Dan pie para muchos chistes, muchos mitos o temas de conversación: que se meten en la relación, que se parecen a doña Tremebunda, que compiten con su consuegra de que quien hace la cazuela más rica, etc. Porque siempre todo tiene que ver con la mamá (tuya o de ella):

  • que acaso no te enseñó tu mamá a comportarse en la mesa;
  • que es ella tu primer pilar emocional, a quien le debes la vida;
  • que para ellas es quien estuvo ahí en su primera regla, que les explicó como los hombres son malos la primera vez que la patearon o un patán pijacorta la hizo sufrir…

…por esto y muchas cosas más le dedico estas líneas a LA SUEGRA.

La verdad, el tema de la familia de ella no es tema para los hombres.  Por lo general o encajamos en cualquier ambiente —aunque estemos incómodos—, o somos cero aporte — y aún así te bancaste el estar ahí— pero estamos bien otra vez cuando podamos volver con nuestros amigotes para tirarnos flatos y tomar cervezas.

Tú sabes (o crees saber) que entre madre e hija siempre hay una conexión especial, ya sea porque se cuentan las cosas importantes, o porque la madre nunca está de acuerdo con las conquistas de su hija (“siempre lleva puros pelmazos“), o porque te pillaron en aquella acrobacia sexual, o sencillamente porque caiste mal. En definitiva, siempre importa en  la relación, en mayor o menor grado; sabemos que esto es un matriarcado, y como tal ella es la dueña y señora del hogar familiar y sabe perfectamente, además, que es lo mejor para su núcleo familiar.

Sea como sea, la señora siempre va a tener opinión, sea que te la exprese en la cara, o que le diga constatemente a tu pareja cosas sobre ti; o sencillamente te tira esas miradas incómodas a la hora del tecito o la comida familiar. Y aunque tu pareja no la vea nunca, siempre tendrás a la sombra la figura acechante de la Matriarca.

Así, creo que te puedes topar con diferentes tipos de Suegritas.

Está esa que te quiere y consiente porque tú pareces ser el “yerno ideal”; le preguntan a tu pareja “¿cuándo a va a venir a tomar onces Pepito? mire que le voy a preparar panqueques que a él le gustan tanto”. Esas suegras son la raja. Te atienden como casi un hijo más, y como tal, te hacen parte de la casa y, por ende, hay que estar a la altura de las circunstancias y (como me dijo una a mí conociéndome recién) todos los monos bailan.

Así que apréstate a lavar la loza, ordenar y respetar las normas que te impongan, porque al final estás en su casa, su terreno. Si lo haces todo bien te ganaste hartos puntos; podrás llevarte a la lola de vacaciones, de carrete o donde quieras, hasta te pueden prestar el auto; todo esto sin la mirada de reproche que parece decir “¿quéee le va a hacer a mi niñita este cojonudoooo?”. Dicha mirada tal vez te la lanza el suegro, pero como esta suegra te quiere, te prestará ropa.

También está esa suegra que no te quiere ver ni en pintura, ya sea porque te vistes raro, porque —según ella— tu vida no va pa ningún lado y no eres opción de estabilidad para su niñita, porque no saludaste apropiadamente cuando llegaste, por arga o por manga no le gustas. Pero nunca te lo dice; siempre que llegas en buena onda se crea un ambiente tenso, te saluda fríamente (porque es una dama) y ésa sería toda la interacción con ella.

Pero en privado, te descuera con el suegro, le da consejos a su hija para que tenga ojo contigo, pone trabas cuando tienes planeado salir con su hija y darle como tambor apache una bella velada a la luz de las velas. Para que no sea tan tedioso estar con ella, no creo que debas ser monedita de oro; solamente sé como eres y filo, quizás jamás le haga cambiar su opinión de ti, pero si eres un buen chato, al final te lo reconocerá.

Y también está esa que te lo dice todo en la cara, que no disimula el descontento con que tú seas quien le quite al aliento (de más de una forma) a su hijita. Yo conocí a una que le ponía apodos a todos los pretendientes de su hija (menos mal que “guatón culiao” ya estaba tomado cuando yo anduve por esos lados). Ahí no tienes mucho que hacer; ser no más, educadito, piolita y demostrar cuánto sí te enseñó tu mamá a ser gente.

En cuentas generales, insisto, no creo que sea tema para muchos el qué dirán en la familia de ella; pero si tienes una relación de tiempo, tarde a temprano tendrás que ir a esa comida familiar, a esa invitación a tomar onces a su casa, o la terminarás viendo igual, cuando firmen los papeles de matricidio matrimonio y ella te esté mirando fijo.

Esa es mi humirde opinión.

Más de alguna vez los hombres hemos sido vapuleados con la típica frase cliché: ¡Todos los hombres son iguales! La verdad es también todos sabemos que por definición no existe persona igual a otra; entonces me puse a reflexionar qué tan de cierto hay en aquello, qué tan de falso.

Evitándonos todas las pajas mentales explicaciones sobre que el ADN, que las condiciones predeterminadas, etc; veamos los factores ambientales (como diría un amigo científico); porque es ahí donde nos diferenciamos. Ahora, no quiero referirme a mis congéneres, sino que a la contraparte: las mujeres.

Siendo muy justo, no hay mujer igual a otra… todas tienen sus gustos, preferencias, formas de ver la vida, de cagarle la vida de alguna forma a su hombre de querer. Pasa por la familia, lo vivido, lo visto, lo leído, etc. Pero existe un montón de cosas que hacen tender hacia una misma conducta.

Cuando nosotros los hombres decimos y decidimos que ESA mujer se distingue de las demás y es por eso que la queremos y amamos más que a otra; es cuando, en una jugada maestra de ellas, caen en algún accionar que nos hace decir o pensar: …(pausa reflexiva y quizás un suspiro) uff, minas…

A veces son pequeñas cosas: puedes ver Rápido y Furioso con ella, no sólo la tolera sino que incluso te hace el comentario sobre lo bakán del auto. Eso te hace creer que puedes ver Más Rápido y Más Furioso sin chistar, pero no… en algún momento te va a hacer ver la historia de un par de ancianos que se amaron por toda la vida; o te va a permitir que salgas a emborracharte, comentar el tamaño de las tetas de esa mina compartir con tus amigos.

Sin embargo, en algún momento te obligará a ir al cumpleaños de su primo segundo que ella únicamente recuerda por fotos (imaginate cuanto te importa conocerlo a ti), pero lo quiere mucho, ya que le enseñó a contar hasta 4.

Cada vez que conozco a una mujer (ya sea que conozca más a una antigua amiga, o una persona que no había participado en mi vida) noto que hay rasgos característicos que afloran y que son transversales al género, SIEMPRE aparecen, tarde o temprano; por mucho que ella te guste porque no tiene ese rasgo… recuerda… sí lo tiene.

¿Y de dónde viene eso? ¿Se traspasan la “infección” yendo al baño juntas? ¿Es una especie de envenamiento por largas exposiciones a las sombrillas en los tragos de mina? No, lo aprenden. Lo conversan, lo analizan, lo asimilan como si siempre lo supieran (un amigo me comentaba que con la evolución uno tiene no un cerebro, sino muchos que son lo de nuestros ancestros, quizas aquí pasa así).

Todo empieza con el baboso del príncipe azul, que recorre medio mundo peleando con dragones y monstruos para despertar de un beso a una mina… ¡o sea, qué onda! eres un príncipe, seguro que hay montones de minas despiertas que te quitarán tu condicion de azul. No, pero el weón va por la que esta encerrada en un castillo con espinas hasta el cogote, y con un dragón custodio.

Si las minas crecen con eso obvio que algo de eso querrán a la hora de los quihubos. O ver que una mina tiene en vilo a un “hombre-lobo” y a un “vampiro” y que se los caga a los dos, mientras decide quien es el más machón. Se entrenan, de verdad que se entrenan. Eso es algo que hay que aplaudir: millones de historia, canciones, peliculas, poemas, imágenes que apuntan a que las mujeres funcionan como las abejas, todas acompasadas al son de buscar la miel, a veces hay conflictos entre reinas de distintas colmenas, pero siempre terminan haciendo lo mismo.

Si lo pienso así, es natural que tu mamá te espante algunas minas, porque ella, antes de ser tu madre, es mujer y también participa en esa mente de colmena, de esas enseñanzas aprendidas y aprehendidas por miles de años, y lo peor de todo es que podemos criticar, pueden hacer protestas para que me quiten de este espacio en la web, pero siempre las vamos a querer… que (in)justa es la vida.

Sé que suena medio violento el título, pero la culpa no es mía: es de la que escribió el libro Por Qué Los Hombres Aman a las Cabronas. Para los que sólo les gusta leerse la contratapa de los libros, les cuento que es un compendio de consejos e insights acerca cómo una mujer puede obtener no sólo el respeto de un hombre, sino su absoluta sumisión. Algo así como un manual PUA, pero invertido y con olor a Cosmo.

Están los típicos consejos del tipo “hazlo esperar en msn“, “no estés siempre lista para contestarle el teléfono“, “hazte la difícil y el te perseguirá“, “compórtate como si fueses el trofeo“, etc. También, de fondo, está la constante premisa de “no seas demasiado buena, no entregues tanto, deja que sea él quien se enganche primero”. Algunos de estos consejos efectivamente contrarrestan esos comportamientos babosos que, para ser honestos, yo los veo hoy en día más en los hombres que en las mujeres.

En fin, un buen manual para minas weonas, de esas arrastradas y que se las pasan cagando (yo no conozco muchas, pero de que las hay, las hay).

Pero hay algunas mujeres (sé de casos concretos) a las que este cuentito de sentirse cabronas se les va a la cabeza, y de pronto tienes a una especie de Kill Bill, que creyéndose la zorra, van de aquí para allá trapeando el piso con cuanto weón se les cruza por delante. Y entre las múltiples cabezas que cortan siempre habrá un par pertenecientes a tipos como la gente.

Esto es pa decir lo siguiente: Cabroncita, en primer lugar, no se nos suba por el chorro. Que le resulte lo de escobillar su wáter con dos, tres, diez, veinte pelmazos no quita que, en definitiva, se trate sólo de pelmazos. Quizá usté ya lo sabe y se busca pelmazos deliberadamente, porque sabe que un tipo con un mínimo de autoestima y con un mínimo de experiencia en maracas no le va a aguantar, o la va a mandar a la chucha.

Porque una mina que siempre anda haciendo tiempo pa verte, que siempre te tiene en último lugar de sus prioridades, que pone unilateralmente sus condiciones pa que la relación funcione, y que en definitiva, se siente dueña del sistema de premios y castigos, está destinada a quedarse con pelmazos, porque nadie más la va a soportar.

Y andar por la vida con afán vengativo no es precisamente la mejor manera de encontrar una relación. Andar compitiendo contra el sexo opuesto tampoco lo es. Ahí hay tranca. Si alguien la cagó (sea su padre, su pololo, su marido o quien sea), eso se arregla con el culpable. Asumir que la culpa es compartida por cualquier ser con tula es como no comer más manzanas porque te salió una podrida.

Relaje la vena, o se va a quedar botá.

Shao.

Con esto me voy a echar a varias lectoras encima :)

Disclaimer: Este post vendría a describir a la versión femenina del misógino, que, como usté sabe, no tiene una palabra equivalente para el sexo opuesto. Y no, “misántropa” no sirve.

Una mujer feminista extrema es sumamente matapasiones. Aparte de ser criticonas y lateras, se pisan la cola con su intento de ser iguales a los hombres (meen paradas sin usar el cono mágico y después hablamos). Por cierto, una feminista de las de verdad no es feminista porque sí, y he ahí lo que las vuelve matapasiones. Generalmente poseen una o varias de las siguientes características:

  • Les va como el orto con los hombres. El que está forrado en plata no se anda quejando contra el capitalismo (salvo, claro, que eso le reporte aún más plata).
  • Les va bien, pero se las han cagado hasta por las orejas. No se han detenido a pensar de que el buscarse un saco de weas tras otro tal vez sea un problema de sesgo de ellas, y piensan que la raza masculina entera es un gran conjunto de peleles.
  • Tienen problemas pendientes con su padre. Tanto odio hacia los hombres muchas veces proviene de atados con la figura del Hombre por excelencia: el papá. No ahondaré más porque no es un tema para wevear.
  • Están poco conectadas con su femineidad. Aunque sea irónico, sí. Una feminista intenta equipararse con el hombre en atributos que son más bien masculinos, como la competencia, la agresividad o la dominancia, porque le faltan atributos más femeninos como la ternura, la sensualidad y la emocionalidad. Que se entienda bien: ambos sexos mezclamos atributos de ambos lados, pero hay una proporción para todo.
  • Les falta pico. Sorry, es la pura verdad. Pregúntenle a una mujer satisfecha.

Meet the Feminista Extrema

Bueh. Identifique a su feminista más cercana y aprenda a distinguirla de una mina normal, pero quejona o de una mina que sencillamente valora mucho a su género:

  • Tiene fundamentos elaborados para despreciar a los hombres. Las que uno suele ver despotricando en Facebook: “Hombres, son todos iguales! unos weas!” es una mina a la que se la acaban de cagar, nada más. Una feminista te hablará tranquila y te citará un par de autores autoras.
  • Se produce poco. Tal como lo comentamos alguna vez de las que se las dan de independientes, una mujer que cuida su aspecto más allá de la higiene básica (x ej., pasarse una peineta) está interesada en atraer a un hombre, sin importar cuánto se queje de lo contrario.
  • Gusta de aconsejar a las mujeres que “se cuiden de los hombres”. En general. Porque todos sabemos que saquitos de weas tenemos para uno y otro sexo, pero otra cosa muy distinta es identificar a un género completo como peligroso. Eso se llama fobia. ¿Cómo distinguir? Vea si alguna vez habla bien de un tipo de hombre que no sea gay.
  • Se las da de que no necesita hombres. Cosa ya cubierta en el post ya citado. Algunas pachamámicas también caen en este saco. Las que salen a carretear “only girls” o las que hacen club de Lulú de cuando en cuando, no, no lo son.
  • Te acusará de machista si osas contradecirla. Y en general, ven machismo y “objetivización de la mujer” en todas partes. Y les encanta pelear acerca de eso.
  • Suelen carecer de ternura o adorabilidad. Que es una de las mejores cosas del sexo femenino.

En realidad me da un poco de paja discutir los argumentos del feminismo, no es la idea de este post tampoco. De hecho, le aconsejo: no caiga en pelear con una de ellas (y esto aplica en general con una defensora de cualquier “ismo”). No le siga el juego. Vaya a buscarse una mujer que sí sepa tratarlo y que no lo odie secretamente por ser hombre. No le costará mucho encontrar.

Shao.