Después de un largo período en las sombras, volvemos con este Pequeño Larousse Ilustrado® de Estereotipos Femeninos Inventados por Hombres Calenturientos. En el fascículo de hoy, una regalona de la galucha.

La Ninfogeishapornostar, A.K.A. la Cinta de Embalaje (cuesta despegarla del paquete)

Retrato robot de una ninfogeishapornostar

Me demoré mucho en seguir esta serie porque no tenía muchas ganas de meterme en este tema tan complicado. Complicado porque desde el principio de los tiempos, cientos de jovencitos alrededor de todo el mundo han puesto sus esperanzas en encontrar a esa zorra insaciable que quiera hacer las cosas más sucias todo el tiempo.

Y que venga un aparecido a decir que quizá no es eso lo que en verdad quieren no me va a hacer el hobbit más popular de la Comarca (así como tampoco usar analogías sacadas de El Señor de los Anillos). Pero en fin, alguien tiene que hacerlo.

Partamos por el principio. A saber, estas son las características principales que hacen atractiva a una Ninfogeishapornostar:

  • Es ninfómana: Perdonando lo noventero de la referencia, esta es la mina Lomitón “Cuándo quieras,  cómo quieras, dónde quieras”. Y sin necesidad de masajes en la espalda ni palabras cariñosas. Porque el foreplay es un invento de las minas, ¿no?
  • Tiene algo de Geisha: Usando el término como sinónimo de cortesana (Sí, sé que no son lo mismo. No, no me importa, esto no es Wikipedia), para la Ninfogeishapornostar lo importante a la hora del sexo es cómo lo pasas tú. Está dispuesta a cualquier cosa con tal de que te sientas como el hombre viril y poderoso que realmente eres, que ya estaba bueno.
  • Y, obviamente, tiene mucho de Pornostar: Vale decir: es terrigle’ riga, o al menos tiene una pinta de morbo que no deja indiferente a nadie, te pide que no dejes agujero por explorar y recibe tu jalea masculina como si fuera la última Coca-Cola del desierto.

Muchos deben estar pensando “acá sí te caíste Richi, resulta que yo he estado con/soy una mina así”. Y bueh, obvio que hay mujeres expertas en hacer el martín pescador en reversa, a la que les encanta que saques fotos y videos de sus encuentros íntimos y te deja invitar una amiga, un amigo o a toda la plana mayor del Partido Radical a unirse a la acción. Y si bien, creo que el nombre es autoexplicativo, hay pequeños matices que hacen la diferencia entre una mujer muy, muy, muy comprometida con su vida sexual (casi militante, si quieren) y una ninfogeishapornostar, que hacen la diferencia:

Fatiga de materiales

A pesar de la fe que uno pueda tenerle a su capacidad amatoria, un encuentro con una ninfómana de verdad puede ser más de lo que el hombre promedio está praparado para aguantar. En las sabias palabras de Zapp Brannigan: “El espíritu es fuerte, pero la carne está flácida y magullada“.

La recomendación del Dr. Richi es que, si alguna vez te topas con una de esas, lleves pantalones anchos y un tarro de Hipoglós. Los vas a necesitar.

Los zombies te quieren por tu cerebro, ella solo por tu “cabeza”

En un mundo donde las mujeres ya no tienen que estar enamoradas para tener sexo porque son liberales y modernas y todas esas cosas, no deja de ser interesante el hecho de que para una ninfogeishapornostar, tu miembro es tan bueno como cualquier otro, por lo tanto, perfectamente fungible. Para decirlo en una frase, la ninfogeishapornostar no tiene sexo contigo, tiene sexo a pesar tuyo.

Y a veces, eso de que una mujer te busque por tu pene, más que alimentar el ego, lo destruye. De hecho, David Foster Wallace tiene un ensayo sobre el mundo del porno, en el que muchos de los actores se sienten disminuidos en su masculinidad, ya que lo único que interesa de ellos es su capacidad para tener una erección de calidad. Pero como esto está lleno machos recios disociados de sus sentimientos, este punto no es para nada importante.

Ni sumisa ni devota

Por más que una mujer te apañe a intentar cosas distintas, en tu cruzada por completar el bingo de clichés porno, en el fondo lo hace por ella, no por ti. Eso significa que:

a) Hay cosas que quiere probar;

b) Cosas que no, pero en las que está dispuesta a llegar a un compromiso; y

c) Otras que no hace ni cagando. Incluida esa que viste una vez en que una cosa entraba en la cosa mientras otra cosa hacía cosas que te da cosa describir.

 

Unas palabras al cierre: La obsesión por estar con una ninfogeishapornostar tiene que ver con el hecho de vivir la fantasía del porno. Y pucha cabros, lamento decirles que, en la mayoría de los casos, no van a ser como el Sr. Gómez aunque se tomen toda su sopita.

En el próximo y último capítulo de esta serie: La Perfecta

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Alimentado por Hobby 🙂
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Como en este lugar es donde venimos a hablar sobre minas, vamos a partir por los futbolistas, o más bien sus actitudes mamonas pa llegar al querido gol. ¿Y por qué me voy en mala con los futbolistas? Usted se preguntará si les tengo pica por ser malo pa la pelota, porque se comen a la Yendelyn o salen de la Kamasú en sus Camaros, curaos como huasca y no les pasa nada. No señor.

Pasa que cuando veo un partido de fútbol, siempre termino medio puteado porque muchos momentos del partido los tipos lo pasan en el suelo, no porque los boten, si no porque se tiran, hacen show, paran el juego, se quejan, lloriquean y todo se va a la mierda, o al menos la parte del deporte se va la mierda. La “estratégica” del juego que le llaman. Una práctica milenaria. Tanto así que hasta estudios tiene y mal parados deja a los hombres. Y están todos acostumbrados a la weaita, así que a la moda le siguen los árbitros, los DTs y hasta, a veces, la barra. La barra en general la sufre y la sufre caleta. Al final se trata de ponerle bolas al asunto. “Sin sufrir no es lo mismo” escuché en las noticias de boca de un hincha de la U después del partido.

Sergio Busqets muleando una falta en las Semifinales de la UEFA

Sergio Busqets muleando una falta en las Semifinales de la UEFA, de lo cual resultó la expulsión de Thiago Motta y, presumiblemente, el que Barcelona ganara el partido.

Y ahí está el meollo. Porque la verdad, es una lata ver que el loco ese que está al otro lado de la cancha, ese que lleva mi misma camiseta, se tira al piso porque lo miraron feo y hace como que le duele mientras están todo el resto de sus compañeros ahí queriendo hacer lo que mejor hacen: jugar en la cancha y meter un puto gol. El otro tipo no está dejando el culo en la cancha y esa wea, a final de cuenta, debilita los lazos de equipo y manda todo al carajo.

Francés sangrando feliz - Francia vs. Tonga en la copa mundial 2011

Ese weón (el de la derecha) con la cabeza sangrando no se tira de cabeza a proteger la pelota, con riesgo a que lo pisen, porque le falten palos pal puente, si no porque vale la pena, porque sabe que atrás vienen 3 otros corriendo a cerrar el ruck, que van a tomar esa pelota y van a ir por el try. Porque confían plenamente en que pa la siguiente, otro se va a tirar igual. O si no, pregúntele a estos tipos. Si el deporte duele poh cabros.

¿Y qué chanfles tiene que ver esto con minas al final? Bueh, veo a hombres por aquí y por allá emparejados (o tratando de emparejarse) con minas que tienen toda la pinta de que quieren que la parejita funcione, pero no ponen nada de su parte en la cancha. Le pasan toda la responsabilidad al lolito y se dejan querer mucho. Todo muy romántico. Todo muy lindo. Hasta que el weón se aburre y pah, la mina comienza a espetar cara-de-raja-mente cosas como:

  • Es que el weón ya no me quiere
  • El weón maricón se anda joteando a otras minas y la semana pasada andaba de lo más cariñoso. Culiao.
  • o, simplemente, Maricón.

Al tipo, después de un rato, se le pasa la tontera y vuelve a perseguir su objetivo (porque en verdad tiene los huevos bien puestos y no va a dejar la wea así como así) y la mina ahí se maravilla porque no tuvo que hacer nada! Entonces valida su flojera como algo bueno y vamos cagándola cabrita que la vida es buena. Princesitas indolentes que flotan por la vida. La delgada línea entre hacerse la difícil pa que la wea no sea gratis y tener cero respeto por lo que quieren en verdad. Mamonas. Grow a pair.

Así que cabros, esa que tiene pinta de que quiere, no tiene sentido. Las weas se ven en la cancha, y en la cancha se dejan el culo y los huevos, si no, mejor ver la wea por televisión.

END OF RANT (o fin del puteo)

PD: Ponys, unicornios, cachorritos, arcoiris y balloonicorns para los peloteros que se piquen. Chai.

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En la parte 1 de esta miniserie, vimos tres didácticas lecciones que uno aprende, básicamente, gracias a mandarse cagazos y jurar que la está haciendo de lujo cuando not. Acá vienen las tres finales. Que le aprovechen.

Es Mejor Poner Grande La Letra Chica (!)

Lo más usual es que uno muestre su mejor lado cuando está conociendo a alguien. Somos el perfecto equilibrio de todo: imaginativos pero concretos, sofisticados pero sencillos, relajados pero responsables, maduros pero con alma de niño, flacos pero gordos, rubios pero morenos, etc.

Cuando esto sucede, uno tiene el espejismo que es el único de los dos que lo está haciendo; pero resulta que, del otro lado, las sonrisas despreocupadas y las frases clever de la lola son tan cuidadosas como las de usté. Y ahí es cuando se vuelve un poco difícil aplicar el “O te gusta como es, o cagaste” de la parte 1: ¿cómo voy a saber si realmente me gusta la persona si no tengo idea cómo es en realidad?

La regla de oro acá es: siempre es mejor ir con las imperfecciones de frente. En primer lugar, porque uno se relaja de tener que aparentar algo que no es. Todos tenemos algo de cuáticos, celosos, inseguros, desconfiados, alumbrados; todos tenemos un punto donde somos torpes, débiles, ingenuos, indecisos, ignorantes, o hablamos pelotudeces.

Todos” también incluye, por supuesto, a esa dulce y perfecta criatura a la que le estamos sacando los sostenes con avidez en estos instantes. Y lo menciono porque: a) uno tiende a idealizar un poco a la mina cuando recién la viene conociendo, y b) la gente usualmente se suelta y se relaja cuando uno demuestra sus imperfecciones, y es capaz de compartir las suyas propias. Esto, a su vez, nos pone mucho más sobre aviso (“¿En serio eres un poquitín celoso? Uuuh yo también, a mi último pololo le quemé la casa porque lo vi hablando con una mina, nunca pensé que tendría la confianza para contarte esto, jijiji”).

Ahora, hay que tener en cuenta algo: al principio de una relación uno efectivamente está menos involucrado, y por ende uno de verdad es más relajado. Siente que tiene menos que perder. Otra cosa es cuando la relación avanza y ambos se enganchan. O dicho de otro modo: todas son Dignas los primeros dos o tres meses. Eso no tiene nada de gracia; es después donde se ven las Taimadas, las Mafiosas y las Weonas Locas. Por eso es bueno hablar un poco más del tema cuando las aguas todavía están quietas y uno puede elegir si aceptar o arrancar.

También considere que la situación se distorsiona cuando uno de los dos lleva mucho tiempo soltero (y por ende pierde la costumbre de la vida en pareja), o cuando uno de los dos recién viene saliendo de una relación muy larga (donde viene con las mañas y los hábitos de la pareja anterior). En cualquier caso, ármese de bolas y vaya de frente con sus mañas y sus yayas, así como con las cosas que no tolera o que no transa. Le irá mucho mejor.

Si Tiene Dudas, Aplique la Regla de los 7 Años

Nuevamente nos anclaremos del “O te gusta como es, o cagaste”. Como siempre, nunca es todo tan blanco o negro, y puede que hayan cosas de la mina que más que un dealbreaker, son sólo una pequeña molestia. Entonces uno se pregunta: “ok, me doy cuenta que a mi mina le gusta gruñir como chanchito mientras folla (por dar un ejemplo). A mí no me agrada mucho, pero claramente no la voy a patear por eso”. ¿O sí?

¿Cómo saber?

Entra en escena la regla de los 7 años. Básicamente, consiste en preguntarse: “¿Aguantaría esto siete años seguidos?”. Haga el ejercicio e imagínese que pasan siete años en los que la situación que intenta analizar es pan de cada día. (Si le cuesta imaginarse qué tanto pueden cambiar las cosas en siete años más, trate de acordarse de cómo era usté hace siete años atrás).

¿Por qué siete años? Siete años es un tiempo prudente para acostumbrarse a (casi) cualquier cosa; lo que sea que ud haga durante más de siete años, terminará haciéndolo con mucho talento (no sé por qué el primer ejemplo que se me viene a la mente es correrse la paja). Desde luego, no tienen por qué ser justo siete años; ajuste su umbral al tiempo que crea razonable.

Si la respuesta a la famosa pregunta es “ni cagando aguanto esto siete años”, significa que la cosa tiene fecha de vencimiento, a menos que a ella se le ocurriera cambiar en el camino –cosa a) muy poco probable y b) que tampoco te incumbe–. Y esto significa que si pasa el tiempo y te sigues haciendo el weón, vas a explotar.

Esto es lo que le pasa a la mayoría de la gente cuando no tiene el carácter o la franqueza para decirle a los demás las cosas que no le gustan. Al principio está bien ser diplomático y paciente, pero cuando se trata de una relación cercana, el exceso de diplomacia pasa la cuenta. Una vez que hay algo que usté sabe que no tolerará mucho tiempo más, las opciones son dos: o da la cara o se dedica a sufrir en silencio estilo Oshin. Y a su vez, darle la cara al problema puede ser a) con dignidad y calma si lo hace tempranamente, o b) como una guagua malcriada, con gritos y pataleos, si es que se aguanta hasta el último momento.

Suceda lo que suceda, si decide aperrar y bancárselas, no se ande quejando por ahí de su mujer por otros lados. Quejarse es de weones sin bolas, que no tienen carácter para resolver sus problemas solos. Cuando usté habla de su mina como “la bruja”, aunque sea en bromita, simplemente está diciéndole al mundo: me tienen de los cocos y lo paso mal, pero como no tengo bolas y no puedo hacer nada al respecto, me quejo.

(Por cierto, andar diciendo las cosas que le molestan “en bromita” es bien de mamasanes también.)

Si realmente no quiere buscarse a otra mina, no ande pelando a la suya. Incluso si sabe que la cosa tiene fecha de vencimiento, haga sus weás calladito y no ande llorando por los balcones. Su “yo” del futuro se lo agradecerá.

Querer Gustarle a Todas Es No Gustarle a Ninguna

Está de moda el galán empático, que en su afán por agradarle a las minas, termina siendo más feminista que ellas mismas. Intenta ser la solución perfecta a las típicas quejas del género:

  • “Faltan caballeros en este mundo”. Él se raja con la cuenta y corre a abrir la puerta del auto.
  • Andan todos baboseando detrás de la pelotita”. El leerá a Coehlo mientras juega la Roja (y tuiteará al respecto).

La lista podría seguir. En realidad, el galán empático se amolda a la personalidad de la mina que tenga al frente (o a varias a la vez), así que tiene un montón de disfraces para cuando la situación requiera humor, rudeza o ternura. Su postal perfecta sería con una tabla de surf a sus espaldas, Madame Bovary en una mano y un cachorrito recién rescatado en la otra.

No vaya a pensar que estoy pelando: yo mismo caí en esta misma actitud alguna vez. En algún momento de la vida uno tiende a creer que lo que las minas dicen que les gusta de los hombres es lo que realmente ellas quieren de un hombre.

Luego uno capta dos cosas:

a)      La mayoría de las mujeres no sabe realmente qué es lo que le atrae y valora en un hombre hasta que ya está bien mayorcita. Uno empieza a intuir esto desde que ve que la compañerita de curso llora “yo sólo quiero un hombre que me trate bien”, pero se le siguen cayendo los calzones por el mismo saco de huevas. Por ende, seguir al pie de la letra los consejos de las amiguitas que lo tenían a uno de hombro para llorar no va a funcionar. Especialmente no funcionará para salir de una Friendzone (y ésa es una sublección muy útil: no trate de salir de una Friendzone. Se gastará en vano).

b)      El punto anterior importa una raja. Sencillamente, porque uno va entendiendo que esforzarse por agradar sólo trae desagrado. Y por otro lado, siendo cada mina tan distinta a la otra, si quiere agradarlas a todas terminará afeitándose media cara sí y la otra no, porque a algunas le gustan afeitados y a otras barbudos. No tiene sentido. Y si a usté le interesa ese 1% de minas que tiene claro lo que quiere, pues a ese 1% le interesa precisamente quien no está ni ahí con andar cumpliendo expectativas ajenas.

Esto último va especialmente dedicado al pastel despechado, ése que dice “me aburrí de ser bueno, a las minas le gustan los hombres malos, yo me voy a dedicar a ser malvado de ahora en adelante”. A pesar de que a veces es bueno pasar por esas etapas (precisamente para pegarse estos conchazos y aprender algo), finalmente terminará gravitando de vuelta a donde uno se siente más cómodo siendo.

Y ahí hay uno de los cueros de chancho más importantes que uno termina sacando a punta de elegir mal, de pasar vergüenzas y sustos (hola, test de embarazo), de vivir dramáticos fines de relación (de los que uno SIEMPRE se terminará riendo después), de contarse cuentos varios y de obstinarse porfiadamente en perseguir imposibles: que mantener un personaje para agradar a alguien es cansador, poco efectivo y, para qué estamos con cosas, triste. Uno va entendiendo que el “si le gusta bien y si no mala cueva” se puede expresar sin resentimientos de por medio, como una sencilla afirmación que evita perder el tiempo y darse vueltas como mojón en alta mar en torno a los mismos problemas.

Porque al final, después de renegar de Belzebú y de la virgencita de la Junji, de jurar dejar el copete, las drogas y los tónicos capilares del puro arrepentimiento, de pasar de sentirse una mierda a sentirse el weón más bacán del mundo (y viceversa), de mandarse condoros y de cagarse de la risa de uno mismo, algo, algo va quedando. Algo más que una caña moral, por supuesto.

Pero no me crea a mí. Salga pa afuera y cáguela solito usted mismo.

Que se divierta.

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El que cuando era chico no se quemó con la plancha o no quedó saltón después de haber metido los dedos al enchufe o no terminó con las rodillas como charango de gato por correr a tontas y a locas, no tuvo infancia. Y es que uno necesita pegarse porrazos para aprender ciertas cosas básicas de la vida. Hay weás (como la ley de la termodinámica) que se pueden aprender a partir de un libro, pero las lecciones realmente importantes uno las saca mandándose cagazos. En especial en términos de lo que funciona y no funciona en las relaciones, donde uno (se supone) va gradualmente dejando de darle a lo que se mueva y afina el ojo para saber dónde vale la pena y dónde la cosa es un puro cacho.

Acá van algunas de las cosas que me ha tocado aprender a mí. Son seis, así que tres ahora y tres en la parte 2. Que le aproveche.

Si No Fluyó Desde El Principio, Difícilmente Va a Fluir Después

A menos que uno ande muy desesperado o sea un enamorado del amor y crea encontrar a su alma gemela hasta en la Bomba 4, uno se da cuenta cuando la cosa va con una mina. Puede que haya miedos o que ambos se lo tomen con calma, pero cuando una historia con alguien va a llegar a buen puerto, las cosas van evolucionando armónicamente y no hay estancamientos.

Y eso significa, entre otras cosas, atracción mutua y simultánea. Y a una etapa temprana. ¿Qué tan difícil es darse cuenta de que alguien te gusta? ¿Hace falta un sicoanálisis? ¿Tienen que pasar seis meses? Cuando dos personas quieren estar juntas, los momentos siempre se propician: súbitamente ambos tienen tiempo ese jueves por la tarde, a ambos les pareció bien juntarse a caminar o hacer nada, a ambos les pareció bien acabar follando en la caseta del guardia.

Arrepentimientos, problemas para juntarse, “es que estoy enfocada en otras cosas”, “es que no tengo con quién dejar a mi hijo”, etc., son todas señales de que el cuento NO va a funcar. No de que usté no haya insistido lo suficiente. Una relación que requiere demasiado esfuerzo para mantenerse está destinada al fracaso, sencillamente porque con mantenernos a nosotros mismos ya es suficiente hueveo. Y también porque eso usualmente significa que uno de los dos se está esforzando mucho más que el otro, y si la cosa no es mutua, simplemente no es pareja (ajáaa, ¿vieron el juego de palabras?).

Por eso: una vez que cuente tres “peros” de la mina, dispóngase a marchar de ahí y déjese de perder el tiempo como los huevones. Ese pensamiento idiota de “y qué pasa si me pierdo esta oportunidad” le hará más daño que bien. Es el mismo pensamiento con el cual uno termina comprando máquinas de hacer helados o descorchadores eléctricos sólo porque estaban en oferta.

Acá van a saltar los príncipes y princesas de cuentos de hadas: oooye, nada que ver, con mi pololi fuimos amigos como 25 años y al principio nunca nos pescamos y hasta dormimos juntos y no pasó nada, pero 10 años más tarde nos dimos cuenta de que estábamos enamorados y ahora estamos juntos por siempre amén.

El problema con este tipo de historias, aunque posibles, es que le dejan una impresión totalmente equívoca al resto de los mortales: que las historias fantasiosas estilo Disney funcionan. Y ahí tenemos a babosos pegados durante tres años con una Agujero Negro porque están seguros de que “ahora sí que se viene el momento, así como le pasó a mi amigo”. Algo así como un Hoy No Se Fía Mañana Sí, pero versión maraca.

Las reglas tienen sus excepciones, pero por algo son reglas: porque son lo que mejor funciona en la mayoría de los casos. Y en la mayoría de los casos, si no resulta desde el principio y las cosas se entrampan y siempre hay un pero, lo más práctico y sano es pensar que no va a funcionar, que esa historia nació muerta no más, y punto. Y next.

La Compatibilidad No Se Nota En Los Parecidos, Sino En Las Diferencias

Lo habló alguna vez Richi: no porque ella sea aficionada a los sombreros tweed (al igual que tú) significa que está destinada a estar contigo. Pero incluso más que el compartir gustos bizarros por coincidencia, la gente suele engañarse con las similitudes de fondo:

   Tenemos la misma visión del mundo
+ tenemos personalidades similares
+ nos gustan las mismas posiciones en el sexo
= somos compatibles

Lo cual es un craso error. Porque en las cosas que tenemos en común, es obvio y esperable que nos llevemos bien. El punto donde siempre queda la cagada es en cómo se arreglan las diferencias.

Si pues, las diferencias. Porque ese cuento de la conexión-instantánea-donde-nos-miramos-a-los-ojos-y-lo-entendemos-todo puede funcionar para ponerse silenciosamente de acuerdo en irse de un carrete fome, pero se nos va a la chucha cuando los temas son más sensibles y personales. Cuando cada uno se parapeta tras su trinchera y se defiende como gato de espaldas, ahí te das cuenta que la supuesta telepatía era de bien corto alcance.

La verdadera compatibilidad se nota en cómo dos personas superan conflictos, malentendidos y problemas. Y nuevamente: da lo mismo que tú y ella compartan el anarco-primitivismo vegano como ideal de vida, si a la hora de la discusión una parte es directa y asertiva y la otra se siente ofendida si no la tratan con tacto. O si ella quiere arreglar los problemas en “caliente” y el otro prefiere aislarse y pensar antes de decir nada. O peor aún, si no son capaces de ponerse de acuerdo sobre cómo ceder en estas diferencias y evitar futuros lanzamientos de mierda con ventilador.

Así que espérese a tener una pelea de aquellas, analice cómo terminó la discusión, y ahí recién ve si le pone la corona de “alma gemela” y “amors de mi vida” a su mina.

O Te Gusta Como Es, O Cagaste

Una ilusión propia de la infancia y la adolescencia es que podemos amoldar el mundo a nuestra pinta y que todo gira en torno a nosotros. Luego, de a poco, la realidad nos va pegando sus charchazos: que las cosas se ganan, que la gente no está a la parada de nuestros caprichos, que sin piñata no hay posada. Pero una de las tejas que siempre nos cae al último es que nuestra pareja no está hecha a la medida de nosotros.

Uno, de pendejo, se engaña: la cagó lo parecidos que somos, estamos hechos el uno para el otro, you were born to be my baby y toda esa vaina. Desde luego, a poco andar esa creación perfecta de la naturaleza comienza a demostrar que no era nada tan perfecta, y en un abrir y cerrar de ojos hay montones de mañas y preferencias de ella que no te gustan.

¿Qué opción toma uno entonces? Por supuesto, la más estúpida e ineficiente: ponernos a tratar de cambiar a la pareja para que deje de ser así. Si es muy callada, tratamos de que hable más. Si le gusta Rihanna, la ponemos a escuchar Mötorhead. Si es depresiva, queremos que esté siempre feliz.

Desde luego, esto es injusto con la otra persona, porque básicamente uno le está diciendo: no me gusta como eres, pero tampoco sé por qué chucha sigo contigo, así que por favor encárgate de ser otra persona para que me gustes. Esto (que también le pasa bastante a ellas) es especialmente peligroso cuando uno piensa que le está haciendo un bien a la mina: pero si es mejor que vaya al gym, pero si es mejor que deje a ese amigo jote, pero si es mejor que estudie alguna weá en vez de seguir viendo la repetición de Manos al Fuego. Uno pasa a justificar la presión que ejerce sobre su mina, creyéndose con más discernimiento que ella sobre el bien y el mal.

La otra opción es la pará del avestruz: no me gusta esto de mi mina, así que voy a hacer que no existe. Y cuando ocurre, nos hacemos los huevones, miramos para otro lado, fingimos no darle importancia y seguimos fieles a nuestro Teorema de la Perfección de Mi Pololi™. Hasta que, previsiblemente, explotamos (más sobre esto en la parte 2).

Una opción u otra intentan excusarnos de haber elegido mal la mina, en primer lugar. Y el problema no es tanto elegir mal: el punto es que llevamos tres meses diciéndole a la lola que ella es la mejor elección que hemos hecho en la historia histórica. Y las declaraciones de amor a la rápida empiezan a pasar la cuenta con intereses y gastos de cobranza.

En realidad acá los caminos sanos son: o me la banco, o mejor me busco otra. Y si me la banco, es porque independiente de que la mina pueda tener sus mañas o momentos insoportables (que todos tenemos, salvo el excelentísimo lector, desde luego), hay una sensación de gusto en general al estar con ella. No pretendo que cambie. Incluso sus defectos son parte de lo que la vuelve adorable.

Y ojo con eso, que me he cuidado mucho de hablar de cosas que no me gustan y no de defectos. Partiendo de la base que todos somos sumamente imperfectos (excepto usted, adorable lector), uno simplemente tiene que escoger su imperfección favorita. Ésa que se lleve bien con la nuestra. Para lo demás no hay excusas, y ciertamente intentar ser el mesías de alguien es sólo una inutilidad.

Partiendo porque los mesías no existen.

No se pierda la parte 2.

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Amigo lector, si tiene amigas, pololas, hermanas, colegas, etc. que quedaron fascinadas con la nueva apuesta de Canal 13, prepárese. Durante los siguientes cuatro meses, su facebook, twitter, conversaciones en la oficina, en la casa, en el happy hour, entre otros, se verán invadidos por comentarios del tipo “sobran pasteles, faltan bombones“, “todos los hombres son iguales“, “Monito culiao maricón” y muchas otras perlas de sabiduría sacadas de las aventuras de Cristina Moreno.

Suena como a un infierno feminista y posmoderno, pero como siempre, FAQ Women viene al rescate con una pequeña guía para dejar que las minas disfruten Soltera Otra Vez (de ahora en adelante SOV) sin morir de rabia en el intento:

1. Cristina “es el típico prototipo de mina chilena necesitada y dependiente de su pareja”:

Quise empezar citando este tweet, porque creo que la serie les hace un flaco favor a los ejércitos de feministas superadas y autovalentes que pululan por este blog y que seguramente estaban celebrando lo maravillosamente bueno de la serie y lo agudo de sus insights. Lamentablemente para ellas, Cristina no se parece en nada al estereotipo de soltera feliz y ready pa lo que venga que Cosmo se encarga de vender.

A la loca no le ha ido tan bien en la vida, no terminó la universidad, tiene una pega más o menos, lleva años pololeando sin que el pololo dé señales de sacar anillo. Pero se queda en esa relación porque igual está enamorá y es lo más estable que tiene. Y pah! la patean. A los 35 años. Y más encima la cambian por una más joven, más rica, más flexible. A ella que lo esperaba, que no le hacía atados ni le sacaba el temita, que le pagaba la U, LE PAGABA LA U, ¿CACHAI?. En fin, es el medio drama. Drama que, con matices, es la realidad de muchas minas.

Entonces, cuando escuche a una Cristina en potencia burlarse de los pasteles que salen en la serie, sepa que, en el fondo, se ríe para no llorar. Déjela hacer, ¡sea empático, carajo!

2. Con amigas así, para que quieren enemigas:

Quiero partir diciendo que conozco mujeres que son amigas-amigas, así hermanas del alma. Pero son las menos. La mayoría de las veces, me ha tocado ver a “amigas” hablando mal unas de otras por la espalda y dando consejos que no sirven para nada. Sobre todo cuando se trata de hombres. Entre las amigas de una mujer, fijo que hay mínimo una de estas:

  • La típica guatona culiá amargada que da consejos amorosos a diestra y siniestra, a pesar de que no ha estado con nadie desde que los radicales estaban en el poder (sí, te estoy hablando a ti).
  • La “hembra alfa” que, como está con un pastelazo sometido que le lleva el amén en todo, se cree con el derecho a darle un listado de las razones por las que obvio que no encuentra pareja o no le han pedido matrimonio.
  • Y la peor de todas, es la que le da consejos desinteresados y buenos pero igual la odia, porque en el fondo no sabe cómo se consiguió ese pololo, y “qué tiene ella que no tenga yo, a menos que le pase el asterisco día por medio, pero no creo porque en la universidad ni sabía como se agarraba una corneta“.

Debe ser triste pelear la “guerra de los sexos” (N.delA.: tenemos que encontrar otro término para el amor y todo ese rollo romantoerótico, y pronto) teniendo miedo todo el rato de que te disparen por la espalda. Así que, una vez más, empatía cabros.

3. Los hombres valen callampa, pero igual esperan que uno no:

Una de las mayores críticas que leí sobre la teleserie es que los personajes masculinos eran básicos y unidimensionales. Y se va a poner peor cuando Cristina empiece a salir con un pastel detrás de otro. Obviamente nos van a ridiculizar y puede que a más de alguno se le aprete la guata un poco, pero no pise el palito. Al contrario, tome nota, sea autocrítico y reconozca que a veces es un poco mamón, o vive pendiente del gimnasio, o que su ex se lo caga a cada rato con lo de los alimentos. Pero ríase, porque al final del día, es ficción.

En la vida real, los problemas son más heavy: maltratos, infidelidades, enfermedades venéreas. Y ahí es cuando ella se da cuenta que usted, con su ponchera, su poco sana obsesión con Diablo III y su corte de pelo de dos lucas, es un Weón Bueno™, jugado, empático. Así que disfrute con su pareja riéndose de los pobres weones que van a aparecer en pantalla. La flaca sabe que tiene suerte de estar con alguien como usted y no con Cristóbal Caliente®, Sebastián Sífilis® o Pablo Schilling. Y no se preocupe de sus suspiros por Gonzálo Valenzuela, porque

4. Igual tienen miedo a que llegue una mina más rica a quitarle al pastelazo (usted):

Por lo que pude cachar, ver SOV en pareja puede traerte problemas. Y es que Josefina Montané encarna uno de los principales miedos de muchas algunas mujeres: La típica zorra que le mueve el poto al pastelazo y lo hace caer en sus redes. Ahora, antes de que me vengan a buscar con horquillas y antorchas, aclaro que es un miedo equivalente al morir en un accidente aéreo. Uno no se acuerda que lo tiene hasta que bajan las máscaras de oxígeno.

Entonces, cuando está en un bajón y la tele le recuerda que a ella le puede llegar a pasar lo mismo, se enoja. Se enoja con las minas así, por maracas. Se enoja con ella-misma-del-futuro, por que fijo que no va a darse cuenta. Pero sobre todo, se enoja contigo, estimado lector, porque cuando la hagas (porque desde su perspectiva del momento, está claro que la vas a hacer) la hiciste de caliente, de poco hombre, de pijacorta.

Así que debería darte vergüenza pensar en la posibilidad de dejar de lado todo lo que han construido juntos por un par de nalgas firmes y levantadas. Y no sacas nada con poner tu bad poker face cuando te pregunten al respecto. La solución, de verte enfrentado a ese tema, es la empatía. En vez de reaccionar con justa indignación por tan terribles acusaciones, entienda que ella simplemente no quiere quedarse soltera otra vez. Abrázala y recuérdale que eres un Weón Bueno™. Eso o cambia de canal. (De nada, Tolerancia Cero).

5. Es televisión, aweonao:

Aunque nos pinten de cuadritos, al final del día SOV no es más que otro programa de televisión. Está pensado para mostrar una visión sesgada y mala onda de las cosas con el fin de causar polémica para que la gente lo vea. Ya saben, por lo del rating y todas esas cosas. así que no queda otra que acomodarse en el sillón y relajarse. Porque si te tomas en serio las cosas que aparecen en la pantalla (o en un blog), tienes problemas (y lo digo porque been there, done that).

Y lo siento, pero no puedo ser empático con la gente así.

Eso.

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