La única razón por la que todo esto está pasando es que tus viejos estaban demasiado calientes como para acordarse del condón.

Una mina con trastorno bipolar no es ninguna novedad. Es una pérdida de plata en psicólogos.

El tratamiento para la bipolaridad es el mismo que el de la histeria.

El único patrón en común entre las personas con las que has estado es que eventualmente todas están cagadas de la cabeza. O sea, que eventualmente empiezan a ser ellas mismas.

Lo peor para una relación es dejar de ser esa persona que presentaste en sociedad.

Las minas que no chupan el pico no valen la pena, no importa lo ricas que sean.

Tiempo + Plata + Esfuerzo < Mina + Sexo = Valhalla
Tiempo + Plata + Esfuerzo = Mina + Sexo = Esa gente que se ve tan feliz
Tiempo + Plata + Esfuerzo > Mina + Sexo = La mayoría de las relaciones

No es engañar si estás en otro país. Es legal si estás a más de dos regiones.

La vida es muy corta para dejar pasar oportunidades. Nunca sabes dónde te van a llevar. Puede ser el amor de tu vida. O puede ser clamidia.

La vida es muy corta para tener malas relaciones. Termina, nunca sabes dónde te puede llevar. Ojalá a evitar la clamidia.

Los métodos anticonceptivos son el mejor invento de la humanidad después del pan y el porno. El día en que el porno sea anticonceptivo alcanzaremos la conciencia universal.

No tiren el chiste que el porno es anticonceptivo en que te deja pegado haciéndote pajas. Woody Allen dijo que “la masturbación es sexo con alguien que amo”. Le agregaría que no siempre.

Lo que era tremendamente excitante se vuelve asqueroso y/o chitoso apenas acabas.

Hay muchas razones para mentir cuando conoces a alguien. Esa persona tiene las mismas cuando te conoce a ti. De nuevo, ojo con la clamidia.

Los comerciales pro-condón del gobierno fueron hechos por el Opus Dei. Más allá de eso, usarlo, al igual que Renca, la lleva.

Le gustaste por algo. No preguntes qué, porque ella tampoco sabe.

No hay mina que no sea más rica con lentes.

Si le dices que tú compras las entradas y ella las cabritas, te dirá que no tiene ganas de comer cabritas. Si te ofreces a comprarle cabritas, te dará una respuesta honesta.

Las distintas razas no tienen distintos sabores.

No todas las putas cobran en plata.

La idea no es ser el mejor, la idea es pasarlo bien.

No creas todo lo que lees en internet. Se inventó para Xvideos y 4chan, no para información en serio.

Las minas son algo serio. Son deporte.
Y como en todo buen deporte no todos tenemos el mismo talento, no todos le pegamos igual de bien a la pelota, así que así se van formando las ligas, término que está casi tan sobreexpuesto como este alguna vez humilde blog.
Así que vean aquí dónde están jugando, o quizás dónde se consagraron, o dónde van entrar a jugar antes de persignarse en el próximo carrete.

Jugar en la UEFA Champions League sería como agarrarse a Scarlett Johansson, Zooey Deschanel y el desfile navideño de Victoria’s Secret.
Te imaginas lo que sería estar en la cancha, te sabes las formaciones y cómo debería jugar cada equipo, pero no tienes puta idea de cómo llegar hasta ahí. A soñar nomás. Aquí no juega ninguno de nosotros, ni tú tampoco.

Jugar en la Bundesliga sería como agarrarse a las minas más ricas que conoces, tú cachai cuales, las que tienen caliente a todos los que las rodean.
Los afortunados, los que saben hacer la gambeta en el momento y lugar adecuados y ahora entrenan en las canchas que todos quieren estar, dándose la vida en partidos de calidad por todos lados. Aquí juegan los que te hacen preguntarte “¿por qué esa mina está con ese conchasumadre?”.

Jugar en la Serie A de Brasil sería como agarrarse a esas minas que te gustan a ti pero que no son ni tan ricas, o sea, están re bien, pero tienen algo o que encanta o saca de onda.
Los que están en su mejor momento, pero todavía no encuentran su gran oportunidad. Por mientras se preparan, entrenan y ganan tiempo en canchas competitivas para estar listo cuando llegue la veedora. Aquí juega ese amigo al que siempre le dices que invite a la polola a los carretes.

Jugar en la Major League Soccer sería como agarrarse a tus amigas.
Aquí terminan los que ya no son lo que eran antes. En algún momento fueron las promesas del fútbol y quizás alcanzaron a llegar a grandes ligas, pero una lesión, una fuerza mal hecha y terminaron conformándose con la oferta menos mala que tenían. Todos hemos jugado aquí en algún momento, para bien o para mal.

Jugar en Primera A sería como agarrarse a las típicas minas, en los típicos carretes, después de las típicas conversaciones con las típicas piscolas en la mano.
Acá estamos la mayoría. Es un buen nivel, se juega, a veces sale un gol bueno, pero temporada tras temporada hay partidos que se vuelven predecibles. Funciona, pero no es el sueño de nadie.

Jugar en cualquier división de Emiratos Árabes sería como casarse.
Estás culeando pero es más fome que la chucha y no hay proyección para nada más. Está claro que aquí están los que ya se retiraron pero no quieren aceptarlo.

Jugar en la Tercera División A sería como agarrarse a las gorditas simpaticonas, a las amigas con buena letra y las nerds que están carreteando por primera vez en 24 años.
Los que tienen sueños grandes parten acá, empezando desde abajo para ganar minutos en cancha y demostrar su talento, esperando que los comentarios le sirvan para seguir subiendo. Lo malo es que es muy fácil quedarse estancado u optar por un retiro temprano y volver sólo a la ocasional pichanga. De aquí venimos y a veces sin querer volvemos, aunque a veces jugamos un partido acá por amor al deporte nomás.

Jugar en la pichanga de barrio sería como agarrarse a las minas con bigote, las guatonas sin tetas y las peladas con la piel al revés.
Aquí están los que prefieren quedarse en el computador antes de salir a jugar. No es algo que busquen, simplemente les llega, es malo, es fome, pero saben que es probablemente la única vez que les salga algo así. Un montón de gente que nos sigue en el twitter se asoma por acá.

Es una llamada por teléfono, es una manera de hacer las cosas, es uno de los puntos más lejanos de cercanía. Como sentarse a esperar la tormenta, decir que la lluvia es linda porque siempre tuviste donde pasarla sin mojarte. Pero eso es otro tema. Que las cosas tomen su curso es inevitable y la mayoría de las veces para mejor, tratar de cambiar la dirección del río es imposible, lo importante es encontrar un río que vaya donde quieres llegar, y dejar que los golpes de las piedras y las ramas terminen de aburrirte y buscar la orilla para que la noche no te pille entrampado en nada más que en un fuego para devolverle vida a los huesos hasta que ese calor con el del sol te obliguen a zambullirte de nuevo. Porque la perfección también es pasajera, y lo único que la hace peligrosa es tratar de mantenerse en ella demasiado tiempo. Pero por supuesto que es inevitable, si somos humanos, comemos, cagamos y creemos lo que nos diga la ficción, creada especialmente porque en la realidad no funciona de esa manera, como la religión quizás. Y así, una llamada, aunque sea del rincón más lejano, nos devuelve a un lugar olvidado, al refugio que guardamos en una esquina al fondo de la cabeza porque la que está cerca de los ojos no tiene nada de espectacular, son sólo una recolección de especímenes, un muestrario más o menos extenso de lo que el mundo sin esfuerzo puede entregar, llenándose de polvo, todavía ahí porque hasta el peor de esos recuerdos es mejor que el del día en que no pasó absolutamente nada. Y así yo también me voy llenando de ácaros en una cabeza de noche larga y solitaria, esperando una llamada o esperando hacerla, que entre los dos aunque no quede nada, todavía quedamos nosotros y hay varias maneras de hacer esto.

Enredarse con Knives Chau es demasiado simple. Quizás por eso no nos gusta. O sea, sí nos gusta en el exacto momento en que estamos dentro de ella, pero no cuando nos acordamos, quizás ni siquiera al minuto y medio después de que estuvimos ahí y pensamos en alguna excusa para irnos o para echarlas. La primera es más fácil, en cualquier caso.
Y te llama y te llama y te llama y contestas cuando es tarde y es eso o meterte a redtube a ver qué hay de nuevo. Y mientras el semen bloquea las sinapsis aprietas el botón verde del celular y pones tu mejor voz y te llenas la boca de palabras lindas sacadas de esa película que vio y de la que habla porque es lo que hay que hacer.
Y ni siquiera el sexo es tan bueno aunque no sea mascar lauchas. Algo no encaja aunque todo esté en su lugar. Entierras la cara en su cuello o miras al techo o las cortinas tratando de no verle la cara e imaginarte alguien más, alguien que pasó o alguien que ojalá pasara aunque todavía no la conozcas.
Hasta ahora ni todo bien ni todo mal, está nada más y eso es todo. Hay un sólo momento en que todo se puede ir a la mierda, porque a pesar de lo que diga todo el mundo o lo que diga yo o lo que se diga aquí, no somos mala gente los hombres, al contrario, queremos mucho a las mujeres de nuestra vida y no nos gusta ver que lo pasen mal aunque no estemos seguros cómo terminaron siendo parte de nuestra vida siendo que intentamos evitarlo desde un principio. Y ese momento es una palabra:

Y entonces sin querer terminas convirtiéndote en el hijo de puta del cual hablará mal con sus amigas sólo porque, aunque no mentiste en ningún momento, la verdad ya no se podía aguantar. Eso o terminas de convencerte que no te podría ir mejor. Una es triste para ella y la otra para ti, y te creería quizás si quieres ser una especie de héroe romántico pero también piensa para quién lo estás siendo, no tienes para qué mentirte a ti mismo.
Creo que la moraleja es que nunca sabemos al cien por ciento lo que siente la otra persona. Creo que no tengo para qué dejar moraleja. Creo que las minas que leen esto creen que soy mala gente siendo que no soy más que la ternura encarnada en un teclado zombie. Creo que este post dejó de tener sentido hace unos puntos seguidos atrás. Creo que mi historial de posts dejó de tener sentido el día en que nació. La moraleja real es nunca decirle a alguien que lo amas, que lo quieres a lo más después del decimoquinto aniversario. Otra moraleja es no desperdiciar quince años con una sola persona. Es bueno Scott Pilgrim, y no digo ser como él, lo más que me han dicho es Young Neil.
Eso. No se enganchen con gente que no les gusta, o que sólo les gusten porque están ahí y dispuestas de piernas abiertas y mejillas sonrojadas, porque no se transforman ni en pizzas ni en italianos tomate abajo suave con la mayo ni siquiera en esa mina que te imaginaste mientras te la culeabas.

Después de pensarlo muy poco, me doy cuenta lo mucho que me cagó la cabeza durante mi infancia ser fan de Oye Arnold. Un pendejo demasiado maduro para su propio bien, obligado a crecer al ser abandonado por sus padres y quedar a cargo de sus abuelos que ya no estaban en condiciones para criar a un niño, y al que sin embargo le resultaba todo lo que hacía. Podía pasarse las noches en la calle, jugando pool en un antro después de comprar ropa vintage con plata que les tiraron por ir vestido de plátano, y todo esto en los noventas. Redefinió lo que era ser cool para toda una generación. Vivía sin reglas más que las autoimpuestas, era alguien que andaba al ritmo de su propio tambor, haciéndose amigo de las personas más extrañas en el barrio, gente como el chico del pórtico, el hombre mono, el que entrenaba palomas, el cantante olvidado Dino Spummoni y, por supuesto el más raro de todos, Eugene. Vivía en alguna parte que parecía Brooklyn, como si el mundo estuviera al alcance de sus dedos, donde a cada momento había algo pasando y a pura fuerza de simpatía atraía lo bueno hacia él. Era tan genial como para inventarse un despertador a su imagen y semejanza que funcionaba a base de papas eléctricas. Una pieza con techo de cristal que hasta el día que me muera voy a envidiar. Además todos sabemos que la niña que era media fea y no se adaptaba bien al mundo cuando chica siempre crece para ser la mina más rica del montón y no está de más que esté perdidamente enamorada de ti y si bien es medio raro que junte tus chicles masticados para hacerte una estatua, hey, he tenido peores. Además el papá de Helga era dueño de una empresa de beepers, ¿qué puede salir mal ahí? Ahora, no faltará el que en un soplo de infinita sabiduría indique que la hermana era mucho más rica que Helga, pero Helga era de esas minas que te apañaban en todas, que a pesar de desear a Arnold como loca y recitarle versos cuando nadie estuviera mirando seguía teniendo su independencia bien clara, sin necesitar a nadie que la rescatara cuando las cosas se ponían algo más complejas de lo normal, a pesar del pánico inicial cuando creen que el tren los lleva al infierno, y para minas que no sepan arreglárselas solas hay que tratar de ser una especie de héroe romántico que nadie es en la vida real, mientras que a Arnold nunca le faltó nada simplemente siendo él mismo, y en mi cabeza los dos sí terminan juntos al final, así que a Helga también, con un pequeño atraso, pero también le resulta. Quizás ahí está la vieja lección que nuevamente sale a flote: no importa como seas, no sólo hay alguien a quien le gusta, sino que además te prefiere así. Sé lo que están pensando, pero pico.
Así que eso, cuando sea chico quiero ser como Arnold.

Aquí una foto explicativa. ¿Me estoy cagando a los demás? Sí. ¿Me estoy vanagloriando? Por supuesto. ¿Me importa? He ahí la pregunta.