Hay estudios “serios” que proponen que el sexo casual es solo una forma de escaparse del “riesgo” de generar vínculos. O sea, reemplazamos la oportunidad de tener una conexión real con alguien por la más simple opción de enchufarnos a cantidades ingentes de orificios (v.gr. vaginas, bocas, anos) para penetrar y eyacular en. Y me niego a aceptar eso, aunque la vida se encargue de demostrarme lo contrario.

Pertenecemos (iba a poner pertenezco, pero jódanse, los meto a todos en el mismo saco) a una generación a la que le da miedo el Amor. Así con mayúscula y susurrado a media voz, como si fuera mala suerte nombrarlo.

Somos de una generación que creció escuchando que Laura no está, Laura se fue y que Marcos se ha marchado para no volver. Y es ridículo que en un mundo donde no tenemos certeza del trabajo, de la salud, de la jubilación… ¡Ni siquiera sabemos si el planeta va a ser habitable en 50 años! ese temita sea la mayor de nuestras preocupaciones.

Y lo peor es que ya nadie cree en el amor para toda la vida. Entonces es una paradoja tremenda tenerle miedo a algo en lo que no creemos. O quizá sí creemos, sí lo queremos para nosotros, quizás lo deseamos tanto que nos cerramos a la posibilidad de que exista para que no duela tanto cuando nos demos cuenta que es solo otra promesa vacía, que nadie nos va a querer como somos o por lo que somos si no por como nos mostramos y por lo que hacemos.

Porque, y creo que nadie (excepto esa shiny happy people de mierda a la que todo le sale bien a la primera) lo va a negar, que estar con alguien es pega. Y hay gente que se asusta cuando la cosa no es como en el folleto. Porque todo eso de que alguien en el mundo se va a dar cuenta de lo fucking special que eres y que después de eso todo va a estar bien, es puro marketing. En el fondo nunca va a estar bien siempre.

Porque si el amor es (y perdonen la analogía) como tirarse a una piscina sin saber si hay agua, no se puede tener miedo. No puede ser que uno se tire de guata mientras la otra persona se mete de a pocos. Qué mierda es ver que alguien recién se está mojando las patas cuando tú ya tienes los dedos arrugados. Y con eso termino con esta analogía de mierda.

Entonces, en resumen y para irme a dormir, el amor a veces es pasarlo mal. Cuando no lo tienes, lo pasas mal buscándolo in all the wrong places. Cuando lo tienes, lo pasas mal cuidándolo, tratando de no perderlo. Nadie lo pasa bien con el amor.

O quizás solo soy yo el que lo pasa como el pico.

Shao.

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La única razón por la que todo esto está pasando es que tus viejos estaban demasiado calientes como para acordarse del condón.

Una mina con trastorno bipolar no es ninguna novedad. Es una pérdida de plata en psicólogos.

El tratamiento para la bipolaridad es el mismo que el de la histeria.

El único patrón en común entre las personas con las que has estado es que eventualmente todas están cagadas de la cabeza. O sea, que eventualmente empiezan a ser ellas mismas.

Lo peor para una relación es dejar de ser esa persona que presentaste en sociedad.

Las minas que no chupan el pico no valen la pena, no importa lo ricas que sean.

Tiempo + Plata + Esfuerzo < Mina + Sexo = Valhalla
Tiempo + Plata + Esfuerzo = Mina + Sexo = Esa gente que se ve tan feliz
Tiempo + Plata + Esfuerzo > Mina + Sexo = La mayoría de las relaciones

No es engañar si estás en otro país. Es legal si estás a más de dos regiones.

La vida es muy corta para dejar pasar oportunidades. Nunca sabes dónde te van a llevar. Puede ser el amor de tu vida. O puede ser clamidia.

La vida es muy corta para tener malas relaciones. Termina, nunca sabes dónde te puede llevar. Ojalá a evitar la clamidia.

Los métodos anticonceptivos son el mejor invento de la humanidad después del pan y el porno. El día en que el porno sea anticonceptivo alcanzaremos la conciencia universal.

No tiren el chiste que el porno es anticonceptivo en que te deja pegado haciéndote pajas. Woody Allen dijo que “la masturbación es sexo con alguien que amo”. Le agregaría que no siempre.

Lo que era tremendamente excitante se vuelve asqueroso y/o chistoso apenas acabas.

Hay muchas razones para mentir cuando conoces a alguien. Esa persona tiene las mismas cuando te conoce a ti. De nuevo, ojo con la clamidia.

Los comerciales pro-condón del gobierno fueron hechos por el Opus Dei. Más allá de eso, usarlo, al igual que Renca, la lleva.

Le gustaste por algo. No preguntes qué, porque ella tampoco sabe.

No hay mina que no sea más rica con lentes.

Si le dices que tú compras las entradas y ella las cabritas, te dirá que no tiene ganas de comer cabritas. Si te ofreces a comprarle cabritas, te dará una respuesta honesta.

Las distintas razas no tienen distintos sabores.

No todas las putas cobran en plata.

La idea no es ser el mejor, la idea es pasarlo bien.

No creas todo lo que lees en internet. Se inventó para Xvideos y 4chan, no para información en serio.

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Es una llamada por teléfono, es una manera de hacer las cosas, es uno de los puntos más lejanos de cercanía. Como sentarse a esperar la tormenta, decir que la lluvia es linda porque siempre tuviste donde pasarla sin mojarte. Pero eso es otro tema. Que las cosas tomen su curso es inevitable y la mayoría de las veces para mejor, tratar de cambiar la dirección del río es imposible, lo importante es encontrar un río que vaya donde quieres llegar, y dejar que los golpes de las piedras y las ramas terminen de aburrirte y buscar la orilla para que la noche no te pille entrampado en nada más que en un fuego para devolverle vida a los huesos hasta que ese calor con el del sol te obliguen a zambullirte de nuevo. Porque la perfección también es pasajera, y lo único que la hace peligrosa es tratar de mantenerse en ella demasiado tiempo. Pero por supuesto que es inevitable, si somos humanos, comemos, cagamos y creemos lo que nos diga la ficción, creada especialmente porque en la realidad no funciona de esa manera, como la religión quizás. Y así, una llamada, aunque sea del rincón más lejano, nos devuelve a un lugar olvidado, al refugio que guardamos en una esquina al fondo de la cabeza porque la que está cerca de los ojos no tiene nada de espectacular, son sólo una recolección de especímenes, un muestrario más o menos extenso de lo que el mundo sin esfuerzo puede entregar, llenándose de polvo, todavía ahí porque hasta el peor de esos recuerdos es mejor que el del día en que no pasó absolutamente nada. Y así yo también me voy llenando de ácaros en una cabeza de noche larga y solitaria, esperando una llamada o esperando hacerla, que entre los dos aunque no quede nada, todavía quedamos nosotros y hay varias maneras de hacer esto.

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Enredarse con Knives Chau es demasiado simple. Quizás por eso no nos gusta. O sea, sí nos gusta en el exacto momento en que estamos dentro de ella, pero no cuando nos acordamos, quizás ni siquiera al minuto y medio después de que estuvimos ahí y pensamos en alguna excusa para irnos o para echarlas. La primera es más fácil, en cualquier caso.
Y te llama y te llama y te llama y contestas cuando es tarde y es eso o meterte a redtube a ver qué hay de nuevo. Y mientras el semen bloquea las sinapsis aprietas el botón verde del celular y pones tu mejor voz y te llenas la boca de palabras lindas sacadas de esa película que vio y de la que habla porque es lo que hay que hacer.
Y ni siquiera el sexo es tan bueno aunque no sea mascar lauchas. Algo no encaja aunque todo esté en su lugar. Entierras la cara en su cuello o miras al techo o las cortinas tratando de no verle la cara e imaginarte alguien más, alguien que pasó o alguien que ojalá pasara aunque todavía no la conozcas.
Hasta ahora ni todo bien ni todo mal, está nada más y eso es todo. Hay un sólo momento en que todo se puede ir a la mierda, porque a pesar de lo que diga todo el mundo o lo que diga yo o lo que se diga aquí, no somos mala gente los hombres, al contrario, queremos mucho a las mujeres de nuestra vida y no nos gusta ver que lo pasen mal aunque no estemos seguros cómo terminaron siendo parte de nuestra vida siendo que intentamos evitarlo desde un principio. Y ese momento es una palabra:

Y entonces sin querer terminas convirtiéndote en el hijo de puta del cual hablará mal con sus amigas sólo porque, aunque no mentiste en ningún momento, la verdad ya no se podía aguantar. Eso o terminas de convencerte que no te podría ir mejor. Una es triste para ella y la otra para ti, y te creería quizás si quieres ser una especie de héroe romántico pero también piensa para quién lo estás siendo, no tienes para qué mentirte a ti mismo.
Creo que la moraleja es que nunca sabemos al cien por ciento lo que siente la otra persona. Creo que no tengo para qué dejar moraleja. Creo que las minas que leen esto creen que soy mala gente siendo que no soy más que la ternura encarnada en un teclado zombie. Creo que este post dejó de tener sentido hace unos puntos seguidos atrás. Creo que mi historial de posts dejó de tener sentido el día en que nació. La moraleja real es nunca decirle a alguien que lo amas, que lo quieres a lo más después del decimoquinto aniversario. Otra moraleja es no desperdiciar quince años con una sola persona. Es bueno Scott Pilgrim, y no digo ser como él, lo más que me han dicho es Young Neil.
Eso. No se enganchen con gente que no les gusta, o que sólo les gusten porque están ahí y dispuestas de piernas abiertas y mejillas sonrojadas, porque no se transforman ni en pizzas ni en italianos tomate abajo suave con la mayo ni siquiera en esa mina que te imaginaste mientras te la culeabas.

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Después de pensarlo muy poco, me doy cuenta lo mucho que me cagó la cabeza durante mi infancia ser fan de Oye Arnold. Un pendejo demasiado maduro para su propio bien, obligado a crecer al ser abandonado por sus padres y quedar a cargo de sus abuelos que ya no estaban en condiciones para criar a un niño, y al que sin embargo le resultaba todo lo que hacía. Podía pasarse las noches en la calle, jugando pool en un antro después de comprar ropa vintage con plata que les tiraron por ir vestido de plátano, y todo esto en los noventas. Redefinió lo que era ser cool para toda una generación. Vivía sin reglas más que las autoimpuestas, era alguien que andaba al ritmo de su propio tambor, haciéndose amigo de las personas más extrañas en el barrio, gente como el chico del pórtico, el hombre mono, el que entrenaba palomas, el cantante olvidado Dino Spummoni y, por supuesto el más raro de todos, Eugene. Vivía en alguna parte que parecía Brooklyn, como si el mundo estuviera al alcance de sus dedos, donde a cada momento había algo pasando y a pura fuerza de simpatía atraía lo bueno hacia él. Era tan genial como para inventarse un despertador a su imagen y semejanza que funcionaba a base de papas eléctricas. Una pieza con techo de cristal que hasta el día que me muera voy a envidiar. Además todos sabemos que la niña que era media fea y no se adaptaba bien al mundo cuando chica siempre crece para ser la mina más rica del montón y no está de más que esté perdidamente enamorada de ti y si bien es medio raro que junte tus chicles masticados para hacerte una estatua, hey, he tenido peores. Además el papá de Helga era dueño de una empresa de beepers, ¿qué puede salir mal ahí? Ahora, no faltará el que en un soplo de infinita sabiduría indique que la hermana era mucho más rica que Helga, pero Helga era de esas minas que te apañaban en todas, que a pesar de desear a Arnold como loca y recitarle versos cuando nadie estuviera mirando seguía teniendo su independencia bien clara, sin necesitar a nadie que la rescatara cuando las cosas se ponían algo más complejas de lo normal, a pesar del pánico inicial cuando creen que el tren los lleva al infierno, y para minas que no sepan arreglárselas solas hay que tratar de ser una especie de héroe romántico que nadie es en la vida real, mientras que a Arnold nunca le faltó nada simplemente siendo él mismo, y en mi cabeza los dos sí terminan juntos al final, así que a Helga también, con un pequeño atraso, pero también le resulta. Quizás ahí está la vieja lección que nuevamente sale a flote: no importa como seas, no sólo hay alguien a quien le gusta, sino que además te prefiere así. Sé lo que están pensando, pero pico.

Así que eso, cuando sea chico quiero ser como Arnold.

Aquí una foto explicativa. ¿Me estoy cagando a los demás? Sí. ¿Me estoy vanagloriando? Por supuesto. ¿Me importa? He ahí la pregunta.

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