Así como los marineros de la antiguedad compartían en las tabernas de puerto historias sobre los monstruos marinos que encontraban en sus largos viajes, el hombre moderno también tiene sus propios mitos, en formas más agradables. Me refiero a esas mujeres que habitan en nuestras más febriles fantasías. Inaguramos una nueva sección de FAQ Women que espera ser una compendio de algunos arquetipos femeninos. Lo de imaginarias es porque, aunque no negamos su existencia, las referencias no llegan más allá del “amigo de un amigo” que conoce o estuvo con una. Disfruten.

La Princesa, o como Walt Disney nos cagó la vida

Típica princesa: Sálvala y te dará un beso en la mejilla. O una torta.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo empezó la leyenda de la Princesa o a quién se le ocurrió que había que rescatarla y, más encima, poner un dragón en medio, porque simplemente subir una torre es demasiado fácil. Pero la mayoría de las tradiciones orales y escritas coinciden en otorgarle a la Princesa las siguientes características:

  • Belleza sin par: A pesar de venir en distintos colores y tamaños, la princesa siempre es retratada como terrible rica con el pelo largo y brillante, labios rojos como la sangre y cuerpo de ángel.
  • Personalidad encantadora: Los animalillos del bosque se acercan cuando ella canta, tiene los modales de un personaje de novela de Jane Austen y contesta amablemente cuanta encuesta telefónica le hagan.
  • Siempre en peligro: No importa el contexto, la princesa siempre se las arregla para meterse en problemas. Problemas de los que claramente no puede salir sin la ayuda de un noble galán.
  • Sálvala y ganarás su amor eterno: Una vez que la salves del dragón, la madrastra o la araña-gigante-en-el-comedor, ella a cambio te dará su gratitud, su admiración y su flol (porque claramente la chiquilla le viene con sello de garantía sin mácula)

Lo que más atrae del mito de la Princesa (no hay que confundir con la mamona. A una mina, lo mamona se le quita a pichulazos con paciencia. La Princesa siempre será una Princesa), es que tiene todo lo que nos gusta de las mujeres (tierna, delicada, sexy) sin nada de lo que suele complicar una relación (los cambios hormonales, las inseguridades, la opinión propia).  La Princesa está esperando ser rescatada y está lista para amar a su salvador y vivir felices para siempre. O al menos, eso dice Walt Disney. Y él no mentiría, ¿cierto?

HA-HA!

Por si han estado viviendo debajo de una roca los últimos 50 años, hoy en día lo único (entendiendo que se trata de cosas de la vida cotidiana) que una mujer no puede hacer sin ayuda de un hombre es abrir frascos (a menos que tenga una de estas cosas), si usted se encuentra con una fémina que parece necesitarlo para todo, acuérdese que a las chiquillas les gusta manipular y es menos esfuerzo subir y bajar un par de veces las pestañas que aprender a usar el REGEDIT del computador.

Ahora, si de alguna manera la mujer en cuestión le da a entender que usted es su único camino a la felicidad, empiece a retroceder lentamente sin dejar de sonreír. Esa mina tiene una mochila emocional que necesita más de 7 enanos para ser cargada (Nota: No tengo nada contra las mochilas emocionales. Pero que la den vuelta arriba de la mesa (emocional) no me parece sano, ni adecuado, ni justo). Para esa mujer, querido lector, usted no es una persona, es un escaño.

Además, incluso la mujer de temperamento más suavecito tiene cuchillos (nuevamente, emocionales) en los bolsillos (adivinaron, emocionales) listos para ser utilizados en tu contra cuando la ocasión lo amerita. Es la naturaleza humana.

La Princesa es la mujer soñada del tipo con baja autoestima que no está seguro de sí mismo. Mientras uno cumpla con estar siempre de buen humor y pendiente de los problemas de ella, todo bien. Como una estación de servicio (última vez que uso el término, lo prometo) emocional. Amigo, yo que usted, cuelgo mi corona y me voy a buscar una mujer más independiente, que sea una buena compañera. Que la Princesa espere sentada. O dormida.

En la próxima edición: La lesbiana que no ha encontrado al adecuado.

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