Después de una pausa necesaria, seguimos con la cuenta de las (7) verdades sobre el amor y todas esas cosas que se esconden en la película que le da el título al post. Como siempre, con los comentarios del artista antes conocido como Richi. Este viene por partida doble.

It’s official. I’m in love with Summer. I love her smile. I love her hair. I love her knees. I love how she licks her lips before she talks. I love her heart-shaped birthmark on her neck. I love it when she sleeps.

Tom Hansen

I hate her crooked teeth. I hate her 1960s haircut. I hate her knobby knees. I hate her cockroach-shaped splotch on her neck. I hate the way she smacks her lips before she talks. I hate the way she sounds when she laughs.

Tom Hansen

Todos hemos estado ahí. En la burbuja, arriba de la nubes. Basta que todo ande bien con nuestra princesita bonita pichiruchi media naranja, para que estemos felices aunque nos quedemos sin pega, nos vaya mal en la universidad o cualquier otra cosa.

Pero a veces llega un día negro en el que te entregan el sobre azul (probablemente porque nuestra media naranja no está ni ahí con tener una relación con un cesante/porro que cree que todo está bien) y la vida se te desarma.

Te sientes traicionado. Y como en cualquier caso de traición, tiras a matar. Así como antes tenías un (l) o una (f) en tu nick de messenger, ahora la odias y quieres que todo el mundo lo sepa. A veces, de manera pasivo-agresiva (carretear hasta morir para demostrar que no te afecta, hacer comentarios oscuros pero alusivos al tema, etc.), y, por qué no, de manera un poco más proactiva (llamando a las dos de la mañana para decirle que es una maraca de mierda mujer de malos sentimientos). A riesgo de sonar a libro de autoayuda, quizá no es tan buena idea. Para variar, una historia de la vida real:

Juanito terminó con Juanita y se dedicó a tirarle mierda de manera sistemática. Mientras tanto, Pepita estaba ahí, apoyando, escuchando, esperando su oportunidad. La cosa es que cuando vió como Juanito tiraba mierda con un balde a Juanita, la pensó dos veces. No se iba  arriesgar a que, en caso de que no funcionara, Juanito hablara de ella de la misma manera en que hablaba de Juanita. Cuando a Juanito le empezaron a pasar cosas con Pepita, el daño ya estaba hecho.

Quizá es algo obvio y que todos ustedes ya lo sabían, pero a Juanito le costó entederlo. La cosa es que el consejo para la vida del día de hoy es que, a pesar de que odiar es una manera divertida (quizá la segunda más divertida) de superar a alguien, hay que hacerlo pa’ callao buscar mejores maneras de olvidar. Por nosotros mismos y por las que están (porque siempre están) a la banca, esperando su turno al bat.

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Héroe folklórico

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