“Siempre he pensado que hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase “todo el tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que —felizmente la gente las echa en el olvido.” — Ernesto Sábato, El Túnel.

Si hay un instinto que puede llegar a ser más fuerte que el materno o el reproductivo, es el de autoprotección. Si no me cree, trate de echarse gotitas en los ojos solo. Es un trabajo difícil aprender a bajar esas barreras que instintivamente el cuerpo crea, como reflejos, para proteger lo que el propio organismo cree que está bien. Y pues, resulta que hacemos lo mismo con nuestras relaciones piernales… Pasadas y actuales.

¿Por qué tantos hemos recaído con aquella muchacha triste con la que juraste de guata que no volverías ni aunque se enchulara, quedara como Scarlett y le saliera piscola por las pechugas? ¿Por qué en esos momentos en que dan ganas de mandar todo a la chucha y pegar la correspondiente PLR, llegamos a conclusiones como “náh, si con la flaca peleamos solo por weás, la mayoría del tiempo nos llevamos la raja” o “si igual que te celen un poco es rico, además aunque me revise mis cosas no tengo nada que ocultar“, o ” no se depila porque tiene antepasados franceses“, o “noo, si este poto no está tan maaal”?

Siento que más allá de la calentura y la necesidad de tener a alguien al lado (o adelante, o atrás según sean sus preferencias), siempre esta por debajo, subterráneamente, la protección y la necesidad de quedarte en lo seguro, en lo que ya conoces, aunque no sea lo que a todas luces te gustaría que fuera.

Eso no sería un problema si enfocarse en las cosas positivas y obviar las pifias nos ayudara a llevar relaciones más pacificas, o a aumentar las jornadas de sexo recreativo de 3:00 AM con la ex. Pero no, la vida no es tan simple muchachines, y por lo general todo se va al carajo.

¿Por qué?

Más temprano que tarde se revienta la burbuja en la cara, y te das cuenta de que estás al lado de una persona a quien ya no le soportas los olores detalles, y que solo estás ahí por comodidad o simple rutina. El problema no es el amor a primera vista, sino que la segunda vista: cuando ya se fue el enamoramiento. ¿Been there?

El problema (y más trágico para tus propias intenciones) es que a veces, de tanto quedarte pegado en la búsqueda de la estabilidad y la seguridad, el que recibe el sobre azul terminas siendo tú, y te quedas buscando excusas y motivos sobre qué fue lo que terminó de matar la relación, que por qué esta pérfida te cambió por un basquetbolista samoano que calza 48, si lo que ustedes tenían era tan perfecto, siendo que ella solo hizo lo que se supone que haría… lo que cualquiera en su posición haría, lo que hasta tu mamá sabía que venía.

Estoy seguro que a TODOS nos cuesta ser objetivos cuando se trata de relaciones; separar cuestiones de convivencia con los sentimientos que te puede provocar tu pareja no es fácil, pero no podemos olvidar que el sustento de la proyección es, sobre todo, tolerarse. Si siente que es un detalle superable, convérselo con la dama, pero si hay cosas que te molestan seriamente, lo mejor es dar un paso al costado, o la olla a presión terminará estallando y aténgase a las consecuencias, porque no será lindo.

A veces, los árboles no dejan ver el bosque.

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Una lectura apresurada de este blog podría sugerir que los hombres las preferimos explícitas en cuanto a su pasión por el sexo (iba a decir pasión por el regalón, pero resulta que están las que les gusta el sexo y las que sólo les gusta el pico, y créame, son categorías distintas).

Pues nada más alejado de la realidad. En estos tiempos forzadamente sexuales, la mina discreta, ésa que no hace aspavientos, nos evidencia un punto: el alarde y la publicidad no necesariamente implican un buen sexo, y muchas veces es justo al contrario: es la falta de soltura amatoria, pidiendo ser compensada (y si no, que lo digan las siempre proliferantes Tuitercachondas).

El punto es, ¿cómo lo sabes entonces?

El punto es, ¿necesitas saberlo de antemano?

¿Qué pasó que de pronto necesitamos garantías para lanzarnos? ¿Tan descocados nos tienen? Una mina discreta es la falta de garantías que hace que lanzarse valga la pena.

Yo diría que aquellas mujeres piolas, que aman el sexo puertas adentro pero dejan la incógnita puertas afuera, son la gran mayoría. ¿Cuánto tipo distraído por ahí no tendrá de pareja a minas que aparentan ser apáticas o conformistas en lo sexual, y que en realidad no son más que fierecillas dormidas, esperando pacientemente escuchar el santo y seña animalesco para despertar?

Incógnita.

Y eso de la incógnita es muy femenino; desde su fisonomía en adelante que las partes buenas necesitan ser exploradas, conquistadas, es la fruta más alta del árbol.

Y los hombres creemos ser muy concretos, juramos de guata que somos pragmáticos y al callo y que no nos gustan los rodeos, pero tal como ellas, rapidito nos fastidiamos con lo obvio y lo evidente. Nos gustan los Everests, los Olimpos; porque eso de subir montañas inhóspitas y clavar banderas al llegar funciona a varios niveles con nosotros.

Nos gusta la sospecha, el acertijo. Y esto no tiene nada que ver con demorar eternamente la intimidad; de hecho, una mina discreta puede ser sorprendentemente rápida si vio las señales correctas. La mina discreta tiene claro lo que busca, así que no ve razón para hacerse la difícil: o quiere o no quiere. Las trabas y las demoras son para las pendejas indecisas que aún no saben distinguir entre un Ken y un tipo de carne y hueso, o para las inseguras, que se hacen tanta publicidad que colapsan con la avalancha de babosos, y a falta de buen ojo para filtrar, simplemente los dejan a todos afuera.

La mina piola muchas veces es la Simpática en el sentido de que no te la puedes engrupir; o te aceptó la danza o no te la aceptó, pero no será un tema de sacársela por cansancio, de ablandarla con regalos pelotudos o de demostrarle con frases acartonadas que te leíste tres ebooks de filosofía la semana pasada. La Discreta, a diferencia de una que es meramente tímida, no es impresionable por pendejadas. Se dejará encantar por los detalles inversos a los que tú pretendías mostrarle y le abrirá sus piernas a tus defectos más que a tu ensayada bio de Twitter.

De hecho, en un mundo donde todos nos hacemos los lindos, lo único que realmente impresiona a una Discreta (y lo que más me impresiona a mí de una Discreta, ahora que lo pienso) es esa falta de necesidad por impresionar.

A la Discreta simplemente le tincaste, y eso recién será un primer “sí” al baile con lo desconocido que ella encierra, sin garantías, sin calentadas de sopa. Y si dos horas más tarde su cartera está desparramada en el suelo junto a tus pantalones, eso sólo es una señal de que estaba todo bien y de que cumpliste de cerca lo que prometías a lo lejos, porque la decisión de aceptarte la cueca fue tomada por ella, mucho antes de que se te ocurriera mirar.

La Discreta entiende de química. Las reacciones químicas no son un logro; simplemente ocurren, o simplemente no ocurren. O al menos yo nunca vi al hidrógeno pagarle cenas al oxígeno para ver si se conseguían juntar.

Así que nada de andar cantando victoria. Los bragging rights son un cazabobo: si realmente te los mereces, no los usarás. Y eso cuenta para ambos lados, porque la mina discreta no anda avisando que es discreta.

Shao.

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FAQ Women se complace en presentar un folletín de apéndice a la afamada Enciclopedia de las Técnicas Zorras, escrito por David, a quien usté tal vez recuerde por este otro post. Que lo disfrute.

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Esta es una técnica poco común, pero en manos inescrupulosas es una verdadera bomba atómica.

En esta técnica, la hembra juega con la segunda mayor fantasía de un hombre sobre la tierra (sí, señoritas, la mayor fantasía de un hombre es hacer un gol en la final del mundial de fútbol. Sorry), esa fantasía alimentada por millones de horas de pornografía que eleva a quien la consiga al estatus de Zorrón envidiado y admirado: el trío MHM.

Aclarémoslo ya: esto no se trata de lograr el infinitamente soñado ménage à trois. No señores: aquí lo que busca la mujer es ganar tiempo.

¿Para qué la mujer querría ganar tiempo?

El uso más clásico de esta técnica es cuando la mujer está conociendo a la víctima y quiere engancharla. Con esta técnica, ella se convertirá en la mejor mina que pueda conseguir en su perra vida: una mina que le gusten también las minas. Oro puro, con el interés garantizado por el tiempo suficiente, cosa de que sin querer queriendo, el macho se enamore o por comodidad continúe la relación para no perder lo ya invertido.

Otro uso clásico es cuando la relación está mal y se está mirando para el lado; esta técnica es una inyección a la vena de interés por la relación y así pasar las tempestades.

Lo poderoso de esta técnica pasa simplemente porque para llevar a cabo un trío se necesita de la venia de la dama, lo cual automáticamente le da poder absoluto sobre la fantasía. Una vez que han detectado el deseo del macho (llevamos tatuado en la frente “quiero un trío por favorcito”, así que no es gran mérito), la reacción puede ser variada: generalmente, las más recatadas de plantón le dan a entender al hombre que eso es algo asqueroso, anti natura y un sinfín de términos medievales, obviamente acompañado de los miedos relacionados con compartir a su pierno.

En cambio, una mujer medianamente calculadora se sobará las manos.

La técnica

Paso 1, la propuesta: Ella le sugerirá (sutilmente) que le gustaría experimentar un trío. Milésimas de segundo después de esa frase, el hombre cae hipnotizado por la noticia. Un torrente de emociones fluye por su cuerpo de forma incontenible, podría llorar y reír al mismo tiempo, está más contento que perro en asado familiar.

Pero a su vez cae en la más absoluta vulnerabilidad. Este momento el macho lo ha imaginado infinitas veces, entonces sabe cómo reaccionar y con temple de acero sólo asiente con indiferencia: mmm, séeh… podría ser… No importa: en este punto él sólo buscará la mejor forma de mantener a la mina feliz para que no cambie de opinión e intentando disimular su interés. El tipo pensará cada palabra que diga. ¿Una pelea? ¡Jamás! el hombre se convierte en un estratega 24/7 sabiendo que se acaba de ganar la lotería.

El problema es que cobrar el boleto no será fácil.

Paso 2, la espera: Acá la mujer evitará el tema durante el mayor tiempo posible, dejando que la mente del hombre vuele por el universo pornográfico que hemos acumulado en la cabeza de tanto poner en el buscador Lucky Guy Does Two Best Friends. Con sigilo por el empedrado el hombre esperará que la mujer retome el tema. Pero eso no ocurrirá pronto, así que pasado un tiempo prudente el tipo dejará la cautela y el fingido desinterés y retomará la plática.

Ella se mostrará reticente y se hará la loca el mayor tiempo posible, porque él no puede presionarla en exceso sin perder todo lo “avanzado”; pero lentamente el macho terminará ofuscándose y perderá interés. Pero como la finalidad de esta técnica es retenerlo, ella da el paso siguiente.

Paso 3, pasar la Pelota:

— ¡Ya poh, hagamos el trío!
— Puchi, pero no conozco a nadie que quiera…

Acá le tiran la pelota al hombre, y un hombre con una pelota que no sea de fútbol mucho no sabe hacer. El compadre le preguntará a todas sus amigas, conocidas, desconocidas, incluso primas; agotará todas las instancias e incluso considerará el comercio sexual (descartado: ella jamás dejará que uses esa carta triunfo, alegando que es muy sucio, que no le da confianza, etc).

Eventualmente, el tipo podría conseguir alguna mujer que acepte su solicitud, pero su mina simplemente dirá que no le tinca, que no se siente segura, que no le excita o no le gusta, y lo peor es que es entendible absolutamente.

Intente lo que intente el hombre, ella sabe que finalmente el trío fallará y toda la propuesta se hundirá como el Titanic.

Entonces se aprende una gran lección

Grábeselo: El hombre es un invitado en un trío.

Las mujeres, cuando van a eso, ya tienen una complicidad de mucho tiempo; necesitan sentirse seguras, así que ya lo han planeado implícita o explícitamente antes que usted llegue al ruedo. Usted, probablemente, se dará cuenta de que una mina quiere un trío casi el mismo día en que se meta con ella. Obviamente aprendemos que un trío es algo difícil de conseguir (sin pagar); no basta sólo quererlo, se deben cubrir muchos requisitos de ellas.

Bueno, y como está escrito que fallará en la búsqueda, la culpa será achacada a usted: ella lo intentó, ella quiso, y fue usted el que no se consiguió a nadie o no supo estar a la altura de las circunstancias; no hay nada que reprocharle a la mujer, la culpa es del macho, no puede odiarla, ella está libre de polvo y paja.

Después de mucho tiempo se dará cuenta que le hicieron el cuento del tío… digo, el cuento del trío.

Variante de la técnica: La amiga “que ya está lista”

Esta variante es más radical: ella necesita provocar un impacto más fuerte o cuenta con menos tiempo, entonces le propone al hombre hacer un trío con una amiga de ella. El macho se comportará de la misma forma ya descrita (como dije, esto se ha incubado generación tras generación en las mentes de los hombres).

Acá parece que el trío está 100% seguro. NOT. La hembra jugará con los tiempos: cuando tú puedes la amiga no puede, cuando la amiga puede tú no puedes (previa revisión de tus horarios), y así la mina puede estirar la pelota por un tiempo considerable hasta que te enganches.

Conclusión: somos esclavos de nuestros deseos y ellas lo saben, así que sea cauto: si ella se lo propone y anda corriéndose después, es posible que usted se encuentre frente a esta técnica. O dicho de otra forma: si ella tiene interés, siempre lo demostrará.

Atte.

— David

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— Pasa lo mismo con todos los weones, una toma la iniciativa y se cagan de susto… le tienen miedo a una mina de verdad.

Quizás es porque hablas como si tuvieras tula.

¿Acaso tengo que cambiar mi forma de hablar para que los mariconcitos no se asusten?

“Como caminas, como te vistes y como tomas también” disparó mi cerebro, pero la aduana en la lengua hizo su trabajo.

La palabra “igualdad” está más manoseada que niño católico (pensé escribir Vale Roth, pero démosle un respiro a la cabrita). Está presente en discurso de políticos, de catedráticos, hasta en las conversaciones de borrachos de un sábado por la noche. Todos nos llenamos la boca con la igualdad, con esa idea de un mundo equitativo, aunque nos encante sentirnos especiales, únicos.

Sobre el impacto que este proceso social ha tenido en el género masculino, en la página vecina se hizo un interesante análisis, pero como esta weá es la guerra, acá esta la otra cara de la moneda.

Dentro de la fauna que se ve en los colegios, siempre hay roles que se cumplen (Prom Queen y su respectivo Quarterback, el gordito simpático, el negro que muere primero en las películas, etcétera) pero siempre me causó curiosidad esa chiquilina que no jugaba al tecito con sus amigas, sino que corría embarrada tras de una pelota con sus compañeros, que jugaba con el camión Goliath de su hermano y no con la Barbie que le regaló la tía para su cumpleaños, que la retaban porque cuando jugaba siempre se le veían los churrines, que más grande prefería escuchar Mötorhead por sobre Paolo Meneguzzi… que se rascaba una teta cuando le picaba, y decía el abecedario con flatos.

Todos conocimos a una niña así y probablemente la recordemos con cariño: una partner ideal y con quien puedes compartir como un “fella” más, para uno siempre tuvo bigotes (salvo cuando te curabas y todo se volvía nebuloso). Y a pesar de lo que nos quiso hacer creer una publicidad argentina, no se trata del aspecto físico, ni del “miedo” como me planteó tiernamente una amiga alguna vez, es sólo que no nos atrae un niño con vagina… aunque no lo crean (nunca pensé que llegaría a escribir esto) con tener una no es suficiente.

No debe ser fácil para ellas, porque a diferencia de las tortis (¡con todo respeto!) efectivamente a ellas les gustan los niños, aún cuando uno no pueda dejar de verla como un par. No debe ser agradable ver cómo las princesitas, que a sus ojos son más fomes que el canal del Senado, sin mover un dedo, sentaditas en su torre dejando que le crezca el pelo, obtienen la cantidad de babosos que les plazca, dispuestos a ver un pack con The Notebook, A Lot Like Love, Ps: I Love You, Titanic y Notting Hill con tal de complacerlas.

Más crítico aún me parece aquella muchacha que, sin que lo masculino le salga por los poros, adopta esa moda de ser “achorá“, con fines que no tengo muy claros. Excesos de garabatos forzados, diciendo que no tendrían problema en pegarle a tal o cual mina o alumbrar lo mucho que les gusta el copete se hacen cada vez más recurrentes, y el problema es que se les NOTA lo poco natural. Al final, junto con no generar atracción en los hombres (como el caso anterior) lleva aparejado también, al menos en mí, un repudio casi automático por lo fingida y surrealista que resulta su actuación.

Quizás creen que al tener gustos similares a los hombres generan la tan ansiada complicidad, quizás quedaron pegadas con personajes como Clementine Kruchinsky de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos o la mina de 10 Things I Hate About You, o quizás leyeron muchas veces La Fierecilla Domada, o los ideales de liberación y quemas de sostenes calaron demasiado hondo en ellas. No lo sé y no me quita el sueño,  porque aún a riesgo de ser considerado retrógrado, machista o cromañón por las lectoras, me siento atraído muchísimo más por una mujer bien femenina, que con una con quien agarrarme a paipazos.

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Hay estudios “serios” que proponen que el sexo casual es solo una forma de escaparse del “riesgo” de generar vínculos. O sea, reemplazamos la oportunidad de tener una conexión real con alguien por la más simple opción de enchufarnos a cantidades ingentes de orificios (v.gr. vaginas, bocas, anos) para penetrar y eyacular en. Y me niego a aceptar eso, aunque la vida se encargue de demostrarme lo contrario.

Pertenecemos (iba a poner pertenezco, pero jódanse, los meto a todos en el mismo saco) a una generación a la que le da miedo el Amor. Así con mayúscula y susurrado a media voz, como si fuera mala suerte nombrarlo.

Somos de una generación que creció escuchando que Laura no está, Laura se fue y que Marcos se ha marchado para no volver. Y es ridículo que en un mundo donde no tenemos certeza del trabajo, de la salud, de la jubilación… ¡Ni siquiera sabemos si el planeta va a ser habitable en 50 años! ese temita sea la mayor de nuestras preocupaciones.

Y lo peor es que ya nadie cree en el amor para toda la vida. Entonces es una paradoja tremenda tenerle miedo a algo en lo que no creemos. O quizá sí creemos, sí lo queremos para nosotros, quizás lo deseamos tanto que nos cerramos a la posibilidad de que exista para que no duela tanto cuando nos demos cuenta que es solo otra promesa vacía, que nadie nos va a querer como somos o por lo que somos si no por como nos mostramos y por lo que hacemos.

Porque, y creo que nadie (excepto esa shiny happy people de mierda a la que todo le sale bien a la primera) lo va a negar, que estar con alguien es pega. Y hay gente que se asusta cuando la cosa no es como en el folleto. Porque todo eso de que alguien en el mundo se va a dar cuenta de lo fucking special que eres y que después de eso todo va a estar bien, es puro marketing. En el fondo nunca va a estar bien siempre.

Porque si el amor es (y perdonen la analogía) como tirarse a una piscina sin saber si hay agua, no se puede tener miedo. No puede ser que uno se tire de guata mientras la otra persona se mete de a pocos. Qué mierda es ver que alguien recién se está mojando las patas cuando tú ya tienes los dedos arrugados. Y con eso termino con esta analogía de mierda.

Entonces, en resumen y para irme a dormir, el amor a veces es pasarlo mal. Cuando no lo tienes, lo pasas mal buscándolo in all the wrong places. Cuando lo tienes, lo pasas mal cuidándolo, tratando de no perderlo. Nadie lo pasa bien con el amor.

O quizás solo soy yo el que lo pasa como el pico.

Shao.

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