LoboXz: -Hola soy LoboXz y yo… yo tuve una relación a distancia.

Todos: -¡Hola Loboxz!

Muchos rehúyen, muchos se esconden, muchos niegan, pero las relaciones a distancia existen y existirán.

La historia de los amores a distancia comienza en la antigua Grecia, con Odiseo, y sabemos que a él no le fue muy bien; en Chile, la primera relación a distancia es con Inés de Suarez y su marido en España, y la historia dice que le ponía los cachos con el patrón don Pedro.

Sea como sea, la tecnología acorta distancia en muchos aspectos y hace que la gente se anime un poco más a atreverse a llevar este tipo de relación; por otro lado, el ritmo de la vida actual absorbe a las personas de tal forma que por mucho que vivan uno al lado del otro, a veces es como si estuvieran a kilómetros de distancia.

No me imagino un pololeo por carta, esperando varios días para recibir contestación; claro, algunas dirán que es domántico, y que el llegar en la diligencia de los miércoles cada mes es bonito. Pero la realidad es que hoy uno se toma un bus y puede estar en unas cuantas horas dándole en brazos de su amada; si lo pensamos bien, hay gente que demora horas en cruzar toda la ciudad, ¿por qué no sumarle un par e ir a visitar a la pinche?

Ahora, hay cosas que no preverás hasta que te pasen; el tener una relación a lo lejos provocará que te pierdas algunos momentos “importantes”, tanto tuyos como de ella, porque hay que entregar tal o cual informe; porque hay que estudiar para alguna prueba… en fin, situaciones no faltarán. Lo importante, a mi juicio, es que siempre se den el tiempo para verse; imponderables habrán siempre, pero si se comprometen a verse, háganlo.

El entorno tuyo o de ella puede ser tema también; habrá que presentarla a los amigotes, conocer a sus amiguis, y pasar tiempo one/one con ella, y todo eso absolutamente comprimido en un fin de semana cada, no sé, dos semanas. Eso puede ser un plus y un contra; lo bueno es que no te pedirán ir a la fiestecita de té por el día del árbol; pero por otra parte, tampoco podrás estar en todos esos eventos sociales que sí son wena onda. Y así es cómo se equilibra la balanza. Tendrás menos tiempo para ganarte a la Suegris, pero si no le agradas, tendrás que dedicar menos tiempo a poner caritas y agradar.

Al final del día, creo que lo importante es que este tipo de relaciones se puede dar, pero hay que querer y trabajar en ella. En estos casos la confianza con la otra persona debe ser total (al igual que en una relación regular, pero en estos casos no es tan simple llegar y reclamarle por algún celo weón).

Hay que hacerse el tiempo para verse, porque el chat aguanta un rato, pero no suple todo; el contacto físico es importante (y no me refiero solo a la cochiná). Tenga paciencia y disfrute su relación. Muchas veces usté tiene a su guacha al lado, pero es como si la tuviera a kilómetros. En el caso de las relaciones a distancia, realmente es así, por eso es necesario que la distancia sólo sea geográfica. Si no, no hay por dónde. Y ya, me despido que me siento como dostor corazón.

Saludos y se la cuidan.

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“Siempre he pensado que hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase “todo el tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que —felizmente la gente las echa en el olvido.” — Ernesto Sábato, El Túnel.

Si hay un instinto que puede llegar a ser más fuerte que el materno o el reproductivo, es el de autoprotección. Si no me cree, trate de echarse gotitas en los ojos solo. Es un trabajo difícil aprender a bajar esas barreras que instintivamente el cuerpo crea, como reflejos, para proteger lo que el propio organismo cree que está bien. Y pues, resulta que hacemos lo mismo con nuestras relaciones piernales… Pasadas y actuales.

¿Por qué tantos hemos recaído con aquella muchacha triste con la que juraste de guata que no volverías ni aunque se enchulara, quedara como Scarlett y le saliera piscola por las pechugas? ¿Por qué en esos momentos en que dan ganas de mandar todo a la chucha y pegar la correspondiente PLR, llegamos a conclusiones como “náh, si con la flaca peleamos solo por weás, la mayoría del tiempo nos llevamos la raja” o “si igual que te celen un poco es rico, además aunque me revise mis cosas no tengo nada que ocultar“, o ” no se depila porque tiene antepasados franceses“, o “noo, si este poto no está tan maaal”?

Siento que más allá de la calentura y la necesidad de tener a alguien al lado (o adelante, o atrás según sean sus preferencias), siempre esta por debajo, subterráneamente, la protección y la necesidad de quedarte en lo seguro, en lo que ya conoces, aunque no sea lo que a todas luces te gustaría que fuera.

Eso no sería un problema si enfocarse en las cosas positivas y obviar las pifias nos ayudara a llevar relaciones más pacificas, o a aumentar las jornadas de sexo recreativo de 3:00 AM con la ex. Pero no, la vida no es tan simple muchachines, y por lo general todo se va al carajo.

¿Por qué?

Más temprano que tarde se revienta la burbuja en la cara, y te das cuenta de que estás al lado de una persona a quien ya no le soportas los olores detalles, y que solo estás ahí por comodidad o simple rutina. El problema no es el amor a primera vista, sino que la segunda vista: cuando ya se fue el enamoramiento. ¿Been there?

El problema (y más trágico para tus propias intenciones) es que a veces, de tanto quedarte pegado en la búsqueda de la estabilidad y la seguridad, el que recibe el sobre azul terminas siendo tú, y te quedas buscando excusas y motivos sobre qué fue lo que terminó de matar la relación, que por qué esta pérfida te cambió por un basquetbolista samoano que calza 48, si lo que ustedes tenían era tan perfecto, siendo que ella solo hizo lo que se supone que haría… lo que cualquiera en su posición haría, lo que hasta tu mamá sabía que venía.

Estoy seguro que a TODOS nos cuesta ser objetivos cuando se trata de relaciones; separar cuestiones de convivencia con los sentimientos que te puede provocar tu pareja no es fácil, pero no podemos olvidar que el sustento de la proyección es, sobre todo, tolerarse. Si siente que es un detalle superable, convérselo con la dama, pero si hay cosas que te molestan seriamente, lo mejor es dar un paso al costado, o la olla a presión terminará estallando y aténgase a las consecuencias, porque no será lindo.

A veces, los árboles no dejan ver el bosque.

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— Pasa lo mismo con todos los weones, una toma la iniciativa y se cagan de susto… le tienen miedo a una mina de verdad.

Quizás es porque hablas como si tuvieras tula.

¿Acaso tengo que cambiar mi forma de hablar para que los mariconcitos no se asusten?

“Como caminas, como te vistes y como tomas también” disparó mi cerebro, pero la aduana en la lengua hizo su trabajo.

La palabra “igualdad” está más manoseada que niño católico (pensé escribir Vale Roth, pero démosle un respiro a la cabrita). Está presente en discurso de políticos, de catedráticos, hasta en las conversaciones de borrachos de un sábado por la noche. Todos nos llenamos la boca con la igualdad, con esa idea de un mundo equitativo, aunque nos encante sentirnos especiales, únicos.

Sobre el impacto que este proceso social ha tenido en el género masculino, en la página vecina se hizo un interesante análisis, pero como esta weá es la guerra, acá esta la otra cara de la moneda.

Dentro de la fauna que se ve en los colegios, siempre hay roles que se cumplen (Prom Queen y su respectivo Quarterback, el gordito simpático, el negro que muere primero en las películas, etcétera) pero siempre me causó curiosidad esa chiquilina que no jugaba al tecito con sus amigas, sino que corría embarrada tras de una pelota con sus compañeros, que jugaba con el camión Goliath de su hermano y no con la Barbie que le regaló la tía para su cumpleaños, que la retaban porque cuando jugaba siempre se le veían los churrines, que más grande prefería escuchar Mötorhead por sobre Paolo Meneguzzi… que se rascaba una teta cuando le picaba, y decía el abecedario con flatos.

Todos conocimos a una niña así y probablemente la recordemos con cariño: una partner ideal y con quien puedes compartir como un “fella” más, para uno siempre tuvo bigotes (salvo cuando te curabas y todo se volvía nebuloso). Y a pesar de lo que nos quiso hacer creer una publicidad argentina, no se trata del aspecto físico, ni del “miedo” como me planteó tiernamente una amiga alguna vez, es sólo que no nos atrae un niño con vagina… aunque no lo crean (nunca pensé que llegaría a escribir esto) con tener una no es suficiente.

No debe ser fácil para ellas, porque a diferencia de las tortis (¡con todo respeto!) efectivamente a ellas les gustan los niños, aún cuando uno no pueda dejar de verla como un par. No debe ser agradable ver cómo las princesitas, que a sus ojos son más fomes que el canal del Senado, sin mover un dedo, sentaditas en su torre dejando que le crezca el pelo, obtienen la cantidad de babosos que les plazca, dispuestos a ver un pack con The Notebook, A Lot Like Love, Ps: I Love You, Titanic y Notting Hill con tal de complacerlas.

Más crítico aún me parece aquella muchacha que, sin que lo masculino le salga por los poros, adopta esa moda de ser “achorá“, con fines que no tengo muy claros. Excesos de garabatos forzados, diciendo que no tendrían problema en pegarle a tal o cual mina o alumbrar lo mucho que les gusta el copete se hacen cada vez más recurrentes, y el problema es que se les NOTA lo poco natural. Al final, junto con no generar atracción en los hombres (como el caso anterior) lleva aparejado también, al menos en mí, un repudio casi automático por lo fingida y surrealista que resulta su actuación.

Quizás creen que al tener gustos similares a los hombres generan la tan ansiada complicidad, quizás quedaron pegadas con personajes como Clementine Kruchinsky de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos o la mina de 10 Things I Hate About You, o quizás leyeron muchas veces La Fierecilla Domada, o los ideales de liberación y quemas de sostenes calaron demasiado hondo en ellas. No lo sé y no me quita el sueño,  porque aún a riesgo de ser considerado retrógrado, machista o cromañón por las lectoras, me siento atraído muchísimo más por una mujer bien femenina, que con una con quien agarrarme a paipazos.

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El que cuando era chico no se quemó con la plancha o no quedó saltón después de haber metido los dedos al enchufe o no terminó con las rodillas como charango de gato por correr a tontas y a locas, no tuvo infancia. Y es que uno necesita pegarse porrazos para aprender ciertas cosas básicas de la vida. Hay weás (como la ley de la termodinámica) que se pueden aprender a partir de un libro, pero las lecciones realmente importantes uno las saca mandándose cagazos. En especial en términos de lo que funciona y no funciona en las relaciones, donde uno (se supone) va gradualmente dejando de darle a lo que se mueva y afina el ojo para saber dónde vale la pena y dónde la cosa es un puro cacho.

Acá van algunas de las cosas que me ha tocado aprender a mí. Son seis, así que tres ahora y tres en la parte 2. Que le aproveche.

Si No Fluyó Desde El Principio, Difícilmente Va a Fluir Después

A menos que uno ande muy desesperado o sea un enamorado del amor y crea encontrar a su alma gemela hasta en la Bomba 4, uno se da cuenta cuando la cosa va con una mina. Puede que haya miedos o que ambos se lo tomen con calma, pero cuando una historia con alguien va a llegar a buen puerto, las cosas van evolucionando armónicamente y no hay estancamientos.

Y eso significa, entre otras cosas, atracción mutua y simultánea. Y a una etapa temprana. ¿Qué tan difícil es darse cuenta de que alguien te gusta? ¿Hace falta un sicoanálisis? ¿Tienen que pasar seis meses? Cuando dos personas quieren estar juntas, los momentos siempre se propician: súbitamente ambos tienen tiempo ese jueves por la tarde, a ambos les pareció bien juntarse a caminar o hacer nada, a ambos les pareció bien acabar follando en la caseta del guardia.

Arrepentimientos, problemas para juntarse, “es que estoy enfocada en otras cosas”, “es que no tengo con quién dejar a mi hijo”, etc., son todas señales de que el cuento NO va a funcar. No de que usté no haya insistido lo suficiente. Una relación que requiere demasiado esfuerzo para mantenerse está destinada al fracaso, sencillamente porque con mantenernos a nosotros mismos ya es suficiente hueveo. Y también porque eso usualmente significa que uno de los dos se está esforzando mucho más que el otro, y si la cosa no es mutua, simplemente no es pareja (ajáaa, ¿vieron el juego de palabras?).

Por eso: una vez que cuente tres “peros” de la mina, dispóngase a marchar de ahí y déjese de perder el tiempo como los huevones. Ese pensamiento idiota de “y qué pasa si me pierdo esta oportunidad” le hará más daño que bien. Es el mismo pensamiento con el cual uno termina comprando máquinas de hacer helados o descorchadores eléctricos sólo porque estaban en oferta.

Acá van a saltar los príncipes y princesas de cuentos de hadas: oooye, nada que ver, con mi pololi fuimos amigos como 25 años y al principio nunca nos pescamos y hasta dormimos juntos y no pasó nada, pero 10 años más tarde nos dimos cuenta de que estábamos enamorados y ahora estamos juntos por siempre amén.

El problema con este tipo de historias, aunque posibles, es que le dejan una impresión totalmente equívoca al resto de los mortales: que las historias fantasiosas estilo Disney funcionan. Y ahí tenemos a babosos pegados durante tres años con una Agujero Negro porque están seguros de que “ahora sí que se viene el momento, así como le pasó a mi amigo”. Algo así como un Hoy No Se Fía Mañana Sí, pero versión maraca.

Las reglas tienen sus excepciones, pero por algo son reglas: porque son lo que mejor funciona en la mayoría de los casos. Y en la mayoría de los casos, si no resulta desde el principio y las cosas se entrampan y siempre hay un pero, lo más práctico y sano es pensar que no va a funcionar, que esa historia nació muerta no más, y punto. Y next.

La Compatibilidad No Se Nota En Los Parecidos, Sino En Las Diferencias

Lo habló alguna vez Richi: no porque ella sea aficionada a los sombreros tweed (al igual que tú) significa que está destinada a estar contigo. Pero incluso más que el compartir gustos bizarros por coincidencia, la gente suele engañarse con las similitudes de fondo:

   Tenemos la misma visión del mundo
+ tenemos personalidades similares
+ nos gustan las mismas posiciones en el sexo
= somos compatibles

Lo cual es un craso error. Porque en las cosas que tenemos en común, es obvio y esperable que nos llevemos bien. El punto donde siempre queda la cagada es en cómo se arreglan las diferencias.

Si pues, las diferencias. Porque ese cuento de la conexión-instantánea-donde-nos-miramos-a-los-ojos-y-lo-entendemos-todo puede funcionar para ponerse silenciosamente de acuerdo en irse de un carrete fome, pero se nos va a la chucha cuando los temas son más sensibles y personales. Cuando cada uno se parapeta tras su trinchera y se defiende como gato de espaldas, ahí te das cuenta que la supuesta telepatía era de bien corto alcance.

La verdadera compatibilidad se nota en cómo dos personas superan conflictos, malentendidos y problemas. Y nuevamente: da lo mismo que tú y ella compartan el anarco-primitivismo vegano como ideal de vida, si a la hora de la discusión una parte es directa y asertiva y la otra se siente ofendida si no la tratan con tacto. O si ella quiere arreglar los problemas en “caliente” y el otro prefiere aislarse y pensar antes de decir nada. O peor aún, si no son capaces de ponerse de acuerdo sobre cómo ceder en estas diferencias y evitar futuros lanzamientos de mierda con ventilador.

Así que espérese a tener una pelea de aquellas, analice cómo terminó la discusión, y ahí recién ve si le pone la corona de “alma gemela” y “amors de mi vida” a su mina.

O Te Gusta Como Es, O Cagaste

Una ilusión propia de la infancia y la adolescencia es que podemos amoldar el mundo a nuestra pinta y que todo gira en torno a nosotros. Luego, de a poco, la realidad nos va pegando sus charchazos: que las cosas se ganan, que la gente no está a la parada de nuestros caprichos, que sin piñata no hay posada. Pero una de las tejas que siempre nos cae al último es que nuestra pareja no está hecha a la medida de nosotros.

Uno, de pendejo, se engaña: la cagó lo parecidos que somos, estamos hechos el uno para el otro, you were born to be my baby y toda esa vaina. Desde luego, a poco andar esa creación perfecta de la naturaleza comienza a demostrar que no era nada tan perfecta, y en un abrir y cerrar de ojos hay montones de mañas y preferencias de ella que no te gustan.

¿Qué opción toma uno entonces? Por supuesto, la más estúpida e ineficiente: ponernos a tratar de cambiar a la pareja para que deje de ser así. Si es muy callada, tratamos de que hable más. Si le gusta Rihanna, la ponemos a escuchar Mötorhead. Si es depresiva, queremos que esté siempre feliz.

Desde luego, esto es injusto con la otra persona, porque básicamente uno le está diciendo: no me gusta como eres, pero tampoco sé por qué chucha sigo contigo, así que por favor encárgate de ser otra persona para que me gustes. Esto (que también le pasa bastante a ellas) es especialmente peligroso cuando uno piensa que le está haciendo un bien a la mina: pero si es mejor que vaya al gym, pero si es mejor que deje a ese amigo jote, pero si es mejor que estudie alguna weá en vez de seguir viendo la repetición de Manos al Fuego. Uno pasa a justificar la presión que ejerce sobre su mina, creyéndose con más discernimiento que ella sobre el bien y el mal.

La otra opción es la pará del avestruz: no me gusta esto de mi mina, así que voy a hacer que no existe. Y cuando ocurre, nos hacemos los huevones, miramos para otro lado, fingimos no darle importancia y seguimos fieles a nuestro Teorema de la Perfección de Mi Pololi™. Hasta que, previsiblemente, explotamos (más sobre esto en la parte 2).

Una opción u otra intentan excusarnos de haber elegido mal la mina, en primer lugar. Y el problema no es tanto elegir mal: el punto es que llevamos tres meses diciéndole a la lola que ella es la mejor elección que hemos hecho en la historia histórica. Y las declaraciones de amor a la rápida empiezan a pasar la cuenta con intereses y gastos de cobranza.

En realidad acá los caminos sanos son: o me la banco, o mejor me busco otra. Y si me la banco, es porque independiente de que la mina pueda tener sus mañas o momentos insoportables (que todos tenemos, salvo el excelentísimo lector, desde luego), hay una sensación de gusto en general al estar con ella. No pretendo que cambie. Incluso sus defectos son parte de lo que la vuelve adorable.

Y ojo con eso, que me he cuidado mucho de hablar de cosas que no me gustan y no de defectos. Partiendo de la base que todos somos sumamente imperfectos (excepto usted, adorable lector), uno simplemente tiene que escoger su imperfección favorita. Ésa que se lleve bien con la nuestra. Para lo demás no hay excusas, y ciertamente intentar ser el mesías de alguien es sólo una inutilidad.

Partiendo porque los mesías no existen.

No se pierda la parte 2.

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No quería empezar este post con un comentario tan manoseado como “Las redes sociales llegaron para quedarse”, pero la cosa es que las redes sociales llegaron para quedarse. Y están cambiando la manera de relacionarnos entre personas. Y entre esas relaciones, obviamente están las romantoeróticas. Así que a continuación, un pequeño cuadro con las maneras en que estas nuevas herramientas afectan el dating scene del siglo XXI.

(Ahora, esto no es una guía de “Como engrupirse a una mina usando las redes sociales”. Para eso mejor lea este post de la faquette y gurú de multitudes Bruffinelli)

Joteo 2.0

Hubo un tiempo en que pinshar por internet era entrar al Latin Chat y ponerse de acuerdo con alguien para juntarse a conversar/agarrar/follar/ en algún lugar convenido con anterioridad. Lo malo es que uno iba a la suerte de la olla: es cierto que podían mandarse fotos, pero no siempre se correspondían con la realidad. Así que un punto a favor de las redes sociales es que te permiten realizar una pequeña psicopateada investigación previa. Obviamente para cerciorarse que la mina con la que nos vamos a juntar no sea una asesina en serie o, lo que sería peor, poco agraciada.

(Antes de que salten con eso de “acasotecreíBradPittshushetumare” o, el más mamón pero igualmente molesto, “todas las mujeres tienen su encanto“, me refiero a esas veces en que uno está esperando a Heidi Klum y cuando llega la cita, se encuentra con Don Knotts)

Establecido el primer filtro, viene la parte del toqueteo virtual. Los famosos pokes, que son como un holitencontrérricaperonomedaparaescribirtealgo. O agregar despreocupadamente a Facebook a la mina con que estuviste conversando en el carrete. Una vez admitido en el mundo no tan privado de una persona, viene el proceso de la interacción, o cómo hacer para destacar entre sus 543 amigos y contando.

Y en esa dinámica, varios suelen caer en la categoría del gustador compulsivo: El típico weón que pone me gusta a todo lo que la mina postea. Y mal. Una cosa es que te “gusten” sus fotos en ropa interior. Pero darle un dedito para arriba a cada nuevo status, foto, link, nota, video o vaquita que le regalan en el Farmville, es como mucho. No se ve simpático y optimista, sino desesperado.

Lo mismo aplica en Twitter. Ahora que está de moda, muchos intentan capitalizar esta nueva herramienta con mensajes seductores en 140 caracteres. Y al parecer, a esos que tienen el don de la palabra, no les va mal. Como escuché una vez por ahí: “Antes me tiraba blogueras, ahora me tiro tuiteras“. Así que asumo que puede que resulte, pero hay que tenerle un poco de fe a las minas y no pensar que van a caer con un “@Mengana te mandé un DM hermosa”.

Alguien te mira

Uno de los principales problemas de las redes sociales es que le dio a [email protected] [email protected] de siempre todo un nuevo set de herramientas para hacer su gracia, aprovechando esa tendencia natural que tienen algunas personas a la sobreexposición.

Por ejemplo (Disclaimer: FAQWomen no aprueba en ningún caso el psicopateo, y lo expuesto aquí es sólo para fines didácticos) preguntar de manera anónima en Formspring para armarse un dossier sobre la persona en cuestión; revisar en Foursquare dónde anda para encontrarse casualmente por ahí; contratar Radian6 para monitorear todo lo que se habla sobre esa persona en redes sociales. Porque es fácil ser el alma gemela de alguien cuando la descripción del cargo está publicada por todas partes. Eso.

Rage Against the Relationship Status

Digamos que la supiste hacer con tus dotes de “galán del megabyte”.  Ahora viene otra decisión difícil. ¿Publico o no que estoy con alguien? Las opiniones están divididas. Y como no quiero ningún comentario del tipo “mi pololo me dijo que leyó en FAQ Women que no debería salir el relationship status, Richi y la conchadetumadrinadeconfirmación“, sólo digamos que obedece la mayoría de las veces a dos razones. Hay gente a la que no le gusta estar dando explicaciones; y hay gente que es muy celosa de su vida privada (aunque tenga Facebook, pero eso es tema de otro post)

Lo importante es que usted sienta que su relación análoga con su pareja lo hace feliz. Claro que tiene que haber una coherencia entre las identidades virtuales y reales, pero como esto no es La Guía Pilar Sordo para las Relaciones en la era de la Internet (cáchate el concepto para un libro, de nada Mrs. Sordo) vamos a dejarlo hasta aquí.

Una recomendación que nunca está de más, es tratar de no discutir por chat. Cuando uno está enojado, tiende a leer lo que la otra persona escribe de la peor manera posible y a responder más agresivamente y así y así hasta que salen comentarios que no tienen nada que ver con el tema del principio. Y hay ciertas cosas que ningún emoticon puede arreglar D:

Otro comportamiento que aflora una vez que pasaste del flirteo a algo más serio, es que hay minas que  obligan a sus recién estrenados pololos a cerrar su cuenta en Facebook porque “se lo jotean mucho”, y a abrirse otro donde sólo admita “a los amigos de verdad”. Una versión más moderna del clásico cartel con la consigna “Bajo nueva administración”. Por el otro lado, siempre está el que sale a marcar territorio en el muro de su pareja cuando se la jotean. Y da pena leer un “yo también te encuentro rica mi amorcito pichiruchi” debajo de surtidos “estai rica” “èntèrà bèllàkà” “ermoza” y otras vainas. Si quiere marcar territorio, mejor agárrarle el poto en mitad de la zapla. Y suba fotos.

Hablando de fotos, uno de los mayores dramas es que te etiqueten en fotos “indebidas“, que van desde un abrazo amistoso fuera de contexto, hasta agarrando con “la prima del sur”. Hay distintas soluciones, pero la más recomendable es pórtese bien. O si se va a portar mal, cuidado con las cámaras.

Lo que el timeline se llevó

Una terminada siempre es triste. Y la mejor manera de seguir adelante con nuestras vidas, es dándonos el espacio necesario para olvidarsh. Antes, cuando terminabas una relación, el acuerdo generalmente era “no me llames“. Ahora es “no me llames, no me mandes mensajes directos, mails, inbox, sms, y por favor no rebloguees nada de lo que suba en tumblr“.

Pero lejos, el mayor cambio que las redes sociales pudieron traer a la vida sentimental es enterarte que se acabó tu relación por Facebook (Juanita pasó de estar “en una relación” a “soltera y ganosa”); Twitter (RT @Juanita: Camino a terminar con @Mengano) o Foursquare (@Juanita está en El Motel con @alguienquenoerestú). El hecho de que todo el mundo haya sabido antes que tú (sobre todo si tienes un dumbphone) no hace más que echarle sal a la herida. Igual, si alguien te termina de esa manera tan pasivo-agresiva, podríamos decir que es para mejor.

Para terminar, mis dos centavos sobre la conveniencia de tener a tu ex en Facebook. No hay problema, si no te importa ver como se la jotean tus amigos. Una de esas Historias de la Vida Real™ que nadie quiere protagonizar.

Saludos.

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