Iguols

A riesgo de provocar la ira de Camilo, quiero utilizar este espacio para hablar en nombre de aquellas que no pueden hablar por si mismas. Me refiero, claramente, a las pechugas chicas. (N. del A. Entiéndase el término pechuga como commodity para  teta, pecho, mama, callaguagua y otros)

Mientras que las pechugas grandes se defienden solas, cada vez somos menos (al menos en mi círculo de amigos bazzongafílicos) los que le encontramos la gracia a un formato más petite. Pero a diferencia de este artículo, nunca diría que las grandes son inmanejables, ni me importa que a los 40 bajen hasta las rodillas. Amo las pechugas grandes y a las mujeres que las comparten con el mundo. En verdad, creo que el tamaño no es importante, siempre que, cuando las mire, me miren de vuelta.

Así que este pequeño artículo, más que una defensa última de las tetas chicas (démosle, por una vez, su street name), es un llamado de atención para sus portadoras.

Señorita, si usted no salió favorecida en el reparto de pechonalidad, juegue igual. Destaque sus otros atributos y arriésguese con pintas más atrevidas. Pueden rockear unos looks que mujeres con más busto no se atreven a utilizar muchas veces, por miedo a que el scotch doble faz falle y una de las gemelas salga a saludar.

Aprovechen que nuestra natural curiosidad masculina nos hace escanearlas en 360 grados buscándoles la gracia, para lucir sus puntos fuertes. Es la ventaja frente a la obviedad de las pechugas XL, donde uno invariablemente se queda pegado contemplando la inmensidad del escote, sea furtivamente (furtivamente para nosotros, se entiende) o parados con la boca abierta.

Esos son mis dos centavos sobre el tema. Espero que sirva para que todos seamos más felices.

¿Ustedes, estimados lectores, como las prefieren?

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