"We're a generation of men raised by women. I'm wondering if another woman is really the answer we need." — Tyler Durden
Iguols
bb

La metáfora perfecta: Bryan Cranston disfrazado de su propio personaje.

Se hace difícil conocernos en estas épocas donde todos somos nuestro propio asesor de imagen. La capacidad de editar lo que decimos antes (y después) de decirlo nos cagó la vida: antes tolerábamos los tartamudeos, las vacilaciones, las pausas, las frases torpes, porque come on, no todos nacimos para comunicadores audiovisuales o animadores de kermesses, a Dios gracias. Tú me aceptas mis pifias, yo te acepto las tuyas.

Pero ahora podemos corregir nuestra ortografía, pensar tres veces lo que vamos a decir, copiarle la conversación al amigo para que opine e incluso googlear una frase inteligente antes de responder. Tenemos manuales y libros para decir la cosa correcta en el momento preciso. Podemos photoshopear las cicatrices y salvar nuestra ignorancia con un par de visitas a Wikipedia. Nuestros videos duran seis segundos y no nos alcanzan a mostrar poniéndonos nerviosos o quedándonos en blanco. Y todos esos arreglines nos esconden tras la versión idealizada de nosotros mismos. Todos parecemos ser sensuales, chispeantes, cultos y onderos, mostrando nuestro mejor ángulo.

Deformamos nuestro nombre y nos ponemos apodos absurdos, para escapar de la normalidad de llamarnos Marcelo, Anita, Sergio. O nos ponemos de avatar un personaje, una caricatura, una foto random, que finalmente no es ni más auténtica ni más falsa que una foto de nosotros, escogida, retocada y encuadrada. Nos estamos conviertiendo en una suerte de fanpage, una colección de platos de comida, playlists y hábitos a la cual se le puede enviar publicidad personalizada, o enviar a la cárcel por sospechas terroristas.

Interactuar se parece cada vez más a un beso seco entre dos máscaras, un intercambio de clichés y jajajás que nos resultan demasiado cómodos y seguros. Somos la versión chatbot, el Siri de nosotros mismos: no conversamos nosotros, sino que conversan nuestros perfiles. Y si nos pasa algo y morimos, nuestras aplicaciones siguen posteando en nuestro nombre, manteniéndonos online como zombies, dejando grotescamente en evidencia lo fácil que es fingir vida digital.

¿Cagamos?

Tal vez no. Pero desenterrar la humanidad, a estas alturas, requiere valentía. Tal vez el tontito que DESPOTRICA EN MAYÚSCULAS en Twitter a los tres followers que aún le quedan tenga un punto. O tal vez no, y lo suyo también es una pose ensayada, un experimento social, una cuenta parodia para la cual no tenemos el sarcasmo suficiente. ¿Cómo saberlo? Ése es el problema realmente: que no sabemos. Jugamos al gato y al ratón entre los cada vez más accesibles blogs de psicología y los cada vez más inaccesibles perfiles de la gente.

Por eso también este blog: para ver si aprendemos a adivinar la fragilidad de los demás entre los píxeles, porque a ratos pareciera que los demás están increíblemente bien y que los únicos que tenemos miedos y ansiedades somos nosotros.

Shao.

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… y la chica, de pie y guadaña en mano, mira a su alrededor con sonrisa satisfecha. Yacen, destruidos, los símbolos de la opresión: ceras depilatorias, maquillajes, tacos, joyas, la industria porno (y no se le escapa la ironía de que es la única donde la mujer gana muchísimo más que el hombre), los comerciales de electrodomésticos y lavalozas llenas de pelotudas sonrientes y sumisas, la minifalda, los disfraces de conejita Playboy y la prostitución. Y un poco más allá se divisa, tumbado e inerte, al alguna vez tirano, emocionalmente analfabeto, cosificador, fálico y ególatra Opresor. Por fin. Lo logró. Le probó al mundo que tenía la razón. Está libre…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ahora, ¿qué?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LoboXz: -Hola soy LoboXz y yo… yo tuve una relación a distancia.

Todos: -¡Hola Loboxz!

Muchos rehúyen, muchos se esconden, muchos niegan, pero las relaciones a distancia existen y existirán.

La historia de los amores a distancia comienza en la antigua Grecia, con Odiseo, y sabemos que a él no le fue muy bien; en Chile, la primera relación a distancia es con Inés de Suarez y su marido en España, y la historia dice que le ponía los cachos con el patrón don Pedro.

Sea como sea, la tecnología acorta distancia en muchos aspectos y hace que la gente se anime un poco más a atreverse a llevar este tipo de relación; por otro lado, el ritmo de la vida actual absorbe a las personas de tal forma que por mucho que vivan uno al lado del otro, a veces es como si estuvieran a kilómetros de distancia.

No me imagino un pololeo por carta, esperando varios días para recibir contestación; claro, algunas dirán que es domántico, y que el llegar en la diligencia de los miércoles cada mes es bonito. Pero la realidad es que hoy uno se toma un bus y puede estar en unas cuantas horas dándole en brazos de su amada; si lo pensamos bien, hay gente que demora horas en cruzar toda la ciudad, ¿por qué no sumarle un par e ir a visitar a la pinche?

Ahora, hay cosas que no preverás hasta que te pasen; el tener una relación a lo lejos provocará que te pierdas algunos momentos “importantes”, tanto tuyos como de ella, porque hay que entregar tal o cual informe; porque hay que estudiar para alguna prueba… en fin, situaciones no faltarán. Lo importante, a mi juicio, es que siempre se den el tiempo para verse; imponderables habrán siempre, pero si se comprometen a verse, háganlo.

El entorno tuyo o de ella puede ser tema también; habrá que presentarla a los amigotes, conocer a sus amiguis, y pasar tiempo one/one con ella, y todo eso absolutamente comprimido en un fin de semana cada, no sé, dos semanas. Eso puede ser un plus y un contra; lo bueno es que no te pedirán ir a la fiestecita de té por el día del árbol; pero por otra parte, tampoco podrás estar en todos esos eventos sociales que sí son wena onda. Y así es cómo se equilibra la balanza. Tendrás menos tiempo para ganarte a la Suegris, pero si no le agradas, tendrás que dedicar menos tiempo a poner caritas y agradar.

Al final del día, creo que lo importante es que este tipo de relaciones se puede dar, pero hay que querer y trabajar en ella. En estos casos la confianza con la otra persona debe ser total (al igual que en una relación regular, pero en estos casos no es tan simple llegar y reclamarle por algún celo weón).

Hay que hacerse el tiempo para verse, porque el chat aguanta un rato, pero no suple todo; el contacto físico es importante (y no me refiero solo a la cochiná). Tenga paciencia y disfrute su relación. Muchas veces usté tiene a su guacha al lado, pero es como si la tuviera a kilómetros. En el caso de las relaciones a distancia, realmente es así, por eso es necesario que la distancia sólo sea geográfica. Si no, no hay por dónde. Y ya, me despido que me siento como dostor corazón.

Saludos y se la cuidan.

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A quien corresponda:

Quiero dejarte esta carta como testimonio de lo que en un tiempo más te avergonzará, así como yo me avergüenzo de haberme cortado el pelo estilo Backstreet Boys en los 90. Son cosas que uno hace con exceso de entusiasmo y falta de visión a largo plazo. Porque tú, Recién Liberada de alguna relación tirana, eres en este momento simplemente una instantánea de ti misma; una fotografía sacada con mala luz e impresa en modo economizador de tinta, a la que pronto se le irán los colores. Y tal vez no tenga sentido para ti ahora, porque ahora, por primera vez en muuucho tiempo, te sientes bien. Eres como la vuelta a la democracia.

Te lo digo porque a veces cuesta perdonarse los excesos de la farra y uno prefiere omitirlos. No me refiero a los tequilazos gratis en el karaoke que terminaron contigo enchufada a un suero en la clínica; ésas son honorables marcas de batalla. Es la farra moral, la resaca de haber usado y desechado a la gente; el haber visto pasar demasiadas caras como para que pudieses haber fijado tu vista en una de ellas. Y ésa es otra de las fotografías borrosas que guardarás de estos momentos. Borrosas también por conveniencia, porque la nitidez te recordaría demasiados detalles incómodos.

Entiendo de dónde viene toda la vorágine. Entiendo que lo pasaste como el hoyo anteriormente. Que te postergaste, cediste más de la cuenta, trapearon el piso contigo y etc. Y te mereces pasarlo bien un rato. Pero finalmente, esto es la ley del péndulo, compensas sufrimiento con euforia, y la suma da cero. Me recuerda a lo que pasa cuando abres en exceso la llave para llenar un vaso: la fuerza del agua la hace rebotar, y el vaso se mantiene vacío. Y prometo no seguir con metáforas domésticas de mierda, ya me entiendes el punto.

Recordarás este período como una larga y embriagada vuelta sobre ti misma, mientras alrededor todo gira. Y la fuerza centrífuga hace que salgan disparados de ti el copete de tu vaso, los chicles de la cartera, desprecios, besuqueos anónimos, corridas de mano, risotadas y un par de páginas del Manual de las Cabronas que alguna amiga te dio para envalentonarte en tu mala época. Las amigas te sostendrán cuando ya hayas dado demasiadas vueltas y te precipites, mareada, al piso; las amigas te llevarán a la rastra al auto cuando balbucees que estás borrrrrrrasha y que dónde se fue el weón que te regalaba tragos; las amigas se reirán contigo al día siguiente del idiota ése, que insiste en buscar algo serio contigo, cuando tú no quieres nada, nada, con nadie. Con n-a-d-i-e.

Y está bien. Hay un momento donde todos tenemos que aprender a estar —aunque sea un rato— solos, en el frío, sin el calientacamas y la estufita que significan una relación estable. Sentir el viento filudo y la piel de gallina te forja el carácter. Y eso, claro, implica mandar a volar a muchos que en otras circunstancias habrías recibido con los brazos abiertos. Y ellos no tenían la culpa, y de hecho, más de uno habría sido una buena pareja para ti. No excelente, pero sí buena.

No te voy a decir que te arrepentirás… eso te lo dirán ellos, los que habrás rechazado. En realidad, cuando se te pase el calor y el aire fresco se convierta en helado, sentirás la versión endulzada con stevia del arrepentimiento, que es el remordimiento. Esa sensación de “la verdad, si me volviera a pasar, lo haría distinto“. Y es que en algún momento te darás cuenta que no se puede andar todo el tiempo con la guadaña en una mano y la botella de vodka en la otra —cual granjero ruso—, y ése es el principio del fin de ti como Recién Liberada. Que a esas alturas ya serás una Demasiado Liberada, a punto de convertirte en una Ok, Suficiente de Juerga Ahora Quiero Conocer a Alguien Liberada.

Y claro, sucederá. Y esas fotos serán reemplazadas por otras nítidas y sonrientes, que son las que finalmente se enmarcan y se atesoran y se ponen como foto de portada en Facebook. Las oficiales. Las de las vacaciones soñadas, las del matrimonio y la luna de miel, donde estás genuina—y sobria—mente feliz. Pero ahí está la trampa: te olvidarás demasiado rápido que fuiste una Recién Liberada. Convenientemente te acordarás de cuánto te reíste y cuánto te emborrachaste y cuántos porros te fumaste y a cuántos NN te agarraste y cuánta caña acumulaste y cuántas veces cantaste Lady Gaga a grito pelado, pero omitirás que extendiste la euforia Kill Bill más de lo recomendado y que eso te transforma en una tarada.

Pero no. No lo tapes con tierra. Te servirá, cuando todo esto pase, para entender tus límites. Para darte cuenta que hay cosas que definitivamente no son tu estilo, y que lo sabes porque lo probaste, no porque lo leíste por ahí. Porque con quien realmente importa, las pendejadas ya no dan lo mismo y las amigas no se reirán contigo. Y el problema es que esas fotos trasnochadas y movidas son un registro engañoso: todo queda retratado con un airecito como de gira de estudios, de locura linda. No te compres ese cuento. Registra esto. Recuerda el potencial que tienes de ser una pelotuda. Por eso también te escribo esta carta: para que no se me olvide a mí que alguna vez lo fui.

Shao.

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¿Moderna o Pos-moderna? Bueno, qué importa. Como quiera usté llamarla estamos en una sociedad remezclada, donde el comunismo renovado, el neo futurismo, la economía social de mercado y el revival grunge vienen en el lookbook de avance de temporada primavera-verano. La gente se pone y se saca actitudes y creencias cual ropajes. Tal vez eso caracteriza a la Moderna: al final todas son un poco Modernas, todas y todos combinamos un poquito de acá y un poquito de allá, según necesidad, según conveniencia, o simplemente porque es lo natural en un entorno que más que entorno es una gran juguera.

Much@s no le verán sentido a este post y no entenderán que no respete el formato del Catálogo que yo mismo creé. Pero es que yo mismo siento también el peso del caos, y los formatos, las estructuras y lo preestablecido pierden sentido a su vez. No sean mañosos. Están demasiado malacostumbrados: saltan de título en título y buscan las weás que están destacadas en negrita por si encuentran alguna frase clever que compartir en Facebook. O leen las primeras tres líneas y se imaginan lo demás, porque les da flojera leer/pensar/interpretar y sólo querían confirmar rápidamente lo que oyeron por ahí (que somos un grupete de pelotudos machistas reduccionistas) antes de que la teleserie vuelva de comerciales. O escriben sus propios posts tratando de imitar vacíamente el formato, pensando que nuestro estilo es bacán, como atestigua nuestra bandeja de entrada de colaboraciones y un par de blogs copiones por ahí. A la mierda.

La Moderna se lleva bien con el caos y con que las cosas se vayan a la mierda continuamente, y por eso se maneja con tanta habilidad en este mundo: porque remezclarse siempre gana. Tal vez eso viene con la madurez, porque esta mina ya fue despechada, ya fue single lady con insignia y medalla, ya fue sumisa y devota, ya fue libre, linda y loca y todas esas pavadas, y ya fue belieber del Ken sadomasoquista™ de 50 Shades of Grey y ya lloró su desamor por los rincones y ya le metieron todos los dedos en la boca (pun not intended). Ya no se enoja por la mención de una palabra, no se complica con cocinarle al pololo, no anda buscando machismo encubierto por ahí para denunciarlo en una fanpage.

Las reivindicaciones son de los años 50, el idealismo de los 60, las consignas de los 70, el aburrimiento de los 80, los slógans de los 90. ¿Qué estilo es tu favorito? Tenlos todos: colección primavera-verano, en grandes tiendas. 

La (Pos)Moderna es relajada porque, entre tanto caos, tomar partido por machismos, feminismos u otras creencias es superfluo, cerebralmente flojo, absurdo. La Moderna no se complica, porque el mundo ya es lo suficientemente complicado. La Moderna entiende que los hombres estamos tan perplejos como las mujeres en este jueguito de nacer, crecer, ensayar la reproducción, seguir ensayando la reproducción, reproducirse finalmente y morir.

Nos cuesta aceptar que el mundo es inherentemente random. Que la gente buena a veces muere antes, que una criatura inocente puede ser violentada, que un pelotudo puede ganar la lotería. Nos cuesta aceptar que las cosas que ocurren no son ni premios ni castigos. Como no podemos escapar de la evidente falta de criterio moral del universo, nos inventamos patrañas de tentaciones, demonios, karmas y juicios finales en otros “planos de existencia”, como para creer que en alguna parte nos darán la razón.

La Moderna entiende que todo esto es bullshit. Que si un tipo se la cagó, es culpa de ella que no supo darse cuenta antes, no del género masculino y su egoísta falo arquetípico, o de la alineación del regente con Sagitario. Entiende que no por mucho llorar que nadie la pesca (y que morirá sola y rodeada de gatos) va a encontrarse más rápido a alguien que la quiera. La Moderna se equivoca y se autoperdona los cagazos, porque al final nadie es perfecto, todos somos débiles, todos tenemos miedo, todos somos celosos. Incluida ella. Incluidos todos. Especialmente yo y especialmente usté, lector(a), que eligió seguir leyendo hasta acá en medio del caos y las notificaciones del WhatsApp.

Y es que nos remezclamos entre gente imperfecta. Es así. Entender eso te ahorra un montón de sufrimiento innecesario. Sencillamente hay estilos de ser imperfect@ que son más compatibles con nuestra propia imperfección. Y en definitiva, incluso el famoso checklist de requisitos que supuestamente uno necesita para tener relaciones sanas pasa a segundo plano al lado del inexplicable acuerdo entre dos personas de quererse de manera especial. Y no, carajo, no hay manual para eso. Ni siquiera hay un tiempo propicio. No viene destacado en negrita. Es random como el mundo. Pero ése es tema para cuando este blog se acabe.

Shao.

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