Este post es producto de un extraño experimento: pusimos a follar a Hetaira (representando a FAQ Men) con el Dr. Ninfómano (representando a FAQ Women), para probar la variedad de condones de LifeStyles. Para conocer la versión de Hetaira de este experimento, entre aquí.

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Esta es una historia que no tenía muchos deseos de contar por el momento en el que me encuentro. Es de esas situaciones tan degeneradamente calientes que te remueven todo de sólo recordarlas.

Me habían advertido de la chica que escribe en el blog de al lado, Hetaira. Nunca la había leído pero ya me habían propuesto que tenía que conocerla para un experimento que acordaron los jefes con los tipos de LifeStyles. Así es como un día de esos en que me regocijaba fumando hierba y escuchando Bach en mi casa me llega un mensaje a eso de las 3am. Era de Hetaira pidiéndome que la invitara a mi casa. Obviamente era por el tema de los condones (cosa que odio) y no le di mucha importancia.

No me rompí mucho la nuez ideando la comida. Si terminábamos follando era conveniente una alimentación liviana, si todo era chanta no valía la pena esforzarse tanto.  El menú terminaba con un rico fondue de chocolate, que esperaba diera para improvisar algún cachondeo.

Casi me fui de espalda cuando llegó. Andaba con un vestido cortísimo, muy ajustado y escotado.  Piel mate y cremosa como el dulce de leche. Más que “linda”, era demasiado sexy como para ir a sólo hablar. No me iba a medir ni un poquito, y eso significaba ignorarla la mayor parte del tiempo.

Le serví una copa de vino blanco y empezamos a conversar mientras picoteábamos  y yo cocinaba.

Todo el tiempo intenté evitar los contactos visuales con ella y me limitaba a pasar por su lado cada vez que necesitaba algo rozando su existencia y dejándome impregnar por el envolvente aroma de su perfume. Creo que era 212, curiosamente, el mismo que yo usaba ese atardecer.

No podía controlar la erección y estoy seguro que ella lo notaba. Su respiración era agitada y opacaba la gran seguridad que parecía mostrar en su sensualidad y belleza. ¿Opacaba? En realidad me ponía cada vez más caliente.

No aguanté y la tomé con ambas manos de las piernas y se las abrí para acercarme a ella, apretar fuertemente su cintura y pasar lo suficientemente cerca como para besarla. Estando ambas bocas cerca, seguí de largo y continué cocinando. No aguantaba más, pero un bocadillo tan petero merecía ser devorado en su punto justo de cocción.

Nos sentamos en mi sofá a comer, todo muy liviano y distendido. Su vestido era tan corto que podía ver un poco más allá. Me daba morbo fantasear si llevaba o no calzones. Después supe que no. Cuando llegamos al postre, al momento del chocolate derretido, actué con toda mi velocidad y seguridad, impregnando mis dedos con este para luego esparcirlo por sus carnosos labios y besarla.

Se sentó sobre mi, presionando su sexo contra mis delgados pantalones. Se notaba su deseo por sentir mi verga, cosa que me emocionaba cada segundo más. Tiramos salvajemente, como bestias en el sofá y el suelo, dejando mi casa y las ropas impregnadas en chocolate y frutas.

Sucios y calientes presionábamos nuestros resbalosos cuerpos con fuerza mientras la penetraba a ese punto en que sientes que tocas fondo y sus labios se estrellan con tu pubis.

Tomaba su pelo fuertemente y retiraba su cabeza de mi cuello para ver sus hermosos ojos de pupilas dilatadas y maquillaje corrido. Su aliento eran rítmicos gemidos que explotaban al compás de cada colisión pélvica.

La tomé en brazos y la llevé a mi ducha donde recorrí toda su sexualidad con mi boca. Creo que nunca había estado tantos minutos haciendo eso, sus piernas temblaban mientras me atragantaba con su humedad y el agua de la ducha. Creo que acabó en ese juego, la verdad no me importaba. Este juego no se trataba de orgasmos, era vivir la excitación infinita, sin deseos de terminar jamás.

El sexo se trasladó a mi pieza creo, no recuerdo muy bien. Perdura más en mi memoria el hecho de que me reí mucho cuando sacó un preservativo con sabor a frutilla para hacerme su gracia. Largo y profundo, con envolventes movimientos de labios y succiones. Parecía realmente disfrutar el sabor. Pensé que podría escribir un manual de cómo dar mamadas. Al día siguiente supe que ya lo había hecho y que mi verga había sido un helado que fundió en su boca.

Con una expertise única intuyó mi eyaculación y quitó el látex para dejar escurrir mi esperma en su lengua terminando todo con un beso húmedo y sensual. Mi departamento era un desastre y ambos llevábamos horas jugueteando, asique le pedí que se fuera. Su vestido era un desastre y tuve que prestarle algo de ropa mía.

La llevé en mi auto a su casa y no dejaba de tocármela mientras conducía al mismo tiempo que se masturbaba suavemente. Cuando llegamos a su edificio, parecía no importarle nada y se subió sobre mi, como para marcar territorio. Amarró mis manos a la cabecera del asiento con la camisa y cogimos una vez más, como si ambos supiéramos que podría ser la última vez que nos viéramos.

Varias personas nos vieron y nos importó un carajo.

Cuando acabé dentro de ella se salió, se limpió y caminó a su casa así, sin vestirse y dejándome amarrado.

Fue de esos polvos épicos y jamás la volví a ver. De hecho, fue la última vez que cogí y me parece que fue una gran despedida.

¿Moraleja? No me importa, lo pasé increíble. Adoro que las mujeres sean desinhibidas y vividoras. Me veo reflejado en ellas y la empatía no tarda en aparecer. Me gusta vivir al máximo y sentir que si me muero en cualquier momento, moriré satisfecho y feliz.

Esa madrugada era un momento para reír con una sonrisa de oreja a oreja, pero la vida continúa y esa anécdota se guardó como eso para hoy compartirla con uds.

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