Matapasiones

A los hombres nos enseñaron, con toda la buena intención que puede tener una madre falta de training en asuntos de conquista, que con las mujeres hay que ser unos caballeros. Educados, solícitos y sonrientes, como anfitrión de restorán pirulo. ¿Se sirve otra cosa, distinguida dama? ¿Le apetecería un cunnilingus de postre?

Un poquito de cortesía de vez en cuando no está mal (Hay que ser un “caballero seguro”, le escuché decir una vez a un viejo zorro en esto de comerse minas). Pero mamá no nos enseñó que el sistema de modales cambia una vez que la calentura nos hace pasar las barreras de la moral y las buenas costumbres. Por eso en nuestras primeras experiencias sexuales solemos ser medios pavos, excesivamente cuidadosos, como si nos estuviéramos follando a una cáscara de huevo; eso de que a la mujer se la toca con el pétalo de una rosa nos dejó cagados de la cabeza.

Uno después va aprendiendo que la cochiná, el dirty talk, las chuchás al aire y hasta los insultos tienen su cabida (¿se espantó? lea esto). Pero la cosa tiene su orden lógico y su progresión. Por ejemplo, partir maraqueando a su mina en la primera cacha puede jugarle en contra y acarrearle un doloroso coitus interruptus.

Así que, poniendo nuevamente en marcha a los equipos de investigación que tenemos en Burundi, Togo y Micronesia, intentaremos poner un poco de claridad sobre este asunto. Este post es, a la vez, un catastro de turn-ons, matapasiones y consejos prácticos. ¡Provesho!

Weás Que Nunca Jamás Deben Ser Dichas Al Follar

Estas frases tendrán el mismo efecto afrodisíaco que pensar en tu abuelita:

Hombre

  • No sea flaite: “Reina”, “dama”, “corazón” no son buenos apelativos. ¿Vio?
  • Nunca jamás dé las gracias. No hay nada peor que dar las gracias por una cacha. Agradécele a Jebús y en silencio, hueveta.
  • Evite los autoelogios y la búsqueda de aprobación desesperada: “Me veo rico cierto?”, “¿cómo estuve?”, “soy un campeón ¿no?”
  • No sea cursi ni arjonesco: “Uff toqué las puertas del cielo”, “me vi sumergido en un remolino de pasión”, “llegué al éxtasis” (mucho peor si en vez de éxtasis dice éctasin). 
  • Jamás se refiera a los genitales femeninos como chonfla, choro u otros productos del mar, a menos que se esté follando a la Yasuri Yamilé.
  • Evite cualquier tipo de disculpa o excusa sobre el tamaño de su regalón o su performance: “Es que hace frío”, “es que como soy tan musculoso se ve pequeño en comparación”, “te aviso al tiro que no duro mucho“, etc.

Mujer

  • No empiece con los arrepentimientos tardíos: “Ay, es que me da susto” (eso se dice antes o después, pero no durante), “me da cosa”, “es que hace tiempo que no soy de nadie” (doble bonus por flaite)
  • Ni se le ocurra mostrarse asquienta: “eeww qué feo”, “me da como nervios tocarlo”, etc.
  • No es momento para andar con inseguridades al desvestirse: “pucha es que se me nota el rollito”, “no me quiero sacar el sostén porque no me gustan mis pechugas”, “ay no que tengo una cicatriz ahí”, etc.
  • Jamás le ponga nombres femeninos al pene. Y ya ponerle nombres tiernitos es como musho.
  • Hacer referencia a otros hombres, sean comparaciones ventajosas o desventajosas, es buscarse una PLR. No lo haga.

De más está decir que cualquier frase que insinúe, aunque sea lejanamente, que la otra persona es poco atractiva o mala en la cama es un condorazo feo. Si el o la partner resultó que folla mal, dígaselo después, o mejor aún, no diga ná y salga a buscarse una cachita mejor. Del mismo modo, el elogio sincero siempre es una carta ganadora.

Fase 1: Primeras Cachas

Usualmente acá hay que tener ojo con lo que se dice, porque la falta de confianza es terreno fértil para malinterpretaciones o rollos. PERO, tal como fuera de la cama, una dosis extra de riesgo y patudez puede acelerar la intimidad.

Diga

  • Hombre: “Me gusta tu olor”, “qué guapa te ves sin ropa”, “qué buena vista que tengo acá” (ideal si lo está haciendo a lo perrito), “se siente rico eso” (referido a un movimiento, una posición, un agarrón, etc), “¿te gusta esto?” (ídem, pero dígalo sólo si ella está demostrando que efectivamente le gusta), y otras frases alusivas a sus atributos físicos, salvo su vagina (ver más adelante). NO INSISTA NI REPITA estas frases durante la misma cacha.
  • Mujer: “¿Te gusta esto?” (especialmente turn-on para un hombre), “qué rico esto”, “qué rico cómo te mueves”, “te ves muy rico”, “¡ay! sigue así”, “mmmm“, y todo tipo de quejidos, en especial esos picarones que vienen acompañados de una risita.

No Diga

  • Hombre: Evite cualquier tipo de epíteto que pueda hacer sentir a la mina como una bataclana o una regalá (eso viene después). Menciones demasiado explícitas a la vagina pueden ser incómodas también. Chulerías como “Soy tu papichulo” o “dámelo rico” son para etapas posteriores. No pregunte “¿te gusta esto?” si no está seguro de cuál va a ser la respuesta.
  • Mujer: “Te veo cansado”, “Apaguemos la luz mejor”, “¿Estás aburrido?”, “¿Qué pasa?” y otras similares están absolutamente fuera de lugar. Olvídese de preguntar si es la primera vez que hace tal o cual cosa.

Fase 2: Una Cierta Confianza

En este punto (que puede ocurrir entre la segunda y la quincuagésima tercera cacha) ya las cosas se ponen más entretenidas y picaronas. Aparecen los juegos de personajes y roles. También hay un poco más de espacio para mencionar cosas que no gustaron o incomodaron.

Diga

  • Hombre: Pase de la pregunta a la afirmación: “Parece que te gusta que te dé por atrás“, “Te encanta chupármelo, se te nota“, “Me encanta cuando te pones tan calentona“. Ya puede ser más gráfico en sus descripciones: “Me excita sentirte húmeda“, “Tu vagina es una delicia“. Juegue a ser chulo y cafichón, premiando sus performances: “Mamacita rica, ven con papi“, “eeso, me encanta cuando te portas mal“. Adorne con nalgaditas y tironeos de pelo.
  • Mujer: Ya puede ser más explícita en sus deseos: “Me teníai tan caliente“, “Me moría por follarte“, “Estoy adicta a tu pico“. Tome iniciativa y juegue a ser dominatrix: “De ésta no sales vivo“, “Afírmate que te dejo seco“, “Eres mi esclavo y tendrás que complacerme“. Aumente los quejidos, gruñidos y gritos.

No Diga

  • Hombre: Los insultos, todavía no. Jactarse o sobrarse, tampoco es momento. Asimismo, evite que la confianza lo ponga romanticón: “Eres el amor de mi vida” no es para decirlo follando, aún cuando el éxtasis químico-hormonal le haga sentir tal cosa. Tampoco se ponga poeta o pachamámico, a menos que se haya engrupido a la mina haciéndose el místico o el sensiblón, y por ende las referencias al ying-yang, el sentir profundo del alma y todas esas weás sean parte del show.
  • Mujer: Las referencias a la duración o a la calidad de la performance son para conversarlas después, no en el momento. Así que evite frases del estilo “hoy hagámosla cortita, tengo que salir“, “Espero que duremos un poco más” o “Trata de apretujarme menos“.

Fase 3: Full Confianza

Si llegó a esta parte, acá hay chipe libre, lo que permite que las cosas se pongan especialmente animalescas. Se puede jugar a la rudeza, al machismo o a la humillación sin que nadie se sienta ofendido. Las nalgaditas ahora son cachetazos. Puede decir un montón de cosas que en fases anteriores podían ser matapasiones.

Diga

  • Hombre: Acá ya puede jactarse ridículamente con frases estilo “Te dejé tontita” o “mañana vas a tener que aprender a caminar de nuevo“. También puede tratar a su mina de puta o perra sin rollos, o jugar a que la tiene sólo para la cacha. Aplique garabatos e insultos, siempre con gracia (sí, se puede decir maraca con gracia).
  • Mujer: Saque toda su chulería escondida y conviértase en una ninfómana deslenguada: “Pónmelo rico papi” (pero ojo, es “pónmelo“, no “pónemelo“), “uuy mi torito, clávame ese cacho”, “dame tu lechita“, y otras que en la vida cotidiana se reservan para las tallas. Póngase de acuerdo con su masho para simular una violación. Grite, chille, exagere si quiere (pero no finja. Gracias). Si encuentra estas cosas de mal gusto, quiere decir que simplemente aún no ha llegado a su nivel máximo de confianza.

No Diga

  • Aparte de las Cosas Que No Se Deben Decir Jamás, son bien pocos los límites. Sólo un recordatorio: JAMÁS permita que los insultos o rudezas ofendan el atractivo físico, en especial de las minas. Palabras como fea o cerda están totalmente proscritas.

Si se encuentra súbitamente saltándose etapas, lo felicito: es indicador de confianza/intimidad. Esta lista hay que mirarla, más que como un manual de instrucciones, como un checklist para saber qué tan confianzudo/a se encuentra en el ring de cuatro perillas.

Comparta sus propias frases ezitadas y zenzuales en los comentarios.

Shao.

Ah, las primeras citas. Esa ruleta montaña rusa de emociones, incertidumbres y riesgos asociados a la pregunta: Aers, ¿a quién chucha tengo al frente? Qué tan rápido llega la primera cita a una relación, depende de los involucrados. Hay personas que son serial daters, de ésos que para pasarte un CD con el Office pirateado te tienen que invitar a un restobar, y otras que le tienen tirria al tema, y que si la relación no comienza con dieciséis encuentros casuales-y-no-planificados, se va todo a las pailas.

Como sea, si hay mano con alguien, tarde o temprano, el episodio de la primera junta, cita o salida en formato uno-a-uno se va a presentar. El hombre moderno y dinámico de hoy necesita sacarle la foto con prontitud a la lolita que pretende cortejar: ¿es maraca? ¿cuática? ¿de las que no la sueltan? ¿de las que amenazan con bomba para que usté no se vaya del país? ¿o es una tipa normalita, que se ganó el pase a octavos de final?

Nosotros tenemos mucho más que perder en las primeras citas que ellas, en especial monetariamente. Y como FAQWomen le cuida el tiempo y el bolsillo, macho, ahórrese esos créditos de consumo y esas consultas al psicólogo, y ponga ojo con estas señales.

1 – Intenta indagar si tienes auto

Ésta es la bencinera o poto con ruedas, la clásica mina que no anda buscando pareja, sino chofer. El tema del auto o de otras demostraciones de liquidez debería aparecer de forma natural en la conversación; esto vale también para usté, amigo, que tiene un auto a toda raja, que se lo compró pensando en las minas, y que, por ende, no se aguanta más de diez minutos de conversación antes de empezar a intercalar “Camaro, cof cof, Camaro!” frase por medio. Si su auto es el arma de seducción que tiene, adivine: seducirá minas cuya prioridad es el auto y no usté. Causa y efecto.

Así que, si ve que la lolita tiene un inusitado interés en sus medios de transporte, precaución: significa que el tema le interesa demasiado. Ponga ojo si comienzan a aparecer frases cómo éstas:

  • Oye, ¿y vives muy lejos? Ahhh… ¿y en qué te viniste?
  • Ah, tienes Metro cerca… pero y pa salir en la noche, ¿cómo lo haces?
  • Me encantan los autos, ¿y a ti? ¿Y qué auto tienes?
  • Ahora me vine en Metro para acá, pero no sé cómo cresta lo voy a hacer para volverme, voy a tener que aplicar taxi no más.
  • ¿Hay manejado curao?
  • Jijiji, jujuju, ¡pero supongo que no te vay a los carretes en bicicleta!

Si quiere hacerse el chistosito para zanjar el tema, dígale “no sabes lo contento que me pone que hayamos salido hoy, siempre me faltan manos para empujar el auto… tu cachai que los Charade son medios paneros“. Probablemente acelere el fin de la cita.

2 – Saca el celular y se queda hablando o respondiendo mensajes… o tuiteando

Ésta es mi favorita personal, por el mal gusto que refleja, y por lo común que es. Sé que hay gente que tiene un problema con el teléfono: no puede evitar contestarlo, esté en lo que esté (ponte tú, en medio de una fellatio. True story). Se sienten obligados a atender; es un deber. A mí personalmente me importa una raja, pero aún si usté es de los que consideran todas las llamadas urgentemente importantes, es algo que hay que saber omitir en las primeras citas. Frene su compulsión y dedíquele un rato de atención real a quien tiene al frente. O encima.

Si su mina, en medio del encuentro, y cuando ya estaban empezando a agarrar confianza, se pone a responder un SMS o un tweet, o a parlotear más de un minuto por celular, usté puede sacar hartas conclusiones del tema, y lamentablemente, no son muy buenas:

  • Si es un llamadodepegasuperimportanteyurgentequeestabaesperando, ok, es entendible. Pero, a menos que la lolita sea médico de turno o bombero, tome nota de que un jefe o cliente que es capaz de interrumpirla en horarios de carrete, tiene el potencial de interrumpirle a usté una cacha. Y, según dicen ahora los lolos, eso le traerá dolor de cocos.
  • Si es una amigui cualquiera y se queda conversando y cuchicheando, capte la señal: esa amigui es mucho más importante que conocerlo a usté. Además de la flaitería de dejar a alguien mirando al techo o tuiteando sandeces geolocalizadas desde su celu, es señal de una mina dispersa, fácil de ser desconcentrada. Mais dolor de cocos para você.
  • Si es un ex, ni hablar. Agradézcale en silencio a la Virgen de la Junji que usté se pudo dar cuenta ahora, y no después.
  • Si es la mamá o el papá y pone cara de urgimiento al contestar, lea el punto 5.

Cuando ella corte el celular, agarre usté el suyo y le dice “dame un segundito, voy a aprovechar de revisar mis 48 mensajes de voz sin escuchar“. Y cada 15 o 20 segundos, suelte una risita o un awww, igual que las señoras cuando ven telenovelas.

3 – Se enoja hablando de política, religión o igualdad de género

Eso de que “no se habla de plata en la mesa“, o de que “no se habla de política o religión en la primera cita“, es una weá con patas. Si estamos entre gente de confianza y respetuosa, ¿cuál es el problema? De hecho, charlar de temas espinudos con una mina a la que se viene recién conociendo, permite efectivamente conocerla más y mostrar aspectos profundos o interesantes acerca de ella. Y una conversa de ésas, bien llevada, hace brotar bastante tensión sexual.

El problema es cuando se ponen weonas defendiendo su tema, como ya relatamos alguna vez con ciertas feministas. La primera cita es para tomársela con liviandad, o al menos, con la buena onda por delante. Una mina que es capaz de ponerse más mal genio que Gonzalo Egas con caña discutiendo con un desconocido, es a todas luces una mina cuática, con todo lo que eso implica: taimaduras, cambios impredecibles de estado de ánimo, enojos sin causa, cortaduras de agua, etc. Además, hay que ser muy cerrado/a de mente para andarse sulfurando ante opiniones divergentes.

Si a usté le gustan las peleas lateras, buéh, juegue. Pero está advertido.

4 – No OFRECE compartir la cuenta

Éste es un tema polémico. En Chile, como buen país de resabios machistas, se estila que el hombre se raje en la primera cita. Es una costumbre que implica que el lolo en cuestión tiene los niveles básicos de solvencia que lo candidatean como masho proveedor.

Vamos a dejar fuera a las lolitas modernas, lectoras de FAQ Women, que prefieren igualdad de condiciones, o incluso, que no les molesta rajarse; mis bendiciones para ellas. Hablemos del enorme y vasto resto del mundo, donde el aspirante a ponerla debe saltar con la billetera sí o sí en las primeras salidas.

Hoy en día, no le veo nada de malo a rajarse en la primera cita y cumplir con la usanza. El tema no es ése (en especial si usté detectó que la mina vale la pena). El tema es si la mina cumple o no con su parte de la convención, que es: ofrecerse gentilmente a pagarse sus propias cosas, de manera que el macho pueda adelantarse y decir “hey, no te preocupes nena, yo me encargo“. Es lo mismo que cuando vas a comer a casa ajena, y siempre te insisten una vez más, y tú tienes que decir cortésmente que no, gracias, no más chutney de tomates con fantasía de filete y naranja. Son convenciones sociales.

¿No les gustaban tanto las convenciones a las patuditas? Pues ésa es la convención: tener la decencia de permitirle al macho elegir si se quiere rajar o no, con un simple gesto de sacar la cartera y decir “yo pago lo mío“. La mina que no lo hace, y se queda sentada mirándote con cara de azulejo (o peor aún, se encierra 20 minutos en el baño mientras llega la cuenta… true story), es una mina que llegó a la cita dando por sentado que te debes rajar, no por cortesía o galantería, sino por obligación.

Salir una segunda o tercera vez con una mina así es sentar un pésimo precedente: es una relación donde ella recibe y recibe, asumiendo que su perfumada y coqueta presencia es suficiente devuelta de mano. Usté, por su parte, no es bastante para ella, y debe compensar con dinero y especies hasta equipararse.

Si se ve envuelto una y otra vez en estas situaciones, revise sus niveles de autoestima.

5 – Necesita el permiso de los papás para tirarse un peo

Doy por hecho que estamos entre mayores de edad, saliendo con chicas mayores de edad, ¿no? Hay una cierto momento en la vida, donde ciertas decisiones ya se pueden tomar solas: por ejemplo, quedarse a dormir afuera, llegar a cualquier hora (aunque esa libertad involucre avisar previamente, no hay problema), irse un finde a la playa, etc. Podemos situar esa edad, generosamente, entre los 17 y los 20 años.

Una mina pidiendo permiso o rindiendo cuentas a los papás más allá de esa edad, es un cacho. Porque sólo la dejan salir dos días a la semana, porque no se puede quedar a dormir en casa de gente que no conozca; porque los papás, cuando sospechan que su niñita anda en pasos calentones, le tapizan el celular a llamadas que ella siempre debe contestar; porque para comprar cualquier weá de más de luca tiene que pedirle plata a los papis (y para eso, previamente debió haberse portado bien), etc. Aparte de las complicaciones logísticas para verla y follársela, es probable que nos encontremos frente a una mamona, con toda la falta de carácter, iniciativa y adrenalina que eso involucra.

En las primeras citas, esta pechoñez se manifiesta, por ejemplo, mediante llamadas de la madre, sean una o varias, donde la lolita tiene que reportar dónde está y a qué hora piensa desocuparse. No se fíe del tono pastoral, como de ardillita en volá de hongos, con que indaga la señora al teléfono; una Bruja, cuando sabe que manda, es de lo más simpática.

Igualmente, tome nota de cualquier urgimiento de la mina relacionado con “llegar demasiado tarde” o “necesito saber con anticipación con quién me voy a volver“. Sea que realmente los papis la tienen teledirigida, o que lo esté usando como excusa para no soltársela, es una mala señal.

Ya sae ya. Comparta sus propias alarmas radioactivas en los comentarios.

Shao.

Lo siguiente es el artículo que salió publicado en la revista M de LUN el 18 de marzo, y que a su vez es una versión renovada y extendida de este post:

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En esta época tenemos manuales para todo. Para operar un artefacto, para ser mejor vendedor, para ser mejores padres, para seducir, y la última chupada del mate, uno que anda rondando hace tiempo ya en más de un velador femenino: Por Qué Los Hombres Aman a las Cabronas, de Sherry Argov.

Por si aún no tiene el gusto, le cuento: es un manual que enseña a las mujeres a hacerse respetar… y a hacerse de rogar. Visiblemente dirigido a las chicas que sacaron el magíster en babosas, y sin muchas metáforas o sutilezas (por si a esa hora están viendo la Doctora Polo), les enseña que al hombre le gusta una mina con carácter, de armas tomar, con iniciativa, independiente, y que pone los puntos sobre las íes apenas comienza una relación.

Hasta ahí vamos bien.

Profundizando más, encontramos consejos para no llamarlo tan rápido, para tenerlo a sus pies, para siempre mantenerle una cuota de misterio, para hacer que él quede loquito con su independencia-seductora-sofisticada.

¿Les suena a Cosmo? Pues sí. Nada nuevo bajo el sol aún.

El problema que luego viene no es tanto del libro en sí mismo como de algunas de sus lectoras: ésas que encontraron en el libro, por fin válgame Dios, una voz que las representara en sus ansias de venganza contra el género masculino. El libraco, hay que advertir, puede ser tomado en dos sentidos muy diferentes: como un manual de dignidad o como un manual de revanchismos. Sé que, dicho así, suena un poco a culebrón mexicano adolescente. Pues en el libro… también.

Volvamos a esta lolita, que probablemente hastiada de lo que ha sido una vida amorosa llena de aguantarle infidelidades, mentiras y abusos al pelotudo de turno, lee este libro; se envalentona y se “empodera”, como se dice ahora; y de un paraguazo, el sumiso pajarito ahora es una Kill Bill, lista para repartir sablazos a diestra y siniestra.

El título del libro habla de “cabronas”, en clara alusión a la mujer que manda y dispone. Antaño en un burdel, ahora en la casa. El manual, implícitamente, promete convertir a cualquier plasta de vaca en una amazona. La aspirante a cabrona se frota las manos. Los tendrá a todos comiendo de su mano.

Usté la reconocerá, usualmente en grupete con sus amiguitas, burlándose de los hombres, tentándolos a que se acerquen para luego humillarlos, encontrándolos a todos poca cosa, nadie lo suficientemente digno de ella, la reina, la vengadora, la justiciera.

Es así como se vuelve una déspota en sus relaciones; menosprecia a sus parejas, y coincidentemente, se busca tipos menospreciables, babosos, sin bolas.  Es una victimaria en busca de víctimas. Luego se ufanará frente a sus amiguis de cómo tiene a Fulano en la palma de su mano, de cómo Mengano la llena de regalos sin que ella, ni por si acaso, haya hecho ademán de acostarse con él, y de cómo mandó para la casa, sin compasión, a Zutano, por no haber aceptado sus condiciones para tener una relación juntos.

Las amiguis le celebran y brindan. La Cabroncita sonríe, dueña del mundo, y afila su espada, pensando en los que vendrán.

Las cabezas siguen rodando. Y, entre ellas, hay varias pertenecientes a tipos como la gente. Tipos que pretendían algo serio y sano con la mina, tipos que la iban a respetar, tipos con los que, si les hubiese dado una oportunidad, se le habrían desaparecido rapidito las ínfulas de superwoman. Pero los que desaparecieron, y rapidito, fueron ellos. Mucha tele, pelea solita mejor, debe haber pensado más de uno, al poner pies en polvorosa.

Pero la Cabroncita no se ha dado cuenta. Sumida en su fantasía, sigue buscándose a tipos sin carácter, que le dan la razón en todo, tipos que la consienten y que, en definitiva, están dándole lo que ella decía querer. Y cuando los encuentra, lejos de premiarlos, los desprecia, con una sonrisita oblicua.

Al menos el famoso manual sí hablaba de premiar al machito si se le portaba bien; pero la Cabroncita ya está demasiado poseída por su personaje como para retroceder. En su mente eso sería perder, y una Cabrona no pierde, se justifica.

Algunas alcanzan a pegarse el alcachofazo a tiempo; otras no. Y de repente, pasan un par de años; la Cabroncita se mira en el espejo, llena de celulitis, patas de gallo y rollitos, y se da cuenta de que está sola. Por sus manos han pasado muchos. Decenas, si es que no cientos. Ninguno quedó, y ahora la sensación de que se le fue el tren la atormenta. Comienzan los arrepentimientos. Vienen los recuerdos de Fulanito, que sí que era un buen tipo, de Menganito, ahora felizmente casado y con familia, y de Zutanito, con quien sólo ceder un poco habría bastado para que todo funcionara.

Que no le pase, mijita. Ahora usted se ríe, cierra la revista y sigue leyendo su manual y tramando sus venganzas; pero nosotros, si nos la topamos en la calle, la miraremos, le veremos el rictus cínico y pensaremos al instante: amargada.

Shao.

Desde luego, lo que presentamos a continuación es una excepción a la regla: I Love Curiosas.

Mija:

Antes de cualquier otra cosa, quedemos claros en algo: a menos que usté tenga una fascinación especial por los vírgenes, todos ya hemos tenido algún tipo de experiencia con el sexo opuesto. Hemos dado besos con la misma boca, acariciado con las mismas manos, metid… usté ya entiende.

Por ende, es altamente probable que alguna cosa que su macho le esté haciendo, y que usté se pregunte si lo habrá hecho antes con otra mina, la respuesta es: . Sí! Es lógico que sí. Y si es la primera vez que él está haciendo algo, probablemente se lo dirá. Con eso ya dicho, empecemos.

* * *

Claramente, un tipo que oculta absolutamente su prontuario en una relación ya avanzada es de desconfiar. Igualmente, tener alguna noción de cómo se ha manejado el compadre con minas en el pasado puede ayudar a las minas a sacarle una mejor foto (su pasión número 1). Pero hay que saber qué preguntar, cuándo preguntarlo, y sobre todo, qué NO hay que preguntar ni cagando. Con una mina que quiere descubrir a cada rato si eres first-timer en algo, dan ganas de arrancar. Y gentilmente, le hemos puesto la Con Ella También (C.E.T. para los amigotes).

Ejemplos:

Derechamente matapasiones

  • Estás recién conociendo a la mina, estás en tu casa, y quieres crear ambiente encendiendo ese incienso especial que tienes guardado.  Ella reacciona encantada y él subraya el gesto diciendo “éste me lo reservo para las ocasiones especiales ;) “. C.E.T. replica: “Ahh, o sea que lo usai cuando te toca… (sonrisita)“. CUEK.
  • Estás a punto de follar por primera vez con una mina, estás poniéndote el condón, y ella te suelta con sorna: “Ajá… veo que andabai preparado…“. CUEK (es un clásico).
  • Estás follando y le dices algo cochinín. Al terminar de follar, C.E.T dispara: “Oye… eee… eso que me dijiste recién… siempre lo dices?” CUEK.

Potencialmente matapasiones

  • Estás in love, en el paisaje ideal con ella. Y le sueltas por vez primera: “Te quiero“. Ella responde sonriendo, y luego se pone complicada y replica: “Oye… y… tú alguna vez te has enamorado?
  • Estás follando con ella y decides utilizar tu técnica de la doble hélice en invertida con semi-asfixia. Y ella, una vez que recobra el aliento, pregunta: “Oye, y eso de DÓNDE lo sacaste?
  • Están el living, besándose. Y ella, como de la nada, te larga con cara de querer saber el desenlace de la batalla de Trafalgar: “Oye, a ver, quién crees tú que es la mina que mejores besos te ha dado?

Inofensivo (aunque siempre hay excepciones)

Sí o sí, cualquier pregunta de éstas hecha en un contexto romántico o calentón es potencialmente matapasiones, ofensiva o desubicada. Así que las siguientes, hágalas en un contexto lo más neutral posible:

  • Preguntar por la relación más larga, cuánto tiempo lleva soltero, cómo terminó con su ex anterior (sin detalles escabrosos)
  • Pedirle que te muestre fotos de alguna ex (yo no entiendo cuál es el masoquismo en compararse, pero bueh) y no hacer comentarios al respecto de ella. Ni buenos ni malos.
  • Preguntarle si alguna vez se ha enamorado

El gastarse intentando saber estas cosas es una trampa: si sentiste la necesidad de preguntárselas, cualquier respuesta que no sea “eres la mejor” o “eres la primera (y por ende, la mejor)” te va a molestar sí o sí. Es pura inseguridad, querer justificar una taimadura o ansiedad. Y por supuesto, llevas al susodicho directamente a pensar en otras en un momento que está solo contigo.

Avíspese!

Shao.

Update: Tal vez le interese leer algunas respuestas posibles a estas preguntas incómodas.

Tú, desde el punto de vista de una Egocéntrica

Tengo claro que al hablar de usté le estamos haciendo un favor, Srta. (o Sra.) Egocéntrica. Pero no importa. Más relevante me parece que nuestros amables lectores sepan distinguir una a kilómetros, y bueno, de ahí ellos verán si se quieren meter en el cachito o no. En gustos hay de todo.

Pero lo que es a mí, me revienta una mujer egocéntrica. Me revienta aún en mayor medida que una mujer que te convierte a ti en su objeto de adoración (lo cual vendría a ser el otro extremo). Puede que sea un tema de choque de caracteres, pero las encuentro sumamente matapasiones, al punto de ser un dealbreaker. Algunas razones del porqué:

  • La relación parte desigual desde el principio. Con una egocéntrica sólo puedes relacionarte en los términos de ella (algunas, no todas, son cabronas precisamente por eso). Y eso implica darle el micrófono y la tarima a ella, mientras tú aplaudes. Hay gente que les acomoda eso. Yo paso. Gracias.
  • Tus gustos, necesidades y prioridades pasan a segundo plano. A menos, claro, que te arranques de ella a perderte. Tampoco te apures mucho: no te perseguirá.
  • Su tiempo y sus ganas se irán donde se le preste más atención. Eso, en números fríos, significa: para ella, si dos le prestan atención, eso siempre será mejor que uno. Por ende, si le das a elegir entre pasar una noche a solas contigo o atender a sus cientos de followers que la esperan para una Twitcam, adivina cuál gana.
  • Se relaciona superficialmente con la gente. A todos les pone imaginariamente nota, de acuerdo a su potencial de subida de ego. Un tipo haciéndose el interesante o el digno con ella, chao. Cero estrellitas.
  • Colecciona babositos. Evidentemente, un baboso es apuesta ganadora cuando se trata de conseguir atención. La egocéntrica los cuida, los mima, los mantiene en órbita. Y si es necesario, los priorizará sobre ti.

A primera vista, una egocéntrica puede parecer una maraca. Pero se diferencian: una maraca busca favores, transporte, objetos y plata; la egocéntrica busca atención y adoración. La maraca intenta pasar piola; la egocéntrica no puede permitirse pasar piola.

Identifique su Egocéntrica más cercana

Ya sea que pretenda mandarla a la chucha o rendirse a sus pies para darle pleitesía, le convendrá saber ciertos rasgos que distinguen a una chiquilla así:

  • Híper sociable y simpática. Necesita estas cualidades para expandir su red de contactos a más y más gente.
  • Alumbrada. Por razones obvias, ama exponer su vida.
  • Siempre “le sucede algo”. Sea que se emputezca por la caza de babuinos en Guinea Ecuatorial o que la cajera del banco la haya tratado mal, siempre tiene un tema que dominará la agenda de conversación contigo ese día. Además, ese “algo” se convierte fácilmente en excusa para solicitar tu presencia, o para correrse si tiene algo mejor que hacer.
  • Está constantemente lanzando definiciones sobre sí misma. Obviamente, lo hace con mucho estilo y de forma sutil. Ejemplos:  “Hay algunos que son tan habladores… suerte que yo no“, o “¿Por qué a los esforzados nos chaquetean tanto?“, o “Yo nunca, nunca he perdido mi esencia, ni siquiera ahora que me va bien“.
  • Se enorgullece de las muestras de atención que recibe. Es la clásica que retuitea todos los piropos que le envían, o que pasa quejándose de lo joteada que es.
  • Exitosa. Usualmente se encuentra en una posición de prestigio o valoración por lo que ha logrado (ya sea mover el culo con gracia en la TV, o entregar aportes brillantes a la comunidad científica). Dicho éxito es el que suele disparar sus instintos egocéntricos. Y por razones obvias: cuando estás abajo, puedes ser todo lo ególatra que quieras, pero nadie te inflará.
  • Coqueta. Los hombres somos presa demasiado fácil de la coquetería. Nos rozan con la raja una sola vez, y cagamos: nos quedamos pendientes para ver cuándo será la próxima ocasión. La Egocéntrica sabe que con un poco de agüita que le dé a un hombre, se gana su atención por largo tiempo.
  • Suelen pasar solteras. Una vez que te subiste a la moto de la adoración pública, no te baja nadie. Y sacrificar todo eso para quedarse con un puro weón es un costo demasiado alto para ella. Por lo mismo, suelen escoger mal deliberadamente a sus parejas, o espantan a los candidatos demasiado prometedores. O, se buscan una pareja que no demande mucha atención y que le aguante sus flirteos con el mundo.

Lamentablemente para la Egocéntrica, la atención no sustituye al amor. Es un sucedáneo superficial, que tal vez no te exija ningún desafío, compromiso o revisión interior, pero que tampoco te entrega mucho de vuelta. La cura para cualquier egocéntrico, finalmente, es ésa: cambiar el sustituto por el original, y quererse más.

Pilar Sordo mode off.

Shao.