A veces pienso que esto de ser tan perverso es una maldición. He llegado a un punto en el cual quiero que el sexo sea una mega experiencia, y si no es así me invade una total y absoluta desidia, que incluso me ha hecho responder a peticiones de meter la poronga con frases como “Mastúrbate, no me molesta y yo estoy cansado”.

No soy de esos hombres que le dan a lo que se mueva, aunque alguna vez lo fui. Quiero que la fémina esté hot, no tenga miedos ni trancas y me dé todo el morbo del mundo. No pretendo que todas sean guapísimas, pero sí que sean tan perversas como yo y estén dispuestas a coger y hacer cosas sin límites ni remordimientos.

Con esto me di cuenta hace un tiempo que el amor no es suficiente para tener un sexo de mi agrado ni tampoco el sexo brutal implica enamorarse. Ninguna de las dos trae necesariamente a la otra.

Y aquí pasamos a la historia.

Creí sentirme enamorado de ella, que dejó todo, hasta su marido por mi. La química era gigantesca, pudiendo pasar horas hablando, cantando, dibujando, o agarrándonos para el webeo mutuamente. Pero tirar era otra cosa, como veremos a continuación.

En la segunda cita la esperaba en mi departamento con un risotto de camarones que había cocinado, vino blanco y obvio, un cañito y chocolate para después. Comimos y fumamos, para luego dar paso al cachondeo con el chocolate. Besos pasando la semi derretida barra por todas partes. Las prendas iban volando de a poco en mi sofá.

Ella me gustaba, no sólo había onda, sino que era bonita y tenía un cuerpo de infarto. Sin embargo, se notaba novata y forzada a la hora de cachondear. Me molestaba su descuidado vello púbico y su facha, tan despreocupada de la sensualidad. Era una mujer que jamás me hubiese molestado que conociera mi vieja, pero en la cama son otras las prioridades.

Subía la temperatura y nos masturbábamos mutuamente, cosa que me inspiró a empezar mi acostumbrada rutina de regalarle un orgasmo primero a ella. Los hombres (en general) necesitan menos cuidados para lograr uno, pero a ellas hay que dedicarles tiempo, por lo que prefiero que partan gozando. Además, la mayoría de mis congéneres se va cortado y se olvida del mundo, no les da ni para un puchito de vaquero.

En esta etapa me empecé a sentir incómodo, pues ella no podía relajarse y enfocarse en gozar. No entendía que ya llegaría mi momento y también los momentos mutuos. Le importaba demasiado que se la metiera y para mí eso, cuando tienes todo el tiempo y espacio del mundo, es reducir el sexo a lo más básico, mandando mis pasiones derechito al patio de los callados.

A duras penas tuvo un contenido orgasmo, aunque de todos modos no la forcé a nada. En ese momento, cuándo más encendida estaba, se montó sobre mí y la empecé a penetrar. Me generaba una ternura tremenda, cariño, quería abrazarla, quererla y tratarla bien, pero sexualmente no me estaba sintiendo conectado con ella y me vino un leve sentimiento de frustración.

Después de acabar me quedé dentro de ella y la abracé con fuerza. La miré a los ojos tomando su cabeza con ambas manos y le di un beso en la frente. Gesto mamón, lo sé, pero es menos mal entendido que muchas palabras. Ella sonriente me dijo: “No soy una mina weona. Estas cosas se sienten mucho antes de acostarse, lo que no implica que no haya querido pasarlo bien ahora”.

Me dejó para adentro. Ella sentía lo mismo que yo y, contra lo que pensaba, tenía todo muy claro y muchas más ganas de gozar.

Cuánto aprendí ese día.

Nos quedamos en esa posición bastante tiempo, definitivamente seríamos los grandes amigos que aún somos. Todo esto confirma mi asco al ver gente que busca crear relaciones cuando no hay suficiente química sexual. Creo firmemente que el enamoramiento no genera siempre deseo, cosa que marca la diferencia con una amistad. Tampoco creo que el inverso se dé en esta sociedad, donde más de alguno o alguna se ha empotado sin ser capaz de concretar algo estable, pero este tema lo abordaré en mi próxima historia.

Hasta entonces.

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Putero por naturaleza, caliente como nadie y totalmente desprejuiciado, el Dr. Ninfómano ha dedicado su vida al arte de follar en todas sus formas. Sígalo en Twitter

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