En este antro-blog se ha analizado hasta el cansancio cómo Disney, los crueles productores de teleseries méxico-venezolanas y los directores hollywoodenses han atrofiado la parte del cerebro dedicada a la inteligencia emocional, y mientras —como dirían Los Prisioneros— no se invente una nueva forma paramar, estamos obligados a aprender ciertos patrones y una estructura lógica, que va contra nuestra propia naturaleza mamona. Aunque la piquemos a rudos.

Así fue cómo, en la ñoñez máxima, descubrí que todo puede extrapolarse a las leyes del mercado. Ellas rigen todo el universo, incluyendo cómo nos metemos en las braguitas de las chicas.

Asumamos que la vida es un gran salón de compraventas, donde están los vendedores (washitas carnúas) y cada uno de los calientes ávidos compradores, listos para gastar su presupuesto.  Obviamente las dos partes esperan lo mismo: tener un mayor beneficio con la transacción, es decir que te paguen lo más posible, o conseguir el mejor producto.  Ahí nace mi postulado number one:

Todos Somos un Producto

…más o menos atractivo, y dependiendo de eso, obtendremos un mejor trato (una pareja más acorde a nuestras expectativas).

Así las cosas (y retomando una metáfora de por ahí) existe una gran variedad de modelos, con distintas líneas, unos más vanguardistas que otros, con carácter, otros más conservadores, con motores de mayor o menor potencia, de distintos colores (a mí me gustan las morochas)… en fin, hay tanta variedad que seguramente puedes encontrar lo que gustes.

El problema, claro, es ver si puedes pagarlo…

En ningún caso quiero decir que las mujeres sólo se fijen en la billetera, o en este caso que tu capital lo constituya sólo el dinero que tienes; no señores, nuestro capital lo da una ecuación compleja entre:

  • La personalidad
  • La inteligencia
  • El caracho (en menor medida)
  • y obviamente, el éxito en lo que hacemos.

(Curiosamente, las mujeres de inteligencia superior, al contrario que los hombres, gozan de un menor éxito amoroso que las rubias no tan brillantes.)

La decisión para elegir no puede ser impulsiva, en especial cuando la “compra” se trata de establecer una relación importante. Por eso, más allá de las cotizaciones, uno suele cerrar sólo unos cuantos de estos negocios en su vida. Y ahí es donde viene la premisa 2:

Cada Oveja con su Pareja

La mayoría tenemos una especie de instinto para prever los precios del mercado, y sabemos a lo que podemos aspirar y a lo que no. Lamentablemente, nos han hecho creer que abundan los casos en que una mujer 10 puntos se fija en un hombre 4 puntos… eso, en la práctica, suele no ser así; si usté ve a una chiquilla regia estupenda, simpática, inteligente y buena en el ring de 4 perillas con un tipo más feo que el hijo de Adrián y Celia Cruz chupando limón, es porque debe existir algún otro factor que contrapese. Por ejemplo, tener (separe sus dedos índices cuanto le parezca suficiente) la MAANSA… billetera.

Y bueno: el error del vendedor a la hora de fijar el precio puede tener consecuencias nefastas, especialmente si a la lolita le da por fijar un precio mayor al del mercado. Esto termina, invariablemente, en la tía cincuentona fanática de los gatos. Y eso nos lleva a:

Cualquier Cliente Puede Cerrar un Trato, el Problema es Encontrar el Precio Adecuado

Lamentablemente “la industria” ha borrado en algunos este instinto, y se aventuran con las puras patas en un stand de Lamborghini tratando de negociar una rebaja enorme. La cantidad de miradas de desprecio, de “estoy bailando con una amiga” o de “uuuhh la raja tener un amigo como tú” que vienen como respuesta deberían llevar a la conclusión de que existen 2 caminos: o buscar algo más acorde al presupuesto, o conseguir más dinero.

A veces sale más a cuenta enchular el auto, siempre y cuando exista la materia prima… así es como las mujeres en un principio aceptan todos nuestros peítos, nuestros rollitos demás y hasta le parecerá de lo más gracioso que nos tomemos el jarrón de chela al seco,  pero de a poco empiezan a invitarte agradablemente a cambiar. Todos sabemos que eso no va a pasar, así que aprenda a aceptar su carcacha como está y no atente contra su naturaleza (un Charade con spoiler es un Charade igual). Y si no, búsquese algo que cumpla sus expectativas (sin olvidar los puntos 1y 2).

No Muestre Demasiado Interés

Un error común que se tiende a realizar en nuestros primeros negocios es demostrar demasiado interés en las tratativas: llamar mucho al vendedor, ponerse celoso si se negocia con otros compradores o espiarlas con binoculares con visón nocturna (¿quién no lo ha hecho, ah?)

Siempre aparenta que tienes más ofertas, y que la otra persona no te está haciendo un favor al estar contigo, sino que por el contrario: con esta relación la que sale ganando es ella.

No Sea Dramático Ni Desesperado

Seguramente han escuchado a más de alguien decir que tiene mala suerte en el amor, que le tocan puras agujeros negros, brujas, sicópatas y demases; yo sólo me pregunto ¿Será una buena forma de mercadeo criticar el gusto de los compradores, rogando por que te compren y recalcando lo mal que te ha ido en los negocios y que tienes muy mala suerte? Las limosnas alivian conciencias, no cambian vidas; siguiendo esas conductas sólo logrará una palmadita en la espalda y frases amables para hacerte sentir mejor.

Así que no ande llorando por los rincones porque le ha tocado sufrir más de la cuenta, porque no lo quiere ni su mamá, porque ni Santa Isabel lo conoce…
Instrúyase, culturícese, sea cordial, desarrolle un hobby, apréndase unos chistecitos y métase al gimnasio. Mejore en vez de echarse más para abajo.

La lastima no te comprará un Ferrari, y nadie te amará solamente porque le ames. Sólo subir tu capital hará que puedas optar al auto soñado.

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Deco: a punta de porrazos se formó este pastelazo. Talquino iñor y deportista de bajo rendimiento, cuando no está cuidando la huerta, lo puede pillar en Twitter.

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