[Un Viernes cualquiera en la noche, todo partió porque nunca pudieron ponerse de acuerdo en el lugar al cual iban a comer]

Él: “Tú eres siempre lo mismo, me pasas la pelota a mí y después cuando yo decido alguna huevá, no te gusta”

Ella: “Eso no es así y lo sabes, lo que pasa es que nunca eres capaz de llevarme a un lugar por ti mismo, no me sorprendes hace años!”

Él: “Ah, entonces transformamos esto en una discusión sobre la relación! Quién te entiende! De repente todo bien, peleamos por una tontera y resulta que no te sorprendo hace años!”

Ella: “ Te juro que no sé cómo no entiendes, nunca me has entendido, nunca! siempre te quedas con tus ideas y lo que yo te digo lo transformas” (comienza a llorar)

Él: “Ah claro y ahora soy yo el culpable, yo tengo la culpa de todo esto. Obvio que no te entiendo! Mira la pelea que estamos teniendo porque no sabíamos dónde cresta ir a comer!”

Ella: “Qué terrible! En verdad no entiendes!” (Se va y da un portazo)

Esto es un ejemplo que quizás a muchos les va a parecer familiar, es una situación donde muchos han estado y que de alguna forma, consideran absurda. Pero amigos machos, no es tan absurda.

Muchas veces nos desconcertamos con la idea de la mujer como una red sumamente compleja de emociones, todas conectadas entre sí, donde el más mínimo error nos puede conducir al abismo mismo. Si bien es cierto que el funcionamiento cognitivo de la mujer está significativamente más influenciado por factores de tipo afectivo y emocional que el de los hombres, existe una palabra clave para todos nosotros los machos, y por qué no, para las hembras también: Negociación.

En una primera instancia podemos pensar que la negociación implica un tira y afloja constante, donde uno ofrece, el otro analiza esa oferta y la cuestiona, para luego devolver un veredicto junto a una nueva oferta proporcional a la que se le ha hecho.

Dejemos de lado por un momento la Negociación entendida de esa manera, y vámonos al ámbito de lo implícito. Interesante propuesta: ¿cómo puedo negociar con una mujer sin necesidad de explicitar mis demandas y mis ofertas? ¿Cómo puede ella hacer lo mismo? No es tan difícil como parece, y todo radica en el ejemplo que vimos más arriba. Resulta que existen demandas implícitas, que de ser conocidas, solucionarían el 80% de los problemas de relación hombre-mujer, a saber:

Hombres: Las mujeres NO quieren ser entendidas, quieren ser escuchadas. Nuestra naturaleza nos impulsa generalmente a escuchar la mitad de lo que dice una mujer y luego a solucionar el problema desde nuestra perspectiva, eso NO funciona y creo que la mayoría ya se ha dado cuenta. Intenten realizar el siguiente ejercicio: La próxima vez que una mujer –pareja, amiga, lo que sea- se acerque a ustedes con un problema, escúchenla de principio a fin, conténganla y vean qué pasa en comparación a cuando trataron de arreglarle el problema. No hablen, y si lo hacen, que sea o para dar a entender que están escuchando, o para contener.

Mujeres: Los hombres NO quieren conversar de sus problemas. Si un hombre no quiere hablar con usted, estimada, no es porque no haya confianza, no es porque no la considere lo suficiente como para compartir sus pensamientos con usted; simplemente NO QUIERE. Muchas veces las peleas empiezan con la siguiente frase “Nunca me dices lo que te pasa!”. Primero, si no decimos lo que nos pasa el 100% de las ocasiones, es porque en muchas simplemente no viene al caso decirlo.

Por otro lado, cuando un hombre efectivamente quiere conversar sus problemas, lo hace con la finalidad única de recibir un feedback apropiado de parte de su interlocutor, es decir, a diferencia de la mujer, el hombre –cuando accede a conversar de sus problemas- busca una solución, y cuando alguien busca una solución, lo hace con quienes se encuentren en igualdad de condiciones o con quienes ya han superado el mismo problema, es decir, con otros hombres.

Estimada mujer, no se amargue ni complique las cosas porque su macho alfa decidió no contarle lo que le pasaba, es muy probable que lo mejor sea que no se lo haya contado. Déjelo solo, y vea lo que pasa en comparación a cuando le pregunta “Pero dime qué te pasa por favor, nunca me dices lo que te pasa”.

Hombres: La mujer SIEMPRE está pensando algo. El error más común en nosotros es mandarnos cambiar luego de que la fémina nos dice “no me pasa nada”. A diferencia nuestra, las mujeres funcionan desde la emocionalidad pura, y por lo tanto sus herramientas de comunicación están mediadas por la afectividad.

Si una mujer le dice a usted que no le pasa nada, es porque espera que usted la conozca lo suficiente como para saber que si le pasa algo, y por lo tanto tiene la fuerte expectativa de encontrar una respuesta completamente opuesta a “bueno, pero después no me digas que te pasa algo”. Intente decir lo siguiente en cambio: “¿estás segura? puedo notar que algo te pasa, y puedes confiar en mí como para contarlo, me gustaría escucharte” O sea, estamos dándole a entender que la conocemos y, además, que podemos poner atención a lo que le pasa sin necesidad de emitir un juicio.

Mujeres: El hombre, aunque sea difícil para ustedes entenderlo, tiene la capacidad de pensar en nada. Si le ha pasado que pilla a su macho medio ido, y al preguntarle qué piensa le responde “nada”, existe una enorme posibilidad que efectivamente esté pensando en nada.

A diferencia de las mujeres, los hombres lidiamos con una gran cantidad de problemas mediante la abstracción y la distracción, es decir, el pensar en nada es una herramienta de distracción que viene muy útil, considerando que no nos gusta hablar de nuestros problemas. En vez de insistir en saber qué piensa, intente lo siguiente: No le diga nada, déjelo solo y espere que él acuda a usted cuando termine de distraerse. No sólo le está diciendo implícitamente que lo conoce, sino que además le está diciendo que puede tener su espacio para hacer y pensar nada. Los resultados saltarán a la vista.

Como vemos, estimados FAQers, la negociación no necesariamente pasa por decidir entre ambos dónde van a ir a comer, ni mucho menos pasa por entender qué le pasa al otro y cómo se puede solucionar el problema del otro. Es mucho más simple que eso, se trata de entender que somos diferentes, y al ser diferentes la mejor herramienta no es cranear una manera de entendernos a la perfección, muy por el contrario, lo óptimo es aceptar las diferencias y saber manejarlas.

Cuando ambos saben dónde están las diferencias y la manejan, la negociación se transforma en un trámite, porque todo pasa a estar implícito en una dinámica de comprensión y aceptación.

Fegnin, out.

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Fegnin estudia psicología, ama sacarle el rollo a la gente. Para él, incluso un juego de cachos puede ser ganado acudiendo a un Complejo de Edipo mal resuelto.