Catálogo de Celosas

Aquí analizamos los tipos de mujeres celosas, según cómo reaccionan frente a los celos que pueden sentir por un hombre. Y ojo: TODAS son Celosas! Que no le vengan con cuentos.

Iguols

Éste es el octavo y último espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Chillidos.

La mina chillaba, cual chancho en matadero, a la salida de un pasaje. El tipo intentaba hacer oír sus explicaciones entremedio de los gritos, y pensaba dos cosas a la vez: 1) conchesumadre, qué plancha, por favor que no sapeen los vecinos, y 2) por la puta, no me escucha, y si le grito, va a pensar que la estoy agrediendo verbalmente y más escándalo va a hacer.

Él trataba de tomarla por los brazos, como para intentar contenerla y ojalá, tras unas horas de drama, poder abrazarla; pero ella se tiraba al suelo de la vereda e intentaba sacar las llaves de su auto, mientras le gritaba, llorando, eres un maricón, yo pensé que lo nuestro era en serio, yo sabía que esto iba a terminar pasando.

Yo, personalmente, la entiendo. Para una pendeja mimada de 21 años, cuyos padres jamás tuvieron la sacrílega idea de discutirle o negarle algo, que el pololo le diga mi amor, lo siento pero por primera vez mañana no te puedo ver, tengo mucha pega que hacer debe ser una weá intolerable.

Historia verídica, por supuesto.

Con ustedes, la Weona Loca: el eslabón perdido de las Celosas.
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Éste es el séptimo espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

La Mafiosa (“…JA! Así te quería pillar, chuchetumadre!”)

Si te estás portando bien, probablemente aún no te enteras de que la chica que lee este post contigo a tu lado mientras te da besitos en el cuello (para que te calientes y no sigas leyendo) es una Mafiosa. Y eso se debe sencillamente a que ella, como buena Mafiosa, te tratará con cariño e incluso protección mientras te mantengas pagando tu cuota.

De hecho, ni siquiera parecerá muy celosa. Tal vez un pellizco en el brazo si te quedaste pegado mirando un par de tetas paseando por el mall, un refunfuño adorable si hablas de lo guapa que es tal actriz, tonteras así. Pasables.

El problema es si te estás portando realmente mal, cabrito. Muy probablemente, ella ya lo sepa: la Mafiosa es inteligente, y de hecho, es más inteligente que tú. Con toda seguridad. La Mafiosa no se va a buscar un weón más vivo que ella.

Cara de póker

La Mafiosa no se va a manchar las manos con sangre innecesariamente. No va a soltar los rottweilers sin pruebas. Así que mientras eso no suceda, tendrás a tu lado a una adorable criaturita. Tal vez incluso exacerbe su cara de flan, con tal de que te sientas confiado y hagas sin miedo esas dulces maldades: empezar a mensajearte de nuevo con esa ex en Facebook, quedarte pegado conversando con esa prima rica de tu amigo en un carrete, abrazar a la potona rica del carrete un poco más de la cuenta en la foto grupal. ¿Y a ella? que la registren. No está ni ahí.

Tú, confiado como cualquier baboso cuando le dan alas, tal vez efectivamente te veas arrastrado a cagártela. La monotonía de pareja, esas salidas solo, copete, joteos en exceso… y vamos con su besito loco, su recaída con la ex, una mina anónima que te dejó su teléfono antes de irse, la posibilidad de repetir la hazaña y los llamaditos a escondidas.

Pero por mientras, la Mafiosa ya está moviendo sus sutiles redes:

  • Ya te sapeó el facebook
  • Te instaló un programita para espiarte el PC o robarte las contraseñas y así meterse a tu mail (o si eres bastante bobo, se las diste tú)
  • Revisó tu historial de chats
  • Te revisó el celular y anotó todo número sospechoso. Misma cosa con el detalle de las cuentas de celular
  • Te siguió en auto o taxi mientras salías solo
  • Te revisó las boletas buscando compras raras y la camisa buscando olores a perfume
  • Cuando llegaste por la tarde, te olió el pelo para ver si andas con olor a champú
  • Se las arregla para tener a alguien que te sapee mientras ella va al baño en un pub
  • O, derechamente, contrató detectives privados.

No subestimes a una Mafiosa. Son sumamente difíciles de reconocer. Tendrías que ser inteligente, más inteligente que ella. Pero no lo eres, si no, no estaría contigo. Así que cagaste.

Dolce vendetta, caro mio

La caza termina cuando la Mafiosa ha acumulado suficientes detalles de tu traición y está lista para asestarte el golpe de gracia sin temor a fallar. Es ahí, recién, cuando te das cuenta con quién chucha te metiste, y por supuesto, de lo estúpido que fuiste en habértela cagado. Esperará el mejor momento, dependiendo de su carácter y su capacidad financiera:

  • Sacar verdad por mentira. Vieja técnica: te empiezan a acusar de algo de lo que no están seguras, pero fingiendo tener las pruebas, cosa de que, por susto, termines reconociendo el hecho real; o, te confesarán algo falso, para que tú te sientas animado y en confianza a reconocerlo y confieses lo tuyo propio.
  • Mostrarte una prueba directamente. Por ejemplo, citar, como quien no quiere la cosa, el nombre de la patas negras, y mientras tú empiezas a sudar, ella va revelando más y más detalles; tirarte una frasecita directamente sacada de alguna conversación con tu amante, con el mismo efecto; mostrarte fotos, pantallazos del PC o peor, un video grabado con tu fechoría en acción.
  • Pillarte chanchito. Si se estudió tus rutinas y tus coartadas, le será fácil e irrumpirá en la escena del crimen. ¿Masoquista? Créeme que, si tuviera el valor, ella te pegaría ahí mismo un par de balazos, pero con gritarte la frase arriba mencionada le bastará. O, si es más sofisticada y te llega a pillar en un lugar público con tu amante, se sentará al ladito y les meterá conversa, con su mejor cara de nada, mientras tú y tu patas negras se cagan en sus respectivos pantalones.
  • Joderte hasta el infinito. Ya te quedó claro que la patá en la raja no te la saca nadie. Pero con una Mafiosa de las buenas, la cosa no termina ahí: se encargará de cagarte tus próximas citas, de pagarle a una amiga para que te engrupa y volver a humillarte in fraganti, de dejarte mensajes anónimos en la puerta de tu casa, o de llamar a tu polola actual para contarle con el weoncito que se está metiendo.

Bastante weoncito, en verdad. Disfrute esa cabeza de caballo.

Próximo episodio, se cierra este circo con la Histérica Weona Loca.

Shao.

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Éste es el sexto espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

Esto es súper personal: yo creo que en una pareja, por muy estable que sea, y de hecho con mayor razón si es estable, cada uno debiera tener un espacio sagrado e íntimo, donde el otro no pueda acceder. No me refiero —necesariamente— a mentir ni esconder cosas; pero sí tiene que haber un lugar privado donde cada uno se sienta en la libertad de tener fantasías, pasarse rollos, dudar, tener secretos inconfesables.

Es que es ahí donde se encierra la magia y el misterio que mantiene la chispa. Ahí sientes que tu pareja no te pertenece. Que no puedes darlo por asegurado hasta el fin de los tiempos.

Pero no, la gente déle con que quiere conocerle hasta el último pelo que le crece a la pareja, para ver si puede controlarla, para ver si puede predecirla. Para ver si puedo arreglármelas para hacer que no me deje jamás, parecen decir.

Y déle con querer saberse las claves del mail, del Facebook, del banco. Dejo fuera, obviamente, las veces donde es necesaria esa información por motivos prácticos (“mi amor, en mi mail tengo la combinación de la maleta para que saques un rollo de confort que tengo guardado ahí y me lo tires, porfa, la contraseña es gatito123456, apúrate, plis!“).

Y déle con querer saberse el historial de ex parejas, en orden cronológico, con información precisa sobre cuál culeaba más rico, cuál daba los mejores besos, de cuál se enamoró más, con cuál perdió la virginidad, con cuál preparaba panqueques con mermelada de alcayota. Tal parece que hay parejas que ponen casi como requisito compartir esta información, bajo la premisa de “no debiéramos tener nada que escondernos“.

Y claro, después se quejan de que su pareja los aburre, que sienten que no tiene nada nuevo que ofrecerles, que se acabó la magia y que la weá.

Ya. Los dejo con la Omnipresente.

La Omnipresente (“Ya y qué hiciste? Y hasta qué hora te quedaste? Y me echaste de menos?”)

La Omnipresente es la celosa cargosa, que polariza a sus parejas: o son tipos egocéntricos necesitados de atención 24/7, que felices aceptarán pololear con una especie de Gran Hermano con tetas, o son gente normal y la terminarán mandando a la chucha.

Algunas aprenden con el tiempo y la experiencia a moderarse; otras sencillamente no se la pueden con la angustia de asegurarse continuamente de que no se las estén cagando. Frente a la amenaza permanente de infidelidad —justificada o no—, la Omnipresente necesita estar ahí. Monitoreando. Siente que si se ausenta por un segundo, cagó.

Y así es como la Omnipresente busca todos sus medios a disposición para mantener al weoncito siempre vigilado:

  • Le revisa el mail y el Facebook cuando el infortunado va al baño
  • Busca mensajes raritos y llamadas de números desconocidos en el celular de él. Dependiendo de la mina, le preguntará o devolverá cara de raja el llamado.
  • Se hace muy amiga de sus amigos (y de sus amigas), trata de sacarles información y de hacerla calzar con las coartadas de él
  • Al igual que la Competitiva, lo acompaña a todas, lo va a buscar a la pega o a la U, se las arregla como sea para carretear siempre con él
  • Le celebra todo lo celebrable y le lamenta todo lo lamentable. Para cada cosa que le sucede al weoncito, ella está ahí, apoyando, marcando presencia. Es una Primera Dama de tomo y lomo.

La Omnipresente suele no tener mucha vida. Por la misma razón es que puede dedicarse a vivir la vida de su pololo. Y por la misma razón necesita monitorear al susodicho sin parar: siente que a la vuelta de la esquina, en el metro, en cualquier parte, hay una mina mejor que ella, con más vida, más cabrona, más canchera, lista para saltar al ruedo.

Una Omnipresente quiere una pareja sin misterios. Conocerlo al revés y al derecho es su garantía de confianza: sabe para dónde va, con quién se junta, en qué piensa. Es capaz de detectar cualquier cambio en su conducta; y si eso sucede, tendrá todas, TODAS las armas para refregarle en la cara eso que ella ya sabía, que siempre supo que ocurriría: que se la cagó, el muy conchesumadre.

Cosa que, cual profecía autocumplida, suele terminar sucediendo.

Próxima celosa: la Mafiosa.

Shao.

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Éste es el quinto espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

El otro día se me ocurrió saludar a un amigo con el que no hablaba hace tiempo por Facebook, y me topo con la sorpresita de que el compadre me había borrado! Justo lo tenía online en el chat, así que le pregunté… y me pidió disculpas: sucedía que la polola, al ver que “le posteaban muchas minas en el muro” obligó a mi amigo a cerrar su Facebook, y recién lo estaba re-abriendo y re-agregando gente.

“Sí, yo sé que es macabeo hacer eso”, reconoció.

Amigo, lo tenemos muy claro.

Con ustedes, La Bruja.

La Bruja (“Ah no, tú dejas de juntarte con esos tipos. No, es que encuentro que no te hacen bien, y aparte, andan todos solteros, y tú estás conmigo”)

La Bruja. No es la primera vez que salta al ruedo en este blog. Sospecho que muchas mujeres, si pudieran hacerlo sin sentir remordimientos o sin recibir una patá en la raja como respuesta, serían Brujas. La Bruja es envidiada, por ejemplo, por la Taimada, porque la Bruja logra con tranquilidad y clase lo que la Taimada a duras penas consigue con pucheros: mantener cortito a su hombre.

Pero claro, es que hay una notable diferencia entre la Bruja y la Taimada: la Bruja es dominante, la Taimada no lo es. La Bruja se busca de partida un weón sometido, un pollito, un ser de material fácilmente maleable, alguien con quien llevar a cabo una suerte de experimento social de modelado. A la Bruja le encantaría ser mamá, para crear un humanito a su pinta desde cero, pero como aún no quiere pasar por la guata, el parto y lo demás, empieza a practicar con el monigote de plasticina que más a la mano tenga.

Ustedes ya saben a quién me refiero.

La Bruja suele tener mucha personalidad, y suele creerse dueña de la razón. Sabe lo que es correcto para sí misma – un weón blandengue – y sabe lo que es correcto para ese weón blandengue – ella misma – . Por esta razón, desde tempranito comienza a administrar la vida del pololo (lea el respectivo post para más detalles). El pololo acepta feliz, dadas sus características: suele ser un pajero en cuanto a tomar decisiones y asumir riesgos, y por ende, le acomoda mucho más cederle el mando a alguien que parece saber tanto y que más encima parece quererlo tanto.

Los celos de la Bruja no son de inseguridad; son de territorialidad. Así como no le gusta que le usen su perfume, no le gusta que le miren su pololo. Es la clásica que dice “el es mío“, y el “mío” lo dice abriendo grandes los ojos y levantando las cejas con severidad.

A la hora de los celos, la Bruja toma una estrategia previsora: sabiéndose más celosa que la mierda, organiza todo de modo que al tipo le sea totalmente imposible sacarle celos. En carretes o reuniones sociales, o está sentada al lado del pololo, para detectar quién lo mira, o se sienta en el lado opuesto, para detectar dónde está mirando él. Otros métodos de control son:

  • Restringirle las salidas con amigos solteros, buenos para el weveo o que puedan incitarlo a emanciparse
  • Prohibirle las salidas a algún bar o local nocturno sin ella
  • Cortarle el contacto con ex-algo y con minas con las que alguna vez haya tenido ondita
  • Restringirle el contacto con amigas que no estén pololeando
  • Sacarlo a puras salidas entre parejas
  • Interrogarlo constantemente sobre sus actividades, buscando inconsistencias que pudieran delatar algún desliz
  • Pedirle la contraseña de su mail o Facebook (“yo te lo reviso y te aviso mi amor, dont worry”)
  • Restringirle la lectura de FAQWomen :)

Y sí, la Bruja puede revisar tu celular si tiene oportunidad de hacerlo.

¿Solución? NOT

¿Quiere saber cómo librarse de una bruja? Pateándola. ¿Y… realmente quiere patear a su brujita linda? Probablemente NO.

Como ya discutimos antes, la Bruja y el Sometido se necesitan mutuamente. El Sometido usualmente acepta feliz el control por parte de la Bruja, porque así se ahorra asumir responsabilidades, marcar límites y tomar decisiones sobre su vida.

Por eso es que la Bruja no hace escenitas de celos; levanta una pura ceja no más, y el Sometido acata.

A algunas les gusta eso.

Shao.

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Éste es el cuarto espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

A un amigo mío, su polola de aquel entonces amenazó con patearlo, luego de que él -estúpidamente- le confesara que de vez en cuando seguía viendo porno (con la correspondiente paja de rigor, nadie anda viendo porno para quedar acumulado). Por supuesto, ella, después de dejar que el baboso se sintiera culpable e implorara perdón durante un ratito, revocó su amenaza. Y él, claro, siguió viendo porno, sólo que esta vez no le volvió a contar. :D

Efectividad: cero.

Señoras y señores, los dejo con la Taimada.

La Taimada (“Ay no, si no me pasa nada. No, si de verdad nada, córtala. Puta sí, es que me EMPELOTA que sigai hablando con tu ex!”)

La Taimada debe ser el tipo de Celosa más común. Es que taimarse es la reacción más básica: por ejemplo, la Digna requirió mucha madurez y reflexión, o una crianza ad-hoc; la Falsa-Relajada requiere frialdad y masoquismo; la Competitiva requiere esfuerzo y perfeccionismo constantes (las demás Celosas las dejaremos en suspenso). En cambio la Taimada se taima no más, y qué tanta weá. Por decirlo así, es la pajera emocional del Catálogo.

Se enoja, y se siente justificada en su enojo. Para ella, enojarse es la consecuencia inevitable de sentir celos. Lo que nunca se cuestiona, desde luego, es por qué tuvo que sentir celos en primer lugar.

Le Da Color

Probablemente, la Taimada sea la mujer que encontrará más excusas para ponerse celosa. Su especialidad son “las otras”, sean reales o imaginadas. Quizá no intente llenar todos los espacios como la Competitiva, pero anda a ponerle otra mina al ruedo, y arderá. Aparte de las razones más esperables, como la infidelidad, podemos mencionar:

  • Que menciones públicamente a una ex-algo en presencia de ella
  • Que insinúes cualquier referencia a haberte agarrado o follado a otra mina en el pasado
  • Que te encuentres con una mina estando con ella, y que la mina resulte ser una ex-algo
  • Que insinúes tener fantasías o sueños eróticos con alguna ex o amiga
  • Que, a pesar de estar pololeando, aún te corras la paja o veas porno
  • Que pinches o parezca que pinchaste con otra mina (quizá le encontraste cara conocida y por eso la miraste)
  • Que mires tetas, poto o piernas de cualquier mujer, sea real, hecha en 3D, un afiche o un maniquí
  • Que demuestres algún tipo de gusto por la mina rica que sale en la peli (la Taimada es la típica que te tapará los ojos “en broma” cuando la mina rica se empelota)
  • Que una ex o amiga-no-aprobada te escriba en tu muro, te mande un mail, te etiquete en una foto o te invite a su cumpleaños
  • De hecho… que tengas a esa ex todavía en Facebook, MSN o Twitter

Represalias

La primera represalia de la Taimada es taimarse, como imaginarán. Ley del hielo, súbita cara de idiotez, rechazo a los cariños o al sexo, abandono repentino del carrete (“Me voy. Sí, me voy. ¿Que cómo me voy? No sé, en radiotaxi. ¿Que no tengo plata? En mi casa mi mamá paga. Sí, me voy a MI casa.“).

La Taimada no posee mucha estrategia, a diferencia de otras Celosas. De hecho, se taima el doble: contra ti por ocasionarle celos, y contra ella misma por taimarse, porque sabe que su taimadura la coloca en una posición sumamente desventajosa. Usualmente su único recurso disponible es mantener el enojo el tiempo suficiente como para que tú alcances a urgirte.

Sin embargo, su taimadura tiene precio. Hay dos maneras de quitársela:

  1. Dándole en el gusto. Usualmente esto implica algún acto de reparación: pedirle perdón, prometerle que nunca más, borrar a la ex de Facebook frente a su atenta mirada, decirle que ella es la única, etc. Para haber llegado a este punto, primero te habrá hecho sentir sumamente culpable, y te tendrá en las cuerdas por un rato, para asegurarse de que no volverá a suceder. eres el responsable de haberla hecho sentir su santa cólera.
  2. Demostrándole que con sus taimaduras no va a llegar a ningún lado. Usualmente hay dos estilos de hacer esto: ignorándola, o burlándote de su enojo y luego ignorándola. Con “ignorarla” me refiero a ignorar sus mañas: a) comportándote de modo normal, hasta que la fuerza de la normalidad haga que se le pase la maña (haciéndole ver de este modo su pendejería), o b) ingnorándola a ella por completo hasta que agache el moño y regrese, dándole a entender que es ella quien pierde poniéndose mañosa.

ADVERTENCIA: Si usté partió dándole en el gusto a sus taimaduras y de repente, después de leer este venenoso pasquín, decide cambiar de estrategia, afírmese: le harán un escándalo de proporciones, y tendrá que aguantarlo no más. Por weón.

Como pueden imaginar, cada manera de reaccionar corresponde a un tipo muy específico de weón, así que usté elige quién quiere ser en esta película.

Próximo capítulo, La Bruja.

Shao.

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