Sí, sí, ya sé. Pero alguien tenía que decir algo sobre esta vaina de los artículos de “Sal con una chica que___” escritos por chicas que ____

 

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Sal con una chica que no escriba artículos para convencerte de salir con chicas que hacen las cosas que ella hace. Que no caiga en ese recurso pasivo-agresivo de “debes amarme por que…”. Una chica que deje que decidas por ti mismo por qué te gusta. Que te deje descubrir cosas en ella que no sabía que tenía.

Sal con una chica que no haga el show pobre de retuitear los piropos que le mandan o preocupada de la cantidad de likes de su última foto de perfil.

Sal con una chica apasionada por sus hobbies, pero que no crea que viajar o leer o andar en bici la convierte sin concursos ni sorteos en un tipo superior de ser humano.

Sal con una chica que no trate de pasar sus defectos por adorables rarezas que la hacen más especial.

Sal con una chica que, después de leer esto, no te diga “Pero Richi, si tú haces todas esas cosas”. Esa chica sabe que lo sabes, pero te lo deja pasar porque hay cosas más importantes que humillarte en frente de media Internet.

Sal con una chica que, después de conocerte, todavía quiera salir contigo. Y ahí sí que estás cagado weón.

 

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Hay estudios “serios” que proponen que el sexo casual es solo una forma de escaparse del “riesgo” de generar vínculos. O sea, reemplazamos la oportunidad de tener una conexión real con alguien por la más simple opción de enchufarnos a cantidades ingentes de orificios (v.gr. vaginas, bocas, anos) para penetrar y eyacular en. Y me niego a aceptar eso, aunque la vida se encargue de demostrarme lo contrario.

Pertenecemos (iba a poner pertenezco, pero jódanse, los meto a todos en el mismo saco) a una generación a la que le da miedo el Amor. Así con mayúscula y susurrado a media voz, como si fuera mala suerte nombrarlo.

Somos de una generación que creció escuchando que Laura no está, Laura se fue y que Marcos se ha marchado para no volver. Y es ridículo que en un mundo donde no tenemos certeza del trabajo, de la salud, de la jubilación… ¡Ni siquiera sabemos si el planeta va a ser habitable en 50 años! ese temita sea la mayor de nuestras preocupaciones.

Y lo peor es que ya nadie cree en el amor para toda la vida. Entonces es una paradoja tremenda tenerle miedo a algo en lo que no creemos. O quizá sí creemos, sí lo queremos para nosotros, quizás lo deseamos tanto que nos cerramos a la posibilidad de que exista para que no duela tanto cuando nos demos cuenta que es solo otra promesa vacía, que nadie nos va a querer como somos o por lo que somos si no por como nos mostramos y por lo que hacemos.

Porque, y creo que nadie (excepto esa shiny happy people de mierda a la que todo le sale bien a la primera) lo va a negar, que estar con alguien es pega. Y hay gente que se asusta cuando la cosa no es como en el folleto. Porque todo eso de que alguien en el mundo se va a dar cuenta de lo fucking special que eres y que después de eso todo va a estar bien, es puro marketing. En el fondo nunca va a estar bien siempre.

Porque si el amor es (y perdonen la analogía) como tirarse a una piscina sin saber si hay agua, no se puede tener miedo. No puede ser que uno se tire de guata mientras la otra persona se mete de a pocos. Qué mierda es ver que alguien recién se está mojando las patas cuando tú ya tienes los dedos arrugados. Y con eso termino con esta analogía de mierda.

Entonces, en resumen y para irme a dormir, el amor a veces es pasarlo mal. Cuando no lo tienes, lo pasas mal buscándolo in all the wrong places. Cuando lo tienes, lo pasas mal cuidándolo, tratando de no perderlo. Nadie lo pasa bien con el amor.

O quizás solo soy yo el que lo pasa como el pico.

Shao.

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