con tanto sentimiento como falta de afinación una canción. Y siempre la canción es de Paulina Rubio, del estilo Yo no soy esa mujer, o Aunque vengas de rodillas y me llores y me pidas.

Por eso le hemos puesto el apodo de Paulina Rubio a la Despechada.

Hay dos opciones: o Paulina Rubio, la cantante, es muy inteligente y le vio la oportunidad de mercado a cantarle al despecho (recordemos, es mexicana, tierra de tres amantes por cada machista), o le han puesto el gorro con esmero y prolijidad (recordemos, es mexicana…) y necesitaba unos cuantos discos de desahogo. La cosa es que sus canciones se convierten en el himno de la Despechada y su arrebato de dignidad, que incluye una buena porción de rechazo contra la raza masculina.

Usualmente una chica se transforma en la Despechada luego de haber pasado unas buenas semanas (o meses, o años) arrastrándose por un tipo que la tenía ahí, a miguitas de pan. De pronto, algo le hace clic en su interior y se da cuenta que se ha estado comportando como una pelotuda, y entonces se pasa al extremo opuesto: “nunca más sufrir por amor” [Estado de Facebook, 2011], “soy una chica libre, libreee libreeee on fire quiero puro carretear” [Whatsapp, 2011], “¿para qué tienen los hombres dos cabezas si piensan con la más chica? JAJAJAJA XDDD” [Frases divertidas de FraseBook, 2011].

Duerme con el Manual de las Cabronas bajo la almohada y decide que sentirse una de ellas es la mejor manera de recuperar su dignidad perdida. Entonces se arregla, se pone escote y tacos, va a la discotén con el grupo de amigas que la blindan y se dedica a bailar sola y mostrarse sin pescar a nadie; o echa mano de un par de babosos que andaban dando vueltas por ahí y les calienta la sopa un ratito para luego irse y dejarlos pagando. Ésta es la fase 1 de la Despechada: la Euforia. Se dedica, básicamente, a coleccionar miradas hambrientas e invitaciones a salir como compensación por todo el tiempo que estuvo cegada como caballo corralero.

Pero luego de unas semanas de vorágine, le viene la resaca moral. Se siente sola. Se ha dedicado a carretear frenéticamente como si no hubiera un mañana, y no ha sacado nada en limpio. Los jotes la aburren. A veces todavía le dan ganas de llamar al otro pelotudo y darle una última oportunidad. Está vulnerable. Sigue carreteando por inercia, pero ya claramente entró en la fase 2: el Vacío. Su frustración se vuelca hacia el príncipe que aún no ha aparecido a rescatarla. Y las señales se empiezan a ver en mensajes como “quien realmente merezca tus lágrimas nunca te hará llorar” [Powerpoint rescatado de una cadena de mails, 2012], o “Es que ya no hay hombres de verdad, caballerosos, atentos y buenos?” [Estado de Facebook, 2012], o “Qué ganas de hacer cucharita en esta noche fría” [Tuiteo, 2012].

Como está vulnerable, se convierte en presa fácil de los engrupidores, de los que tienen la canción romántica a flor de piel, los que prometen tratarla como panda bebé en zoológico. Y la Despechada cae, porque necesita volver a oír piropos, porque extraña que le digan cosas lindas, porque hace tanto que nadie tiene detalles con ella. Desde luego, este quick fix no le durará mucho: tras un par de folladas, el príncipe azul de cuneta saldrá a carroñear por otro lado y la Despechada volverá a fojas cero.

Huelga decir que en algún momento la Despechada sale de su estado transitorio. Las razones pueden ser dos: a) se acostumbró a estar sola y se reconcilió consigo misma, o b) apareció alguien que realmente la quería, y que además le tuvo la paciencia necesaria para superar, una tras otra, las barreras de desconfianza que ella le puso para asegurarse que no se la volverían a cagar.

Variante: la Falsa Recuperada

Hay Despechadas que entienden que sus actitudes y dichos gritan a los cuatro vientos “me cagaron, y aún no puedo superarlo“. No quieren ser una Despechada, porque son demasiado dignas para comportarse como tales. ¿Entonces qué hacen? Aparentan que han vuelto a la normalidad, que todo está en paz, que el tema está superado. Y cuentan tan bien el cuento que terminan creyéndoselo ellas mismas, e incluso se llegan a considerar listas para una nueva relación.

Pero será como revolcarse en una cama de clavos: por todos lados le aparecerán espinitas y dolores aún no superados. Es incapaz de confiar en su nueva pareja, por muy bienintencionado y paciente que él pueda ser. Sí, fíjate que el otro saco de huevas también era bienintencionado y paciente al principio, y mira cómo me dejó, parece querer decirle. Quien se meta con una Falsa Recuperada y la quiera en serio se las verá complicadas, porque a) no tuvo cómo detectarla al principio, b) tendrá que pagar platos rotos ajenos por un tiempo y c) esa etapa de la relación se verá marcada, de una u otra forma, por la sombra del tipo anterior.

No hay receta para estos casos, pero si se ve en uno de ellos y la cosa se pone color de hormiga, lo mejor es que usté tome una gentil distancia, sin arrancarse del todo, y permita que la lolita sola termine de ordenar su caldo de cabeza. Si todo sale bien, ella volverá por su cuenta. Si no vuelve, usté puede pasar de la distancia “gentil” a “chaíto no más”, por su propia salud mental.

Indicada para…

¿Hay realmente alguien para quien la Despechada sea recomendable? Por ser un estado transitorio, sólo podría interesarle a un engrupidor, que ande buscando un blanco fácil. Usualmente este tipo estará más que habituado al modus operandi de prometer pelotudeces, regalar la luna y dedicar un par de baladas. Pero si usté no es de andar comprando ramos de flores y globos de corazones sólo para tener un poquito de sexo, no desespere: algunas Despechadas más mayorcitas (recién divorciadas et al) pueden resultar buenas compañeras para aventurillas pasajeras, dado que su fase eufórica suele incluir en el menú el “volverse loca y darse gustitos” en lugar de evadir todo lo que tenga pene.

Próximo episodio: La Moderna.

Shao.

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Éste es el tercer espécimen del Catálogo de Mujeres v/s Hombres. Para una explicación del Catálogo y para ver otros ejemplares, consulte el primer post de esta serie.

La Conservadora (“mmm, no, prefiero que no”)

Si usté pololea con una Conservadora probablemente ya se dio cuenta hace ratito, porque de tanto que le han tramitado el sexo, usté anda por la vida punteándose a los jabones y a las patas de las mesas. Ella, por su parte, demuestra una capacidad de autocontrol impresionante; incluso pareciera disfrutar más el acto de controlarse que el de calentarse.

Y claro, cabe la pregunta: ¿realmente será esta chica una gozadora del sexo que sólo se controla por motivos morales/personales? ¿Se la imagina usté súbitamente desatada y libidinosa la noche de bodas, como nunca la vio antes en los años previos? ¿No será más bien que después de casarse ella seguirá siendo la misma pasiva de siempre, por la sencilla razón de que no-le-gus-ta-el-se-xo?

La Conservadora se refugia en las tradiciones para esconder el miedo que en el fondo le tiene a los hombres. Eso de “virgen hasta el matrimonio” y de “sexo sólo para procrear” le sienta de maravillas, porque son las justificaciones sociales perfectas para reducir la cuota de sexo al mínimo y de paso para hacer sentir sutilmente mal a su macho si es que éste se muestra demasiado caliente.

Los conservadores, sean políticos o morales, siempre tienen algo que los hace sentir amenazados y que se sienten llamados a proteger. Su vector es el miedo, el cual disfrazan intentando centrarse en lo positivo. Por eso lo de “conservar”: se sienten amenazados por los gays, entonces “conservemos la familia”; se sienten amenazados por los extranjeros, entonces “conservemos la patria y la identidad nacional”; los amenaza el aborto, entonces “conservemos la vida”. Y la Conservadora se siente amenazada por el hombre y su inquisitivo falo, así que “conservemos la honra y la dignidad femenina”. Pero lo dice callada, para sus adentros; lo dicen sus actos. Difícilmente enarbolará una bandera que cada vez se ve más añeja.

Y bueno, si la amenazan tanto los hombres, ¿por qué mejor no se queda solterona cuidando gatos?, se preguntará usté. Porque la soltería eterna también es una amenaza; es el símbolo de su fracaso como mujer, tal como sucede con la Machista. La Conservadora sabe que debe cumplir con la tradición, casarse y tener hijos; pero se venga usando la misma tradición para tender una cortina entre ella y el tipo que le tocó de marido. El incauto piensa que todas esas promesas de sexo feliz y placentero (porque con frecuencia la Conservadora es guapa) que le fueron negadas o mezquinamente dadas en la etapa de noviazgo le serán cumplidas con anillo en dedo, pero no: tras una (literalmente) corta luna de miel, las cosas volverán a su escasez habitual.

La Conservadora se distrae y distrae a su acosador marido preocupándose de la casa, de la pega o de sus proyectos, dependiendo de su aspiración profesional. La Conservadora, a diferencia de la Machista, no cree que necesariamente su rol esté en la casa; es más, muchas veces son emprendedoras, independientes y jugadas por sus ideales. Muchas son muy exitosas y son respetadas y admiradas por lo que hacen. Usté encontrará conservadoras en la política, en las ciencias, en la docencia, en los negocios. Toda esta abocación casi misionera a su labor le sirve también para mantener su vida aún más lejos, por supuesto, del sexo.

Variante: La Conservadora-Liberal

¿Ya se fijó que no hay ninguna Liberal en el Catálogo? Pues échele la culpa a la Conservadora-Liberal. Porque una cosa es decir y otra es hacer. La Conservadora-Liberal, en apariencia, parece muy comprometida con los derechos sexuales y reproductivos: a favor del matrimonio y la adopción gay, a favor del aborto, divorcio, píldora, a favor de que no se juzgue a las mujeres que se toman el sexo más a la ligera, etc.

Su posición puede manifestarse desde una tímida aprobación hasta una militancia ferviente, pero anda a tratar de bajarle los pantalones: hasta ahí le llega la liberalidad. Es el caso de muchas minas jóvenes, en especial las hipsters, porque apoyar a lo liberal es cool, hasta que le toca serlo a ella misma.

Nunca oirás a la Conservadora-Liberal haciendo algún tipo de comentario retrógrado; ella tiene una forma de pensar moderna, y en la mayoría de los casos ella de verdad piensa así y no es pose. Pero ningún aperturismo y relajo moral va a venir a cambiarle su terror a estas cosas, así que se busca parejas más pensantes que calientes, intelectuales desconectados de sus órganos sexuales, cerebritos que hace años que no se miran el cuerpo en el espejo. Mientras menos la busquen y la molesten, mejor. Incluso se puede llegar a enamorar de ese amigo gay que la entiende y la comprende tanto a la vez que no le toca un pelo: la mezcla le suena perfecta.

Indicada para…

Indicada para hombres con poca afición al sexo, ya sea por miedos, no querer sentirse presionados o porque no le gusta no más: la Conservadora será un oasis de paz y compañía. La Conservadora es leal —tal vez porque sabe que mantener a una pareja feliz con dosis escasas de sexo es complicado—, así que en esos raros casos en los que dos seres semi-asexuados se juntan, les irá increíble. Si para usté eso de follar no es la gran cosa y prefiere una compañera con la cual compartir sueños, ambiciones y etcéteras, adelante (porque si le digo que no son excluyentes y que puede compartir todo eso y al mismo tiempo tener un sexo galáctico, probablemente no le importará tampoco).

Incluso, con el pasar de los años, la Conservadora se llega a sentir lo suficientemente cómoda con su pareja como para destrabar un poco más su vida sexual, en especial llegados los treinta y tantos, edad donde las minas dejan de preocuparse de weás y se les sueltan las trenzas. Aún así, Señor Pareja de Conservadora que Aguanta y Aguanta Esperando el Destape, no se engañe: la lolita no se transformará en esa loba sexual que usté secretamente sueña, jamás. La criaron parca y morirá parca. Lo notará hasta en los besos. Dése con una piedra en el pecho si con el tiempo ella llega a descubrir que los orgasmos nunca le estuvieron vedados.

Próximo episodio: La Paulina Rubio (AKA La Despechada).

Shao.

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Éste es el segundo espécimen del Catálogo de Mujeres v/s Hombres. Para una explicación del Catálogo y para ver otros ejemplares, consulte el primer post de esta serie.

La Machista (“A nosotras es otro el papel que nos corresponde”)

Mujeres machistas abundan por estos lares. ¿Ve a ese machista ahí sentado, refunfuñando porque su señora no le sirvió el choclo afuera de la cazuela como a él le gusta? Pues él tuvo una mamá machista que nunca le dejó servir los platos, lo obligaba a sentarse en la mesa a esperar y le ponía el choclito afuera de la cazuela. ¿Ve a ese otro, arrancándose a ver fútbol o dormir siesta a la hora de lavar la loza? Él también tuvo una mamá machista, que llamaba a las hermanas a lavar los platos, mientras los campeoncitos de la familia tenían chipe libre para tirarse a la piscina. ¿Ve a ese otro que no entiende para qué ella tendría que trabajar, si él le pasa toda la plata que necesite? Podría seguir, porque donde usté vea resabios de machismo, siempre recuerde: la crianza machista se hace de a dos.

Y es aquí donde quiero volver a la figura de la mujer Machista: a diferencia de la Sumisa, donde la relación de dominación está marcada por el carácter, acá el rol superior del hombre está dado per se, es un tema cultural y de crianza.

El marido puede ser un pánfilo con menos bolas que un Ken, pero si hace su pega de varón, la esposa le reconocerá su sitial superior, por muy dominante, cabrona y Quintrala que ella pueda ser. Es más: a veces el tipo ni tan machista es, pero llega su esposa, lo echa a patadas de la cocina, lo hace sentarse, le pone el pañito de cocina para que no babee y le trae la cazuelita con el choclo afuera, y él ¿se va a rebelar? Las pelotas: le gustó este soft machismo y se deja atender.

Y donde usté vea machismo, muy probablemente verá también trazas religiosas: desde ese pasaje bíblico (que hoy pone tan incómodos a los curas) que dice “que las mujeres se callen en las asambleas”, pasando por esa imagen virginal y pasiva de una María que siempre estaba calladita, con la cabecita ladeada, orando al cielo sin decir pío, hasta la agrupación de mujeres más machista de todos los tiempos, que son las monjas, y su batería de explicaciones para justificar por qué los hombres pueden estar llamados a ser sacerdotes, hablar fuerte, tener autoridad y guiar las ceremonias, y en cambio a las mujeres sólo les toca encerrarse a rezar en un convento con la cabecita ladeada.

Y a la joven Machista en formación le taladran la cabeza con todo esto y con las cantinelas relacionadas: que eso no es de señoritas, que usté tiene que buscarse un buen marido mijita, que pucha que ha pasado tiempo y usté sin pololo, todas las tías andan preocupadas, que usté no ande correteando con los niños por ahí como las cabras guachas, que cómo es eso de que quiere vivir sola mijita, usté se va de esta casa con marido. Su panorama de realización personal se convertirá, entonces, en ser la esposa ideal y conseguir al mejor esposo. Y por eso a los 24 andan con el vestido de novia en la cartera a la caza de un buen prospecto, a los 26 tienen más matrimonios que carretes normales y a los 28 compiten en número y apoteosis de baby showers.

Y la Machista convierte su casa en su feudo, especialmente si el marido le toca viajero, cosa muy usual en este espécimen, ya sea por trabajo o porque tiene sus “capillitas” por ahí para desahogar sus pasiones. Se siente como llamada (ella dirá, pastoralmente, “vocación” y “consagrarse”) a que su hogar sea una maravilla. El hogar es el símbolo de su éxito o su fracaso como mujer, y por eso a cierta edad, pasados los baby showers, empiezan a competir por ser la mejor anfitriona, tener la casa decorada con mejor gusto, ofrecer las cenas más esmeradas, ojalá haya estado frotando pollos con ajo desde las ocho de la mañana. Estas cosas son, por decirlo así, el equivalente a su examen de grado, su ceremonia de titulación y su primer contrato. Pero en la casa.

Y ella feliz. No se lo cuestiona. No es de señoritas cuestionarse.

Variante: La Neo-Machista

Suficientemente cubierta en este artículo (y que conste que el término nació acá). Sólo diré que la Neo-Machista es un poco más estratégica en su elección: más que una crianza machista, el punto es que ella constató, con sus propios ojos, lo conveniente que es ser machista: Marido feliz y complaciente (como ya dijimos, la Machista no busca ser dominada), todas sus necesidades cubiertas, tiempo libre para jardinear, hacer cerámica en frío e ir al gimnasio, etc.

La Neo-Machista deja que el macho se sienta macho y le celebra todas sus manifestaciones de fuerza y dominio. Sabe muy bien cómo hacer a un hombre feliz y lo usa en su favor. Vamos, que a veces sí es un poquitín Zorra.

Indicada Para…

Búsquese una Machista si usté es un tipo machista, pero soft, no a la mexicana con veintiséis amantes, violencia y balazos al aire. Si usté es un tipo cordial, amigote de sus amigotes, y tiene estabilidad para ofrecer y al mismo tiempo quiere un matrimonio para toda la vida, como prescribe el catecismo, tate. Le conviene también si usté es un tipo tradicionalmente exitoso, el orgullo de los papás, y quiere una mina que reverencie aquello y que se haga la huevona con las canitas al aire e incluso le tolere tácitamente tener un par de sucursales mientras ella reciba los honores de casa matriz.

Porque en general la Machista es experta en hacerse la huevona con todas esas cosas que para otras son causal de divorcio; el estar casada es, como dijimos, parte de su profesión, y divorciarse sería como que le quitaran el título y la expulsaran del colegiato. Mucha deshonra. Eso no es de señoritas.

Shao.

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