Matapasiones

De la vida real:

Varón: Oye bueno, un gusto en conocerte, cuéntame, ¿a qué te dedicas?
Dama: ¿Yo? Bueno, te diré que estoy a punto de egresar de la escuela de Carabineros.
Varón: ¡Hey, pero mira tú que cosa más interesante! (tras una breve pausa) Oye y… ¿en algún momento eres policía sexy? (guiño, sonrisita lateral y todos los demás meta-mensajes que expresan “esto es una tallita”)
Dama: (levantando una ceja) ¿Policía sexy? ¿Cómo sería eso, perdón?
Varón: No sé, imagínate que te toca llevarte en cana a un ladronzuelo que está bastante tincudo… ¿lo registrarías en privado con algún cariñito extra? (guiño, sonrisita lateral, etc)
Dama: (seria) No entiendo eso. El trabajo de policía es UNO SOLO y debe ser profesional y acorde a la ética de la institución.
Varón: ¬¬

Ok, no conozco a nadie que no se ría ABSOLUTAMENTE de nada. Todos nos reímos de algo, supongo que Margaret Thatcher también, aunque me cuesta imaginarlo. El tema es que el sentido del humor es el predictor número 1 de química, en especial en una pareja.

O sea, si no te ríes de las mismas cosas con tu mina, estás absolutamente cagado. Y tienes más posibilidades de estarlo si es que tu mina es una amargada que sólo se ríe con las tallas crueles, irónicas, agresivas o increíblemente inteligentes. No wevees, no todos podemos ser Jerry Seinfeld, y tampoco podemos serlo todo el tiempo (porque yo al menos tengo mis momentos).

Falta de sentido del humor, por ejemplo, es no reírse con los chistes deliberadamente fomes. Sí, es un muy buen truco para descubrirlo. Quien tira un chiste fome a propósito es porque sencillamente tiene ganas de reírse y ve el humor donde podría no haberlo. Sí, te ríes de lo fome o estúpido que es, pero te ríes. Y alguien que frente a ese chiste fome pone cara de que acaba de oler un peo en el metro, refleja maña en el humor. Onda “sorry, pero me río de los chistes de cuatro estrellitas para arriba”.

Y maña en el humor, ya tu sae: maña en la cama. De cuatro estrellitas para arriba, sorry.

También es falta de sentido del humor el no poder reírse de uno mismo o tomarse menos en serio. Alguien que se ofende y se taima fácilmente con un par de columpiadas es un dealbreaker, porque lo que podría derivar en química, complicidad y tensión sexual termina derivando en taimadura, caras de poto o discusiones pajeras. Acá, por ejemplo, tenemos a la típica mina que al menor atisbo de humor machista, salta a discursear sobre la desigualdad, que la discriminación y la cacha de la espada.

Asimismo es falta de sentido del humor el no saber seguir el juego, como el diálogo que abre este post. Que si se te ocurre adoptar un personaje o una talla interna entre ambos, que ella te siga y aporte a la historia. Que la performance sea de ambos. Yo que soy medio payaso a ratos pa mis weás, prefiero el público para los auditorios: de pareja prefiero tener a una colega payasa.

Y por último, el humor absurdo, que es el último escalón del sentido del humor. Quién se ríe o quien inventa humor absurdo, merece mis respetos, un galvano y una camionada gratis de Té Samba por un año.

Shao :D

Con esto me voy a echar a varias lectoras encima :)

Disclaimer: Este post vendría a describir a la versión femenina del misógino, que, como usté sabe, no tiene una palabra equivalente para el sexo opuesto. Y no, “misántropa” no sirve.

Una mujer feminista extrema es sumamente matapasiones. Aparte de ser criticonas y lateras, se pisan la cola con su intento de ser iguales a los hombres (meen paradas sin usar el cono mágico y después hablamos). Por cierto, una feminista de las de verdad no es feminista porque sí, y he ahí lo que las vuelve matapasiones. Generalmente poseen una o varias de las siguientes características:

  • Les va como el orto con los hombres. El que está forrado en plata no se anda quejando contra el capitalismo (salvo, claro, que eso le reporte aún más plata).
  • Les va bien, pero se las han cagado hasta por las orejas. No se han detenido a pensar de que el buscarse un saco de weas tras otro tal vez sea un problema de sesgo de ellas, y piensan que la raza masculina entera es un gran conjunto de peleles.
  • Tienen problemas pendientes con su padre. Tanto odio hacia los hombres muchas veces proviene de atados con la figura del Hombre por excelencia: el papá. No ahondaré más porque no es un tema para wevear.
  • Están poco conectadas con su femineidad. Aunque sea irónico, sí. Una feminista intenta equipararse con el hombre en atributos que son más bien masculinos, como la competencia, la agresividad o la dominancia, porque le faltan atributos más femeninos como la ternura, la sensualidad y la emocionalidad. Que se entienda bien: ambos sexos mezclamos atributos de ambos lados, pero hay una proporción para todo.
  • Les falta pico. Sorry, es la pura verdad. Pregúntenle a una mujer satisfecha.

Meet the Feminista Extrema

Bueh. Identifique a su feminista más cercana y aprenda a distinguirla de una mina normal, pero quejona o de una mina que sencillamente valora mucho a su género:

  • Tiene fundamentos elaborados para despreciar a los hombres. Las que uno suele ver despotricando en Facebook: “Hombres, son todos iguales! unos weas!” es una mina a la que se la acaban de cagar, nada más. Una feminista te hablará tranquila y te citará un par de autores autoras.
  • Se produce poco. Tal como lo comentamos alguna vez de las que se las dan de independientes, una mujer que cuida su aspecto más allá de la higiene básica (x ej., pasarse una peineta) está interesada en atraer a un hombre, sin importar cuánto se queje de lo contrario.
  • Gusta de aconsejar a las mujeres que “se cuiden de los hombres”. En general. Porque todos sabemos que saquitos de weas tenemos para uno y otro sexo, pero otra cosa muy distinta es identificar a un género completo como peligroso. Eso se llama fobia. ¿Cómo distinguir? Vea si alguna vez habla bien de un tipo de hombre que no sea gay.
  • Se las da de que no necesita hombres. Cosa ya cubierta en el post ya citado. Algunas pachamámicas también caen en este saco. Las que salen a carretear “only girls” o las que hacen club de Lulú de cuando en cuando, no, no lo son.
  • Te acusará de machista si osas contradecirla. Y en general, ven machismo y “objetivización de la mujer” en todas partes. Y les encanta pelear acerca de eso.
  • Suelen carecer de ternura o adorabilidad. Que es una de las mejores cosas del sexo femenino.

En realidad me da un poco de paja discutir los argumentos del feminismo, no es la idea de este post tampoco. De hecho, le aconsejo: no caiga en pelear con una de ellas (y esto aplica en general con una defensora de cualquier “ismo”). No le siga el juego. Vaya a buscarse una mujer que sí sepa tratarlo y que no lo odie secretamente por ser hombre. No le costará mucho encontrar.

Shao.

No todo tiene por qué ser tan Rainbow Brite, mijita.

Generalmente mamón es un término que se aplica a un hombre que, en lugar de ponerse los pantalones, se subyuga a la dirección de una mujer, sea su madre, su esposa o la wacha a la que pretende. Pero es perfectamente aplicable a las minas también, y cresta que me cargan las minas mamonas.

Las mamonas sufren de algo que yo llamaría femineidad mal entendida, las llamadas “delicaditas”. En alguna parte de su formación como hembras recibieron una sobredosis de My Little Pony, y ya creciditas, nunca dejaron ciertos aspectos de la pre-pubertad.

Usté puede reconocer a una mamona por rasgos como los siguientes:

  • Evitan los garabatos hasta un extremo ridículo. Ok, yo estoy de acuerdo con Fegnin en que las garabateras son lo peor, pero decir “como el ajo” en vez de “como el orto“, “este niño” en vez de “este weón” (habiendo ira de por medio), o “retutetutata” en vez de “conchetumadre” (lo mismo), es porque te fuiste al chancho. En ciertas ocasiones lo necesario es un garabatito bien puesto, dicho con gracia. Mierda.
  • Asquientas. Son las que ponen mueca de “oliendo caca” si les hablan de una fellatio o un cunnilingus (incluso si usas exactamente esos términos). En general, todo lo que tenga que ver con fluidos humanos es tabú para ellas. Encuentran “último de feo” hablar de “agarrar”, y olvídate de que vayan a usar su lengua para nada más que tomar helado. Usualmente son mañosas también para comer.
  • Fomes para tirar. No se quejan, no gritan (y no toleran que tú lo hagas tampoco), no se mueven, no corren mano, no les gusta el sexo oral (dado o recibido), una agarrada de nalgas ya es motivo de complicación (olvídate de darles una nalgada, se pondrán a llorar). Son las que cuando van a la casa del pololo prefieren quedarse en el living con los suegros lo más posible.
  • Hipersensibles. A mí me encantan las tiernas, y entiendo los períodos hormonales de las mujeres, pero una mujer que está así el mes entero es como musho. No puedes agarrarlas pal weveo (para mí es imperdonable no poder columpiar un ratito a mi pareja), no puedes alzar la voz en su presencia, incluso un solo de batería “es como muy brutito”.
  • Faltas de carácter. Les cuesta pararle los carros a un jote, hacer valer sus derechos, decir algo políticamente incorrecto.
  • Cero empatía con los gustos masculinos. [¿Puedo hacer un paréntesis acá? Ahora está como de moda entre las minas dárselas de futboleras, quizá para ganar puntos con nosotros. ¿Cómo distinguir una auténtica de una mula? Las auténticas le tiran chuchás al árbitro. Gracias.] Son las que te ponen mala cara cuando quieres ver un partido, o las que comentan “no entiendo eso de tantos niños corriendo tras una pelotita”.  Las que no entienden que los hombres necesitamos descargar testosterona cada cierto tiempo, sea agarrándonos a patás en la raja con los amigotes, jugando una pichanga hasta morir o cantando rock a grito pelado.
  • Pollerudas, necesitan permiso de los papás hasta para comprarse sostenes.  ¡Y estoy hablando de minas grandecitas! (A mis 26, no me van las menores de edad) Son de las que siempre tendrán atados para quedarse afuera, para carretear hasta muy tarde o demasiado lejos; las que mamá o papá las telefonea cada 45 minutos para saber si están follando (e interrumpir el follón si es que es así, claro).

Seguro se me quedan rasgos de mamonas en el tintero. Y a usté, ¿le gustan?

Shao.

Dispersas.

Las que en una cita contigo (seas pretendiente, tiramigo, pololo o esposo) dejan el celular sobre la mesa, y a cualquier llamado, sea del 103, cobranzas de Autopista Central o (aún peor) su ex, saltan a contestarlo con cara de urgencia. Aún peores, las que se quedan media hora hablando, o el colmo, las que agarran ellas mismas el teléfono para una “cosa puntual, súper cortita” y se pegan 45 minutos.

Las que se van abruptamente de la conversa en chat contigo sin avisar y vuelven dos horas más tarde sin dar siquiera una explicación.

Las que sólo se escuchan a ellas y no les queda espacio en la memoria, siquiera por cortesía, para recordar lo que les acabas de decir sobre el tema.

A las que, para obtener su atención por escasos minutos, tienes que vestirte a la usanza kabuki, saltar en paracaídas, agarrarte a combos con Jackie Chan o hacerle desfilar una avioneta con un lienzo frente a su casa.

Las que no pueden estar un par de horas regaloneando, conversando, intimando, etc., sin revisar el facebook, el mail, el twitter, el fotolog, el msn.

Las que no pueden estar echadas en una cama con alguien sin prender la tele.

Las que no pueden tener un rato íntimo sin música o en silencio.

Las que no soportan una cita sin estímulos audiovisuales extremos.

Las que no poseen ninguna iniciativa de saludar o empezar una conversación.

Las que no son capaces de sacarse el mp3 de los oídos cuando te saludan.

Las que no te miran a los ojos.

No, mushhhas gracias.

Shao.

Sí, me robé el título de la canción de Kevin Johansen, pero es por una buena causa.

Quiero empezar aclarando que no encuentro nada más sexy que una mujer inteligente. Que para mí, tus opiniones fundamentadas sobre los distintos aspectos relevantes de nuestra cultura son el complemento perfecto a esa lencería de La Perla que se alcanza a adivinar debajo de tu polera semitransparente. Pero discutir Kierkegaard en un carrete, cuando me estoy tomando la primera piscola después de una semana estresante no es precisamente mi idea de diversión.

"Mahler es el padre del reggaetón. Por eso no lo bailo, me carga Mahler"

Lo entiendo. Eres cultivada, inteligente y Susan Sontag es Quique Morandé al lado de tus teorías sobre el feminismo. Pero el que me lo estés refregando en la cara tan fuera de contexto, te hace ver aburrida y desesperada por impresionar. Así que, si me disculpas, voy a ir a hablarle a esa chica de ahí y preguntarle si está familiarizada con la obra de Ramón Ayala. No, no es de la escuela de Praga.

Querid@s lector@s, ¿no les pasa lo mismo?