Disclaimer: Cualquier coincidencia con la realidad es mera coincidencia

Como nunca llego temprano a la U. Como siempre se me olvida que tengo una ventana. Así que me senté a tomar un café. Es mi segundo del día si soy un güevón exacto. En eso, estoy revolviendo mi cafecito y la mina pasa. Tate!. Pasó, pasó no más po’. ¿Qué está pasando compadre? Le pregunté a Javier que estaba al mi lado, dibujando webadas con su bic azul. Cagué. Justo que hace unos días atrás me habían hablado de ella. ¡Loco! cacha que el otro día pasó caminando por el costado de mi mesa. Chuuuu, se me dio vuelta el café. Por la cresta. Cachenla, mirenla como camina, ella: la diva descontenta. No hay caso, no pesca a nadie. Nadie que no sea de su misma especie. La mijita va caminando con su carita de leyenda de pasarelas como haciendo un puchero. Ojo! un puchero lindo eso si poh!. Pa’ que estamos con cosas, la socia es harto rica, pero siempre, siempre está como descontenta, o tal vez ese puchero es eterno. Eso es po!. Ese puchero, como de nena mañosa es infinito. No quiere comer na’ la tonta. No, no weon no!, no está enojada. Esto es distinto. Yo lo sé. Se diferenciar su descontento de su bello puchero eterno y además de su enojo. Onda, esa carita tiene mucha onda, loco esa eternidad de puchero altiro te dice que se taima por todo, hasta por el más mismísimo mínimo detalle. Loco es tierna taimandose. Loco porfa!, que se taime ahora porfa!. Seguro que la última vez que se taimó fue cuando no encontró esa polerita blanca toda gualaila en su talla. Loco la mina se viste en wanama. Onda sabe lo que es taimarse con estilo. Demás que se taimó cuando se tuvo que poner sus converse que siempre le combinan con nada. Linda la wea, es fanática de ese anillo de plata redondo pachamámico atacameño y gigante pero nunca tan rayada pa’ ponerselo sólo los lunes, miércoles y sábados. De cualquier forma, la cuestión es que no me importan en lo más mínimo tus accesorios pues wachita, es ese lindo y eterno, fino e infinito puchero, uff llegé a hacer un puchero yo. Jajajaj. Me taimé. Ya sé. Te apuesto que se le pasa con la primera cucharada de indiferencia. Pum pa! No la pescai y seguro se le pasa el puchero y te pesca. O sea te acercai a ella no pescandola. Pero primero tienes que hablar con ella eso si. Decirle alguna güevada para que se le quite la maña. ¿No tenis clases con ella?. Partiste hueón!

Ojo que, ser indiferente es bien distinto a ser guevón. (Con G, de Jato)

Seis horas después, captamos la siguiente conversación. Para eso intervenimos las lineas telefónicas con un tarro de leche condensada. Schhhhh, no le digan a nadie.

-¿Alo hueón?

– ¡Buena Simón!, ¿qué onda wachouw?

– Oye huéon, que chucha hago con esta mina?

– Loco, ya te dije ya. No tenis que pescarla.

– ¿En qué sentido me decís que no tengo que pescarla?

– En ese sentido po huéon, o sea, péscala pero en el otro sentido. Voh me cachai po’ hueón.

En fin, la ueá es que su belleza está por sobre su carita y su puchero infinito. Y cómo dijo el amigo de Simón, no hay que pescarlas. No importa, total se les va a pasar. Dejenlas solitas no más, dejemoslas que hagan pucheros cuando no quieran probar su cucharadita con esa miel tan dulce que es la indiferencia.

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