Éste es el tercer espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

Sé de chicas que engordan, desgreñan o afean a sus pololos/maridos (especialmente si tienen buena pinta) para hacerlos menos apetecibles frente al resto de las mujeres, y de esa manera ahorrarse rollos (poniéndoselos en el estómago al susodicho, por cierto). ¡Qué enfermas!

…y por cierto, es una medida totalmente innecesaria: un tipo que se deja chacrear y estropear por una mujer con tal de obtener su amor, con toda probabilidad es un baboso de cuarta, y difícilmente va a tener las bolas o la chispa como para andar atrayendo minas o sacando celos por otros lados.

Además, un tipo así está comprando – a 36 cuotas – el aburrimiento de la mina en cuestión, una vez que ella se dé cuenta de que hizo desaparecer precisamente aquello que la hizo fijarse en él en primer lugar.

Bien, vamos con la Competitiva.

La Competitiva (“¿Para dónde miras? ¿Ah, y la encuentras rica? ¿Más que yo?”)

La Competitiva usualmente es guapa. Y no es que estar con una guapa sea problemático en sí, sino que este tipo de guapa basa su seguridad y su atractivo como mujer precisamente en su belleza. Asume que su hombre la eligió porque es “lo mejor que hay por estos lados”, y que si salta una mejor al ruedo, ella se verá desplazada, por una cosa meramente de ranking.

La Competitiva compite con todos:

…con las otras minas

La Competitiva quiere ser la mejor, siempre. Y ya sabemos que “lo mejor” no es necesariamente lo que tiene mejores formas, sino lo que llama más la atención.  Es la razón por la cual le damos más importancia, por ejemplo, a Marlen Olivarí, que a montones de otras minas de la tele mucho más atractivas que ella: la loca se muestra.

La Competitiva sabe esto y… se muestra. Escote, falda, maquillaje, mucho estilo. Quiere asegurarse de que ella es lo mejor que su pareja tiene para mirar. Incluso tal vez se haga un poco la difícil con él en público, para darle ella misma la sensación de “conquista”, y evitar que piense siquiera en obtener dicha sensación con otra. En la cama, lo premiará, lo complacerá, será una top performer. Suele follar muy rico. En este sentido, es maestra para conservar a su pareja constantemente embobado como la primera vez.

…con su pareja

Puede que su pareja tenga o no tenga pinta, pero en general ella intentará no buscarse una pareja más atractiva que ella, por la sencilla razón de que debe ser ella quien atraiga las miradas, no él. Sabe que si ella es la más guapa, se garantizará la envidia de ellas… y el acoso de ellos, lo cual obliga al tipo a mantenerse constantemente cuidándola y espantándole los jotes.

Por eso se muestra: no le da oportunidad al compadre ni siquiera de pensar en jotear o mirar para otros lados, porque al menor pestañeo, su propia mina se verá rodeada de jotes. Y a menos que él sea también un competitivo y cobre venganza por otros lados, no le quedará otra que cuidar a la mina y evitar sus propios celos. Y es así como la Competitiva se cubre las espaldas: ganando la competencia de los celos.

…con el entorno de su pareja

A la Competitiva le asusta la idea de que exista algo más interesante que ella para su pareja (sí, es narcisista!). Por ende, intentará llenar todos los espacios. ¿Que el weoncito quiere ir a ver a la familia? Ahí estará ella, la nuera ideal. ¿Que el weoncito quiere ver fútbol con los amigotes? Ahí estará ella, con la camiseta puesta, gritando y puteando al árbitro como la que más. ¿Que el weoncito quiere ir a hacer supersnowsandmountainlongboard? Ahí estará ella, con su tabla, corriendo detrás.

No vayan a pensar que la lolita es cargante; de hecho, la sabe hacer bien, y más contento deja al novio, de tener una mina tan aperrada, que “vaya a todas”. La procesión es la que lleva por dentro la mina: se siente constantemente obligada a ser la mejor, la mejor, la mejor. No se siente suficiente. Nunca se siente suficiente, y he ahí el motor de su inconformismo.

La Competitiva, sin ser tan nociva como otras especies de celosas, es horriblemente insegura de sí misma. Y en su deseo por sentirse la mejor, aceptará de muy buen grado mantener cerca a un círculo de babosos. Tus celos la complacerán, así que no te hará sentir mal por ellos; pero ya sabemos lo que implica una mina que cultiva babosos cual champiñones.

No se pierda la Taimada, próximamente.

Shao.


Éste es el segundo espécimen de nuestro Catálogo de Celosas. Para leer la presentación o la explicación de por qué son todas celosas, vaya al primer post de esta serie.

Antes de empezar…

¿Habrá algo más empelotante que cuando tratan de sacarte celos? Ok, lo reconozco… a veces es tierno, como cuando la mina, picada por alguna razón A, B o C (razones suelen abundar), mientras ambos ven tele, comenta como al pasar “huy, qué es mino ese compadre del comercial, se pasó“. Ahí no te queda otra que pensar “jaja, qué tierna, se le nota poco que está picada y quiere vengarse“. Hasta respondes con cariño, en el fondo quiere añuñucos y no sabe cómo pedirlos.

Pero claro, a veces no son tan adorables, como cuando le presentas a un amigo y se lo empiezan a jotear descaradamente frente a ti, mientras con un ojo espían tu reacción. Sí, sucede. Nunca subestimes a una mina picada.

Ahora sí, vamos con la Falsa-Relajada.

La Falsa-Relajada (“…y cómo te fue con tu amiga? te la comiste? No? Ay, pero si es súper mina”)

La postura de moda actualmente de las minas frente a los celos es hacerse la Falsa-Relajada. Todo le da lo mismo, todo es light; el weón puede hacer lo que quiera, a ella no le va ni le viene. Especialmente si están conociendo o acaban de terminar con el susodicho, ellas hablan y le preguntan abiertamente acerca de sus experiencias amorosas paralelas. Se colocan en la pará de amiguis, incluso dirán “hey, tenme confianza, me puedes contar lo que quieras“. Buscan sacar información bajándote la guardia.

Si eres lo suficientemente baboso, de pronto te encontrarás relatándole toda clase de detalles amorosos, que son para los amigos o amigas, no para tu pareja o ex-pareja. Por muy relajada que parezca, la hieren. Y tal masoquismo sólo tiene la intención de tener más información que pueda usar para mantener el control de la relación si se siente amenazada.

Son expertas en sacar celos de vuelta, aparentando el mismo relajo con el que te interrogan: “que dónde estoy? acá, carreteando con unos amig… jajaj, ay, Pato, córtala, no me sigai agarrando el poto! jajaja ay, cosito, te llamo más rato, besit… ay! Pato jote, jajajaj, ya coso, beso chau chau!!” Luego usan su aparente falta de celos para hacerte quedar como celoso a ti, creando de este modo una guerra subterránea para ver quién aguanta más las maraqueces del otro sin caer en la psicosis.

El truco es: yo soy relajada contigo, así que tú también tienes que ser relajado conmigo, todo lo demás son puros rollos tuyos. Es ella quien pone las reglas de lo que es y no es relajado, y por tanto estás obligado a aguantarle cualquier cosa.

¿Por qué Falsa-Relajada? Porque si sus límites son sobrepasados, le bajará la histeria o la rabia negra, y ahí te quiero ver cabrito. Dependiendo de su personalidad, se comerá a otro weón enfrente tuyo, te echará la foca o llevará las cosas hasta el límite donde tú digas “sorry, yo llego hasta acá”. En ese momento, la Falsa-Relajada, con la comprobación de que efectivamente ella te importa (si no, no podría hacerte enojar), volverá mimosamente a decirte que en verdad está todo bien, que ambos se enrollaron, y que simplemente tienen que seguir tan relajados como estaban antes. Y déle todo de nuevo.

La Falsa-Relajada se tomó demasiado a pecho la frase “quien menos involucrado está en la relación, gana“. Pone paños fríos desde el principio para estar siempre apareciendo como la distante y tranquila, y desafía tu tolerancia para ver cuánto te demoras en caer en el saco de “celoso”, “cuático” o “pasado de rollos”. Puesto que en realidad su relajo es fingido, no le queda otra que sacar sus celos ocultos a la luz en forma de devueltas de mano. No puede perder las apariencias.

No se pierda a la Competitiva en nuestro próximo episodio.

Shao.


Ahora lo que se llea en este anticipo de primavera en FAQWomen es dividir los posts en partes. Les presentamos el catálogo 2010-2011 de Celosas, que incluirá las siguientes joyitas:

Cada post se ocupará de describir a una. Hoy, luego de la presentación, partiremos por la más sanita.

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A modo de introducción…

Los celos, caramba. Probablemente nunca lleguemos a entender del todo porqué existen, porqué chucha nos tienen que dar a nosotros, y por qué mierda parecen tan incontrolables cuando ocurren. Se pelea, se mata, se conquista, se compite, se controla, se manipula y se acaricia por celos.

Los celos son la sensación de que ese espacio especial que creemos que hemos construido con nuestra pareja está siendo amenazado. Por muy libertinos que seamos, en alguna instancia, sea física, emocional o sentimental, queremos ese derecho a la exclusividad o al menos a ser únicos. Con mayores o menores grados de tolerancia — o insanidad —, los celos son eso. Una persona insegura sentirá que cualquier cosa, hasta la franja política del Partido Radical, es una amenaza. Una persona segura y confiada sabrá que hay pocas cosas que pueden realmente amenazar su espacio sagrado con la pareja.

Estamos claros que el asunto de los celos es absolutamente unisex, pero como lo que nos convoca aquí son las féminas, vamos a describir algo del espectro de celosas, para que usté identifique a la suya más cercana.

Disclaimer: TODAS son celosas

Que no le vendan esa pomada, amiguito: TODAS las mujeres potencialmente pueden sentir celos. Cuando una mujer está realmente interesada o enganchada con un hombre (y no se siente 100% segura de él), en algún ámbito va a sentir celos por su causa.

Que hayan algunas mujeres que hayan aprendido a dominar, moderar, disfrazar o redirigir sus sentimientos celosos, es otro tema. Usualmente, si su fémina no siente o demuestra celos de alguna manera hacia usted, es simplemente porque no es su fémina :) . Es decir, no le interesas tanto.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres, al presentarse, suele describirse como “no celosa” o “muy poco celosa”. Las posibles razones para pintarse de esa manera son:

  • Hace mucho que no le interesa alguien o no pololea con alguien, por tanto se le olvidó lo que es sentir celos
  • Tiene la inteligencia emocional de Robocop, por ende no sabe distinguir si está enojada, feliz o celosa
  • Tiene ultra dominados y racionalizados sus celos, sabe que los celos demuestran inseguridad, y por ende no les da importancia o los esconde donde no hagan daño
  • Están pololeando o casadas y su pareja es un sometido que no les da motivos ni para dudar
  • Tiene depresión
  • Está interesada en ti y quiere quedar bien contigo :)

Ahora sí, vamos con la celosa de la cual nos ocuparemos hoy:

La Digna (“te celaría por eso, pero en verdad, para qué”)

Este es el espécimen más sano. Si es que usté, amigo, me cae bien, le desearé que se encuentre una así. Esta mujercilla ya ha pasado por el proceso reflexivo de lo que significa sentir celos y celar a su pareja, y se dio cuenta que en el 90% de los casos, los celos son una estupidez con patas. Ya le cayó la teja de que las mujeres celosas son las que más espantan a los hombres, y dado que su objetivo es conservar a su pareja, pensó estratégicamente y postergó (o dejó de sentir) los celos en pos de mantener a su hombre siempre interesado, o de ella misma sentirse… digna.

Esta mujer suele ser bastante segura de sí misma. Y efectivamente, uno se interesa más por una mina así, porque ella, al no sentirse compitiendo con ninguna (o no demostrarlo), aleja las comparaciones de sí misma. Si una mina te está constantemente weveando porque miras o conversas con otra, lo que efectivamente sucederá es que comenzarás a comparar a tu mina con esa otra. La Digna se ahorra ese cacho, y aunque existan situaciones que la hagan arder en celos, se las comerá calladita, porque sabe que no le conviene a ninguno de los dos. Ni tampoco a la otra, esa perra-culiá-maraca-del-infierno-que-se-ha-creído.

La Digna es reconocible porque reconoce las cosas que le molestan o que se pasan de la raya, pero entiende que pueden carretear separados, que puedes tener amigas, incluso que puedes tener amigas nuevas. Como no le vienen con weás, sabe cuándo se le tratan de pasar de listos, y el resto del tiempo, no se ensucia las manos brujeando ni sacando celos. No lo necesita.

A veces tienen un carácter de mierda, pero amigo, ojalá que se encuentre una Digna en su vida. For good.

Manténgase atento, que de aquí para adelante los casos a analizar se ponen wenos.

Shao.


En la parte 1 de esta miniserie, vimos el tema de la idealización que surge del porno versus la realidad, de cómo el porno recoge aquello que nos excita a los hombres, pero que no nos sirve mucho para conocer (y menos entender) a las mujeres. Hoy veremos…

La Intimidad (There’s No Porn Of It)

¿Han escuchado esa frase “if it exists, there is porn of it“?

Pues bien, el porno se hace cargo de todas las cosas que nos excitan, menos de una: la intimidad.

La intimidad, ese espacio intangible que se crea en complicidad con otra persona. La intimidad/complicidad es el afrodisíaco número 1, ya sea que lo obtengas real o fingido. La intimidad suaviza o embellece muchas imperfecciones. Y la intimidad es la cura para la idealización excesiva. Te saca de la fantasía y te devuelve a la realidad.

El quedarse pegado con el porno, por otra parte, te hace sacar a la intimidad de la ecuación. Como no la ves, como no la sientes ni la percibes, asumes que no es necesaria. Y claro, uno (suele) ver porno solo, y la única intimidad de la que disfruta es la intimidad consigo mismo.

Es cuático el tema de la intimidad con otra persona. La intimidad intimida! (me sorprende cómo la misma raíz puede generar significados tan opuestos). Crear y desarrollar complicidad es un arte, y un arte no apto para mañosos. Implica mostrarse y aceptar que se te muestren. Se necesita cariño con uno mismo y con ella: no todo lo que se muestra en la complicidad es bonito, pero el producto final suele pararla más que cualquier artilugio por sí solo.

Realidad versus Fantasía

Las mujeres suelen malinterpretar, por inseguridad más que otra cosa, las fantasías de los hombres. Existe un espacio sagrado y personal, donde estamos solos y podemos calentarnos con lo que se nos ocurra: eso son las fantasías. El porno viene a ser la proyección mental de dichas fantasías. Necesitamos ese espacio imaginativo, donde pueda suceder cualquier cosa. Es la válvula de escape de la mente. Es lo que nos puede mantener fieles si es que decidimos comprometernos con alguien.

No es fácil la monogamia, y ni siquiera me consta que vengamos de fábrica equipados para hacerlo bien (somos excelentes en comer, cagar y construir edificios, pero en ser fieles, puta la weá). Quien opte por ese camino, definitivamente va a necesitar tiraje para la chimenea, porque en algún espacio, sea real o virtual, necesitamos ser unas bestias poligámicas de mierda. Las fantasías suplen eso.

Estimada lectora: A menos que su lolito tenga problemas diferenciando la realidad de la fantasía, déjelo tranquilo con sus fantasías. No lo brujee para saber si se sigue corriendo la paja ahora que están pololeando, o si se quedó fantaseando con ese culo que acaba de ver pasar, o si tiene sueños eróticos con alguna ex. Córtela.

Sacar Ideas

Desde luego, el porno es el lugar número 1 para sacar ideas sexuales. Pero en general, los hombres somos tímidos a la hora de proponer fantasías (salvo que hayamos sido educados sexualmente por alguna mina bien loquita). Podemos tener el repertorio entero de disfraces y dirty talk en la mente, pero sólo nos sentiremos cómodos como para mostrarlo si la mujer nos da pie a hacerlo.

En este ámbito las minas parecen estar un poco polarizadas. Están las que se espantan con cualquier cosa que no sea el good ol’ mete-y-saca (incluso la idea de depilarse, carajo), y están las curadas de espanto, a las que follar en el helipuerto de la Posta disfrazada de garota en carnaval les parece cuento viejo.

Los hombres vemos más porno que las mujeres, en el porno hacen cosas más raras, por ende, probablemente tenemos más repertorios raros para ejecutar. Acá vuelve a jugar el tema de la intimidad: nadie quiere espantar a una mina en la cama, sea por muy fome o por muy desquiciado. Necesitamos entender cuáles son los límites de la lola en cuestión, tanto físicos como mentales. Eso se logra con confianza y comunicación mutuas (sorry, apagando nuevamente el modo Pilar Sordo).

Acá sí, lolita, pregunte (sin ponerse jugosa, claro), sugiera, proponga. Por muchas ideas que nos pueda dar, el porno tampoco nos ha enseñado como protagonizar nuestra propia porno, así que creo que eso requiere trabajo en equipo.

Shao. El tema da para mucho, pero los leo a ustedes.


Ah, el porno. Esa rama de la cultura humana, tan hegemónicamente masculina (Sí, existe porno para mujeres. Sí, probablemente algunas de ustedes, metiches lectoras, ven porno. Sí, son atrevidas e innovadoras, lo sabemos. Sí, también existen hombres que se hacen visos en el pelo. Pero ninguno de esos facts es la regla, sino la excepción).

El porno. Eso que, de adolescentes, negábamos ver en presencia de nuestras compañeritas por miedo a ser tildados de pajeros o califas, sólo para luego irnos a correr la paja a la casa, mezclando los recuerdos de esas mismas compañeritas con el porno habitual.

¿Qué hace tan mayoritariamente masculino al porno? Somos seres muy visuales para calentarnos. Somos relativamente obvios en nuestras preferencias eróticas. Mientras a una mina le interesa – y excita – el “cuento” detrás de un tipo, a nosotros nos excita la imagen de nosotros mismos detrás de una tipa. El culto al cuerpo femenino es preferencia masculina. El maquillaje femenino es preferencia masculina. Las operaciones de tetas son preferencia masculina.

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Este título, a lo menos, puede sonarle a contrasentido a usté, lector, que está acostumbrado a nuestras diatribas en torno a la dignidad de género masculina, y a esos deliciosos tips sobre cómo evitar que Ud. sea tratado como un mono de plasticina en manos femeninas.

Pero pongámonos finos desde ya: fíjese que digo “Sepa ceder” y no “Ceda” a la manipulación femenina. Es un arte hacerlo y no salir dañado en el intento. Pero créame, vale la pena y le traerá beneficios.

Antes de que su viril ira lo haga borrar permanentemente FAQWomen de su lista de lecturas diarias semanales mensuales, permítame explicarle…


Amiguitas, amiguitas, amiguitas:

  • Lo aquí expresado es una manifestación de nuestras preferencias y gustos como hombres.
  • ¿Encuentran que son predecibles? No hay problema. Si alguno de nosotros empieza a desarrollar una súbita excitación hacia las bailarinas de tap vestidas a la usanza maorí y embadurnadas con una mezcla de aceite de motor y crema Lechuga, seguro que lo incluiremos en nuestros fetiches.
  • ¿Encuentran que obedecen a maña o que son demasiado exigentes? No hay problema. Como saben, un fact de la vida es que no importa si tu apariencia es una cruza del Capitán Cavernícola con Jabba, porque siempre habrá alguien dispuesto a acostarse contigo, pololear contigo o casarse contigo. Alcanza para todas. Disclaimer: No entraré en detalles, pero usualmente las personas que prefieren o toleran una cosa suelen comportarse tal como aquello que prefieren o toleran.
  • ¿Los encuentran inflexibles? Pues podemos entrar a distinguir entre “exigencia y preferencia”. Es la diferencia entre el nice-to-have y el must-have. Y siempre habrá alguien para quien una exigencia no será tal. Por ejemplo, la exigencia de depilarse el bigote no correrá para alguien con fetiches relacionados con drag kings o Pancho Villa.
  • ¿Están chatas de la cultura que esclaviza a las mujeres al cuidado de su imagen? Viene siendo así hace miles de años (se sabe, por ejemplo, que ya los romanos andaban pensando en tinturas para el pelo). Está anclado en nuestras preferencias biológicas y evolucionarias. Otra cosa es que recién nos estemos viniendo a dar cuenta. De todas maneras, existe un lugar donde tales exigencias no corren: en los países fundamentalistas musulmanes. O como dice este otro comentario, uno puede darse la libertad de descuidarse y oler mal si es que no planea atraer a nadie.
  • Las féminas tienen sus propias exigencias para con nosotros. Obviamente no nos vamos a hacer cargo acá de dichas exigencias (este blog es sobre las minas), pero un ejemplo muy ilustrativo y útil es este comentario. Y por supuesto, es justo entregar el equivalente a aquello que está siendo exigido. De hecho, vuelvo al disclaimer: usualmente uno se comporta a la altura de aquello que exige.

Shao.


  • Hay cosas que uno puede tolerar en una mujer (por ejemplo, que la polola no se depile en invierno), pero a las que nunca se acostumbrará.
  • No todo el que se acerca a hablarte en la calle es un encuestador o un violador.
  • Si te pones falda, te vamos a mirar las piernas. Dalo por hecho.
  • Si te pones pantalón apretado, te vamos a mirar el culo. Dalo por hecho.
  • Si te pones escote, te vamos a mirar las tetas. Dalo por hecho.
  • Si no te pones ni falda ni pantalón apretado ni escote, algo buscaremos para mirarte.
  • No importa lo fea que seas, siempre habrá alguien dispuesto a acostarse contigo. Siempre.
  • Si gustas de ventilar detalles de tus hazañas sexuales en público, probablemente seas poco agraciada (y no te queda otra que alumbrarte como experta).
  • No importa lo tonta que seas, siempre habrá uno más baboso que tú a quien puedas controlar.
  • Irónicamente, dichos babosos suelen ser sumamente inteligentes.
  • Cuando dices “todos los hombres son iguales” apestas un poquito, pero hay algo que apesta mucho más: el baboso que sale a contestarte “no es cierto, te falta conocer más hombres, por ejemplo yo”.
  • Si eres cariñosa con un amigo más allá de los abrazos compadrescos, no te extrañes si se te tira después. SOMOS así.
  • Respecto a las preguntas: “¿Me veo linda/fea/gorda/rara?” o “¿Sales con más minas?” o “¿Sigues hablando con alguna mina que te hayas agarrado?” hay dos opciones: 1) te paramos en seco porque entendemos que nos quieres cagar con la respuesta, y nos carga, o 2) nos complicamos con la respuesta sin más análisis, y nos carga.
  • Entre follar y “discutir cosas importantes para la pareja”, adivina cuál gana para nosotros.
  • Puede que nos guste la pesada, pero para acostarnos elegimos a la simpática. A menos que la pesada esté más buena. Y si es que además nos la suelta.
  • <insert your fact in the comments>

Abre comillas:

“Te adoraba hasta que te volviste real. Demasiado real. A la distancia, a 64×64 px, me volvías loca. Tal vez sea la música que estoy oyendo o el vino que acabo de dar vuelta sobre el notebook (yquemepególabarraespaciadora), pero de pronto me acaba de bajar un miedo horrible a que tengas olor, a que tengas carne, a que tengas pico.

Te prefiero pixelado, digital. La pantalla es plana, fría, lisa, límpida: son fosforitos de luz, se prenden y apagan, nada permanece. Me gustaba cuando podía apagarte. Me gustabas cuando eras irreal, cuando no conocía de ti más que tres frases. Ahora que te conozco más, empiezan a abrirse las posibilidades; partiendo por la posibilidad de que se abran mis piernas, de que me mojes, de que nos emborrachemos, de que terminemos culiando, de que me embaraces, o peor, mucho peor que eso, que algún día, tal vez, quizás, me enamore de ti.

Compartimos música, intentaste que oyésemos las mismas canciones, y la verdad, te prefería en Arial tamaño 12. Te prefería con esa foto de celular con los colores arreglados para que se vea estilosa. Prefería mostrarte mi perfil de Facebook, mi mejor lado, con mi muro lleno de jotes. Prefería mostrarte mi sonrisa rosada en Comic Sans, mis emoticones tan coquetos, pero de pronto te volviste demasiado real.

No quiero imaginarte en pijama, haciendo desayuno, rascándote la frente.

Ya no era cosa de resolverte en un par de nicks, poniéndome No Conectada, mirando la ventana de MSN cada 5 minutos para ver si seguías ahí. Ahora estabas cerca, a un pasaje de distancia. O tú o yo habríamos tenido que movernos, y ya sabemos qué sucede cuando eso sucede. Me habría visto obligada a olerte. Y ya sabemos que nunca se sabe lo que sucede cuando dos personas se huelen.”

Cierre de comillas.


De la vida real:

Varón: Oye bueno, un gusto en conocerte, cuéntame, ¿a qué te dedicas?
Dama: ¿Yo? Bueno, te diré que estoy a punto de egresar de la escuela de Carabineros.
Varón: ¡Hey, pero mira tú que cosa más interesante! (tras una breve pausa) Oye y… ¿en algún momento eres policía sexy? (guiño, sonrisita lateral y todos los demás meta-mensajes que expresan “esto es una tallita”)
Dama: (levantando una ceja) ¿Policía sexy? ¿Cómo sería eso, perdón?
Varón: No sé, imagínate que te toca llevarte en cana a un ladronzuelo que está bastante tincudo… ¿lo registrarías en privado con algún cariñito extra? (guiño, sonrisita lateral, etc)
Dama: (seria) No entiendo eso. El trabajo de policía es UNO SOLO y debe ser profesional y acorde a la ética de la institución.
Varón: ¬¬

Ok, no conozco a nadie que no se ría ABSOLUTAMENTE de nada. Todos nos reímos de algo, supongo que Margaret Thatcher también, aunque me cuesta imaginarlo. El tema es que el sentido del humor es el predictor número 1 de química, en especial en una pareja.

O sea, si no te ríes de las mismas cosas con tu mina, estás absolutamente cagado. Y tienes más posibilidades de estarlo si es que tu mina es una amargada que sólo se ríe con las tallas crueles, irónicas, agresivas o increíblemente inteligentes. No wevees, no todos podemos ser Jerry Seinfeld, y tampoco podemos serlo todo el tiempo (porque yo al menos tengo mis momentos).

Falta de sentido del humor, por ejemplo, es no reírse con los chistes deliberadamente fomes. Sí, es un muy buen truco para descubrirlo. Quien tira un chiste fome a propósito es porque sencillamente tiene ganas de reírse y ve el humor donde podría no haberlo. Sí, te ríes de lo fome o estúpido que es, pero te ríes. Y alguien que frente a ese chiste fome pone cara de que acaba de oler un peo en el metro, refleja maña en el humor. Onda “sorry, pero me río de los chistes de cuatro estrellitas para arriba”.

Y maña en el humor, ya tu sae: maña en la cama. De cuatro estrellitas para arriba, sorry.

También es falta de sentido del humor el no poder reírse de uno mismo o tomarse menos en serio. Alguien que se ofende y se taima fácilmente con un par de columpiadas es un dealbreaker, porque lo que podría derivar en química, complicidad y tensión sexual termina derivando en taimadura, caras de poto o discusiones pajeras. Acá, por ejemplo, tenemos a la típica mina que al menor atisbo de humor machista, salta a discursear sobre la desigualdad, que la discriminación y la cacha de la espada.

Asimismo es falta de sentido del humor el no saber seguir el juego, como el diálogo que abre este post. Que si se te ocurre adoptar un personaje o una talla interna entre ambos, que ella te siga y aporte a la historia. Que la performance sea de ambos. Yo que soy medio payaso a ratos pa mis weás, prefiero el público para los auditorios: de pareja prefiero tener a una colega payasa.

Y por último, el humor absurdo, que es el último escalón del sentido del humor. Quién se ríe o quien inventa humor absurdo, merece mis respetos, un galvano y una camionada gratis de Té Samba por un año.

Shao :D