Más de alguna vez los hombres hemos sido vapuleados con la típica frase cliché: ¡Todos los hombres son iguales! La verdad es también todos sabemos que por definición no existe persona igual a otra; entonces me puse a reflexionar qué tan de cierto hay en aquello, qué tan de falso.

Evitándonos todas las pajas mentales explicaciones sobre que el ADN, que las condiciones predeterminadas, etc; veamos los factores ambientales (como diría un amigo científico); porque es ahí donde nos diferenciamos. Ahora, no quiero referirme a mis congéneres, sino que a la contraparte: las mujeres.

Siendo muy justo, no hay mujer igual a otra… todas tienen sus gustos, preferencias, formas de ver la vida, de cagarle la vida de alguna forma a su hombre de querer. Pasa por la familia, lo vivido, lo visto, lo leído, etc. Pero existe un montón de cosas que hacen tender hacia una misma conducta.

Cuando nosotros los hombres decimos y decidimos que ESA mujer se distingue de las demás y es por eso que la queremos y amamos más que a otra; es cuando, en una jugada maestra de ellas, caen en algún accionar que nos hace decir o pensar: …(pausa reflexiva y quizás un suspiro) uff, minas…

A veces son pequeñas cosas: puedes ver Rápido y Furioso con ella, no sólo la tolera sino que incluso te hace el comentario sobre lo bakán del auto. Eso te hace creer que puedes ver Más Rápido y Más Furioso sin chistar, pero no… en algún momento te va a hacer ver la historia de un par de ancianos que se amaron por toda la vida; o te va a permitir que salgas a emborracharte, comentar el tamaño de las tetas de esa mina compartir con tus amigos.

Sin embargo, en algún momento te obligará a ir al cumpleaños de su primo segundo que ella únicamente recuerda por fotos (imaginate cuanto te importa conocerlo a ti), pero lo quiere mucho, ya que le enseñó a contar hasta 4.

Cada vez que conozco a una mujer (ya sea que conozca más a una antigua amiga, o una persona que no había participado en mi vida) noto que hay rasgos característicos que afloran y que son transversales al género, SIEMPRE aparecen, tarde o temprano; por mucho que ella te guste porque no tiene ese rasgo… recuerda… sí lo tiene.

¿Y de dónde viene eso? ¿Se traspasan la “infección” yendo al baño juntas? ¿Es una especie de envenamiento por largas exposiciones a las sombrillas en los tragos de mina? No, lo aprenden. Lo conversan, lo analizan, lo asimilan como si siempre lo supieran (un amigo me comentaba que con la evolución uno tiene no un cerebro, sino muchos que son lo de nuestros ancestros, quizas aquí pasa así).

Todo empieza con el baboso del príncipe azul, que recorre medio mundo peleando con dragones y monstruos para despertar de un beso a una mina… ¡o sea, qué onda! eres un príncipe, seguro que hay montones de minas despiertas que te quitarán tu condicion de azul. No, pero el weón va por la que esta encerrada en un castillo con espinas hasta el cogote, y con un dragón custodio.

Si las minas crecen con eso obvio que algo de eso querrán a la hora de los quihubos. O ver que una mina tiene en vilo a un “hombre-lobo” y a un “vampiro” y que se los caga a los dos, mientras decide quien es el más machón. Se entrenan, de verdad que se entrenan. Eso es algo que hay que aplaudir: millones de historia, canciones, peliculas, poemas, imágenes que apuntan a que las mujeres funcionan como las abejas, todas acompasadas al son de buscar la miel, a veces hay conflictos entre reinas de distintas colmenas, pero siempre terminan haciendo lo mismo.

Si lo pienso así, es natural que tu mamá te espante algunas minas, porque ella, antes de ser tu madre, es mujer y también participa en esa mente de colmena, de esas enseñanzas aprendidas y aprehendidas por miles de años, y lo peor de todo es que podemos criticar, pueden hacer protestas para que me quiten de este espacio en la web, pero siempre las vamos a querer… que (in)justa es la vida.

Después de una pausa necesaria, seguimos con la cuenta de las (7) verdades sobre el amor y todas esas cosas que se esconden en la película que le da el título al post. Como siempre, con los comentarios del artista antes conocido como Richi. Este viene por partida doble.

It’s official. I’m in love with Summer. I love her smile. I love her hair. I love her knees. I love how she licks her lips before she talks. I love her heart-shaped birthmark on her neck. I love it when she sleeps.

Tom Hansen

I hate her crooked teeth. I hate her 1960s haircut. I hate her knobby knees. I hate her cockroach-shaped splotch on her neck. I hate the way she smacks her lips before she talks. I hate the way she sounds when she laughs.

Tom Hansen

Todos hemos estado ahí. En la burbuja, arriba de la nubes. Basta que todo ande bien con nuestra princesita bonita pichiruchi media naranja, para que estemos felices aunque nos quedemos sin pega, nos vaya mal en la universidad o cualquier otra cosa.

Pero a veces llega un día negro en el que te entregan el sobre azul (probablemente porque nuestra media naranja no está ni ahí con tener una relación con un cesante/porro que cree que todo está bien) y la vida se te desarma.

Te sientes traicionado. Y como en cualquier caso de traición, tiras a matar. Así como antes tenías un (l) o una (f) en tu nick de messenger, ahora la odias y quieres que todo el mundo lo sepa. A veces, de manera pasivo-agresiva (carretear hasta morir para demostrar que no te afecta, hacer comentarios oscuros pero alusivos al tema, etc.), y, por qué no, de manera un poco más proactiva (llamando a las dos de la mañana para decirle que es una maraca de mierda mujer de malos sentimientos). A riesgo de sonar a libro de autoayuda, quizá no es tan buena idea. Para variar, una historia de la vida real:

Juanito terminó con Juanita y se dedicó a tirarle mierda de manera sistemática. Mientras tanto, Pepita estaba ahí, apoyando, escuchando, esperando su oportunidad. La cosa es que cuando vió como Juanito tiraba mierda con un balde a Juanita, la pensó dos veces. No se iba  arriesgar a que, en caso de que no funcionara, Juanito hablara de ella de la misma manera en que hablaba de Juanita. Cuando a Juanito le empezaron a pasar cosas con Pepita, el daño ya estaba hecho.

Quizá es algo obvio y que todos ustedes ya lo sabían, pero a Juanito le costó entederlo. La cosa es que el consejo para la vida del día de hoy es que, a pesar de que odiar es una manera divertida (quizá la segunda más divertida) de superar a alguien, hay que hacerlo pa’ callao buscar mejores maneras de olvidar. Por nosotros mismos y por las que están (porque siempre están) a la banca, esperando su turno al bat.