Todos hemos estado ahí y nadie se sabe el camino. Simplemente llega ese momento en que no nos importa. Dicen que lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia, el odio no es más que una escala en el vuelo. Inevitablemente llega ese día en que ves a la persona que tienes al frente y ya no te importa lo que tiene que decirte, si son un montón de historias finamente hiladas, si son excusas perfectamente construidas, si son chistes más manoseados que las técnicas que repite cada noche, llega ese momento.
Es como una revelación, un eureka sin las consecuencias que suelen traer a la historia de la humanidad, sólo a la nuestra en toda su ligereza. No hay tics irritantes, hay cosas que hace. No hay palabras con malicia, hay cosas que dice. No hay una persona, hay un error pero que parecía buena idea en su momento. No hay que negar los buenos momentos, los malos tampoco, pero no es un pasado que atormenta, tampoco es uno más luminoso, es esa nube que se parece a todas las demás mientras el viento la empuja a un lugar donde ya no la puedes ver más.
Quién sabe si alguna vez la quisiste, ahora mismo todo eso se ve tan lejano, irreal incluso, como abrir los ojos después de haber apagado tele: quizás muchas cosas pasaron de verdad, pero ahora son un misterio que espermos sólo la noche sabrá.

Dicen que todas relaciones pasan por sus altos y bajos, es el medio lo que es realmente perturbador. Toda la idea de andar entre dos es lo fácil que es volver cada día promedio en un “esa vez que dijiste eso, estuvo buenísimo” o un “cuando nos pasó esto, fue otra volá”, sea lo que sea que termine rellenando esas frases, porque quizás sólo entre dos personas se puede hacer un ser humano decente que sepa aprovechar las horas que quedan. Todo esto dicho de manera metafórica claramente, las generaciones han ido degenerándose si alguien me pregunta. Pero si en algún momento deja de importarte, ¿a quién le importa? “El amor tiene el mal hábito de desaparecer de la noche a la mañana” cantaban los Beatles en el ’65, a un perro así de viejo no le vas a enseñar un truco nuevo.
A veces la haces para contarla después, a veces para contártela a ti mismo. Las mejores veces la sigues repitiendo hasta el cansancio con cada terremoto que se te mete en el cuerpo. Y esa historia que te das cuenta ni a ti te interesa, mejor ponerle luego el punto final y a la basura sin más, no es como que te gustaría que apareciera en tu antología.

Este post es muy andrógino, así que agárrenlo de donde quieran.

25 comentarios. Deja el tuyo»

Camilo Muñoz, aunque me dicen @elbuencamilo y también me dicen que me quede callado.

25 Comentarios: