FAQ Articles

Las estrellas fugaces están a la orden del día.

Las estrellas fugaces a veces no son tan fugaces.

Las estrellas fugaces a veces no necesitan que les pidan deseos. Menos que sean secretos.

Las estrellas fugaces.

Y a veces, las estrellas fugaces, se quedan y te dan todo lo que le pediste a las que no se quedaron.

 

5 comentarios. Deja el tuyo»

En mi exilio autoimpuesto, me dediqué a otros proyectos. Entre ellos, uno que tiene que ver con películas. Es que es cómodo echarle la culpa de mis problemas a la cultura pop. Posteo acá una adaptación del prólogo porque la idea no es promocionar el otro sitio, sino que, como también tiene que ver con mujeres, relaciones y todas esas cosas (classic Richi), la reflexión puede tener cabida aquí. A ver si les hace sentido.

——-

Partamos con un poco de honestidad: Seguir soltero mientras todo mi círculo se casa, hace aflorar la neurosis de la pichanga escuelera. Es revivir el proceso de ver como van eligiendo gente mientras uno espera recibir el Llamado™. Al principio estás tranquilo, haces como que no te importa. Hasta te das el lujo de decir “Bien, a Manríquez yo también lo habría elegido primero“. La cosa sigue avanzando: se casan Mondaca, Jorquera, el guatón Marambio. Y ahí ya te empiezas a poner nervioso, porque cada vez van quedando menos. Y en eso te llega el parte para el matrimonio de (por decir un nombre) Aguirre. Y ahí todo el zen se va a la mierda: “¿Aguirre? ¿AGUIRRE? ¿ME ESTAI’ HUEVEANDO?

Y ojo que este no es uno de esos posts tipo “Boo-hoo, nadie me pesca” (esos vienen más adelante). Pero esa situación levanta la pregunta de rigor: ¿Por qué yo aún no? Aunque tengo una teoría al respecto (ver Imagen 1):

Esa es la respuesta rápida

Imagen 1: Por qué estoy soltero, hipótesis

Hago la referencia a High Fidelity porque esta reflexión también parte desde un quiebre sentimental. O porque de todos los estereotipos de héroe romántico, me siento identificado con el boy-next-door-perno-pero-cool tipo Cusack (aunque, en honor a la verdad, me parezco más a este tipo). Y por último porque, como Rob Gordon, también quiero saber qué es lo que hago para hace que me vaya mal en esto de las relaciones, a pesar de que llevo años aplicando la ecuación que me enseñaron estas películas:

  1. Chico conoce chica
  2. ???
  3. Final feliz

Claro que lo que Nora Ephron and friends olvidan mencionar en todas sus películas es que dentro de “???” caben una gama de situaciones con las que no se puede lidiar a punta de Peter Gabriel. Y eso es lo que más me gusta de High Fidelity. Que te enseña que las cosas siempre se pueden arreglar. A pesar de los quiebres, las infidelidades, los abortos, las deudas o que, Dios no lo permita, no nos guste la misma música. Gordon dice en la película que los padres deberían preocuparse por las letras llenas de sufrimiento y corazones rotos.

Yo opino que igual de preocupante, es que a punta de películas dejen madurar en mentes débiles como la mía un optimismo mal entendido. Puede que para ustedes cayera de cajón, pero yo me tomé mi tiempo en entender que una relación no funciona gracias al pensamiento positivo, si no en base al esfuerzo y el compromiso de ambas partes. Y durante mucho tiempo pensé que, en lo que se refiere a relaciones, mientras pusiera de mi parte, obvio que iba a resultar. Tenía que resultar. Pero no resulta. Entonces lo intentaba un poco más. Y seguía sin funcionar. Me demoré un poco, pero ya entendí que eso no es ser romántico. Es ser un mal perdedor y un poco idiota. Sea cual sea la razón por la que alguien decide no continuar (o empezar) una relación, es fruto de la voluntad de esa persona. Y uno no debe intentar doblegar esa voluntad, ni siquiera con el mejor mixtape de la vida.

Claro que eso del mixtape lo aprendí de uno de los peores vicios de las películas románticas: El gran gesto romántico. Pero eso es material para otro post.

Saludos

17 comentarios. Deja el tuyo»

Este blog nació y creció como una manera de entender a las mujeres. O lo femenino. E inevitablemente al escribir entendimos cosas, y como buenos hombres que somos, pensamos que ese conocimiento podría ser transmitido o dejado como legado, para que otros no se pegaran nuestros porrazos, o para que se peguen los porrazos que sí valen la pena. Y eso de por sí presupone algo sumamente arrogante: que nos quedamos con cosas que al menos a nosotros nos podrían servir para más adelante.

Pero es imposible. Casi 5 años más tarde, de lo único que he aprendido ha sido de mí mismo. Las musas —reales o ficticias— que inspiraron los artículos ya se desvanecieron hace rato. Catalogar y clasificar ha sido divertidamente inútil: hemos sido bibliotecarios de la nada. Y no es que sea problema nuestro solamente. Es que estamos metidos en un mundo demasiado impaciente, donde todo necesita ser un crash course. Vivir para dummies. Agarrarse minas para dummies. Salir de la friendzone para dummies. Necesitamos consejos de seducción para distraernos y así no agarrar una metralleta e ir a matar a las minas que nos rechazaron y sentirnos machos alfa por fracciones de segundo antes de rechazarnos a nosotros mismos de un balazo.

En el fondo, estamos cagados de susto. Tenemos miedo a volcarnos, así que vamos a clases y seminarios sobre cómo volcarnos. Y eso nos hace sentir bien y podemos volver a casa a ver las noticias de las 9 sin culpa. Por eso la gente toma cursos de emprendimiento, y cursos para seducir minas, y cursos de liderazgo y oratoria, y magísters y diplomados. Y luego comparten en redes sociales frases memorizadas, como testimonio de que las capacitaciones hicieron efecto.

Estoy desencantado de la academia en general, y de la gente buena para decirle a otros qué hacer en particular. Y de la gente que espera aprender cosas sentada y con la boca cerrada.

Finalmente, “comprender a las mujeres” o “comprender lo femenino” no son más que masturbaciones mentales. Tal como “comprender a los hombres” o a “lo masculino”, por cierto. He llegado a encontrarme con las mujeres y con las personas con las que ha sido importante encontrarme. Y comprender no ha entrado mucho en la ecuación. Ni en los orgasmos, ni en las peleas, ni en el amor, ni en el desamor, ni siquiera para tomar las decisiones correctas. De hecho, las decisiones correctas (como empezar a colaborar en este blog) siempre partieron sintiéndose un poco estúpidas y tiradas de las mechas.

Pero por alguna razón genética-evolucionaria-metafísica que desconozco, ahí está escondido todo lo que vale la pena. No en este post, por cierto. Ni en nada que venga ya envasado, aunque sea un puré de tomate 100% natural, o los inspiradores relatos de gente que se atrevió a cosas a las que usté no.

Éste es intencionalmente un feel-bad post. Si lo que quería era un feel-good post, disculpe, aquí tiene uno.

Shao.

PD: y ahora lea este comentario.

27 comentarios. Deja el tuyo»

Después de 4 años, el año pasado me volvió a tocar el día de los enamorados solo. Para mi suerte mis amigotes más cercanos estaban en las mismas, así que decidimos tomarnos unas cervezas por ahí. Invariablemente los locales rebosaban de parejas de todo tipo, y para gracia nuestra, también estaba lleno de mesas de solteras, como si este día fuese un purgatorio de relaciones pasadas (o simplemente la madurez de saber que ser soltero ya no es un estigma).

Entre cerveza y cerveza y algo de coqueteo con las mesas de solteras, no pude evitar verme reflejado en los rostros de la otrora condición de pareja en la que alguna vez me encontré; vi el empaquetamiento de esta celebración y no pocas caras de incomodidad, y me pregunté: ¿en realidad ésta era una fecha que esperaba con ansias cuando estaba en pareja, o era un simple protocolo por cumplir?

Lo primero que hice fue descartar el tema sentimental; simplemente analicé la tradición, las exigencias y las consecuencias de este día, descartando el plano amoroso que supondremos óptimo para todo caso. Y es que, en general, el día de los enamorados está cuidadosamente planeado para que ellas sean las festejadas, y no el amor en sí.

Entonces me pregunté: ¿Cuáles son las cosas que nos hacen doler los cocos?

La fecha

El primero de los dolores de esta fecha es que es —valga la redundancia— una fecha, y los hombres cual broma diabólica somos pésimos para recordarlas, en general. Por centurias hemos luchado contra el olvido y hemos inventado aparatos para ayudarnos; pero siendo realistas, en realidad no luchamos contra el olvido, sino contra las consecuencias de éste: para qué andamos con cosas, si se nos olvida el natalicio de algún prócer dudo que nos corten el agua.

Desde que la mujer inventó la agricultura, tuvo obligatoriamente la necesidad de tener calendarios para la siembra y la cosecha, junto con el concepto abstracto del tiempo. Tanto lidiaron con esto que prácticamente quedo en su inconsciente colectivo, subyugando al hombre a adoptar horarios y conceptos de tiempo para los cuales no hemos sido entrenados.

Nota 1: Sí, señoritas, ustedes inventaron el concepto del tiempo, porque si le preguntan a un hombre cuánto le importa, la respuesta unánime es “Frankly, my dear, I don’t give a damn“.

El regalo

Es otro de los motivos que torturan al hombre: si en Navidad tenemos excusas de presupuesto y exceso de familiares a quienes regalar, en el día de los enamorados no existe excusa divina que pueda exculparnos de una mala decisión al momento de comprar. Así pues, en la mente del hombre básico como una piedra, existen dos alternativas:

  • Alternativa 1: Buscar ese regalo que ella tanto quiere pero que es dificilísimo de encontrar, le puede tomar meses porque existe sólo en un color que ella quiere y de un tipo de material específico; probablemente no sea caro, pero invertirá mucho tiempo en buscarlo. Lo que sí es que si lo encuentra le garantizo que el ratio de los blowjobs será considerablemente más alto.
  • Alternativa 2: En consecuencia del punto anterior, nuestra ineptitud con las fechas nos llevará a olvidar el regalo hasta último minuto, donde para evitar el hecho de que no nos preocupamos, optamos por el regalo caro que no necesariamente le gustará (la boleta de cambio es un buen resguardo). Mientras, nosotros somos felices conformándonos con el paquete de 5 prestobarbas o la versión pirateada del PES.

Nota 2: Esto no significa que no nos guste regalar cosas, ya que como somos más impulsivos, generalmente llegamos con regalos del momento que nos tincó y en fechas sin importancia; tampoco significa que no nos preocupemos, como demuestra el hecho de que en muchos casos somos casi sus ingenieros informáticos personales y ayudantes de la U, entre otras cosas.

La cena

No es un problema per se: nos gusta comer, y honestamente nos encanta que ellas coman menos que nosotros (así comemos por dos); el problema es que vamos a comer a lugares repletos, y si no llegaste temprano quedas prácticamente en la cocina, sin considerar la cantidad de tiempo que hay que esperar. Cocinar en casa es buena alternativa, pero con el escaso tiempo que se cuenta hoy en día, a menos que sea fin de semana, dudo que se pueda hacer mucho.

El estrés

La verdad es que este día en particular es estresante: sabemos que las mujeres son especiales a la hora de evaluar el amor o el romanticismo, no lo ven igual que nosotros y lo sabemos. Este día es representativo de como la mujer percibe el amor; por lo tanto, debemos hacerlo bien para que ella entienda de una vez por todas (hasta el otro día al menos) que las amamos y que luego de eso no será necesario preguntarlo tantas veces.

Porque sería genial que ellas consideraran como un acto de romanticismo extremo el ir a buscarlas a las 4 de la mañana donde las compañeras porque estaban haciendo una maqueta para la U —y eso no lo haces ni con tu mejor amigo—; y que se dieran cuenta que el hecho de instalarles programas, aprender a usarlos y enseñárselos es el acto máximo del amor que existe; y también que mamarte esa chorrera de canciones románticas y películas mamonas es un acto de valía que no debe ser despreciado. Pero no, ellas son especiales, tienen otros parámetros para medir el amor, quizá son los correctos y nosotros somos quienes tenemos los equivocados… quién sabe.

Conclusión

Entonces, el hombre debe entrar al mundo del amor como lo ven las mujeres, no es un acto de fluencia; sin embargo, en defensa de todas las hembras del planeta, vale la pena celebrarles un día en un mundo creado por lo demás a la medida de los hombres.

Porque más que el regalo, una fecha o una cena, es el viaje a lo más profundo de la psiquis femenina lo que más nos incomoda del 14 de febrero, y la mayoría acepta tomar ese viaje porque ama a su pareja; así que al llegar al hogar, si su hombre cumplió o al menos intentó de verdad realizar todas las escalas de este viaje, un buen y merecido polvo es el acto recíproco por antonomasia.

Atte.

David

22 comentarios. Deja el tuyo»

bb

La metáfora perfecta: Bryan Cranston disfrazado de su propio personaje.

Se hace difícil conocernos en estas épocas donde todos somos nuestro propio asesor de imagen. La capacidad de editar lo que decimos antes (y después) de decirlo nos cagó la vida: antes tolerábamos los tartamudeos, las vacilaciones, las pausas, las frases torpes, porque come on, no todos nacimos para comunicadores audiovisuales o animadores de kermesses, a Dios gracias. Tú me aceptas mis pifias, yo te acepto las tuyas.

Pero ahora podemos corregir nuestra ortografía, pensar tres veces lo que vamos a decir, copiarle la conversación al amigo para que opine e incluso googlear una frase inteligente antes de responder. Tenemos manuales y libros para decir la cosa correcta en el momento preciso. Podemos photoshopear las cicatrices y salvar nuestra ignorancia con un par de visitas a Wikipedia. Nuestros videos duran seis segundos y no nos alcanzan a mostrar poniéndonos nerviosos o quedándonos en blanco. Y todos esos arreglines nos esconden tras la versión idealizada de nosotros mismos. Todos parecemos ser sensuales, chispeantes, cultos y onderos, mostrando nuestro mejor ángulo.

Deformamos nuestro nombre y nos ponemos apodos absurdos, para escapar de la normalidad de llamarnos Marcelo, Anita, Sergio. O nos ponemos de avatar un personaje, una caricatura, una foto random, que finalmente no es ni más auténtica ni más falsa que una foto de nosotros, escogida, retocada y encuadrada. Nos estamos conviertiendo en una suerte de fanpage, una colección de platos de comida, playlists y hábitos a la cual se le puede enviar publicidad personalizada, o enviar a la cárcel por sospechas terroristas.

Interactuar se parece cada vez más a un beso seco entre dos máscaras, un intercambio de clichés y jajajás que nos resultan demasiado cómodos y seguros. Somos la versión chatbot, el Siri de nosotros mismos: no conversamos nosotros, sino que conversan nuestros perfiles. Y si nos pasa algo y morimos, nuestras aplicaciones siguen posteando en nuestro nombre, manteniéndonos online como zombies, dejando grotescamente en evidencia lo fácil que es fingir vida digital.

¿Cagamos?

Tal vez no. Pero desenterrar la humanidad, a estas alturas, requiere valentía. Tal vez el tontito que DESPOTRICA EN MAYÚSCULAS en Twitter a los tres followers que aún le quedan tenga un punto. O tal vez no, y lo suyo también es una pose ensayada, un experimento social, una cuenta parodia para la cual no tenemos el sarcasmo suficiente. ¿Cómo saberlo? Ése es el problema realmente: que no sabemos. Jugamos al gato y al ratón entre los cada vez más accesibles blogs de psicología y los cada vez más inaccesibles perfiles de la gente.

Por eso también este blog: para ver si aprendemos a adivinar la fragilidad de los demás entre los píxeles, porque a ratos pareciera que los demás están increíblemente bien y que los únicos que tenemos miedos y ansiedades somos nosotros.

Shao.

20 comentarios. Deja el tuyo»