Usualmente no publicamos consejos de seducción, porque ya hay demasiada literatura —y demasiado trillada— en la Internets. Pero a este cabro shigo, que denominaremos Tomacho, le salió chistosa la historia. Así que diviértase un rato leyendo esta técnica, y si le toca la ocasión, póngala en práctica. Y no wevee con lo de “PUA”, si ya sabemos.

==============================================================

Debo confesar que no soy para nada un winner; es más, todos los recuerdos que tengo de adolescencia, son carentes de contacto cercano femenino. Yo era potencialmente un weón loser y tímido, que disfrazaba eso con una falsa misoginia y desinterés en las mujeres, pero en el fondo me moría por darles cariño, darles besos, darles regalos… darles…

Porque paralelamente a esa necesidad de acercarme a ellas, me empezaba a invadir una calentura brutal propia de los 15 años. Y convengamos que las películas porno y toda esa máquina cerebral-erotizada que uno tiene en la cabeza a los 15 años, sólo empeora más la desesperación. Hoy, a los 22 años, tras largos años de observación, ensayo y error, y amistad con las mujeres, se podría decir que soy un weón en vías de rehabilitación de esa forma de ser perdedora-tímida-acumulada.

Hago esa introducción para aclarar que quiero compartir con ustedes, camaradas jotes, uno de los aprendizajes más recientes que he tenido en esta travesía de aleccionamiento, y me ha servido bastante. La llamaré la técnica del Zarpazo. Como en la cacería de los felinos, los combates de artes marciales, o los jotes hambrientos, el ataque sorpresivo y eficaz tiene muchas probabilidades de dar un buen resultado.

Les mostraré la técnica en acción, basándome en una historia real:

Jorgito atiende la barra de un bar. Es callado, pero astuto. A simple vista no tiene grandes atractivos que lo puedan transformar en un imán de mujeres. Es un weón más, como nosotros, sin pinta de modelo y sin un auto la raja. De esos que sólo pueden marcar la diferencia una vez que pueden generar la esquiva instancia de hablar cercanamente e intentar sorprender a una mujer.

Cierto día, Jorgito se acerca donde una mina exquisita afuera del baño de mujeres en el bar donde trabajaba, y tras no más de 10 minutos, termina agarrándosela y casi follándosela en el mismo baño. Ni más ni menos. Eso, multipliquémoslo por 5 veces promedio por semana. Sí, por semana. Zarpazo puro.

Ok, no podemos dejar de considerar que Jorgito atendía la barra, eso increíblemente da cierto “status”, y sin contar que las minas muchas veces podían estar bien ebrias. Pero nada de eso hubiera sucedido si Jorgito no hubiera tenido la destreza suficiente para inducir a que las minas cayeran, y eso es mérito enteramente de él.

¿No me cree? Sigamos con la historia para que vea.

Jorgito tenía un compañero, que llamaremos Jaimito. Jaimito, en términos “concretos”, tenía más posibilidades que Jorgito, pero la realidad dictaba otra cosa: a Jaimito no lo pescaba ni una mina. Y eso que él también atendía en la barra. Jaimito no se explicaba por qué a Jorgito le iba tan bien, si supuestamente estaban en igualdad de condiciones. Algo iba más allá de lo “concreto” entonces, por lo que decidió descubrirlo, y se puso a estudiar a Jorgito para descifrar la “técnica”.

¿Qué fue lo que vio? Podríamos resumirlo en una sola palabra: desparpajo.

Así era Jorgito. Espontáneo, despreocupado, irreverente. A veces parecía que se reía de las minas más que intentara “conquistarlas”. No se rebuscaba hilando ideas finas-sensibles-intelectualoides para impresionar (si en el fondo sólo quería tirar); cuando decidía atacar, saludaba con soltura, abordaba con una conversación improvisada carente de mucha temática, y lanzaba bromas indirectas de grueso calibre.

¿Usté cree que se le arrugaba la cara? Ni por si acaso, incluso le causaba gracia. Lo importante era no craneársela, no pensar tanto algo que debía ser espontáneo y seguro. En esas instancias adrenalínicas e improvisadas, es poco lo que retiene el cerebro de lógica, política o arte renacentista. Y las minas son secas pa detectar la inseguridad. Anda a que te tiemble la voz, porque se sonreirá maliciosamente a sí misma y te verá como aperitivo para saciar el hambre de su ego.

No se vaya a poner weón tampoco y decirle “guashita, ¿vamo’ a culiar?”. Hay que ser directo, punzante, pero siempre con insinuación, y SOBRE TODO, con humor y aparente relajo y naturalidad. Ésa es la línea que delimita las posibles reacciones de una mina, que puede ser sentirse descolocada pero ligeramente atraída a este repentino desafío, o bien sentir asco del weón baboso y acumulado que se le está ofreciendo en bandeja.

Pero algo que es claro, y por favor créame: una mujer, por más que esté acostumbrada a ser weonamente-joteada, piropeada en patota, o invitada babosamente a tomar cerveza, nunca sabrá defenderse de una insinuación o abordaje directos. Precisamente porque los joteos habituales a los que está acostumbrada, son joteos mulas, tímidos, arratonados, y huele su supremacía desde el principio.

Que venga un weón de la nada, le pregunte el nombre, y la invite a salir sin más, es algo que casi nunca pasa, y que precisamente tiene más probabilidades de descolocarla. No garantizo el éxito con eso, depende mucho del carisma personal de cada uno y la capacidad de improvisación, o la pará en que ande la mina; pero lo que sí es cierto, es que pa romper la barrera de ser un weón más que murió en un mal intento, primero hay que bajarle la guardia descolocándola y planteándose más como un desafío que como un títere. A partir de ahí existen posibilidades de abordarla.

Pa buscar pareja o cosas más “serias”, esto no sirve, ya que ahí uno debe entrar a encantar con la personalidad, y aquí lo que gatilla la atracción es precisamente lo contrario; el enigma, la imprevisibilidad, la adrenalina.

Volvamos a la historia, para concluir…

Jaimito incorporó estas cosas y decidió poner manos a la obra. Práctica, práctica, práctica. Al principio le temblaba la pera, era bien pollo el weón, y no le funcaba mucho. Pero con el tiempo le fue resultando, lo cual retroalimentó su confianza y se podría decir que su suerte de mierda con las minas dio un giro en 180º. Valió la pena la dedicación.

En resumen, el resultado dependerá siempre de qué tan desenvuelto se muestre el tigre en cuestión (el alcohol ayuda mientras procure no ponerse weón ni cargante), pero de por sí, el zarpazo es una muy buena técnica de cacería Express.

Para finalizar, algunos ejemplos (usados en la vida real) de “zarpazos”:

  • Hola flaca, ¿cómo te llamai? / Bonito nombre, ¿querí salir conmigo?
  • Oye, ¿estay pololeando? / Pucha que pena, pero ¿querí pololear conmigo?
  • Mirar fijo a los ojos seriamente, y si hay mucho contacto de miradas, pasar a poner una mirada perversa con una sonrisa pícara.
  • (Si te piden algo) ¿Y qué me dai a cambio? 1313
  • Flaca… ¿me regalai un besito? (casi nunca funciona, pero lo gracioso es que SÍ ha funcionado xD).

Bueno amigos, ojalá eventualmente este aporte pueda servirle de ayuda a alguien. Saludos!

PD: si alguien tiene dudas con la veracidad de los datos, cifras, o sucesos de la historia relatada, les digo desde ya que me consta que todo es 100% real, porque de hecho, el Jaimito de la historia… soy yo xD.

77 comentarios. Deja el tuyo»

FAQ Women, el blog de hombres hablando sobre mujeres. Lea el What The FAQ? para más información.

77 Comentarios: