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Miley-Cyrus-loca

Nos han estado vendiendo la idea de que, de alguna manera, las minas locas son algo deseable, o sexy, o al menos divertido (“te quiero libre, linda y loca”, anyone?). En este post planeo demostrarles lo contrario. Las minas que son genuinamente divertidas en realidad no están taaan locas, y las que son locas de verdad son un desastre emocional y, en serio, no lo pasará bien con ellas. Y tampoco es que todas tiren rico como dice el mito.

Desde luego, el término “loca” es un paraguas para un montón de personajes distintos, y si el lector no quiere volverse loco también, es necesario hacer un par de distinciones:

Las que en realidad no están locas, sino que les gusta (o les hacen) creer que lo son

Hay poser@s en todos los sabores posibles, y “loquilla” no es la excepción. A este tipo de chicas les gusta exacerbar gustos, estilos y preferencias no-convencionales (es decir, las que ni tu abuelita ni el arzobispo ni la UDI aprobarían): tatuajes, piercings, cabeza rapada, rock, cuero, marihuana, etcétera. Se sacan las típicas fotos “locas” saltando en el aire o sacando la lengua, o reproduciendo alguna otra foto de Miley Cyrus (que es el estandarte de las que se hacen las locas pero en realidad son sólo unas engreídas).

Mayormente inocuas. Sólo están siguiendo una moda. Es una chica que dice que le gusta el rock y por rock se refiere a los covers de One Direction. No pasa nada. Ninguno de sus órganos, amigo lector, corren peligro con esta chica.

Acá también pondremos a las que son consideradas por otros (la abuelita, el arzobispo, la UDI) como locas, pero que en realidad son minas desinhibidas o un poco rebeldes y ya. Y que probablemente están más sanitas que el resto.

Las que en realidad no están locas, sino que están pasando por algún “proceso”

Véase a la Recién Liberada. Estas féminas pueden tener comportamientos eufóricos confundibles con locura, pero son mayormente temporales y dependen en gran medida del alcohol de la noche. Es la que necesita sentirse loca un rato, y está bien. Todos lo necesitamos en algún momento. Qué sería de los one-night stands si no fuese por esas pequeñas decisiones asesoradas por el señor Walker o el señor Cuervo.

Dado que mientras la chica esté en el “proceso” difícilmente querrá algo serio con nadie, bueh, pues páselo bien con ella, dé por hecho que los whatsapps que usté le mande mañana por la mañana se quedarán eternamente en la doble flechita gris, y a otra cosa mariposa.

Las que se juran Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos

Ésta no está necesariamente loca, pero ha adoptado el branding de loca para justificar el hecho de que no tiene idea dónde está parada. Es de las que pasan diciendo “soy un alma libre, no intentes contenerme” como excusa para faltar a la pega, para olvidarse de las citas, para no devolver los llamados durante 5 días, para meterse con tu primo, para cambiarse de carrera a un mes de titularse, etc.

Le gusta llamar la atención sobre lo caótica que es, sobre cómo no sabe si mañana estará aquí o bailando en pelota en una protesta o a bordo de una Combi rumbo a Centroamérica. Sus planes suelen estar desprovistos de estrategias para ganarse la vida, o en general para subsistir por sí sola durante más de dos semanas. Como amor de verano pueden llegar a ser divertidas. Quédese tranquilo, que llegado marzo ella solita se encargará de desaparecer.

Las wasted

Aquí sí empezamos con las categorías de locas. Una mina wasted puede no parecer loca… de día. De noche se convierte en un ser que no es funcional si no está bajo la influencia de algún sicoactivo. Incluso al principio de la juerga parecerá que todo va bien: la lola se ve dispuesta a pasarlo bien sea como sea. Te desafía a tequilazos, y te gana. El problema es que esto dura los primeros dos o tres raudos tragos.

Y claro: una vez que la señorita se transforma en Mrs. Hyde, es de las que se roban weás de la casa de tu amigo para hacerse las graciositas, le escupen el copete a alguien, raptan a otro a escondidas de la polola, se pelean a mechonazos con otras minas, le echan la foca al barman y usualmente terminan siendo llevadas a la rastra por alguna amiga.

¿Divertido? Es divertido para que se lo cuenten, tal vez. Pero no se engañe. La señorita es una caja de Pandora de trancas emocionales y espirales depres sin fin que comienzan a salir, a los balbuceos, a las 7 AM, luego de su desayuno de pisco con vodka.

Las antisociales

La antisocial odia todo lo relacionado con gente y se encargará de que usté (como miembro de dicha casta) lo sepa rápidamente. Siempre tiene un problema con alguien en la pega, se pelea con gente random en la calle, se trenza en batallas argumentales respecto del anarco-primitivismo vegano en Facebook, y de pronto quiere estar sola. Sola sola sola sola sola sola.

Usté, con el tiempo, se encontrará siendo el que tiene que patearle la jaula para conseguir alguna interacción. Entrénese en conseguir panoramas alternativos cuando le cancelen súbitamente el fin de semana en la playa o la cita de viernes por la noche. Sin importar lo inteligente o interesante o independiente o culta que sea, este tipo de locas le agotarán la paciencia tarde o temprano.

Las obsesivas

Esta mina está loca, pero cuesta darse cuenta de buenas a primeras. Sólo una vez que usté ha entrado en intimidad con ella, comienza a notar que con ciertos temas ella se pone tensamente entusiasta, un pelito más de lo normal:

Ella: Bueno, me gusta la música celta.
Tú: Ah, mira qué interesante.
Ella: ¿¡CIERTO QUE ES INCREIBLE?! El año pasado fui al festival de Fdgdfgdgfsdgh en Escocia y estaba Asdsdsdfsgdasdd y olvídate, tocaron Ssdggdgd, ¿la conoces? La que empieza así: Sfdgfgsf csdfskdfshj sdfsf… ¿te puedo regalar una pañoleta? Me quedaron tres… ¿¿Sí?? ¡¡Ay qué emoción!!…

Bueno, hasta ahí tampoco taaan mal. Si la obsesión es cinéfila o gastronómica, habrá un mundo por conocer (aunque en el caso de la música celta será un mundo bien aburrido). El problema es que este tipo de comportamientos se empiezan a repetir en otros ámbitos de la vida. La chica, por ejemplo, tal vez empiece a obsesionarse sobre si usté se sigue masturbando ahora que están juntos, y quiere saber cuándo, cómo y en quién piensa, y si no es ella, empezará a cuestionarse qué tiene ella de malo… son las piernas, ¿verdad? Son las piernas. Son las piernas. Siempre lo supo. Son las piernas.

Las borderline

Suficientemente retratadas en La Weona Loca.

tl;dr: Arranque a perderse.

Las sociópatas

Las revisaremos en un próximo post. Merecen análisis aparte. Sólo quiero adelantarle que usté ya las conoce, pero bajo un nombre bastante más habitual.

Las ninfómanas

Oooh claro que sí, existen mujeres con una compulsión por el sexo. Desde luego. Pero no suelen parecerse mucho a las ninfómanas que poblan nuestras fantasías. Esto ya es un nivel patológico. Una mina obsesionada por el sexo tiende a parecerse mucho más a una Humilladora que a otra cosa, en especial porque (a) asume que su condición de obsesa por el sexo la vuelve el espécimen más deseable de la humanidad, y (b) que (a) la califica para ser una conchesumadre con los hombres.

Nuevamente, no estamos hablando de minas que les gusta el sexo, o minas que les encanta el sexo, o minas que mandan todo el día Snapchats de sexo. Estamos hablando de compulsiones, como lavarse las manos cada 5 minutos es una compulsión. Hay siempre una impaciente tensión al respecto, porque la chica se aproxima al sexo con la ansiedad y el nerviosismo de un methead buscando su fix.

Si a ella —al otro lado de la ciudad— se le ocurre estar caliente a las 3:30 AM y usté no está listo en 5 minutos en la casa de ella con el condón puesto, recibirá puteadas, humillaciones y bloqueos de todas las apps existentes… hasta que vuelva a estar caliente. O tal vez nunca, dado que siempre habrá otro un pelotudo dispuesto a cruzar la ciudad en micro a las 3:30 AM para ver si le cae un poquito. Y de eso se alimenta ella.

No es agradable ni sexy, a menos que tenga usté el mismo tipo de compulsión, y si es así, buena suerte. Vaya en auto y deje una frazada extra en el asiento trasero.

Shao.

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En mi exilio autoimpuesto, me dediqué a otros proyectos. Entre ellos, uno que tiene que ver con películas. Es que es cómodo echarle la culpa de mis problemas a la cultura pop. Posteo acá una adaptación del prólogo porque la idea no es promocionar el otro sitio, sino que, como también tiene que ver con mujeres, relaciones y todas esas cosas (classic Richi), la reflexión puede tener cabida aquí. A ver si les hace sentido.

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Partamos con un poco de honestidad: Seguir soltero mientras todo mi círculo se casa, hace aflorar la neurosis de la pichanga escuelera. Es revivir el proceso de ver como van eligiendo gente mientras uno espera recibir el Llamado™. Al principio estás tranquilo, haces como que no te importa. Hasta te das el lujo de decir “Bien, a Manríquez yo también lo habría elegido primero“. La cosa sigue avanzando: se casan Mondaca, Jorquera, el guatón Marambio. Y ahí ya te empiezas a poner nervioso, porque cada vez van quedando menos. Y en eso te llega el parte para el matrimonio de (por decir un nombre) Aguirre. Y ahí todo el zen se va a la mierda: “¿Aguirre? ¿AGUIRRE? ¿ME ESTAI’ HUEVEANDO?

Y ojo que este no es uno de esos posts tipo “Boo-hoo, nadie me pesca” (esos vienen más adelante). Pero esa situación levanta la pregunta de rigor: ¿Por qué yo aún no? Aunque tengo una teoría al respecto (ver Imagen 1):

Esa es la respuesta rápida

Imagen 1: Por qué estoy soltero, hipótesis

Hago la referencia a High Fidelity porque esta reflexión también parte desde un quiebre sentimental. O porque de todos los estereotipos de héroe romántico, me siento identificado con el boy-next-door-perno-pero-cool tipo Cusack (aunque, en honor a la verdad, me parezco más a este tipo). Y por último porque, como Rob Gordon, también quiero saber qué es lo que hago para hace que me vaya mal en esto de las relaciones, a pesar de que llevo años aplicando la ecuación que me enseñaron estas películas:

  1. Chico conoce chica
  2. ???
  3. Final feliz

Claro que lo que Nora Ephron and friends olvidan mencionar en todas sus películas es que dentro de “???” caben una gama de situaciones con las que no se puede lidiar a punta de Peter Gabriel. Y eso es lo que más me gusta de High Fidelity. Que te enseña que las cosas siempre se pueden arreglar. A pesar de los quiebres, las infidelidades, los abortos, las deudas o que, Dios no lo permita, no nos guste la misma música. Gordon dice en la película que los padres deberían preocuparse por las letras llenas de sufrimiento y corazones rotos.

Yo opino que igual de preocupante, es que a punta de películas dejen madurar en mentes débiles como la mía un optimismo mal entendido. Puede que para ustedes cayera de cajón, pero yo me tomé mi tiempo en entender que una relación no funciona gracias al pensamiento positivo, si no en base al esfuerzo y el compromiso de ambas partes. Y durante mucho tiempo pensé que, en lo que se refiere a relaciones, mientras pusiera de mi parte, obvio que iba a resultar. Tenía que resultar. Pero no resulta. Entonces lo intentaba un poco más. Y seguía sin funcionar. Me demoré un poco, pero ya entendí que eso no es ser romántico. Es ser un mal perdedor y un poco idiota. Sea cual sea la razón por la que alguien decide no continuar (o empezar) una relación, es fruto de la voluntad de esa persona. Y uno no debe intentar doblegar esa voluntad, ni siquiera con el mejor mixtape de la vida.

Claro que eso del mixtape lo aprendí de uno de los peores vicios de las películas románticas: El gran gesto romántico. Pero eso es material para otro post.

Saludos

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Este blog nació y creció como una manera de entender a las mujeres. O lo femenino. E inevitablemente al escribir entendimos cosas, y como buenos hombres que somos, pensamos que ese conocimiento podría ser transmitido o dejado como legado, para que otros no se pegaran nuestros porrazos, o para que se peguen los porrazos que sí valen la pena. Y eso de por sí presupone algo sumamente arrogante: que nos quedamos con cosas que al menos a nosotros nos podrían servir para más adelante.

Pero es imposible. Casi 300 posts más tarde, de lo único que he aprendido ha sido de mí mismo. Las musas —reales o ficticias— que inspiraron los artículos ya se desvanecieron hace rato. Catalogar y clasificar minas ha sido divertidamente inútil: hemos sido bibliotecarios de la nada. Y no es que sea problema nuestro solamente. Es que estamos metidos en un mundo demasiado impaciente, donde todo necesita ser un crash course. Vivir para dummies. Agarrarse minas para dummies. Salir de la friendzone para dummies. Necesitamos consejos de seducción para distraernos y así no agarrar una metralleta e ir a matar a las minas que nos rechazaron y sentirnos machos alfa por fracciones de segundo antes de rechazarnos a nosotros mismos de un balazo.

En el fondo, estamos cagados de susto. Tenemos miedo a volcarnos, así que vamos a clases y seminarios sobre cómo volcarnos. Y eso nos hace sentir bien y podemos volver a casa a ver las noticias de las 9 sin culpa. Por eso la gente toma cursos de emprendimiento, y cursos para seducir minas, y cursos de liderazgo y oratoria, y magísters y diplomados. Y luego comparten en redes sociales frases memorizadas, como testimonio de que las capacitaciones hicieron efecto.

Estoy desencantado de la academia en general, y de la gente buena para decirle a otros qué hacer en particular. Y de la gente que espera aprender cosas sentada y con la boca cerrada.

Finalmente, “comprender a las mujeres” o “comprender lo femenino” no son más que masturbaciones mentales. Tal como “comprender a los hombres” o a “lo masculino”, por cierto. He llegado a encontrarme con las mujeres y con las personas con las que ha sido importante encontrarme. Y comprender no ha entrado mucho en la ecuación. Ni en los orgasmos, ni en las peleas, ni en el amor, ni en el desamor, ni siquiera para tomar las decisiones correctas. De hecho, las decisiones correctas (como empezar a colaborar en este blog) siempre partieron sintiéndose un poco estúpidas y tiradas de las mechas.

Pero por alguna razón genética-evolucionaria-metafísica que desconozco, ahí está escondido todo lo que vale la pena. No en este post, por cierto. Ni en nada que venga ya envasado, aunque sea un puré de tomate 100% natural, o los inspiradores relatos de gente que se atrevió a cosas a las que usté no.

Éste es intencionalmente un feel-bad post. Si lo que quería era un feel-good post, disculpe, aquí tiene uno.

Shao.

PD: y ahora lea este comentario.

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Después de 4 años, el año pasado me volvió a tocar el día de los enamorados solo. Para mi suerte mis amigotes más cercanos estaban en las mismas, así que decidimos tomarnos unas cervezas por ahí. Invariablemente los locales rebosaban de parejas de todo tipo, y para gracia nuestra, también estaba lleno de mesas de solteras, como si este día fuese un purgatorio de relaciones pasadas (o simplemente la madurez de saber que ser soltero ya no es un estigma).

Entre cerveza y cerveza y algo de coqueteo con las mesas de solteras, no pude evitar verme reflejado en los rostros de la otrora condición de pareja en la que alguna vez me encontré; vi el empaquetamiento de esta celebración y no pocas caras de incomodidad, y me pregunté: ¿en realidad ésta era una fecha que esperaba con ansias cuando estaba en pareja, o era un simple protocolo por cumplir?

Lo primero que hice fue descartar el tema sentimental; simplemente analicé la tradición, las exigencias y las consecuencias de este día, descartando el plano amoroso que supondremos óptimo para todo caso. Y es que, en general, el día de los enamorados está cuidadosamente planeado para que ellas sean las festejadas, y no el amor en sí.

Entonces me pregunté: ¿Cuáles son las cosas que nos hacen doler los cocos?

La fecha

El primero de los dolores de esta fecha es que es —valga la redundancia— una fecha, y los hombres cual broma diabólica somos pésimos para recordarlas, en general. Por centurias hemos luchado contra el olvido y hemos inventado aparatos para ayudarnos; pero siendo realistas, en realidad no luchamos contra el olvido, sino contra las consecuencias de éste: para qué andamos con cosas, si se nos olvida el natalicio de algún prócer dudo que nos corten el agua.

Desde que la mujer inventó la agricultura, tuvo obligatoriamente la necesidad de tener calendarios para la siembra y la cosecha, junto con el concepto abstracto del tiempo. Tanto lidiaron con esto que prácticamente quedo en su inconsciente colectivo, subyugando al hombre a adoptar horarios y conceptos de tiempo para los cuales no hemos sido entrenados.

Nota 1: Sí, señoritas, ustedes inventaron el concepto del tiempo, porque si le preguntan a un hombre cuánto le importa, la respuesta unánime es “Frankly, my dear, I don’t give a damn“.

El regalo

Es otro de los motivos que torturan al hombre: si en Navidad tenemos excusas de presupuesto y exceso de familiares a quienes regalar, en el día de los enamorados no existe excusa divina que pueda exculparnos de una mala decisión al momento de comprar. Así pues, en la mente del hombre básico como una piedra, existen dos alternativas:

  • Alternativa 1: Buscar ese regalo que ella tanto quiere pero que es dificilísimo de encontrar, le puede tomar meses porque existe sólo en un color que ella quiere y de un tipo de material específico; probablemente no sea caro, pero invertirá mucho tiempo en buscarlo. Lo que sí es que si lo encuentra le garantizo que el ratio de los blowjobs será considerablemente más alto.
  • Alternativa 2: En consecuencia del punto anterior, nuestra ineptitud con las fechas nos llevará a olvidar el regalo hasta último minuto, donde para evitar el hecho de que no nos preocupamos, optamos por el regalo caro que no necesariamente le gustará (la boleta de cambio es un buen resguardo). Mientras, nosotros somos felices conformándonos con el paquete de 5 prestobarbas o la versión pirateada del PES.

Nota 2: Esto no significa que no nos guste regalar cosas, ya que como somos más impulsivos, generalmente llegamos con regalos del momento que nos tincó y en fechas sin importancia; tampoco significa que no nos preocupemos, como demuestra el hecho de que en muchos casos somos casi sus ingenieros informáticos personales y ayudantes de la U, entre otras cosas.

La cena

No es un problema per se: nos gusta comer, y honestamente nos encanta que ellas coman menos que nosotros (así comemos por dos); el problema es que vamos a comer a lugares repletos, y si no llegaste temprano quedas prácticamente en la cocina, sin considerar la cantidad de tiempo que hay que esperar. Cocinar en casa es buena alternativa, pero con el escaso tiempo que se cuenta hoy en día, a menos que sea fin de semana, dudo que se pueda hacer mucho.

El estrés

La verdad es que este día en particular es estresante: sabemos que las mujeres son especiales a la hora de evaluar el amor o el romanticismo, no lo ven igual que nosotros y lo sabemos. Este día es representativo de como la mujer percibe el amor; por lo tanto, debemos hacerlo bien para que ella entienda de una vez por todas (hasta el otro día al menos) que las amamos y que luego de eso no será necesario preguntarlo tantas veces.

Porque sería genial que ellas consideraran como un acto de romanticismo extremo el ir a buscarlas a las 4 de la mañana donde las compañeras porque estaban haciendo una maqueta para la U —y eso no lo haces ni con tu mejor amigo—; y que se dieran cuenta que el hecho de instalarles programas, aprender a usarlos y enseñárselos es el acto máximo del amor que existe; y también que mamarte esa chorrera de canciones románticas y películas mamonas es un acto de valía que no debe ser despreciado. Pero no, ellas son especiales, tienen otros parámetros para medir el amor, quizá son los correctos y nosotros somos quienes tenemos los equivocados… quién sabe.

Conclusión

Entonces, el hombre debe entrar al mundo del amor como lo ven las mujeres, no es un acto de fluencia; sin embargo, en defensa de todas las hembras del planeta, vale la pena celebrarles un día en un mundo creado por lo demás a la medida de los hombres.

Porque más que el regalo, una fecha o una cena, es el viaje a lo más profundo de la psiquis femenina lo que más nos incomoda del 14 de febrero, y la mayoría acepta tomar ese viaje porque ama a su pareja; así que al llegar al hogar, si su hombre cumplió o al menos intentó de verdad realizar todas las escalas de este viaje, un buen y merecido polvo es el acto recíproco por antonomasia.

Atte.

David

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La sesión de 210 selfies hasta llegar a la correcta. Los likes en Facebook. Los fans que suben como la espuma. La euforia de sentirse deseada, por alguien, no sabe bien por quién ni cómo se siente, nunca ha deseado fervientemente a nadie tampoco hasta el minuto. Los besos y toqueteos con las amigas, porque es cool, porque los minos se vuelven locos. Las fotos en pose porrista, con las medias hasta las rodillas. La envidia de las amigas que ya tienen sexo y andan con tipos mayores y con plata. Las primeras pornos vistas con una mezcla de estupor e impaciencia. La sensación de tiempo perdido. Las prácticas, montada encima de una almohada frente al espejo.

La revista de Hannah Montana que pasa al último cajón del velador.

La mentirilla del pijama party. Los autos sacados a escondidas de la casa de los papás. La lengua afuera. Los tres toques de perfume más de lo necesario. La plata para los cigarros. Los toqueteos furtivos en el asiento trasero que comparten entre cinco. Las declaraciones al aire de cuán loca está. La hierba que todo lo facilita. La tos. El tampón con vodka. Los gritos a los minos en la calle. La pérdida de memoria. La junta extraña en casa de esos dos amigos de 25 años que viven solos y que no paran de darle copete. El taxi a medianoche, borrada. El celular perdido. Las fotos de las que se debe desetiquetar con rapidez.

La fiesta de fin de curso. La disimulada perplejidad de la primera vez que la tocan, demasiado temprano para lo que vendían sus fotos. La leve angustia, la competencia entre el vértigo de no haber estado realmente preparada y el vértigo de estarlo logrando. La brusquedad del mino, torpe como ella, fingidamente experimentado como ella, y que como ella, asumió que la cosa es violenta porque en las pornos es así. El dolorcito que crece. La cara de aquí no ha pasado nada, esto no es nuevo para mí, la sonrisa con los ojos demasiado abiertos, delatores. La sensación de estafa. La risa nerviosa. Los recuerdos de la almohada, los recursos ensayados una y otra vez, mirando para arriba, poniéndose un dedo en la boca. La mancha roja que no estaba en el libreto.

El día siguiente y la sensación de que las amigas saben algo que ella no. La indiferencia del mino. Los dos días en que la regla llegó más tarde. La doble flechita del Whatsapp que indica que sí leyó el mensaje donde intentó contarle. El amigo al que se come por despecho. La angustia de que rueden los comentarios. Los mensajes anónimos, las acusaciones de perra.

El redoblado esfuerzo por producirse. Más pornos. Las frases cochinas, dichas al espejo para perder la vergüenza. El maquillaje nuevo de regalo de Navidad. Los videos en internet sobre cómo poner un condón. El tatuaje en un lugar estratégico. Las quejas del papá. Las fotos cubriendo con un brazo un busto demasiado, demasiado incipiente. La visita al sex shop con una amiga, entre risitas. La otra amiga a la que le regalaron tetas por salir del colegio. El topless en la playa. La primera brasilera. La fiesta mechona, los galanes de segundo y tercer año. La oportunidad de intentarlo de nuevo y ver si logra entender en qué se equivocó la vez anterior.

La sensación extraña de nuevo, de que todos saben algo que ella no.

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