Si hay un rasgo psicológico que hace atractivas a las mujeres, es el misterio. Acompañado de su hermana chica, la discreción. El “no sé qué“, ¿de dónde cree usted que viene? “No siempre todas las cartas sobre la mesa” me recomendaba hace un rato una amiga. Cuando el “no se qué” pasa a ser “ya sé qué“, es fome.
Este post va dedicado a las minas alumbradas. Como buen chilenismo, “alumbrado” es un término súper ambiguo, y podríamos decir que describe dos actitudes: 1) una persona sobreexpuesta, que ventila demasiado sus pensamientos o actividades privadas (en cuanto a presas, no tenemos nada de qué quejarnos), y 2) una persona demasiado explícita para jactarse de algo.
Vamos primero con las alumbradas sobreexpuestas. Es fácil detectarlas: publican o tuitean cada variación de su estado de ánimo (“estoy cansada”, “ocupada”, “aburrida”, “triste”, “con la regla”, etc.), que aderezan con carnadas específicamente dirigidas al público masculino (“quiero un masaje”, “quiero un regaloneo”, “con ganas de dar besos”, “hoy salgo a ponciar! yupi!”).
La sobreexpuesta sabe que con esto tendrá mucha atención del público masculino. Nosotros, no sé porqué chucha, somos porfiadamente idiotas en creer que cada una de estas manifestaciones va dirigida personalmente a nosotros. La lola pregunta “Y tú qué opinas?” y el weoncito dale con sentirse identificado y responder, sin importar que otros 26 hayan respondido antes pensando lo mismo.
El problema, señorita sobreexpuesta, es que atraerá la atención de todo el mundo, menos de sus potenciales parejas. Porque la weá espanta. Espanta verse emparejado con una mina que, mientras tanto, sigue pidiendo masajitos y besitos al orbe (como dando a entender que los tuyos no bastan). Espanta estar interesado en una mina y verla proclamar después de un carrete donde NO salió contigo, “ufff… increíble lo de anoche… menos mal que me tomé la pastilla, jaja“.
Quizá la sobreexpuesta sabe esto, y en verdad se alumbra harto para tenerlos a todos babosos y no tener a nadie demasiado cerca. Tal vez es narcisista o ególatra, o es una insegura que necesita sentirse importante hasta para tirarse peos. En una de esas sólo está jugando y disfrutando mientras está soltera. Pero a cualquiera interesado en una mina para algo más que follársela por la noche, espanta. Tenedlo en cuenta.
Luego vienen las jactanciosas, y éstas me dan risa. Usualmente se alumbran con que son buenas para la cacha, o unas party girls incansables y energéticas, o unas sofisticadas exóticas que encuentran flaite hasta a Brad Pitt. Quizá buscan que les tengamos miedo: miedo a no rendir tanto en la cama como ellas, miedo a no ser tan gozadores como ellas, miedo a no poder seguirles el paso en la fiesta, miedo a no saber degustar la sinfonía de jamón serrano con praliné y duraznos a la menta jengibrada.
Ojo, éstas suelen no ser las conocidas como “maracas”. Como bien apuntaba otra amiga, “a la maraca le va bien. Si tiene tiempo para alumbrar, es porque está sola“.
Éstas son las que en los carretes, con sus amigas, se les escucha al pasar cosas como “ufff, pero ya weona, de anoche mejor ni hablemos, te acordai? jajaja“, o “puta que me he comido weones ricos últimamente“, o las que online alumbran con “ufff lo pasé tan rico comimos tan rico cierto? 1313” o “próximo fin de semana only girls party, vamos a dejar la cagá jajaja”
El punto es que el fiasco suele ser grande. Puede que sí le guste la cacha, pero no sepa ni dar un beso bien (ej.: se dedican a morder), o ponga cara de asco para hacer sexo oral. O quizá sí sea incansablemente fiestera, pero si no le tienes el equivalente a un Wild On cada finde, se te aburre y pone cara de taimada. O tal vez sí sea sofisticada y tenga muy buen gusto, pero si la sacas del bistró o del bar ondero, o si le apagas la película constructivista rusa, no sepa qué hacer con un tipo a solas.
Incluso, concedámoslo, quizá sí son aquello que proclaman. Pero el hecho de alumbrarlo tanto te deja un gusto raro. Quizá es la falta de misterio, quizá es la sospecha de que en realidad estamos frente a gente poco interesante. Comer, carretear y follar rico no es TAN exclusivo como para alumbrarlo tanto o para fotografiarlo en Instagram como si fuera un perro verde. A mí siempre me matará más el misterio y la discreción.
Ir conociéndose de a poquito, enterarte de las weás porque te las contó ella y no porque lo leíste en Facebook, y guardar algo de privilegio informativo. Saber que lo que conoces de ella no es lo mismo que sabe el resto del ciberespacio. Y dejar que las cosas se demuestren con hechos, guardar espacio para la sorpresa.
Además que, si llegas a terminar una relación con una mina discreta, no vas a ver tu nombre y referencias a tus partes pudendas esparcidas por todo Internet.
Shao.
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