[Un Viernes cualquiera en la noche, todo partió porque nunca pudieron ponerse de acuerdo en el lugar al cual iban a comer]

Él: “Tú eres siempre lo mismo, me pasas la pelota a mí y después cuando yo decido alguna huevá, no te gusta”

Ella: “Eso no es así y lo sabes, lo que pasa es que nunca eres capaz de llevarme a un lugar por ti mismo, no me sorprendes hace años!”

Él: “Ah, entonces transformamos esto en una discusión sobre la relación! Quién te entiende! De repente todo bien, peleamos por una tontera y resulta que no te sorprendo hace años!”

Ella: “ Te juro que no sé cómo no entiendes, nunca me has entendido, nunca! siempre te quedas con tus ideas y lo que yo te digo lo transformas” (comienza a llorar)

Él: “Ah claro y ahora soy yo el culpable, yo tengo la culpa de todo esto. Obvio que no te entiendo! Mira la pelea que estamos teniendo porque no sabíamos dónde cresta ir a comer!”

Ella: “Qué terrible! En verdad no entiendes!” (Se va y da un portazo)

Esto es un ejemplo que quizás a muchos les va a parecer familiar, es una situación donde muchos han estado y que de alguna forma, consideran absurda. Pero amigos machos, no es tan absurda.

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Tú, desde el punto de vista de una Egocéntrica

Tengo claro que al hablar de usté le estamos haciendo un favor, Srta. (o Sra.) Egocéntrica. Pero no importa. Más relevante me parece que nuestros amables lectores sepan distinguir una a kilómetros, y bueno, de ahí ellos verán si se quieren meter en el cachito o no. En gustos hay de todo.

Pero lo que es a mí, me revienta una mujer egocéntrica. Me revienta aún en mayor medida que una mujer que te convierte a ti en su objeto de adoración (lo cual vendría a ser el otro extremo). Puede que sea un tema de choque de caracteres, pero las encuentro sumamente matapasiones, al punto de ser un dealbreaker. Algunas razones del porqué:

  • La relación parte desigual desde el principio. Con una egocéntrica sólo puedes relacionarte en los términos de ella (algunas, no todas, son cabronas precisamente por eso). Y eso implica darle el micrófono y la tarima a ella, mientras tú aplaudes. Hay gente que les acomoda eso. Yo paso. Gracias.
  • Tus gustos, necesidades y prioridades pasan a segundo plano. A menos, claro, que te arranques de ella a perderte. Tampoco te apures mucho: no te perseguirá.
  • Su tiempo y sus ganas se irán donde se le preste más atención. Eso, en números fríos, significa: para ella, si dos le prestan atención, eso siempre será mejor que uno. Por ende, si le das a elegir entre pasar una noche a solas contigo o atender a sus cientos de followers que la esperan para una Twitcam, adivina cuál gana.
  • Se relaciona superficialmente con la gente. A todos les pone imaginariamente nota, de acuerdo a su potencial de subida de ego. Un tipo haciéndose el interesante o el digno con ella, chao. Cero estrellitas.
  • Colecciona babositos. Evidentemente, un baboso es apuesta ganadora cuando se trata de conseguir atención. La egocéntrica los cuida, los mima, los mantiene en órbita. Y si es necesario, los priorizará sobre ti.

A primera vista, una egocéntrica puede parecer una maraca. Pero se diferencian: una maraca busca favores, transporte, objetos y plata; la egocéntrica busca atención y adoración. La maraca intenta pasar piola; la egocéntrica no puede permitirse pasar piola.

Identifique su Egocéntrica más cercana

Ya sea que pretenda mandarla a la chucha o rendirse a sus pies para darle pleitesía, le convendrá saber ciertos rasgos que distinguen a una chiquilla así:

  • Híper sociable y simpática. Necesita estas cualidades para expandir su red de contactos a más y más gente.
  • Alumbrada. Por razones obvias, ama exponer su vida.
  • Siempre “le sucede algo”. Sea que se emputezca por la caza de babuinos en Guinea Ecuatorial o que la cajera del banco la haya tratado mal, siempre tiene un tema que dominará la agenda de conversación contigo ese día. Además, ese “algo” se convierte fácilmente en excusa para solicitar tu presencia, o para correrse si tiene algo mejor que hacer.
  • Está constantemente lanzando definiciones sobre sí misma. Obviamente, lo hace con mucho estilo y de forma sutil. Ejemplos:  “Hay algunos que son tan habladores… suerte que yo no“, o “¿Por qué a los esforzados nos chaquetean tanto?“, o “Yo nunca, nunca he perdido mi esencia, ni siquiera ahora que me va bien“.
  • Se enorgullece de las muestras de atención que recibe. Es la clásica que retuitea todos los piropos que le envían, o que pasa quejándose de lo joteada que es.
  • Exitosa. Usualmente se encuentra en una posición de prestigio o valoración por lo que ha logrado (ya sea mover el culo con gracia en la TV, o entregar aportes brillantes a la comunidad científica). Dicho éxito es el que suele disparar sus instintos egocéntricos. Y por razones obvias: cuando estás abajo, puedes ser todo lo ególatra que quieras, pero nadie te inflará.
  • Coqueta. Los hombres somos presa demasiado fácil de la coquetería. Nos rozan con la raja una sola vez, y cagamos: nos quedamos pendientes para ver cuándo será la próxima ocasión. La Egocéntrica sabe que con un poco de agüita que le dé a un hombre, se gana su atención por largo tiempo.
  • Suelen pasar solteras. Una vez que te subiste a la moto de la adoración pública, no te baja nadie. Y sacrificar todo eso para quedarse con un puro weón es un costo demasiado alto para ella. Por lo mismo, suelen escoger mal deliberadamente a sus parejas, o espantan a los candidatos demasiado prometedores. O, se buscan una pareja que no demande mucha atención y que le aguante sus flirteos con el mundo.

Lamentablemente para la Egocéntrica, la atención no sustituye al amor. Es un sucedáneo superficial, que tal vez no te exija ningún desafío, compromiso o revisión interior, pero que tampoco te entrega mucho de vuelta. La cura para cualquier egocéntrico, finalmente, es ésa: cambiar el sustituto por el original, y quererse más.

Pilar Sordo mode off.

Shao.

Éste es el quinto espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

El otro día se me ocurrió saludar a un amigo con el que no hablaba hace tiempo por Facebook, y me topo con la sorpresita de que el compadre me había borrado! Justo lo tenía online en el chat, así que le pregunté… y me pidió disculpas: sucedía que la polola, al ver que “le posteaban muchas minas en el muro” obligó a mi amigo a cerrar su Facebook, y recién lo estaba re-abriendo y re-agregando gente.

“Sí, yo sé que es macabeo hacer eso”, reconoció.

Amigo, lo tenemos muy claro.

Con ustedes, La Bruja.

La Bruja (“Ah no, tú dejas de juntarte con esos tipos. No, es que encuentro que no te hacen bien, y aparte, andan todos solteros, y tú estás conmigo”)

La Bruja. No es la primera vez que salta al ruedo en este blog. Sospecho que muchas mujeres, si pudieran hacerlo sin sentir remordimientos o sin recibir una patá en la raja como respuesta, serían Brujas. La Bruja es envidiada, por ejemplo, por la Taimada, porque la Bruja logra con tranquilidad y clase lo que la Taimada a duras penas consigue con pucheros: mantener cortito a su hombre.

Pero claro, es que hay una notable diferencia entre la Bruja y la Taimada: la Bruja es dominante, la Taimada no lo es. La Bruja se busca de partida un weón sometido, un pollito, un ser de material fácilmente maleable, alguien con quien llevar a cabo una suerte de experimento social de modelado. A la Bruja le encantaría ser mamá, para crear un humanito a su pinta desde cero, pero como aún no quiere pasar por la guata, el parto y lo demás, empieza a practicar con el monigote de plasticina que más a la mano tenga.

Ustedes ya saben a quién me refiero.

La Bruja suele tener mucha personalidad, y suele creerse dueña de la razón. Sabe lo que es correcto para sí misma – un weón blandengue – y sabe lo que es correcto para ese weón blandengue – ella misma – . Por esta razón, desde tempranito comienza a administrar la vida del pololo (lea el respectivo post para más detalles). El pololo acepta feliz, dadas sus características: suele ser un pajero en cuanto a tomar decisiones y asumir riesgos, y por ende, le acomoda mucho más cederle el mando a alguien que parece saber tanto y que más encima parece quererlo tanto.

Los celos de la Bruja no son de inseguridad; son de territorialidad. Así como no le gusta que le usen su perfume, no le gusta que le miren su pololo. Es la clásica que dice “el es mío“, y el “mío” lo dice abriendo grandes los ojos y levantando las cejas con severidad.

A la hora de los celos, la Bruja toma una estrategia previsora: sabiéndose más celosa que la mierda, organiza todo de modo que al tipo le sea totalmente imposible sacarle celos. En carretes o reuniones sociales, o está sentada al lado del pololo, para detectar quién lo mira, o se sienta en el lado opuesto, para detectar dónde está mirando él. Otros métodos de control son:

  • Restringirle las salidas con amigos solteros, buenos para el weveo o que puedan incitarlo a emanciparse
  • Prohibirle las salidas a algún bar o local nocturno sin ella
  • Cortarle el contacto con ex-algo y con minas con las que alguna vez haya tenido ondita
  • Restringirle el contacto con amigas que no estén pololeando
  • Sacarlo a puras salidas entre parejas
  • Interrogarlo constantemente sobre sus actividades, buscando inconsistencias que pudieran delatar algún desliz
  • Pedirle la contraseña de su mail o Facebook (“yo te lo reviso y te aviso mi amor, dont worry”)
  • Restringirle la lectura de FAQWomen :)

Y sí, la Bruja puede revisar tu celular si tiene oportunidad de hacerlo.

¿Solución? NOT

¿Quiere saber cómo librarse de una bruja? Pateándola. ¿Y… realmente quiere patear a su brujita linda? Probablemente NO.

Como ya discutimos antes, la Bruja y el Sometido se necesitan mutuamente. El Sometido usualmente acepta feliz el control por parte de la Bruja, porque así se ahorra asumir responsabilidades, marcar límites y tomar decisiones sobre su vida.

Por eso es que la Bruja no hace escenitas de celos; levanta una pura ceja no más, y el Sometido acata.

A algunas les gusta eso.

Shao.

Hoy vamos a contestar una pregunta que hizo Fegnin en la última edición de nuestro programa:   ¿Las mujeres necesitan “sufrir” en el proceso de conquista?

Disclaimer: Por su naturaleza subjetiva, este post carece de toda validez científica. FAQ Women no se responzabiliza por cualquier molestia causada por seguir un curso de acción basado en lo expuesto aquí. Los efectos secundarios pueden ser, entre otros: dolores de cabeza, ataques de insomnio y patadas en la ingle.

Fegnin no es la primera persona a la que se la escucho: “A las minas les gusta sufrir”. Cervantes lo decía de otra manera:

Esa es la naturaleza de las mujeres, no amar cuando las amamos y amar cuando no las amamos.

Así que esa particularidad femenina está documentada desde hace tiempo, pero ¿seguirá aplicándose en estos tiempos de sexo sin compromiso, igualdad de género y mujeres liberadas e hipoalergénicas?

Ante la imposibilidad de encontrar un chivo expiatorio ayudante para comprobar la veracidad de la hipótesis, tuve que entrar a consultar con amigas, ex-pololas y gente buena onda de internet su opinión sobre el tema. Sus miradas sospechosas me dieron a entender que mi explicación de “necesito escribir un artículo” no era del todo satisfactoria, pero accedieron a conversar conmigo igualmente. Después de varias entrevistas pude sacar algunas conclusiones. Al parecer:

  • No creyeron mi mentira del artículo y no pueden creer que no les tenga confianza después de tanto tiempo.
  • Necesito ser un poco más como Terry.
  • A las mujeres (cito textual): “Nos gusta que nos falten el respeto“.

El resto de las cosas que pude sacar en limpio ya nos las sabemos de memoria, por lo que me dediqué a observar cómo se comportan cuando no están dando consejos:

  • Juanita está pinchando con un Tipo™, pero no sabe si le gusta porque “a veces como que sí, otras como que no”. Pero si el tipo le manda un mensaje de texto que dice “Hola”, Juanita se emociona porque obvio que significa algo, ¿no cierto?.
  • Juanita está de malas porque el Tipo™ en cuestión no llama hace una semana. Su decisión de mandarlo a la chucha se ve modificada dos minutos después de haberse tomado, por un llamado del susodicho. Se termina la piscola rápidamente porque se va a juntar con él.
  • Juanita se complica entera porque lleva saliendo con el Tipo™ harto tiempo, pero él no da muestras de querer enseriarse. A pesar de ya haberla presentado a La Mamá®. Porque uno no le presenta a cualquiera a La Mamá®.

Podría dar más ejemplos, pero creo que ya se entendió el punto. Más que sufrir (que no le gusta a nadie excepto a Candy), lo que las mujeres necesitan es incertidumbre. Tensión. EMOCIÓN. Resulta que, al final, las mujeres también son seres humanos.

Antes de que un ejército de feministas enardecidas me quiera quemar a lo bonzo por cerdo-machista-misóginodemierda-pijacorta-hijodemilputas-quetienequedejardejuntarseconquinceañerasarrastradas-yquesituvieraamigasconlosovariobienpuestos-noescribiríatantaweajunta, quiero aclarar que me refiero a que hay que bajarlas del pedestal. Resulta que esa chica que te quita el sueño tiene los mismos conflictos, necesidades e inseguridades que tú. Sólo que es mejor jugadora de póker.

Así que si uno aprende a administrar la inseguridad de ella  y sobre todo la propia, todo debería funcionar. Si no, Camilo les devuelve su dinero.

Saludos.

A pesar de los rumores, no estaba muerto. Sólo encerrado trabajando en un proyecto mega hiper secreto alejado de la internet. Para los que lo notaron, ofrezco las disculpas del caso. Ahora, a lo que vinimos.

Paul: [Opens the door to Tom's apartment] We didn’t know who to call.
McKenzie: It’s Amanda Heller all over again.
Rachel Hansen: You did the right thing.

Para los que todavía no han visto la película, trataré de resumirla en 20 palabras o menos: Summer es una golfa que le aplasta el corazón a Tom después de  ilusionarlo y tener sexo en la ducha. O al menos esa fue la impresión que me dió la primera vez que la vi. Pero después de verla un par de veces más, me di cuenta que en realidad es Tom el mal enfocado.

Pausa para la airada reacción del público.

Prosigo. De lo único que se puede acusar a Summer es de no saber el significado de la palabra amistad; y no haberle contado que estaba de novia. Punto. No es una santa, pero tampoco es un súcubo que picotea almas entre sus comidas vegetarianas no lácteas y bajas en sodio.

Tom, por otro lado, siempre vive la misma historia con distinta protagonista. Así se llame Summer Finn, Amanda Heller o Autumn Loquesea. Es la fórmula:

  1. Enamorarse.
  2. Jugársela más de lo conveniente en el nombre del amor.
  3. Sufrir terriblemente cuando – ¡qué sorpresa! – las cosas no resultan.
  4. Enjuagar y repetir.

Podría gastar mucho espacio explicando todo lo que está mal con esa manera tan – a falta de una mejor palabraintensa de entender las relaciones, pero este video lo explica mejor que yo:

Supongo que la Lección para la Vida® del día de hoy es que los amores tormentosos de las películas, sólo funcionan en las películas. En la vida real, las cosas generalmente se dan. Y claro, podríamos echarle la culpa de nuestras desgracias a la FOX y las canciones pop, pero esperar que todas las historias de amor sean como Love Story es igual de ridículo que pedir que te llamen por tu nombre élfico o sospechar que estás dentro de la Matrix.

Saludos.