The FAQers Special

Iguols

De las Minas Buenas, por Richi

Cuando uno piensa en mujeres buenas, vienen a la cabeza historias como la de Penélope (la del tejido, no la del bolso de piel marrón), Alcestis o Ariadna (No. No solo en la Antigua Grecia existían las minas buenas. Me dio lata buscar en la Wikipedia).

Como sea, desde siempre se han establecido varios requisitos para que una mujer sea considerada “buena“:

  • Virgen
  • dulce
  • sentimental
  • afectiva
  • intuitiva
  • virgen 
  • tímida
  • recatada
  • prudente 
  • bonita 
  • virgen 
  • sensible 
  • empática
  • fiel 
  • virgen

Antes de que un ejército de feminazis venga con sus antorchas y su igualdad de derechos a alegar, digamos que en estos tiempos, en que las mujeres saben leer, pueden votar y tienen esas cosas de goma para abrir frascos, esa definición ya no sirve de mucho. Parafraseando a Tolstói, todas las minas malas se parecen entre sí; pero las minas buenas lo son a su propia manera.

Tengo mucho que decir al respecto, pero ya que cada vez que alguien se entera que escribo en este pasquín me dice: Pero tú igual como que odiai a las minas, ¿o no? , solo diré que en mi opinión, una mina buena no necesariamente es la que aguanta toda tu bullshit. Una mina buena es la que quizás te rompa el corazón, pero no te corta las piernas.

Puta, uno sabe cuando encontró una mina buena. Sólo que a veces se da cuenta muy tarde.

De las Maracas, por Negro

Todo pasa por algo“.

Esa frase genérica de consuelo, que en el momento no se entiende… y después tampoco, pero puta, es lo que hay. Y las maracas, señores, a uno también le pasan por algo.

Como ya hemos podido aprender en este amoroso pasquín, hay diferentes tipos de maracas: unas entretenidas, unas con las que te quedas enganchado, unas que pasan con un poco de enojo y de ahí ni te acuerdas; pero lo más importante es que cada uno tiene su maraca de antología.

¿Se acuerdan de eso de que las mujeres maduran antes, mientras uno anda ahí jugando laminitas, canicas and what-not? Bueno, estas “señoritas” tienen un propósito muy importante en el proceso. Esos dos años de ventaja que nos tiene el género femenino en el departamento de madurez hay que recuperarlos de alguna manera. Y pa eso están poh… pa eso pasan. A todos nos toca. Y al final igual lo pasaste bien. Y nadie sabe si el karma les cae al final, pero igual: gracias maraquitas, por hacernos ver que hay gente como el pico en todos lados, lejos y cerca, en las buenas y en las malas.

A algunos hasta la muerte los separa poh. Mala volá.

De Todas las Demás, por Shesho

Lo más adorable de las mujeres es que son humanas. Humanas y no caricaturas, aunque a muchas que leen este pasquín a la rápida, con la Cosmo abierta en la otra pestaña, les cueste creer que yo diga algo así. Incompletas y erráticas como nosotros, ellas y nosotros somos como piezas de un rompecabezas que chocan una y otra vez, casi siempre encajando a medias, enredadamente, imperfectamente.

En los grises está la variedad. Es cierto, hay minas muy cagás de la cabeza, minas que tienen trastocadas todas sus prioridades de vida en función de vengarse, poseer o cazar atención, y también hay minas estudiadamente angelicales, insoportablemente bienintencionadas, frustrantemente santurronas. ¿No serán ellas quienes se encierran en caricaturas, moldeadas por estereotipos, exigencias, expectativas? No lo sé ni me importa. Yo me quedo con esa mezcla incierta: nosotros mismos somos inciertos, qué más podríamos exigir. Me siento más en casa entre seres que no han dejado de construirse.

Y la mitología del bien y el mal nos nubla la vista, porque todos hemos sido héroes o villanos dependiendo del capítulo. ¿Es buena la bondad? ¿Es mala la maldad? Si tuviera que escoger algo con qué medir, es la transparencia. Me gustan las minas imperfectamente honestas, las work in progress, las “estamos trabajando para usted, bánquese las molestias o váyase a huevear a otro lado“. Porque además, las historias con final abierto, donde no hay ni salvaciones ni condenas aseguradas para nadie, son por lejos las mejores.

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Ser hombre en estos días no es fácil. Estamos llenos de consejos contradictorios, cuestionamientos por parte de las mujeres y de nosotros mismos: ¿somos realmente necesarios? ¿Qué es lo masculino ahora que todo está cambiando? ¿Qué se espera de nosotros como hombres? En un esfuerzo de producción, FAQ Women reunió al concilio de FAQers (más un invitado) a reflexionar sobre el tema, en (aprox) 100 palabras. Son 10 miradas distintas a este dilema. Aquí van.

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Richi

Como todos los problemas en la vida, éste es un problema de números. El tamaño del pene. El número de parejas sexuales de la polola de turno. Los años que te quedan para jubilar. El número de cuotas del crédito (automotriz, hipotecario, universitario, de consumo, ahí voh vela) que te quedan por pagar. El tamaño del pene. El número de citas máximo sin que te la suelten. El número de horas extra que llevas este mes y que nadie te va a pagar. Y con tanto número, no nos preocupamos de lo que realmente importa. Como el tamaño del pene.

Negro

Los hombres pensamos mucho y no porque queramos. A algunos nos gusta, a otros no, pero sí o sí nos sentimos exigidos en pensar y terminamos por sobrepensar las cosas. Crecimos en una cultura machista: nos enseñaron que uno, como ejemplar sobresaliente, debe ser el que piensa, provee y soluciona; y aunque esto ya cambió en el colectivo, una parte ya se quedó ahí, estampada, en la cabeza, burlándose, hasta la muerte. Y como somos brutos, nos hacemos caso, y pensamos, y repensamos, y luego nos quedamos medio congelados. Después decimos: puta que soy weón.

LoboXz

Tiempos de antes, tiempos sencillos (¿más justos? no creo), cada uno sabía que debía hacer porque los roles estaban claros. Ahora todos se trastocan, hay más igualdad, las mujeres avanzaron y nosotros les dimos la pasada. Por eso ahora no sabemos qué hacer: porque las mujeres son más iguales y los hombres quedamos igual. ¿Si no, por qué hay algunos que les molesta la independencia sexual de las mujeres o que chupen (copete) más que lima nueva? El ser hombre ya no tiene valor por sí mismo sino por la persona que eres, y me parece la raja, sólo que a los que vivimos hoy no nos enseñaron eso.

Drope

De lo que nos jactábamos, ahora es un parámetro. Si antes competíamos entre nosotros por ser “el mejor” en algo, o éramos atentos con ellas para que se sientan bien, o dejábamos por momentos nuestro machismo de lado para no incomodarlas, ahora estas cosas son un factor fundamental en la parte de analizar hombres en las tertulias femeninas. Si no somos “el mejor” en lo que ella escoge, somos mediocres; si no somos atentos todo el tiempo, somos unos desconsiderados; si mostramos un detalle machista, somos unos brutos sin sentimientos, etc. Pareciera que somos nosotros los que nos tenemos que volcar en satisfacer las expectativas de ellas… la balanza se fue de un extremo al otro; afortunados los que tenemos la suerte de encontrar una pareja equilibrada.

Barbanegra (invitado desde HombresRudos.com)

No es fácil ser hombre, como lo eran nuestros padres y abuelos. Ellos la tenían más fácil. La sociedad hoy te condena si eres varonil, te dejas crecer una barba larga, te rascas el culo en público, tienes gusto por los deportes violentos, el conducir rápido y agarrarse a combos. Tampoco es fácil cuando las mujeres han invadido tu espacio natural. Si hasta mundial de fútbol femenino hay. El hombre peludo y recio como lo conocemos, es una especie en extinción. En pocos años más sólo será parte de una enciclopedia.

Camilo

La problemática de ser un hombre hoy en día no tiene nada que ver con las mujeres. De hecho, es una problemática que también las afecta a ellas. Es el problema que ocurre en cada situación humana en la que nos vemos envueltos, aunque sea involuntariamente. Es que como hemos sido pateados de una relación, despedidos de un trabajo y echados de un carrete, asimismo tarde o temprano, nosotros seremos los que pateamos, despedimos y echamos a otra persona. La problemática es que eventualmente nos convertimos en lo que odiamos. Y leer blogs con caricaturizaciones ridículas no ayuda en nada.

Cash

… mi abuelo era infiel y mi abuela se las aguantaba. Mi abuelo tuvo hijos fuera del matrimonio y mi abuela lo aguantaba. Mi abuela cocinaba, criaba y… aguantaba. Yo estoy pagando los platos rotos. Las mujeres se rebelaron; de a poco parece darse vuelta la tortilla, y me pregunto hasta qué punto podrán seguir “evolucionando”…  ya me empieza a dar miedo, me siento casi en inferioridad: ¿cuánto pasará (si es que ya no está pasando) para que ahora sea el hombre quien esté “con el terno bajo el brazo”? Supongo que mi abuelo no estaría para nada orgulloso. Pero no pido volver a estar así: pido igualdad y soy hombre. Los dejo, debo ir a lavar los platos… rotos.

El Economista

Queridas doncellas: Olvidemos la idea que no podemos vivir sin el sexo opuesto, millones de madres solteras y padres “picaflores” lo avalan. Las libertades que juntos hemos logrado con los años, ya son suficientes para tomar caminos separados. Pero piensen que al buscarlas, no queremos una niña más para cuidar, sino que una partner para vivir felices y alcanzar lo que no podemos solos: más libertades para nuestra relación, nuestras locuras, nuestras ideas, para los años venideros… para nuestros hijos. Las mujeres inteligentes son el mayor y más esquivo factor en este plan conjunto. Piénsenlo.

Dr. Ninfómano

Ser un hombre es simple y fácilmente podría convertirse en algo aburrido. Por eso, para darle pimienta, siempre he tratado de experimentarlo todo, de vivir sin miedo y decidir basándome en la experiencia. Pero hay algo que jamás podré probar y me mata de curiosidad. Daría un par de mis dedos por probar ser sexualmente una mujer. Las admiro, las amo, a veces les temo y otras las envidio. A veces pienso que viven una sexualidad superior y más compleja que la nuestra. Por algo son emblemas de erotismo y sensualidad. Quisiera vivir ese mundo y enriquecer más la simpleza de ser hombre.

Shesho

La problemática no es de ser “hombre”. La problemática es la de existir, porque no entendemos un carajo de cómo hacerlo. Hoy cuestionamos la masculinidad, mañana la bioética, luego las portadas de diarios… Estamos nerviosos de vértigo, y pretendemos controlar y predecir este mundo caótico con teorías pajeras. Compramos seguros, calefacción, religiones, matrimonios, profesiones y planes de jubilación, y nada llena el vacío. Estamos cómodos y llenos de explicaciones, pero sin bolas. Aburguesados y hamburguesados. Y las mujeres están igual que nosotros. Todos nacemos por cesárea. Nadie se moja el culo. Nadie se expone al fracaso o al dolor. Nadie enfrenta su propia muerte. Estamos todos descafeinados.

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