¿A usted le calienta ver una pareja follando en vivo y en directo? Pues a mí sí, y mucho. No me interesa interrumpirlos ni incomodarlos; el sólo hecho de ver a dos seres humanos tocándose y sintiendo placer me hace experimentar una fuerte agitación en el pecho.

¿Qué hay de que a ustedes los vean cogiendo con su pareja? También me la pone dura. A tal extremo, que siento un regocijo cada vez que estoy manejando y mi acompañante me la mama a vista y paciencia de los demás conductores.

Puede que me esté basando mucho en mis gustos, pero creo que la gran mayoría de las personas, al menos, tienen la fantasía de mostrarse y fisgonear un poco.

Hasta ahí todo normal, pero por esas vueltas del destino descubrí un nicho donde puedes matizar esto con un copetito, buena conversación y sabrosas cambiaditas. Por internet descubrí, junto a una polola, los bares swinger. El lugar perfecto para saciar nuestras ansias de ser vistos y mirar sin los típicos riesgos de la calle, donde te pueden asaltar, violar o donde te pueden sapear niños inocentes y viejas chotas.

Nos animamos un día sin saber qué veríamos o haríamos. La primera regla fue: “Nada de cambiaditas, al menos por ahora”.

Cuando llegamos nos sorprendió el ambiente de organización secreta estilo Illuminati o Fight Club. Al golpear la puerta debías hacer el santo y seña por un ojetillo, y recién ahí te abrían.

Nos recibió el dueño, quien nos dice: “Primera vez acá, lástima que los jueves son un poco fuertes para empezar, pero les explico de inmediato las reglas que los dejarán más tranquilos:

Principalmente, acá nadie hace algo que no quiera o que le haga sentir incómodo. Nadie te puede tocar o ver sin que uds lo autoricen. Si alguien se sobrepasa y tiene una conducta irrespetuosa con ustedes, o ustedes con otros, serán sacados del local. Están prohibidas las drogas y las cámaras fotográficas. No se puede entrar a baños cambiados o en pareja”.

Ese inolvidable jueves era día de tríos. ¿Qué significa esto? Que ese día invitan a diez hombres solteros además de las habituales parejas y mujeres solas. ¿Cuál es la idea? Entrar en una orgía, saciando a todas las mujeres gozadoras.

En todo caso el formato es siempre el mismo: Entre 23:00 y 1:00 llegan las parejas. Generalmente las mujeres descubren bajo largos abrigos vestimentas putazas que dejan bien poquito a la imaginación. Si bien un 60% de las parejas que llegan son viejos y viejas feúchas y mal cuidadas, hay donde entretenerse si tienes menos de 30 años o te conservas bien. Con la entrada tienes derecho a un copete y lo disfrutas en el sector del bar donde a veces te pones a conversar con las demás personas que andan por ahí.

Cerca de la 1:30 nos reunimos todos y presenciamos un show en el que siempre hay un stripper para cada sexo y ocasionalmente un show de sexo en vivo.

Después de eso empieza el hueveo en serio. Esa primera vez fue muy entretenida para nosotros, pues nos animamos a follar en frente de todo el bar dando sendo espectáculo. En un sillón rojo, no tuvimos tapujos en ponernos a tirar junto a otra pareja que estaba en las mismas.

Encuentro delicioso rozar a otra mujer y sentir la presencia de dos personas gozando tan cerca.

Mientras mi polola me la mamaba, tenía junto a mi rostro el de la chica de al lado que estaba siendo penetrada. Ella me ponía cara cachonda y ocasionalmente me lamía la piel. Estaba en mi salsa.

Con mi fémina no nos quisimos quedar atrás y la empecé a penetrar mientras ella se besaba con la otra chica. En ese momento me di cuenta que prácticamente todo el bar se había agolpado a nuestro alrededor para observar el espectáculo.

La otra chica me calentaba mucho. Andaba con tacos, una mini de jeans sin calzones y tenía unas tetas falsas de ensueño. Rica y suave piel que me daban ganas de corrérmela sobre ella.

Cuándo su tipo terminó, ella pidió recibirlo en su boca y juguetió un poco con eso en la polla del muchacho, mientras instaba a mi novia para que se “tomara toda mi leche” mientras se acercaba a tocarla a ella y a mi. Me fui en la boca de mi chica. Ellas se miraron con cara de caliente, y se aplaudieron mutuamente. Con eso estalló un aplauso de la degenerada audiencia.

Es interesante pensar un poco acerca de estos lugares, en los que la gente se organiza y se junta, ni más ni menos, para ser sórdidos. Como ya lo he planteado en historias anteriores, pareciera que algunos de nosotros no nos saciamos nunca, y necesitamos hurguetear en esa caja de Pandora, buscando algo que nos alivie la ansiedad, o que nos espante el pánico al aburrimiento.

Es por eso que me llamo Ninfómano: hay veces donde la pasión se tensa y se vuelve manía.

Pronto, más historias de swingers.

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Putero por naturaleza, caliente como nadie y totalmente desprejuiciado, el Dr. Ninfómano ha dedicado su vida al arte de follar en todas sus formas. Sígalo en Twitter

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