Después de pensarlo muy poco, me doy cuenta lo mucho que me cagó la cabeza durante mi infancia ser fan de Oye Arnold. Un pendejo demasiado maduro para su propio bien, obligado a crecer al ser abandonado por sus padres y quedar a cargo de sus abuelos que ya no estaban en condiciones para criar a un niño, y al que sin embargo le resultaba todo lo que hacía. Podía pasarse las noches en la calle, jugando pool en un antro después de comprar ropa vintage con plata que les tiraron por ir vestido de plátano, y todo esto en los noventas. Redefinió lo que era ser cool para toda una generación. Vivía sin reglas más que las autoimpuestas, era alguien que andaba al ritmo de su propio tambor, haciéndose amigo de las personas más extrañas en el barrio, gente como el chico del pórtico, el hombre mono, el que entrenaba palomas, el cantante olvidado Dino Spummoni y, por supuesto el más raro de todos, Eugene. Vivía en alguna parte que parecía Brooklyn, como si el mundo estuviera al alcance de sus dedos, donde a cada momento había algo pasando y a pura fuerza de simpatía atraía lo bueno hacia él. Era tan genial como para inventarse un despertador a su imagen y semejanza que funcionaba a base de papas eléctricas. Una pieza con techo de cristal que hasta el día que me muera voy a envidiar. Además todos sabemos que la niña que era media fea y no se adaptaba bien al mundo cuando chica siempre crece para ser la mina más rica del montón y no está de más que esté perdidamente enamorada de ti y si bien es medio raro que junte tus chicles masticados para hacerte una estatua, hey, he tenido peores. Además el papá de Helga era dueño de una empresa de beepers, ¿qué puede salir mal ahí? Ahora, no faltará el que en un soplo de infinita sabiduría indique que la hermana era mucho más rica que Helga, pero Helga era de esas minas que te apañaban en todas, que a pesar de desear a Arnold como loca y recitarle versos cuando nadie estuviera mirando seguía teniendo su independencia bien clara, sin necesitar a nadie que la rescatara cuando las cosas se ponían algo más complejas de lo normal, a pesar del pánico inicial cuando creen que el tren los lleva al infierno, y para minas que no sepan arreglárselas solas hay que tratar de ser una especie de héroe romántico que nadie es en la vida real, mientras que a Arnold nunca le faltó nada simplemente siendo él mismo, y en mi cabeza los dos sí terminan juntos al final, así que a Helga también, con un pequeño atraso, pero también le resulta. Quizás ahí está la vieja lección que nuevamente sale a flote: no importa como seas, no sólo hay alguien a quien le gusta, sino que además te prefiere así. Sé lo que están pensando, pero pico.
Así que eso, cuando sea chico quiero ser como Arnold.

Aquí una foto explicativa. ¿Me estoy cagando a los demás? Sí. ¿Me estoy vanagloriando? Por supuesto. ¿Me importa? He ahí la pregunta.


Todos hemos estado ahí y nadie se sabe el camino. Simplemente llega ese momento en que no nos importa. Dicen que lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia, el odio no es más que una escala en el vuelo. Inevitablemente llega ese día en que ves a la persona que tienes al frente y ya no te importa lo que tiene que decirte, si son un montón de historias finamente hiladas, si son excusas perfectamente construidas, si son chistes más manoseados que las técnicas que repite cada noche, llega ese momento.
Es como una revelación, un eureka sin las consecuencias que suelen traer a la historia de la humanidad, sólo a la nuestra en toda su ligereza. No hay tics irritantes, hay cosas que hace. No hay palabras con malicia, hay cosas que dice. No hay una persona, hay un error pero que parecía buena idea en su momento. No hay que negar los buenos momentos, los malos tampoco, pero no es un pasado que atormenta, tampoco es uno más luminoso, es esa nube que se parece a todas las demás mientras el viento la empuja a un lugar donde ya no la puedes ver más.
Quién sabe si alguna vez la quisiste, ahora mismo todo eso se ve tan lejano, irreal incluso, como abrir los ojos después de haber apagado tele: quizás muchas cosas pasaron de verdad, pero ahora son un misterio que espermos sólo la noche sabrá.

Dicen que todas relaciones pasan por sus altos y bajos, es el medio lo que es realmente perturbador. Toda la idea de andar entre dos es lo fácil que es volver cada día promedio en un “esa vez que dijiste eso, estuvo buenísimo” o un “cuando nos pasó esto, fue otra volá”, sea lo que sea que termine rellenando esas frases, porque quizás sólo entre dos personas se puede hacer un ser humano decente que sepa aprovechar las horas que quedan. Todo esto dicho de manera metafórica claramente, las generaciones han ido degenerándose si alguien me pregunta. Pero si en algún momento deja de importarte, ¿a quién le importa? “El amor tiene el mal hábito de desaparecer de la noche a la mañana” cantaban los Beatles en el ‘65, a un perro así de viejo no le vas a enseñar un truco nuevo.
A veces la haces para contarla después, a veces para contártela a ti mismo. Las mejores veces la sigues repitiendo hasta el cansancio con cada terremoto que se te mete en el cuerpo. Y esa historia que te das cuenta ni a ti te interesa, mejor ponerle luego el punto final y a la basura sin más, no es como que te gustaría que apareciera en tu antología.

Este post es muy andrógino, así que agárrenlo de donde quieran.


- “Si ando sensible tení que quererme nomás”

- “Entonces cuando ande caliente me la tení que chupar nomás”


para que no digan que no hago nada por la humanidad


Me preocupa lo que es Twilight. Por razones de fuerza mayor, ayer figuraba entre dos amigas mirando Eclipse en pantalla gigante. La mina sin ser rica tiene algo y me dijeron que habría peleas y algo de sexo, o por lo menos la mina semidesnuda dentro de los estándares de una película para adolescentes, a eso tuve que bajar mis expectativas. Y ellas pagaron las entradas, así que no podía reclamar tanto antes de que empezara a rodar la película.

Más allá de que la película sea pésima, al punto de que hasta una de mis amigas que se ha leído cada libro más de tres veces se aburrió, que la historia esté mal desarrollada, de que el vampiro brille, sea célibe, las peleas no tengan sangre y los vampiros cuando mueren están hechos de porcelana y que las escenas más pasionales sean reducidas a un campo de flores, besos sin lengua y una propuesta de matrimonio, lo que más me preocupa, era el público que llenaba la sala: Toda una generación de pendejas que cree que eso es lo mejor que les puede pasar en la vida.

Una generación que tendrá esa fantasía de matrimonio y virginidad alargada, de que nadie las pesque porque no lo sueltan nunca y que en su enorme tristeza se dedicarán a comer hasta la obesidad y pasar demasiado tiempo en el computador hasta que se dan cuenta que pueden tipear relativamente rápido así que decidirán hacer un libro en que plasmarán todas sus fantasías de esos años en las que un unicornio alado las lleva a una tierra donde los hombres no son amenazantes y matarían a medio mundo por sólo abrazarte en un día de frío. En otras palabras: Twilight sólo genera más Twilights. Stephenie Meyers está formando un ejército de escritoras que a la vez seguirá infectando la mente de niñitas por todo el mundo por mucho tiempo más hasta que sea inconcebible escribir escenas de sexo y muerte sin pasar por el filtro Disney autoimplantado. Así la realidad imita al arte, y la realidad es mucho más horrible.

Así que niñas, tengan sexo, chupen picos, suelten el chico, no dejen que esta señora Meyers les quite lo más lindo de ser adolescente. Pero no conmigo, que no volveré a la cárcel, sin importar lo ricas que sean.


La vez que me enamoré fue a ocho mil kilómetros de aquí. Antes pensaba que me había enamorado, así como tal vez algún día pensaré que todavìa no lo he hecho, el día en que finalmente haga caso de las teorías científicas que explican el enamoramiento como droga y que al momento del abandono se activan las mismas partes del cerebro que durante una adicción, es un estudio real pero no quiero buscarlo ahora, ustedes son grandes, pueden buscarlo si quieren.

Hoy hablé con una amiga sobre su deseo de formar una familia en algún momento, ojalá dentro de los próximos cinco años, casarse y tener hijos en plural. Somos la generación a la que más se nos ha demostrado que el amor, tal como la tristeza o la felicidad, es un sentimiento pasajero. No tengo cifras para tirar pero no estaría errado decir que la mayoría de nosotros ha visto a sus padres separarse, con más o menos consecuencias en cada caso, pero una muestra clara que un miembro del sexo opuesto no es, fue ni jamás será la respuesta a nuestras vidas más que una lágrima o una risotada. Nada se arregla, pero dejas de pensar en ello, quizás esa sea lo único a lo que podemos aspirar.
Y sin embargo ella todavía quiere algo así, asumiendo el fracaso inminente que implica, es subirse a un avión con un ala rota porque en una de esas se podría llegar a algún lado, es sentarse frente a la tele sin enchufe por si acaso prende.

No digo estar solo toda la vida, digo tomar las cosas por lo que son. Mientras más nos enredamos en los vínculos, más fáciles se hacen de romper. El amor existe pero es finito, y eso no es algo malo ni bueno, simplemente es. Pero creo que Richi ya está cubriendo el tema de las expectativas falsas bastante bien en su pequeña cruzada contra/afavor/quizássileeestoquieraconocerme de Zooey, supongo que él sabe lo que dice.

Dudo estar enamorado todavía, por más que su recuerdo camine conmigo cuando estoy solo. Dudo que no me enamore de nuevo, sobre todo cruzando miradas que terminan en nada con desconocidas en la calle. No dudo que con cada curadera viene una resaca, pero somos todos grandes, sabemos cuando algo nos está empezando a hacer mal, lo más fácil que se puede hacer es dejar que ese placer se transforme en vicio y encadenarnos a un pecho como a un edifico a punto de ser demolido, como una protesta poética que de efectiva no tiene nada, pero pucha tan valiente que era van a decir.


Si para Richi 500 Days of Summer es como un Fischer-Price para grandes, donde descubre su cuerpo y aprende a la vez, me pregunté cuáles eran las cosas que he visto que podrían caer en esa categoría.

Nick and Norah’s Infinite Playlist es la opción clara, por la música y las tremendas tetas de la mina. Pero ahí son felices y la moraleja es ser feliz así que no sé si cuente mucho.

Lost in Translation puede ser otra, por la música y las tremendas tetas de la mina. Aquí la moraleja es como esa paradoja de la fuerza indetenible contra el objeto inamovible, el weón más chistoso del cine frente a la mina más rica del cine, y termina con que no se la agarra. Todas las “me gustan los que me hacen reír” son mentirosas.

El desfile de Victoria’s Secret también, por la música y las tremendas tetas de las minas. Aquí está todo bien.

The Wrestler suma, por la música y las tremendas tetas de la mina. Ahí aprendemos que las minas piden plata antes de enamorarse, no hay que olvidarse de eso.

Mad Men no la veo, pero las tetas de la pelirroja son tremendas, así que no he aprendido nada.

Ghost Whisperer tampoco la veo, pero bueh, creo que sabemos a lo que voy.

Eso por ahora. Muerte a Keira Knightley. Viva Denise Milani.


Digamos que eres fea y no tienes tetas ni poto ni buena onda, bueno, aquí hay una lista de cosas que se pueden hacer para que no te falten picos:

1.- Hacer música, o por lo menos tocar algún instrumento, aunque te sepas una sola nota y la toques mal, algo tiene la mina con instrumento.

2.- Decirnos en un carrete que nos estamos haciendo tragos de minas, así nos echamos más y nos curamos más rápido y de repente te ves mucho mejor que al principio.

3.- Subir un video porno a internet, pero con cuidado eso sí, tiene que ser uno bueno o podría tener el efecto adverso, aunque en el mejor de los casos podrías hacerte famosa.

4.- Tener plata para comprarnos copete (ver número 2).

5.- Tener vagina. No falta al que le sirven todas las micros.


- Leer un libro que no sea de Crepúsculo, Harry Potter, Danielle Steel o Paulo Cohelo.

- Hacerse el look de “hoy día tu opinión de la moda me chupa un huevo”.

- Bostezar de día.

- Odiar a Ricardo Arjona.

- Tomar como dama, pero calentarse estando curada.

- Bailar apretado.

- Entender lo que está pasando en un partido de fútbol.

- Hablar de sexo con la ligereza que se merece.

- Bailar al medio de la calle.

- Sonreír.

- Saber mucho de alguna cosa, cualquiera. Menos menstruación.

- Intentar todo por lo menos dos veces.

- Comerse un italiano sin que se le caiga un tomate.

- Saber lo que le gusta, o por lo menos lo que no le gusta.

- Hacer algo que jamás se me podría haber ocurrido.


Porque apuesto que te compraste ese push-up para que te respeten por tu intelecto.

Chuchetumare.