Iguols

N de la E.: Este fue el debut de Shesho en FAQ Women, por allá por principios del 2009.

Hace un tiempo decidí dejar de perseguir mujeres y empezar a jugar a escaparme de ellas. Al principio no fue una decisión guiada por la sabiduría, sino por el hastío, porque en verdad estaba empezando a estresarme tratando de descifrar los códigos y contraseñas de las féminas. Y cualquier que lo haya intentado sabe que es como intentar resolver de a 10 sopas de letras simultáneamente.

Las minas esperan que uno sea una suerte de hacker, que se sepa los algoritmos precisos para acceder a su zona “members only”, en la cual, según el modo en que hayas accedido, ella te abrirá el corazón o las piernas. Ojo, según el modo en que hayas accedido, no según tus intereses particulares para con ella. Pero creo que eso da para otro post.

Bueno, yo terminé decidiendo que ser esa suerte de multi-hacker de mujeres era una tarea intelectual demasiado ardua. Sí, intelectual sobre todo. Los hombres somos seres increíblemente analizadores, salvo cuando nos volvemos cavernícolas y perdemos todo rastro de civilización. Esos son los dos polos, blanco y negro. Los grises son de niñitas.

Y del mismo modo yo, sin transición, salté del polo perseguidor al polo escapista. Dejé de acercarme, dejé de tomar la inciativa de abrir conversas por msn, teléfono, facebook (en persona siempre hay que ser cortés y saludar), y dejé sobre todo de preguntarme por qué chucha el interés del viernes se transformaba en la nebulosa indiferente del lunes.

Como que todas me empezaron a importar un bledo.

Y la reacción es incomprensible para un hombre, porque resulta que las mujeres aman perseguir. Tienen un instinto de paco o detective que las hace delirar por los fugitivos, por las sombras que se ven pasar en fracción de segundo, por los cambios de status misteriosos en facebook, por la sensación de que “le estoy perdiendo la pista”.

La persecución puede ser activa o pasiva. Muchas (en Chile, me temo que la mayoría) no moverán un dedo por el macho escapista en cuestión, pero le sapearán toda su vida online y estarán atentas a sus cambios de vestimenta, de look o de compañía.

A nosotros los hombres nos cuesta comprenderlo. Nosotros vamos directo al grano, al choque. Es nuestra naturaleza cazadora. Nos gusta, vamos. No nos gusta, no vamos. Todas las demás sutilezas que aprendemos entremedio, son sólo porque nos resultan más efectivas para lograr lo mismo.

Aquello de jugar al pillarse lo toleramos sólo porque funciona, pero en nuestro fuero interno, seguimos considerándolo una pérdida de tiempo. Y claro, apenas nos enteramos de que estamos siendo perseguidos, despierta el cavernícola cazador y ¡pam! nos damos media vuelta, volvemos a ser los perseguidores, y por supuesto, las féminas, que manejan esto de cambiar papeles como nadie, con gusto vuelven a ser la presa perseguida y se pierden lejos.

La solución que funciona, por lo visto, es precisamente una sutileza, una media tinta de las que odiamos los hombres: déjese perseguir, déjese alcanzar, haga amago de darse vuelta a perseguir, y vuélvase a escapar. Sí, es una tontera. Pero le traerá paz mental y al menos tendrá más posibilidades de satisfacer ese instinto cazador.

Ese mismo que nos hace pagar dos lucas más que ellas para entrar a una disco.

15 comentarios. Deja el tuyo»