Los ex son el fantasma que ronda en casi cualquier relación que uno empieza. De partida, uno tiende a ver a los ex como el weón que llegó primero, el que clavó la bandera, el que se abrió paso entre la selv… usté entiende. Todas esas patrañas de que “el primer amor jamás se olvida” taladran la cabeza de cualquiera que no se sienta en su mejor momento. Se siente la odiosa comparación con forma de espada pendiendo sobre la cabeza de uno. Y es por eso que muchos prefieren buscarse minas vírgenes o sin experiencia.

(En lugar de darle tanta importancia al que llegó primero, es mucho mejor pensar que luego de experimentar y equivocarse y aprender lo que es bueno, la mina se quedó con nosotros… al menos por ahora. Pero buéh)

El fantasma de un ex rondando suele despertar paranoias en el que recién se viene sumando a las transmisiones; porque la suegra le dice equivocadamente como el anterior, porque buscando un DVD en el closet se encuentra con una carta del ex que la mina tiene cuidadosamente atesorada, porque hurgando un poco en las fotos de Facebook es posible ver a su mina tirando y de la manito con el otro wea (siempre es un wea), y el cerebro no tiene por qué entender que eso es pasado y ya no existe.

(Tal vez por eso algunas tribus piensan que las fotos roban el alma.)

Toda esta charla viene para decirle algo, camarada: no sirve de nada que ande buscando señales de maraqueos o similares si es usté el que anda con la paranoia. Primero hay que asumir que:

  1. La mina ha estado con otros weones, se ha enamorado de otros weones, ha follado con otros weones, otros weones le han corrido mano, ha chupado otros picos, y ha tenido orgasmos con otros weones. Sí, vaya a llorar a la ducha en cuclillas. Es mejor que acepte esta idea, aún cuando su mina le diga lo contrario (las minas suelen mentir en este aspecto cuando ven que el pobre weón es inseguro, así lo hacen sentir mejor). Hágase hombre y asuma desde un principio. No se complique. No trate de imaginárselo tampoco, no sea masoquista. Simplemente acepte la idea. Usté también ya pasó por sus respectivas frotaciones, ¿no?.
  2. La mina se va a acordar de esos otros tipos en varios momentos mientras está con usté, y eso no implica que lo extrañe o lo eche de menos o quiera volver con él o que cante junto a la ventana Is this love, oh that I’m feeling mientras se acuerda de él. Son recuerdos. Especialmente en las relaciones largas. Es normal.
  3. En general, las minas tienen mejor capacidad que los hombres para mantener relaciones cordiales con su ex. Eso incluye: saludarlo para el cumpleaños, preguntarle cómo está si se lo topa en la calle, no evitar deliberadamente un lugar a sabiendas de que se puede encontrar con él, etc. Todo aquello, por supuesto, depende del estado en el que quedó el susodicho después de la terminada.

Por dignidad, por favor mejeto, no cometa la idiotez de ponerse a interrogar a la mina sobre con quién lo ha hecho más rico, o quién le ha dado los mejores besos, o de quién ha estado más enamorada, o si es la primera vez que hace el dragón, etc. No hay ninguna razón para querer saber eso más que la inseguridad de querer validarse ante la mina. ¿No se siente usté como lo mejorcito que ha tenido su mina? Parece que no. Así que si pregunta idioteces, prepárese para escuchar mentiras o respuestas realmente desagradables… las cuales le dolerán el doble, dado que usté es demasiado inseguro.

Dicho esto, veamos señales de que la cosa no va tan bien:

  • Cuando dice “mi ex”, usté ya sabe que se refiere a alguien en específico. Esto no corre, lógico, para las minas que han tenido un solo pololo, o las que terminaron hace menos de un mes (tampoco es buena idea meterse en algo serio con una mina que terminó hace menos de un mes). Si ha tenido varios ex, pero cuando dice “mi ex” se refiere siempre al mismo, es porque ése tiene un exceso de protagonismo. Lo cual no necesariamente es malo, pero ponga ojo igual.
  • Insistencia de ella en que la relación con su ex ya está superada. Especialmente si nadie le pregunta. ¡ESPECIALMENTE si nadie le pregunta! ¿Para qué tanta necesidad de reafirmar lo que supuestamente es obvio? Protip: Si usté, por inseguro, le pasa preguntando acerca de esto, adivine qué sucede: ella empieza a dudar si realmente no estará aún enganchada del ex. No la cague.
  • Hablar mal del ex. Una de las mejores señales de que ella sigue enganchada. ¿Su ex fue una mierda, la trató mal, no la quiso, no le dio lo que quería, en cambio usté, lindo pechocho, es todo lo que ella siempre esperó? Cagaste. La situación está tan vulnerable como para que vuelva el ex una sola vez con flores y la intención de jugársela, y usté pasará directo a las duchas. Acá también incluye hablar bien de usté en comparación con el ex (“mi amor, tiras tan rico, no como el otro pelotudo que ni siquiera sabía hacerme previa“). El otro pelotudo, no le quepa duda, tiene todas las de ganar. Así son ellas.
  • Habla demasiado de sus ex, o de uno en particular. Esto incluye la insistencia en contarle sus historias de los ex y preguntarle a usté las suyas, con el pretexto de “conocerse mejor”. En algún momento, claro, estos temas tienen que salir; pero si ella parece tener demasiado interés en ponerlo en la agenda, puede significar tres cosas: a) se siente insegura y quiere sacarle celos a usté, b) se siente insegura y quiere saber si ella es la más bacán en su vida, c) Está pegada con uno o varios de sus ex y necesita desahogar el tema.
  • Excesiva presencia o joteos del ex. Los casos donde el ex se transforma en un auténtico amigo son como uno en mil, y aún en esos casos transcurrió una cantidad de tiempo al menos equivalente al tiempo en que estuvieron juntos. Y un auténtico amigo sabe respetar los espacios de su mina con el pololo y evita crearle problemas. Ella rasgará vestiduras y jurará que ya son full amigos y que no ocurre nada, o justificará sus joteos como una cosa de él. En cualquiera de los dos casos, es ella la que no está rayando la cancha y trazando límites. Y hay una sola razón para que no lo haga.
  • El ex quedó eternamente enganchado y ella no hace nada por evitarlo. Esta es una situación similar a la anterior. También es similar a la mina que mantiene a sus babosos bien cerquita, pero con una agravante: con este baboso hay historia.
  • Estuvo confundida entre su ex y usté. Es una situación siempre desventajosa para el nuevo, y hay que asumir el riesgo de que la mina vuelva con el ex o se lo cague a usté con el ex (quedando aún más confundida). Esta situación sólo se puede manejar con una buena cantidad de tiempo, con una autoconfianza insuperable, o con un cambio de vida (como irse a otro país o entrar a estudiar a otra parte) que la desconecte definitivamente de su situación anterior y la integre más con usté.
  • Ella “necesita hacer algo” para “cerrar el capítulo con el ex” o para “dejar de estar confundida”. Si ella necesita escribirle al ex, juntarse con él, pegarse una última cacha (TRUE story) o quemar sus fotos en un ritual de macumba, lo que sea con el pretexto de cerrar el ciclo y por fin ser feliz, es porque la situación anda color de hormiga. Desde luego, no sea pánfilo y no vaya a creer que con ese “algo” la situación va a quedar superada, porque not. Tal vez tengan que pasar meses, pero la situación volverá a reflotar, y esta vez de mucha peor forma (“hice lo correcto para olvidarlo y no puedo… esto significa que él debe ser el indicado“). Probablemente ella tiene las mejores intenciones del mundo en olvidar al ex, pero las buenas intenciones acá son tan efectivas como tratar de detener una diarrea con una cadena de oración.

En definitiva, usté lo va a pasar mejor en una relación limpia, sin adjuntos indeseables. No se apresure en emparejarse. Lea las señales desde el principio. Si usté se agarró por primera vez a la mina porque ella andaba volando bajo luego de que la patearan, puta la weá, después no venga como los weones a quejarse que lo dejaron botao porque el ex quiso volver.

Aunque a ella no le parezca muy así, es un asunto meramente de lógica.

Shao.

Éste es el octavo y último espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Chillidos.

La mina chillaba, cual chancho en matadero, a la salida de un pasaje. El tipo intentaba hacer oír sus explicaciones entremedio de los gritos, y pensaba dos cosas a la vez: 1) conchesumadre, qué plancha, por favor que no sapeen los vecinos, y 2) por la puta, no me escucha, y si le grito, va a pensar que la estoy agrediendo verbalmente y más escándalo va a hacer.

Él trataba de tomarla por los brazos, como para intentar contenerla y ojalá, tras unas horas de drama, poder abrazarla; pero ella se tiraba al suelo de la vereda e intentaba sacar las llaves de su auto, mientras le gritaba, llorando, eres un maricón, yo pensé que lo nuestro era en serio, yo sabía que esto iba a terminar pasando.

Yo, personalmente, la entiendo. Para una pendeja mimada de 21 años, cuyos padres jamás tuvieron la sacrílega idea de discutirle o negarle algo, que el pololo le diga mi amor, lo siento pero por primera vez mañana no te puedo ver, tengo mucha pega que hacer debe ser una weá intolerable.

Historia verídica, por supuesto.

Con ustedes, la Weona Loca: el eslabón perdido de las Celosas.
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Desde luego, lo que presentamos a continuación es una excepción a la regla: I Love Curiosas.

Mija:

Antes de cualquier otra cosa, quedemos claros en algo: a menos que usté tenga una fascinación especial por los vírgenes, todos ya hemos tenido algún tipo de experiencia con el sexo opuesto. Hemos dado besos con la misma boca, acariciado con las mismas manos, metid… usté ya entiende.

Por ende, es altamente probable que alguna cosa que su macho le esté haciendo, y que usté se pregunte si lo habrá hecho antes con otra mina, la respuesta es: . Sí! Es lógico que sí. Y si es la primera vez que él está haciendo algo, probablemente se lo dirá. Con eso ya dicho, empecemos.

* * *

Claramente, un tipo que oculta absolutamente su prontuario en una relación ya avanzada es de desconfiar. Igualmente, tener alguna noción de cómo se ha manejado el compadre con minas en el pasado puede ayudar a las minas a sacarle una mejor foto (su pasión número 1). Pero hay que saber qué preguntar, cuándo preguntarlo, y sobre todo, qué NO hay que preguntar ni cagando. Con una mina que quiere descubrir a cada rato si eres first-timer en algo, dan ganas de arrancar. Y gentilmente, le hemos puesto la Con Ella También (C.E.T. para los amigotes).

Ejemplos:

Derechamente matapasiones

  • Estás recién conociendo a la mina, estás en tu casa, y quieres crear ambiente encendiendo ese incienso especial que tienes guardado.  Ella reacciona encantada y él subraya el gesto diciendo “éste me lo reservo para las ocasiones especiales ;) “. C.E.T. replica: “Ahh, o sea que lo usai cuando te toca… (sonrisita)“. CUEK.
  • Estás a punto de follar por primera vez con una mina, estás poniéndote el condón, y ella te suelta con sorna: “Ajá… veo que andabai preparado…“. CUEK (es un clásico).
  • Estás follando y le dices algo cochinín. Al terminar de follar, C.E.T dispara: “Oye… eee… eso que me dijiste recién… siempre lo dices?” CUEK.

Potencialmente matapasiones

  • Estás in love, en el paisaje ideal con ella. Y le sueltas por vez primera: “Te quiero“. Ella responde sonriendo, y luego se pone complicada y replica: “Oye… y… tú alguna vez te has enamorado?
  • Estás follando con ella y decides utilizar tu técnica de la doble hélice en invertida con semi-asfixia. Y ella, una vez que recobra el aliento, pregunta: “Oye, y eso de DÓNDE lo sacaste?
  • Están el living, besándose. Y ella, como de la nada, te larga con cara de querer saber el desenlace de la batalla de Trafalgar: “Oye, a ver, quién crees tú que es la mina que mejores besos te ha dado?

Inofensivo (aunque siempre hay excepciones)

Sí o sí, cualquier pregunta de éstas hecha en un contexto romántico o calentón es potencialmente matapasiones, ofensiva o desubicada. Así que las siguientes, hágalas en un contexto lo más neutral posible:

  • Preguntar por la relación más larga, cuánto tiempo lleva soltero, cómo terminó con su ex anterior (sin detalles escabrosos)
  • Pedirle que te muestre fotos de alguna ex (yo no entiendo cuál es el masoquismo en compararse, pero bueh) y no hacer comentarios al respecto de ella. Ni buenos ni malos.
  • Preguntarle si alguna vez se ha enamorado

El gastarse intentando saber estas cosas es una trampa: si sentiste la necesidad de preguntárselas, cualquier respuesta que no sea “eres la mejor” o “eres la primera (y por ende, la mejor)” te va a molestar sí o sí. Es pura inseguridad, querer justificar una taimadura o ansiedad. Y por supuesto, llevas al susodicho directamente a pensar en otras en un momento que está solo contigo.

Avíspese!

Shao.

Update: Tal vez le interese leer algunas respuestas posibles a estas preguntas incómodas.

Éste es el séptimo espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

La Mafiosa (“…JA! Así te quería pillar, chuchetumadre!”)

Si te estás portando bien, probablemente aún no te enteras de que la chica que lee este post contigo a tu lado mientras te da besitos en el cuello (para que te calientes y no sigas leyendo) es una Mafiosa. Y eso se debe sencillamente a que ella, como buena Mafiosa, te tratará con cariño e incluso protección mientras te mantengas pagando tu cuota.

De hecho, ni siquiera parecerá muy celosa. Tal vez un pellizco en el brazo si te quedaste pegado mirando un par de tetas paseando por el mall, un refunfuño adorable si hablas de lo guapa que es tal actriz, tonteras así. Pasables.

El problema es si te estás portando realmente mal, cabrito. Muy probablemente, ella ya lo sepa: la Mafiosa es inteligente, y de hecho, es más inteligente que tú. Con toda seguridad. La Mafiosa no se va a buscar un weón más vivo que ella.

Cara de póker

La Mafiosa no se va a manchar las manos con sangre innecesariamente. No va a soltar los rottweilers sin pruebas. Así que mientras eso no suceda, tendrás a tu lado a una adorable criaturita. Tal vez incluso exacerbe su cara de flan, con tal de que te sientas confiado y hagas sin miedo esas dulces maldades: empezar a mensajearte de nuevo con esa ex en Facebook, quedarte pegado conversando con esa prima rica de tu amigo en un carrete, abrazar a la potona rica del carrete un poco más de la cuenta en la foto grupal. ¿Y a ella? que la registren. No está ni ahí.

Tú, confiado como cualquier baboso cuando le dan alas, tal vez efectivamente te veas arrastrado a cagártela. La monotonía de pareja, esas salidas solo, copete, joteos en exceso… y vamos con su besito loco, su recaída con la ex, una mina anónima que te dejó su teléfono antes de irse, la posibilidad de repetir la hazaña y los llamaditos a escondidas.

Pero por mientras, la Mafiosa ya está moviendo sus sutiles redes:

  • Ya te sapeó el facebook
  • Te instaló un programita para espiarte el PC o robarte las contraseñas y así meterse a tu mail (o si eres bastante bobo, se las diste tú)
  • Revisó tu historial de chats
  • Te revisó el celular y anotó todo número sospechoso. Misma cosa con el detalle de las cuentas de celular
  • Te siguió en auto o taxi mientras salías solo
  • Te revisó las boletas buscando compras raras y la camisa buscando olores a perfume
  • Cuando llegaste por la tarde, te olió el pelo para ver si andas con olor a champú
  • Se las arregla para tener a alguien que te sapee mientras ella va al baño en un pub
  • O, derechamente, contrató detectives privados.

No subestimes a una Mafiosa. Son sumamente difíciles de reconocer. Tendrías que ser inteligente, más inteligente que ella. Pero no lo eres, si no, no estaría contigo. Así que cagaste.

Dolce vendetta, caro mio

La caza termina cuando la Mafiosa ha acumulado suficientes detalles de tu traición y está lista para asestarte el golpe de gracia sin temor a fallar. Es ahí, recién, cuando te das cuenta con quién chucha te metiste, y por supuesto, de lo estúpido que fuiste en habértela cagado. Esperará el mejor momento, dependiendo de su carácter y su capacidad financiera:

  • Sacar verdad por mentira. Vieja técnica: te empiezan a acusar de algo de lo que no están seguras, pero fingiendo tener las pruebas, cosa de que, por susto, termines reconociendo el hecho real; o, te confesarán algo falso, para que tú te sientas animado y en confianza a reconocerlo y confieses lo tuyo propio.
  • Mostrarte una prueba directamente. Por ejemplo, citar, como quien no quiere la cosa, el nombre de la patas negras, y mientras tú empiezas a sudar, ella va revelando más y más detalles; tirarte una frasecita directamente sacada de alguna conversación con tu amante, con el mismo efecto; mostrarte fotos, pantallazos del PC o peor, un video grabado con tu fechoría en acción.
  • Pillarte chanchito. Si se estudió tus rutinas y tus coartadas, le será fácil e irrumpirá en la escena del crimen. ¿Masoquista? Créeme que, si tuviera el valor, ella te pegaría ahí mismo un par de balazos, pero con gritarte la frase arriba mencionada le bastará. O, si es más sofisticada y te llega a pillar en un lugar público con tu amante, se sentará al ladito y les meterá conversa, con su mejor cara de nada, mientras tú y tu patas negras se cagan en sus respectivos pantalones.
  • Joderte hasta el infinito. Ya te quedó claro que la patá en la raja no te la saca nadie. Pero con una Mafiosa de las buenas, la cosa no termina ahí: se encargará de cagarte tus próximas citas, de pagarle a una amiga para que te engrupa y volver a humillarte in fraganti, de dejarte mensajes anónimos en la puerta de tu casa, o de llamar a tu polola actual para contarle con el weoncito que se está metiendo.

Bastante weoncito, en verdad. Disfrute esa cabeza de caballo.

Próximo episodio, se cierra este circo con la Histérica Weona Loca.

Shao.

Éste es el sexto espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

Esto es súper personal: yo creo que en una pareja, por muy estable que sea, y de hecho con mayor razón si es estable, cada uno debiera tener un espacio sagrado e íntimo, donde el otro no pueda acceder. No me refiero —necesariamente— a mentir ni esconder cosas; pero sí tiene que haber un lugar privado donde cada uno se sienta en la libertad de tener fantasías, pasarse rollos, dudar, tener secretos inconfesables.

Es que es ahí donde se encierra la magia y el misterio que mantiene la chispa. Ahí sientes que tu pareja no te pertenece. Que no puedes darlo por asegurado hasta el fin de los tiempos.

Pero no, la gente déle con que quiere conocerle hasta el último pelo que le crece a la pareja, para ver si puede controlarla, para ver si puede predecirla. Para ver si puedo arreglármelas para hacer que no me deje jamás, parecen decir.

Y déle con querer saberse las claves del mail, del Facebook, del banco. Dejo fuera, obviamente, las veces donde es necesaria esa información por motivos prácticos (“mi amor, en mi mail tengo la combinación de la maleta para que saques un rollo de confort que tengo guardado ahí y me lo tires, porfa, la contraseña es gatito123456, apúrate, plis!“).

Y déle con querer saberse el historial de ex parejas, en orden cronológico, con información precisa sobre cuál culeaba más rico, cuál daba los mejores besos, de cuál se enamoró más, con cuál perdió la virginidad, con cuál preparaba panqueques con mermelada de alcayota. Tal parece que hay parejas que ponen casi como requisito compartir esta información, bajo la premisa de “no debiéramos tener nada que escondernos“.

Y claro, después se quejan de que su pareja los aburre, que sienten que no tiene nada nuevo que ofrecerles, que se acabó la magia y que la weá.

Ya. Los dejo con la Omnipresente.

La Omnipresente (“Ya y qué hiciste? Y hasta qué hora te quedaste? Y me echaste de menos?”)

La Omnipresente es la celosa cargosa, que polariza a sus parejas: o son tipos egocéntricos necesitados de atención 24/7, que felices aceptarán pololear con una especie de Gran Hermano con tetas, o son gente normal y la terminarán mandando a la chucha.

Algunas aprenden con el tiempo y la experiencia a moderarse; otras sencillamente no se la pueden con la angustia de asegurarse continuamente de que no se las estén cagando. Frente a la amenaza permanente de infidelidad —justificada o no—, la Omnipresente necesita estar ahí. Monitoreando. Siente que si se ausenta por un segundo, cagó.

Y así es como la Omnipresente busca todos sus medios a disposición para mantener al weoncito siempre vigilado:

  • Le revisa el mail y el Facebook cuando el infortunado va al baño
  • Busca mensajes raritos y llamadas de números desconocidos en el celular de él. Dependiendo de la mina, le preguntará o devolverá cara de raja el llamado.
  • Se hace muy amiga de sus amigos (y de sus amigas), trata de sacarles información y de hacerla calzar con las coartadas de él
  • Al igual que la Competitiva, lo acompaña a todas, lo va a buscar a la pega o a la U, se las arregla como sea para carretear siempre con él
  • Le celebra todo lo celebrable y le lamenta todo lo lamentable. Para cada cosa que le sucede al weoncito, ella está ahí, apoyando, marcando presencia. Es una Primera Dama de tomo y lomo.

La Omnipresente suele no tener mucha vida. Por la misma razón es que puede dedicarse a vivir la vida de su pololo. Y por la misma razón necesita monitorear al susodicho sin parar: siente que a la vuelta de la esquina, en el metro, en cualquier parte, hay una mina mejor que ella, con más vida, más cabrona, más canchera, lista para saltar al ruedo.

Una Omnipresente quiere una pareja sin misterios. Conocerlo al revés y al derecho es su garantía de confianza: sabe para dónde va, con quién se junta, en qué piensa. Es capaz de detectar cualquier cambio en su conducta; y si eso sucede, tendrá todas, TODAS las armas para refregarle en la cara eso que ella ya sabía, que siempre supo que ocurriría: que se la cagó, el muy conchesumadre.

Cosa que, cual profecía autocumplida, suele terminar sucediendo.

Próxima celosa: la Mafiosa.

Shao.