Ah, el porno. Esa rama de la cultura humana, tan hegemónicamente masculina (Sí, existe porno para mujeres. Sí, probablemente algunas de ustedes, metiches lectoras, ven porno. Sí, son atrevidas e innovadoras, lo sabemos. Sí, también existen hombres que se hacen visos en el pelo. Pero ninguno de esos facts es la regla, sino la excepción).

El porno. Eso que, de adolescentes, negábamos ver en presencia de nuestras compañeritas por miedo a ser tildados de pajeros o califas, sólo para luego irnos a correr la paja a la casa, mezclando los recuerdos de esas mismas compañeritas con el porno habitual.

¿Qué hace tan mayoritariamente masculino al porno? Somos seres muy visuales para calentarnos. Somos relativamente obvios en nuestras preferencias eróticas. Mientras a una mina le interesa – y excita – el “cuento” detrás de un tipo, a nosotros nos excita la imagen de nosotros mismos detrás de una tipa. El culto al cuerpo femenino es preferencia masculina. El maquillaje femenino es preferencia masculina. Las operaciones de tetas son preferencia masculina.

Idealizaciones

El porno – y me duele decirlo – es nuestro propio chick flick, el equivalente masculino a las películas románticamente bobas que hacen suspirar a las no tan adolescentes: es la fábrica de nuestras idealizaciones en pareja. Las minas sueñan con un vampiro Edward que se niegue a follar con ellas por amor; los hombres soñamos con una Sylvia Saint que se niegue a soltarnos la corneta.

La idealización masculina materializada en el porno le entrega a las mujeres una vara de medida con resultados predecibles: si me pongo tetas, él se excitará más; si le chupo el pico, el se excitará más; si me comporto como una gatita calentona y siempre disponible, él se excitará más. En cambio, si un hombre intenta emular el comportamiento del vampiro Edward y le aguanta las maraquerías a una mina con tal de conservar su amor, se transformará en un baboso de tercera (y por si se lo preguntaban, imitar al latin-lobo y hacerse el eterno amigo-jote tendrá las mismas consecuencias).

Pero incluso para nuestro lado, el exceso de idealización hace daño.

Mujeres en el porno versus mujeres en la vida real

En el porno, o las mujeres son perfectas, o calzan perfecto con un fetiche donde su imperfección es estereotipada. En el porno no hay pelitos (salvo en el estilo hairy), no hay olor a ala ni a otras cavidades, no hay dolor de cabeza, no hay mal tufo por haberse pasado media hora tirando sin tomar agua, no hay enfermedades, no hay cama que cruja demasiado o una prenda difícil de sacar.

En el porno no hacen cucharita after sexo; de hecho, difícilmente se encuentra un after sexo. Las minas, entre luces, maquillaje y ángulos apropiados, se ven mucho más deliciosas de lo que realmente son. En el porno, curiosamente, son las mujeres las que poseen una personalidad y carácter definidos; el hombre suele reducirse a una protuberancia. Las mujeres ganan más que los hombres en el porno.

¿Es culpa del porno todo esto? Para mí el porno es una mera radiografía de lo que nos excita más a los hombres visualmente: nuestras preferencias, nuestras fantasías, nuestros fetiches. Por ahí alguien dijo que el porno, por una cosa de negocio, DEBE ser un reflejo fiel de lo que nos excita, porque si no, sencillamente, perdería audiencia.

El porno nos enseña qué nos excita a los hombres, no cómo son las mujeres o cómo es el sexo. Y tal como la púber que ve muchas pelis sigue esperando absurdamente que el próximo poncio que se agarre en una plaza le salga romanticón y épico, un hombre refugiado en el porno corre el riesgo de quedarse esperando para siempre a una mina exquisita, siempre caliente y que no habla más que para decir “oh you bad boy“.

Lamentablemente (o afortunadamente!), ser repartidor de pizza o profesor particular suele no funcionar en la vida real para obtener sexo casual.

Your Personal Porn Star?

Y no es que no te vayas a encontrar nunca a una pornostar en la vida real: se puede. Pero en la vida real te topas también con lo que las pornos no muestran: la mina tal vez es jalera y reventada, o maraca, o prostituta (ambos términos describen a una mujer que usa el sexo como moneda de cambio para obtener otras cosas), o esquizofrénica, o arribista, o manipuladora, o hueca, o sencillamente tu relación con ella es turbia (uno de los dos es amante del otro, eres su juguete sexual o ella el tuyo, se pelean a los combos, están juntos por baja autoestima, etc).

La imperfección es parte de la ecuación. Por algún lado te la topas. El porno no nos ha enseñado todavía a escoger nuestra imperfección favorita (aquella que nos causa ternura, y por cierto, la ternura también queda fuera de la pornografía). El porno es producido en masa para las masas, y aún cuando tienes una variedad de subcategorías como para llenar una guía de teléfonos, al final sólo nos quedamos con una larga lista de estereotipos. Predecibles.

En la parte 2: Intimidad, realidad versus fantasía, cómo sacar ideas y musho más! No se la pierda.

14 comentarios. Deja el tuyo»

FAQ Women, el blog de hombres hablando sobre mujeres. Lea el What The FAQ? para más información.

14 Comentarios: