La vez que me enamoré fue a ocho mil kilómetros de aquí. Antes pensaba que me había enamorado, así como tal vez algún día pensaré que todavìa no lo he hecho, el día en que finalmente haga caso de las teorías científicas que explican el enamoramiento como droga y que al momento del abandono se activan las mismas partes del cerebro que durante una adicción, es un estudio real pero no quiero buscarlo ahora, ustedes son grandes, pueden buscarlo si quieren.

Hoy hablé con una amiga sobre su deseo de formar una familia en algún momento, ojalá dentro de los próximos cinco años, casarse y tener hijos en plural. Somos la generación a la que más se nos ha demostrado que el amor, tal como la tristeza o la felicidad, es un sentimiento pasajero. No tengo cifras para tirar pero no estaría errado decir que la mayoría de nosotros ha visto a sus padres separarse, con más o menos consecuencias en cada caso, pero una muestra clara que un miembro del sexo opuesto no es, fue ni jamás será la respuesta a nuestras vidas más que una lágrima o una risotada. Nada se arregla, pero dejas de pensar en ello, quizás esa sea lo único a lo que podemos aspirar.
Y sin embargo ella todavía quiere algo así, asumiendo el fracaso inminente que implica, es subirse a un avión con un ala rota porque en una de esas se podría llegar a algún lado, es sentarse frente a la tele sin enchufe por si acaso prende.

No digo estar solo toda la vida, digo tomar las cosas por lo que son. Mientras más nos enredamos en los vínculos, más fáciles se hacen de romper. El amor existe pero es finito, y eso no es algo malo ni bueno, simplemente es. Pero creo que Richi ya está cubriendo el tema de las expectativas falsas bastante bien en su pequeña cruzada contra/afavor/quizássileeestoquieraconocerme de Zooey, supongo que él sabe lo que dice.

Dudo estar enamorado todavía, por más que su recuerdo camine conmigo cuando estoy solo. Dudo que no me enamore de nuevo, sobre todo cruzando miradas que terminan en nada con desconocidas en la calle. No dudo que con cada curadera viene una resaca, pero somos todos grandes, sabemos cuando algo nos está empezando a hacer mal, lo más fácil que se puede hacer es dejar que ese placer se transforme en vicio y encadenarnos a un pecho como a un edifico a punto de ser demolido, como una protesta poética que de efectiva no tiene nada, pero pucha tan valiente que era van a decir.

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Camilo Muñoz, aunque me dicen @elbuencamilo y también me dicen que me quede callado.

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