Este post tiene su origen en la siguiente pregunta que nos hicieron al Formspring:

¿Qué es lo que provoca que una mina “suelta” (no maraca) pase a ser cartucha en una relación totalmente estable?

Sucede que existe algo que denominaremos el Síndrome de la Pecadora Arrepentida, el cual consiste en que una mina, otrora dedicada a la vida licenciosa y entregándole su flor a cuanta poronga se le pusiese enfrente, encuentra de repente a un tipo (lo llamaremos Special Guy), al cual ve como un alma pura y hermosa. La bondad y pureza del compadre lo sitúa en un lugar completamente aparte del resto de chanos con los que se metió. Él, además, parece ver todo lo bueno en ella, y despierta sus sentimientos más elevados. Definitivamente, piensa ella, es alguien que llegó a redimirme de ese errático y vacío juego de saltar de polla en polla.

Así pues, se termina enamorando del lolito, y dado que en el pasado le prestó la chochi a tanto weón X, desea hacer la diferencia con este ser tan prístino y especial. “No, con él no voy a ser como con los otros“, piensa. Se ponen a pololear y todo anda maravilloso, pero cada vez que se acercan al momento de los cuchi-cuchis, a ella le asaltan los resabios de tanta pinga anónima contra la cual se frotó.

Tiene tan asociado el sexo con esa entrega barata, que con Special Guy no quiere pasar por lo mismo. Se acuerda y le avergüenza. No quiere que él la vea en su faceta camboyana, coshina; no quiere que la vean manejándose en la situación, no quiere aparecer experimentada, no quiere que la pillen sabiéndoselas por libro. No logra ser como Madonna en Like a Virgin; quisiera que su performance sexual fuese tan inocente como el sentimiento que embarga su corazón, pero no puede.

Entonces se acobarda y no la suelta. Siente que así es más digna de esto que está sintiendo.

Desde la perspectiva de Special Guy, desde luego, todo es totalmente distinto.

Puta la weá, y JUSTO a mí no me la soltái!

Special Guy es un tipo normal y soltero, que quiere una casera divertida, con la cual se pueda pasar bien sin tantos rollos. Se encuentra con esta mina, y le saca prontamente la foto de poncia; pero al conocerla mejor, se da cuenta que ella, en realidad, bajo todo su weveo y ponceo, esconde un corazoncito ansioso de ser querido.

Entonces a Special Guy le baja la ternura y comienza a ser un buen tipo con ella. La valora, no la desecha, le deja en claro que no la quiere para puro follar. Después de todo, con una casera hay que mantener una cierta relación que va más allá del sexo anónimo. Ve que la mina se comienza a embalar, y dado que él ya le tomó cariño, le gusta mucho y no le molesta la idea de una relación, acaba pidiéndole pololeo. Piensa que la mezcla de sexo y amor puede ser aún más placentera para ambos.

PERO, apenas Special Guy comienza a escalar sexualmente hacia la mina, nota tensión y rechazo por parte de ella. La situación se repite una y otra vez. ¿Qué chucha?, se pregunta, con total justificación. ¿Por qué esta mina, tan caliente y tan loquita, se hace la weona JUSTO conmigo, si dice quererme tanto? ¿Será que no la caliento?

Y así, Special Guy termina sintiéndose estafado. Siente que le cambiaron al proyecto de polola sensual por una quinceañera asexuada que sólo piensa en mariposas y que no tiene la menor intención —y aparentemente, tampoco las ganas— de follárselo. Llega a pensar que es de este tipo de minas que sólo se la sueltan a un weón que las trata mal. Ser bueno con este tipo de minas, piensa, no da ningún resultado.

Antes de que Special Guy se chatee y patee a la mina (rompiéndole el corazón de paso), veamos si el Síndrome de la Pecadora Arrepentida puede explicar la situación.

La Ley del Péndulo

Lo que le pasó a la mina es lo mismo que les pasa a los presos que se convierten en evangélicos: de un extremo, saltan con fanatismo al otro extremo. El impulso incontenible de alejarse de ese “lado oscuro” y reencontrarse con el “lado claro” le hace olvidar los matices. Alguien así está en desequilibrio, y su “iluminación repentina” no arregla las cosas; es la otra cara no más (y por eso es saludable desconfiar de los que se “convierten” a algo de un día para otro).

Special Guy tendrá que armarse de paciencia y comprensión si desea que la mina agarre una visión más centrada y sea capaz de conjugar ambos polos (y en definitiva, se la suelte); pero ésa, amiguitos, es una tarea que a él no le corresponde. Y en el proceso, muy probablemente tendrá que postergar sus propios deseos y necesidades.

Si usté, mija, pasa por algo así, primero tiene que pegarse la cachá de que no hay nada de lo cual arrepentirse, en primer lugar. Si intentó llenar su vacío interior con diucas (por decirlo tiernamente), la culpa no es del falo, ni del hombre, ni del sexo, ni de su propia calentura. Póngale a cada tarro la etiqueta que le corresponde. Y colóquele ojo a los extremos.

Y usté, macho, también, mire que no es agradable que pasen los meses y no se la suelten.

Shao.

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