Aclaremos de una: una mina sexy SÍ puede tener las siguientes características. O sea, lo que sigue a continuación NO es matapasiones. No necesariamente. ¿Ya? Pa que no lloren. Y pa que no salten los mamones a defender a las minas.

Vender la pomada sexy a diestra y siniestra no funciona por sí solo como elemento despertador de porongas.

Porque si la misma que “en la previa” se alumbra como caliente o sexópata, después te besa poniendo labios que parecen cierre de bolsa Ziploc, o si la que dice saberse una posición sexual con cada arcano del Tarot después se te frota encima con menos ritmo que un sismógrafo, empiezas a pensar que una cosa no implica necesariamente la otra.

Es decir, saber de sexo no te hace necesariamente sexy. Si no, acuérdese de su ginecólogo/urólogo/proctólogo.

Saberte todas las técnicas amatorias de la tierra no te hace más sexy

Ésta es la típica que levanta 100 Kg con su PC a punta de Kegels, se sabe todo el Kamasutra, el Jardín Perfumado, el violín gitano*, los pollitos pastando* y hasta la vueltita verde, e intenta suplir su falta de sensualidad con conocimientos específicos para cada punto de la relación, de modo que ninguna situación la pille jamás desprevenida o sin recursos.

Es espectacular que una mina se dedique a investigar novedosas maneras de darle variedad al acto sexual, evitar la rutina y sorprender a su macho, pero eso por sí solo no reemplaza la sensualidad, tal como saberse la rabona, la chilenita y la tijera no te hace mejor futbolista. Y desde luego, alumbrar con aquello es doblemente sospechoso, ¿no?

Asimismo, su exceso de auto-conocimiento sexual la puede volver mañosa y cerrada a ser excitada de formas no testeadas por ella (“ah, no, es que yo tengo orgasmo clitoriano no más y no vaginal, así que tienes que seguir MIS instrucciones” [lo cual, como todos sabemos, es falso] ).

Sin mencionar que algunas minas de este estilo se sienten con autoridad de acaparar el control, la iniciativa y las riendas de la cacha, y no pues, no todos gustamos de aquello.

Dártelas de sexóloga no te hace más sexy

Esta es la que ya pasó los treinta y pico, y decidió posicionarse en un blog, twitter, la radio o lo que sea, como “experta en sexo”, dándole ese enfoque aséptico y con olor a clínica que es capaz de quitarle la libido hasta a Lindsay Lohan.

Los lugares comunes a lo Pilar Sordo abundan: que la comunicación de pareja, que salir de la rutina, que sabía usté que todas las mujeres son multiorgásmicas (sí, señor), que la cama de rosas y el aceite esencial, que arranque de la rutina y agende su cita sexual con el esposo en un motel el finde, que los últimos estudios científicos indican que, bla bla bla.

Consejos muy útiles, desde luego, en especial si te los dice una sexóloga en una terapia de pareja. Pero no te harán más sexy ni más deseable por alumbrarlos (tal como el ejemplo anterior, uno arriesga toparse con una “autómata sexual”, que es un poco creepy para cualquier cosa que no sea un fetiche con androides).

Alumbrar que te gusta el pico no (necesariamente) te hace más sexy

Millones de bebés nacen cada día debido a que hubo millones de minas que les gustó lo suficiente el pico como para consentir completamente en insertarse uno en la ranura adecuada hasta el acabóse. Millones más quedan sin nacer, derramados en una boca, asientos de autos, en el suelo, ETCÉTERA, producto de otros millones de minas a las que le gusta tanto el pico como para succionarlo o manosearlo con fervor.

O sea, que a una mina le guste el pico y se lo coma atravesado es la weá más normal. Lo poco común sería que no le gustara.

Entonces, alumbrarlo en exceso puede significar sólo dos cosas: a) creciste en un entorno de colegio de monjas, y necesitas sacudirte a ti y a tu entorno de los prejuicios cartuchos (y eso puede durar años de constante repetición), o b) necesitas alumbrarlo para suplir una falta de sensualidad.

Alumbrar de que quieres cacha día y noche no te hace (necesariamente) más sexy

O sea, depende: si es al oído a tu pareja, tienes pulgares hacia arriba por parte de todo el equipo de FAQ Women. Pero tuitearlo, facebookearlo, ponérselo de nick, etcétera, indica que, probablemente, tu necesidad no está siendo satisfecha. Porque si fueras una del 0,021% de mujeres ninfómanas que supuestamente existen, probablemente estarías follando día y noche y no tendrías tiempo para tuitearlo.  Excepciones acá las hay, pero pocas. Sí hay lolitas que lo escriben porque les sale divertido y lo hacen pa entretener a su público. Pero son las menos.

Y así no más es la cosa. Analizar ayuda, pero no siempre lo es todo. Por ejemplo, escribir sobre minas no (necesariamente) te hace conocerlas más.

CHAN.

Tú, desde el punto de vista de una Egocéntrica

Tengo claro que al hablar de usté le estamos haciendo un favor, Srta. (o Sra.) Egocéntrica. Pero no importa. Más relevante me parece que nuestros amables lectores sepan distinguir una a kilómetros, y bueno, de ahí ellos verán si se quieren meter en el cachito o no. En gustos hay de todo.

Pero lo que es a mí, me revienta una mujer egocéntrica. Me revienta aún en mayor medida que una mujer que te convierte a ti en su objeto de adoración (lo cual vendría a ser el otro extremo). Puede que sea un tema de choque de caracteres, pero las encuentro sumamente matapasiones, al punto de ser un dealbreaker. Algunas razones del porqué:

  • La relación parte desigual desde el principio. Con una egocéntrica sólo puedes relacionarte en los términos de ella (algunas, no todas, son cabronas precisamente por eso). Y eso implica darle el micrófono y la tarima a ella, mientras tú aplaudes. Hay gente que les acomoda eso. Yo paso. Gracias.
  • Tus gustos, necesidades y prioridades pasan a segundo plano. A menos, claro, que te arranques de ella a perderte. Tampoco te apures mucho: no te perseguirá.
  • Su tiempo y sus ganas se irán donde se le preste más atención. Eso, en números fríos, significa: para ella, si dos le prestan atención, eso siempre será mejor que uno. Por ende, si le das a elegir entre pasar una noche a solas contigo o atender a sus cientos de followers que la esperan para una Twitcam, adivina cuál gana.
  • Se relaciona superficialmente con la gente. A todos les pone imaginariamente nota, de acuerdo a su potencial de subida de ego. Un tipo haciéndose el interesante o el digno con ella, chao. Cero estrellitas.
  • Colecciona babositos. Evidentemente, un baboso es apuesta ganadora cuando se trata de conseguir atención. La egocéntrica los cuida, los mima, los mantiene en órbita. Y si es necesario, los priorizará sobre ti.

A primera vista, una egocéntrica puede parecer una maraca. Pero se diferencian: una maraca busca favores, transporte, objetos y plata; la egocéntrica busca atención y adoración. La maraca intenta pasar piola; la egocéntrica no puede permitirse pasar piola.

Identifique su Egocéntrica más cercana

Ya sea que pretenda mandarla a la chucha o rendirse a sus pies para darle pleitesía, le convendrá saber ciertos rasgos que distinguen a una chiquilla así:

  • Híper sociable y simpática. Necesita estas cualidades para expandir su red de contactos a más y más gente.
  • Alumbrada. Por razones obvias, ama exponer su vida.
  • Siempre “le sucede algo”. Sea que se emputezca por la caza de babuinos en Guinea Ecuatorial o que la cajera del banco la haya tratado mal, siempre tiene un tema que dominará la agenda de conversación contigo ese día. Además, ese “algo” se convierte fácilmente en excusa para solicitar tu presencia, o para correrse si tiene algo mejor que hacer.
  • Está constantemente lanzando definiciones sobre sí misma. Obviamente, lo hace con mucho estilo y de forma sutil. Ejemplos:  “Hay algunos que son tan habladores… suerte que yo no“, o “¿Por qué a los esforzados nos chaquetean tanto?“, o “Yo nunca, nunca he perdido mi esencia, ni siquiera ahora que me va bien“.
  • Se enorgullece de las muestras de atención que recibe. Es la clásica que retuitea todos los piropos que le envían, o que pasa quejándose de lo joteada que es.
  • Exitosa. Usualmente se encuentra en una posición de prestigio o valoración por lo que ha logrado (ya sea mover el culo con gracia en la TV, o entregar aportes brillantes a la comunidad científica). Dicho éxito es el que suele disparar sus instintos egocéntricos. Y por razones obvias: cuando estás abajo, puedes ser todo lo ególatra que quieras, pero nadie te inflará.
  • Coqueta. Los hombres somos presa demasiado fácil de la coquetería. Nos rozan con la raja una sola vez, y cagamos: nos quedamos pendientes para ver cuándo será la próxima ocasión. La Egocéntrica sabe que con un poco de agüita que le dé a un hombre, se gana su atención por largo tiempo.
  • Suelen pasar solteras. Una vez que te subiste a la moto de la adoración pública, no te baja nadie. Y sacrificar todo eso para quedarse con un puro weón es un costo demasiado alto para ella. Por lo mismo, suelen escoger mal deliberadamente a sus parejas, o espantan a los candidatos demasiado prometedores. O, se buscan una pareja que no demande mucha atención y que le aguante sus flirteos con el mundo.

Lamentablemente para la Egocéntrica, la atención no sustituye al amor. Es un sucedáneo superficial, que tal vez no te exija ningún desafío, compromiso o revisión interior, pero que tampoco te entrega mucho de vuelta. La cura para cualquier egocéntrico, finalmente, es ésa: cambiar el sustituto por el original, y quererse más.

Pilar Sordo mode off.

Shao.

  • Hay cosas que uno puede tolerar en una mujer (por ejemplo, que la polola no se depile en invierno), pero a las que nunca se acostumbrará.
  • No todo el que se acerca a hablarte en la calle es un encuestador o un violador.
  • Si te pones falda, te vamos a mirar las piernas. Dalo por hecho.
  • Si te pones pantalón apretado, te vamos a mirar el culo. Dalo por hecho.
  • Si te pones escote, te vamos a mirar las tetas. Dalo por hecho.
  • Si no te pones ni falda ni pantalón apretado ni escote, algo buscaremos para mirarte.
  • No importa lo fea que seas, siempre habrá alguien dispuesto a acostarse contigo. Siempre.
  • Si gustas de ventilar detalles de tus hazañas sexuales en público, probablemente seas poco agraciada (y no te queda otra que alumbrarte como experta).
  • No importa lo tonta que seas, siempre habrá uno más baboso que tú a quien puedas controlar.
  • Irónicamente, dichos babosos suelen ser sumamente inteligentes.
  • Cuando dices “todos los hombres son iguales” apestas un poquito, pero hay algo que apesta mucho más: el baboso que sale a contestarte “no es cierto, te falta conocer más hombres, por ejemplo yo”.
  • Si eres cariñosa con un amigo más allá de los abrazos compadrescos, no te extrañes si se te tira después. SOMOS así.
  • Respecto a las preguntas: “¿Me veo linda/fea/gorda/rara?” o “¿Sales con más minas?” o “¿Sigues hablando con alguna mina que te hayas agarrado?” hay dos opciones: 1) te paramos en seco porque entendemos que nos quieres cagar con la respuesta, y nos carga, o 2) nos complicamos con la respuesta sin más análisis, y nos carga.
  • Entre follar y “discutir cosas importantes para la pareja”, adivina cuál gana para nosotros.
  • Puede que nos guste la pesada, pero para acostarnos elegimos a la simpática. A menos que la pesada esté más buena. Y si es que además nos la suelta.

Me complazco en presentarle, amigo lector, a este eshpeshial tipo de fémina (pariente cercana de La Cumbiera Intelectual y usual pareja del Místico). Personalmente, no son mi tipo, pero las encuentro graciosísimas, en especial en su manera de relacionarse con los hombres. Veamos por qué:

  • Siempre tiene una volada artística, espiritual o filosófica. Y dicha volada prevalece ante todo. Ante sus deseos carnales, ante sus necesidades biológicas, y por sobre todo, ante ti.
  • Respecto al sexo, hay tres opciones: una, la que alumbra con la pará “iluminada”, aparentando que ya trascendió los placeres de la carne (cruda) y que meterse con un monigote peludo y protuberante ya no la moja; dos, la que alumbra con la pará de ser una diosa tántrica, que te mira con cara de “probablemente no te la puedas conmigo, y MENOS aún haciendo el colibrí invertido“; tres, la que no habla de sexo y reserva dichos pudores para su “alma gemela” de turno.
  • Con ella no hay “onda”, sólo “conexión”. Y probablemente a un nivel astral o cósmico.
  • Tendrás que acompañarla: a sus marchas por la no-discriminación a los perritos, a sus sesiones de biodanza, a las jornadas de respiración universal en el Valle del Elqui. En cambio, no podrás acompañarla a sus sesiones de lectura de runas con las amigas (probablemente intentará averiguar si te la estás cagando).
  • Se ufana de tener gustos extraños en materia de hombres. Se jacta de meterse sólo con feos narigones, o que le gustan los flaquitos de chasca peinada para el lado y lentes a lo Allende. O, se va a San Pedro de Atacama a comerse gringos pachamámicos. Desprecia a todo aquel demasiado estiloso o universalmente atractivo, y siempre pretende haber descubierto el tesoro del mercado persa en cuanto a amantes (“Los fanáticos del feng-shui son los que más duran en la cama, te lo juro“).
  • El mainstream no va con ella. Si, hablando de libros con ella, tienes la mala idea de mencionarle que te gusta como escribe Milan Kundera, ella te sale con tres monjes nepaleses que están escribiendo algo como La Insoportable Levedad del Ser, pero mil veces mejor. Lo mismo con ese trovador armenio que hace música mejor que la que te gusta a ti, y más desconocida. Alguna vez le gustó Chinoy; ya no, desde luego, porque se puso demasiado mainstream. Algunna vez leyó FAQ Women; ahora reniega de nosotros, porque salimos en LUN :D
  • Todo “le tiene que nacer”. Los besos, el sexo, el compromiso, llegar a la hora, llamar de vuelta, preguntar qué es de tu vida, ser fiel.
  • Siempre hay una excusa astral, cósmica, filosófica o iónica para sus vaivenes emocionales. Si hoy no quiere nada contigo, tal vez sea que los biorritmos de ambos no calzan. O puede que tú hayas expresado un punto de vista no lo suficientemente humanista, y eso se convirtió en una señal del Universo que le dijo que tenía que ir a refregarse con Crisóstomo o con Etrusco (siempre tienen nombres así) y no contigo.
  • Suele meterse con pelmazos (weas), basada en sus intuiciones y tincadas. ¡Y cuánto lo lamento! Porque la pachamámica no es malintencionada, tan sólo le sobra un poco de egolatría naif. Como siempre elude lo que es obviamente atractivo para las masas, más de una vez desecha weones como la gente, pa meterse con ese bajito-medio-turnio-ex-dealer-de-ayahuasca que tiene esa vibra tan cuática, porque bueno, ella es diferente, y tiene que meterse con gente diferente.

Shao.

Si hay un rasgo psicológico que hace atractivas a las mujeres, es el misterio. Acompañado de su hermana chica, la discreción. El “no sé qué”, ¿de dónde cree usted que viene? “No siempre todas las cartas sobre la mesa” me recomendaba hace un rato una amiga. Cuando el “no se qué” pasa a ser “ya sé qué”, es fome.

Este post va dedicado a las minas alumbradas. Como buen chilenismo, “alumbrado” es un término súper ambiguo, y podríamos decir que describe dos actitudes: 1) una persona sobreexpuesta, que ventila demasiado sus pensamientos o actividades privadas (en cuanto a presas, no tenemos nada de qué quejarnos), y 2) una persona demasiado explícita para jactarse de algo.

Vamos primero con las alumbradas sobreexpuestas. Es fácil detectarlas: publican cada variación de su estado de ánimo (“estoy cansada”, “ocupada”, “aburrida”, “triste”, “con la regla”, etc.), que aderezan con carnadas específicamente dirigidas al público masculino (“quiero un masaje”, “quiero un regaloneo”, “con ganas de dar besos”, “hoy salgo a ponciar! yupi!”).

La sobreexpuesta sabe que con esto tendrá mucha atención del público masculino. Nosotros, no sé porqué chucha, somos porfiadamente idiotas en creer que cada una de estas manifestaciones va dirigida personalmente a nosotros. La lola pregunta “Y tú qué opinas?” y el weoncito dale con sentirse identificado y responder, sin importar que otros 26 hayan respondido antes pensando lo mismo.

El problema, señorita sobreexpuesta, es que atraerá la atención de todo el mundo, menos de sus potenciales parejas. Porque la wea espanta. Espanta verse emparejado con una mina que, por mientras, sigue pidiendo masajitos y besitos al orbe (como dando a entender que los tuyos no bastan). Espanta estar interesado en una mina y verla proclamar después de un carrete donde NO salió contigo, “ufff… increíble lo de anoche… menos mal que me tomé la pastilla, jaja“.

Quizá la sobreexpuesta sabe esto, y en verdad se alumbra harto para tenerlos a todos babosos y no tener a nadie demasiado cerca. Tal vez es narcisista o ególatra, o es una insegura que necesita sentirse importante hasta para tirarse peos. En una de esas sólo está jugando y disfrutando mientras está soltera. Pero a cualquiera interesado en una mina para algo más que follársela por la noche, espanta. Tenedlo en cuenta.

Luego vienen las jactanciosas, y éstas me dan risa. Usualmente se alumbran con que son buenas para la cacha, o unas party girls incansables y energéticas, o unas sofisticadas exóticas que encuentran flaite hasta a Brad Pitt. Quizá buscan que les tengamos miedo: miedo a no rendir tanto en la cama como ellas, miedo a no ser tan gozadores como ellas, miedo a no poder seguirles el paso en la fiesta, miedo a no saber degustar la sinfonía de jamón serrano con praliné y duraznos a la menta jengibrada.

Ojo, éstas suelen no ser las conocidas como “maracas“. Como bien apuntaba otra amiga, “a la maraca le va bien. Si tiene tiempo para alumbrar, es porque está sola“.

Éstas son las que en los carretes, con sus amigas, se les escucha al pasar cosas como  “ufff, pero ya weona, de anoche mejor ni hablemos, te acordai? jajaja“, o “puta que me he comido weones ricos últimamente“, o las que online alumbran con “ufff lo pasé tan rico comimos tan rico cierto? 1313” o “próximo fin de semana only girls party, vamos a dejar la cagá jajaja

El punto es que el fiasco suele ser grande. Puede que sí le guste la cacha, pero no sepa ni dar un beso bien (ej.: se dedican a morder), o ponga cara de asco para hacer sexo oral. O quizá sí sea incansablemente fiestera, pero si no le tienes el equivalente a un Wild On cada finde, se te aburre y pone cara de taimada. O tal vez sí sea sofisticada y tenga muy buen gusto, pero si la sacas del bistró o del bar ondero, o si le apagas la película constructivista rusa, no sepa qué hacer con un tipo a solas.

Incluso, concedámoslo, quizá sí son aquello que proclaman. Pero el hecho de alumbrarlo tanto te deja un gusto raro. Quizá es la falta de misterio, quizá es la sospecha de que en realidad estamos frente a gente poco interesante. Comer, carretear y follar rico no es TAN exclusivo como para alumbrarlo tanto. A mí me sigue matando más el misterio y la discreción.

Ir conociéndose de a poquito, enterarte de las weás porque te las contó ella y no porque lo leíste en Facebook, y guardar algo de privilegio informativo. Saber que lo que conoces de ella no es lo mismo que sabe el resto del ciberespacio. Y dejar que las cosas se demuestren con hechos, guardar espacio para la sorpresa.

Además que, si llegas a terminar una relación con una mina discreta, no vas a ver tu nombre y referencias a tus partes pudendas esparcidas por todo Internet.

Shao.