• Póngase minifalda.
  • Lea todas las mañanas, en voz alta y fuerte frente al espejo, el siguiente listado de palabras:
    “PICO – ZORRA – CONCHA – TULA – CULIAR – ANAL – CHUPADA DE CORNETA”, hasta que deje de ponerse roja o que le dé risa.
  • Si está pololeando, déle a su pololo un handjob mientras ven tele. (No le voy a pedir un blowjob todavía, sé que usté es asquienta).
  • Póngase minifalda.
  • Vea una porno hardcore distinta todos los días, no para excitarse, sino para sacarse el asco y entender que hay cosas mucho más terribles que follar a los gritos. Y capaz que le dé alguna idea.
  • Mastúrbese. Con dos, tres y cuatro dedos. Y grite cuando sea necesario.
  • Desoiga los consejos sobre sexualidad de su cura más cercano. En el mejor de los casos, no sabe nada de sexo, porque es célibe. En el peor de los casos, sólo sabe de sexo con pendejos.
  • Métase a danza árabe.
  • Vaya a un sex shop, cotice, pregunte. Y sin anteojos oscuros.
  • Póngase minifalda.
  • Mire sus fotos recientes. Vea esa cara de pánfila que tiene o ese rictus de desagrado que siempre pone, como oliendo caca. Propóngase cambiarlo. Sáquese fotos en el baño, tirándole besitos a la cámara, en ropa interior (y las envía a we@faqwomen.org para que las publiquemos como fan art :) )
  • Si está en alguna situación con un masho de su agrado cerca (x ej., bailando, o involuntariamente en el metro), huélale el cuello. Con discreción, pero hágalo.
  • (¿Mencioné lo de la minifalda?)


Disclaimer: Cualquier coincidencia con la realidad es mera coincidencia

Como nunca llego temprano a la U. Como siempre se me olvida que tengo una ventana. Así que me senté a tomar un café. Es mi segundo del día si soy un güevón exacto. En eso, estoy revolviendo mi cafecito y la mina pasa. Tate!. Pasó, pasó no más po’. ¿Qué está pasando compadre? Le pregunté a Javier que estaba al mi lado, dibujando webadas con su bic azul. Cagué. Justo que hace unos días atrás me habían hablado de ella. ¡Loco! cacha que el otro día pasó caminando por el costado de mi mesa. Chuuuu, se me dio vuelta el café. Por la cresta. Cachenla, mirenla como camina, ella: la diva descontenta. No hay caso, no pesca a nadie. Nadie que no sea de su misma especie. La mijita va caminando con su carita de leyenda de pasarelas como haciendo un puchero. Ojo! un puchero lindo eso si poh!. Pa’ que estamos con cosas, la socia es harto rica, pero siempre, siempre está como descontenta, o tal vez ese puchero es eterno. Eso es po!. Ese puchero, como de nena mañosa es infinito. No quiere comer na’ la tonta. No, no weon no!, no está enojada. Esto es distinto. Yo lo sé. Se diferenciar su descontento de su bello puchero eterno y además de su enojo. Onda, esa carita tiene mucha onda, loco esa eternidad de puchero altiro te dice que se taima por todo, hasta por el más mismísimo mínimo detalle. Loco es tierna taimandose. Loco porfa!, que se taime ahora porfa!. Seguro que la última vez que se taimó fue cuando no encontró esa polerita blanca toda gualaila en su talla. Loco la mina se viste en wanama. Onda sabe lo que es taimarse con estilo. Demás que se taimó cuando se tuvo que poner sus converse que siempre le combinan con nada. Linda la wea, es fanática de ese anillo de plata redondo pachamámico atacameño y gigante pero nunca tan rayada pa’ ponerselo sólo los lunes, miércoles y sábados. De cualquier forma, la cuestión es que no me importan en lo más mínimo tus accesorios pues wachita, es ese lindo y eterno, fino e infinito puchero, uff llegé a hacer un puchero yo. Jajajaj. Me taimé. Ya sé. Te apuesto que se le pasa con la primera cucharada de indiferencia. Pum pa! No la pescai y seguro se le pasa el puchero y te pesca. O sea te acercai a ella no pescandola. Pero primero tienes que hablar con ella eso si. Decirle alguna güevada para que se le quite la maña. ¿No tenis clases con ella?. Partiste hueón!

Ojo que, ser indiferente es bien distinto a ser guevón. (Con G, de Jato)

Seis horas después, captamos la siguiente conversación. Para eso intervenimos las lineas telefónicas con un tarro de leche condensada. Schhhhh, no le digan a nadie.

-¿Alo hueón?

- ¡Buena Simón!, ¿qué onda wachouw?

- Oye huéon, que chucha hago con esta mina?

- Loco, ya te dije ya. No tenis que pescarla.

- ¿En qué sentido me decís que no tengo que pescarla?

- En ese sentido po huéon, o sea, péscala pero en el otro sentido. Voh me cachai po’ hueón.

En fin, la ueá es que su belleza está por sobre su carita y su puchero infinito. Y cómo dijo el amigo de Simón, no hay que pescarlas. No importa, total se les va a pasar. Dejenlas solitas no más, dejemoslas que hagan pucheros cuando no quieran probar su cucharadita con esa miel tan dulce que es la indiferencia.

No todo tiene por qué ser tan Rainbow Brite, mijita.

Generalmente mamón es un término que se aplica a un hombre que, en lugar de ponerse los pantalones, se subyuga a la dirección de una mujer, sea su madre, su esposa o la wacha a la que pretende. Pero es perfectamente aplicable a las minas también, y cresta que me cargan las minas mamonas.

Las mamonas sufren de algo que yo llamaría femineidad mal entendida, las llamadas “delicaditas”. En alguna parte de su formación como hembras recibieron una sobredosis de My Little Pony, y ya creciditas, nunca dejaron ciertos aspectos de la pre-pubertad.

Usté puede reconocer a una mamona por rasgos como los siguientes:

  • Evitan los garabatos hasta un extremo ridículo. Ok, yo estoy de acuerdo con Fegnin en que las garabateras son lo peor, pero decir “como el ajo” en vez de “como el orto“, “este niño” en vez de “este weón” (habiendo ira de por medio), o “retutetutata” en vez de “conchetumadre” (lo mismo), es porque te fuiste al chancho. En ciertas ocasiones lo necesario es un garabatito bien puesto, dicho con gracia. Mierda.
  • Asquientas. Son las que ponen mueca de “oliendo caca” si les hablan de una fellatio o un cunnilingus (incluso si usas exactamente esos términos). En general, todo lo que tenga que ver con fluidos humanos es tabú para ellas. Encuentran “último de feo” hablar de “agarrar”, y olvídate de que vayan a usar su lengua para nada más que tomar helado. Usualmente son mañosas también para comer.
  • Fomes para tirar. No se quejan, no gritan (y no toleran que tú lo hagas tampoco), no se mueven, no corren mano, no les gusta el sexo oral (dado o recibido), una agarrada de nalgas ya es motivo de complicación (olvídate de darles una nalgada, se pondrán a llorar). Son las que cuando van a la casa del pololo prefieren quedarse en el living con los suegros lo más posible.
  • Hipersensibles. A mí me encantan las tiernas, y entiendo los períodos hormonales de las mujeres, pero una mujer que está así el mes entero es como musho. No puedes agarrarlas pal weveo (para mí es imperdonable no poder columpiar un ratito a mi pareja), no puedes alzar la voz en su presencia, incluso un solo de batería “es como muy brutito”.
  • Faltas de carácter. Les cuesta pararle los carros a un jote, hacer valer sus derechos, decir algo políticamente incorrecto.
  • Cero empatía con los gustos masculinos. [¿Puedo hacer un paréntesis acá? Ahora está como de moda entre las minas dárselas de futboleras, quizá para ganar puntos con nosotros. ¿Cómo distinguir una auténtica de una mula? Las auténticas le tiran chuchás al árbitro. Gracias.] Son las que te ponen mala cara cuando quieres ver un partido, o las que comentan “no entiendo eso de tantos niños corriendo tras una pelotita”.  Las que no entienden que los hombres necesitamos descargar testosterona cada cierto tiempo, sea agarrándonos a patás en la raja con los amigotes, jugando una pichanga hasta morir o cantando rock a grito pelado.
  • Pollerudas, necesitan permiso de los papás hasta para comprarse sostenes.  ¡Y estoy hablando de minas grandecitas! (A mis 26, no me van las menores de edad) Son de las que siempre tendrán atados para quedarse afuera, para carretear hasta muy tarde o demasiado lejos; las que mamá o papá las telefonea cada 45 minutos para saber si están follando (e interrumpir el follón si es que es así, claro).

Seguro se me quedan rasgos de mamonas en el tintero. Y a usté, ¿le gustan?

Shao.